{"id":67504,"date":"2026-09-24T00:53:57","date_gmt":"2026-09-23T22:53:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=67504"},"modified":"2026-09-23T21:35:31","modified_gmt":"2026-09-23T19:35:31","slug":"el-despertar-de-las-formas-3-el-regreso-de-carmen-la-leona-que-vuelve-a-sus-dominios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-despertar-de-las-formas-3-el-regreso-de-carmen-la-leona-que-vuelve-a-sus-dominios\/","title":{"rendered":"El despertar de las formas (3): El regreso de Carmen. La leona que vuelve a sus dominios"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"67504\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mientras Lenin se transformaba en la sombra, en la Casa Volga ocurr\u00eda un milagro opuesto. Carmen, tras meses de naufragio emocional, comenz\u00f3 a emerger de su abismo. No fue un cambio repentino, sino un proceso de peque\u00f1as victorias. El primer indicio fue verla, una ma\u00f1ana, frente al espejo del vestidor. Ya no se escond\u00eda entre ropas oscuras; comenz\u00f3 a usar los perfumes de anta\u00f1o, aquellos que Ernesto tanto celaba, y a peinar su larga melena oscura con una meticulosidad que denotaba un nuevo prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Un martes por la ma\u00f1ana, Daniela se encontraba revisando las cuentas en el despacho cuando Carmen entr\u00f3. Ya no ten\u00eda la mirada perdida de la viuda aturdida; su espalda estaba recta y su paso, firme. Se acerc\u00f3 al escritorio y, sin pedir permiso, coloc\u00f3 su mano sobre el libro de contabilidad que Daniela sosten\u00eda.<\/p>\n<p>El susurro de la seda al ser presionada sobre el papel de contabilidad reson\u00f3 en la penumbra del despacho con el peso de una sentencia ineludible. Daniela detuvo el trazo de su pluma y alz\u00f3 la mirada, encontr\u00e1ndose no con los ojos desorbitados de la viuda acorralada, sino con la quietud aplastante de una mujer que acababa de reclamar su piel.<\/p>\n<p>Carmen desliz\u00f3 los dedos sobre el libro de cuentas, cerr\u00e1ndolo despacio, sofocando el susurro del papel. Por primera vez en a\u00f1os, su rostro, liberado del luto sepulcral, reflejaba la luz c\u00e1lida del gran ventanal.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, Daniela \u2014dijo Carmen, con una voz baja pero firme, desprovista del temblor con el que durante meses suplic\u00f3 refugio. Sus dedos de u\u00f1as impecables presionaron suavemente la mano de la enfermera\u2014. Gracias por sostener las riendas cuando mis manos estaban demasiado rotas para entender el peso del mundo. Pero el naufragio ha terminado. Dejo de ser la sombra de Ernesto en esta casa. A partir de este instante, yo tomo el control de la Casa Volga y de sus negocios.<\/p>\n<p>Daniela sostuvo la mirada durante un prolongado segundo. En su rostro no hubo afrenta ni desconcierto; una sonrisa felina y satisfecha se dibuj\u00f3 en la comisura de sus labios. Dio un paso atr\u00e1s, inclin\u00f3 levemente la cabeza y entrelaz\u00f3 sus manos al frente, cediendo el espacio a la reina que ella misma hab\u00eda ayudado a despertar.<\/p>\n<p>\u2014Es hora \u2014a\u00f1adi\u00f3 Carmen, ajustando el pliegue de su blusa de seda\u2014. Llama a mis hijas. Y trae a Lenin.<\/p>\n<p>Minutos despu\u00e9s, la mesa del comedor principal se convirti\u00f3 en un altar de revelaci\u00f3n. Ivanova y Alexandra se acomodaron en los costados, con la elegancia contenida de quienes han aprendido a florecer en medio del caos. Lenin, arrastrando la finura de sus pasos y tratando de disimular la desenvoltura de su talle entre la ropa holgada, se situ\u00f3 cerca del marco de la puerta, como un observador invisible que teme ser descubierto.<\/p>\n<p>Carmen se mantuvo de pie en la cabecera, la postura recta, la mirada recorriendo cada rostro con un afecto renovado y majestuoso. El aroma a lavanda y s\u00e1ndalo envolvi\u00f3 la estancia, borrando los \u00faltimos vestigios del olor a antis\u00e9ptico que el difunto patriarca sol\u00eda imponer.<\/p>\n<p>\u2014Les he pedido que vengan porque la ceguera de mi dolor ha durado demasiado \u2014comenz\u00f3 Carmen, y su voz no tembl\u00f3. Mir\u00f3 fijamente a sus hijas\u2014. Les pido perd\u00f3n. Les pido perd\u00f3n por haberme escondido en las sombras tras la muerte de su padre, por haber dejado que el peso del miedo y la incertidumbre cayera sobre sus espaldas j\u00f3venes. Durante a\u00f1os cre\u00ed que sin la mano de hierro de Ernesto ser\u00edamos presa de la ruina. Me equivoqu\u00e9.<\/p>\n<p>Hizo una pausa, paseando la mirada por Ivanova, cuya madurez anal\u00edtica manten\u00eda a flote la rigidez del orden, y por Alexandra, que encarnaba la gracia sin esfuerzo.<\/p>\n<p>\u2014He visto su madurez, su fortaleza y la lealtad inquebrantable con la que han protegido este hogar. Cada una ha asumido un rol que no le correspond\u00eda para evitar que colaps\u00e1ramos. Hoy me pongo de pie frente a ustedes no para pedirles que me sigan, sino para decirles que este reino de cristal es nuestro. A partir de hoy, la Casa Volga y la Cl\u00ednica se gobernar\u00e1n bajo nuestras propias reglas.<\/p>\n<p>Desde la penumbra, Lenin contuvo la respiraci\u00f3n, sintiendo un nudo de admiraci\u00f3n arder en su pecho. Observar a su madre abdicar de la fragilidad para erigirse con semejante aplomo y poder le revel\u00f3 una lecci\u00f3n definitiva: la verdadera autoridad de la mujer no radicaba en la brutalidad del pu\u00f1o ni en la imposici\u00f3n del grito que su padre veneraba, sino en la capacidad de envolver el caos en seda, de reconocer la herida y transformarla en una fortaleza inexpugnable. La feminidad, entendi\u00f3 Lenin con una devoci\u00f3n casi sagrada, era una postura ante el abismo; un arte donde el porte, la gracia y la templanza doblegaban a los problemas con una firmeza silenciosa. Anhelaba, con cada fibra de su ser, la oportunidad de habitar esa misma majestad.<\/p>\n<p>Aquel martes marc\u00f3 el inicio de una transformaci\u00f3n que super\u00f3 las paredes del hogar. En los meses subsiguientes, la Casa Volga sufri\u00f3 una metamorfosis irreversible. Los pesados cortinajes oscuros que Ernesto hab\u00eda impuesto para aislar a la familia fueron reemplazados por visillos ligeros de lino que permit\u00edan la entrada de una luz dorada y constante. El despacho del patriarca perdi\u00f3 su aire de tribunal inquisidor para convertirse en una estancia de paredes claras y aromas florales, donde Carmen y Daniela despachaban con la precisi\u00f3n de dos estrategas implacables.<\/p>\n<p>De manera paralela, la peque\u00f1a farmacia familiar termin\u00f3 de consolidar su evoluci\u00f3n. Bajo la supervisi\u00f3n cl\u00ednica de Ivanova y la visi\u00f3n comercial de Carmen, el establecimiento ampli\u00f3 sus instalaciones, convirti\u00e9ndose en el embri\u00f3n de una moderna cl\u00ednica de dermatolog\u00eda, est\u00e9tica y an\u00e1lisis especiales. Los viejos anaqueles de madera crujiente cedieron su lugar a vitrinas iluminadas, acero inoxidable e hileras de viales sofisticados.<\/p>\n<p>En medio de este hervidero de renovaci\u00f3n, entre el constante trasiego de elixires, cremas de belleza y f\u00f3rmulas hormonales que circulaban bajo la mesa, el cuerpo de Lenin continu\u00f3 su curso silencioso e indetenible. Los a\u00f1os de la infancia quedaban atr\u00e1s de manera definitiva; la cris\u00e1lida de doce a\u00f1os, mecida por el ambiente de la botica y el aliento tutelar de las mujeres de su estirpe, comenzaba a rozar el umbral de una juventud donde la frontera del g\u00e9nero se volver\u00eda tan delgada como la seda. La mayor\u00eda de edad aguardaba en el horizonte, lista para exigirle que la mujer que se esculp\u00eda en la penumbra saliera, por fin, a reclamar la luz.<\/p>\n<p>Diario de Lenin:<\/p>\n<p>El aprendizaje de la corona<\/p>\n<p>&#8220;Hoy vi a mi madre erigirse sobre las ruinas de su propio duelo y entend\u00ed que el verdadero poder de las mujeres no se mide en la fuerza con la que golpean, sino en la elegancia con la que se levantan sobre los cristales rotos. Durante a\u00f1os pens\u00e9 que la ausencia de mi padre nos dejar\u00eda desamparados frente al mundo, pero mi madre, Carmen ha demostrado que la delicadeza puede ser m\u00e1s devastadora y firme que la tiran\u00eda del hierro. La vi pedir perd\u00f3n sin perder la dignidad, la vi asumir el control con un gesto suave pero irrevocable. Siento una envidia devota por esa postura, por la gracia con la que habitan el dolor y lo convierten en soberan\u00eda.<\/p>\n<p>Mientras la casa y la cl\u00ednica se transforman alrededor de nosotras, mi propio cuerpo responde a esa misma metamorfosis silenciosa. Las sombras del ni\u00f1o que fui se disuelven entre el aroma de los reactivos y las telas. Mi juventud se acerca y con ella el peso de una verdad que ya no cabe en este disfraz: yo no solo admiro la majestad con la que mi madre gobierna su destino; estoy preparando mi propia carne para reclamar esa misma libertad y florecer, definitivamente, como ella.&#8221;<\/p>\n<p>El secreto descansaba en el fondo de un frasco de vidrio \u00e1mbar, oculto tras la simetr\u00eda antis\u00e9ptica de los anaqueles de la cl\u00ednica. En las p\u00e1ginas del viejo cuaderno de notas de Ernesto \u2014aquel tomo de pasta de piel donde el difunto patriarca registraba el peso, la viscosidad y los componentes sint\u00e9ticos de sus preparados\u2014, Lenin hab\u00eda encontrado la clave. No era una simple receta; era un tratado de alquimia biol\u00f3gica, una cartograf\u00eda para modificar los vol\u00famenes de la carne.<\/p>\n<p>Las primeras aplicaciones, sucedidas a los trece a\u00f1os, estuvieron marcadas por un p\u00e1nico devorador. Al caer la noche, encerrada en la intimidad de su habitaci\u00f3n, Lenin extend\u00eda sobre su piel limpia la emulsi\u00f3n fr\u00eda que ella misma mezclaba a escondidas. La crema, saturada de compuestos fitoestrog\u00e9nos concentrados y l\u00edpidos transd\u00e9rmicos, reaccionaba con el calor de su cuerpo en una s\u00edntesis casi er\u00f3tica. Sent\u00eda cada poro beber la sustancia con una avidez biol\u00f3gica, una penetraci\u00f3n lenta y sorda que le provocaba escalofr\u00edos y una culpa punzante. \u00bfY si su rostro mutaba de golpe? \u00bfY si el aroma a estr\u00f3genos diluidos delataba su traici\u00f3n ante el olfato cl\u00ednico de Ivanova o la mirada escrutadora de Carmen?<\/p>\n<p>El tiempo, sin embargo, actu\u00f3 con la voluptuosidad de un cincel mudo. A los diecisiete a\u00f1os, los efectos de la redistribuci\u00f3n adiposa y endocrina hab\u00edan esculpido una anatom\u00eda sensual y ambigua. Debajo de las telas, la piel de Lenin hab\u00eda perdido la porosidad tosca del var\u00f3n para adquirir el tacto denso, suave y el\u00e1stico de la porcelana tibia. Sus hombros hab\u00edan suavizado la angularidad de los huesos; la cintura marcaba una curva sutil que se hund\u00eda antes de abrirse hacia unas caderas redondeadas por una capa carnosa y mullida.<\/p>\n<p>Sus pectorales, sensibles al m\u00e1s m\u00ednimo roce de la ropa, guardaban el brote firme de unos senos nacientes, peque\u00f1as colinas de carne hipersensible cuyos pezones, erectos por el tacto del viento o el roce del algod\u00f3n, le obligaban a usar vendajes apretados y camisetas dobles que comprim\u00edan su secreto hasta sofocarlo.<\/p>\n<p>En la escuela preparatoria, habitar ese cuerpo era una disciplina de camuflaje extremo. Lenin vest\u00eda sudaderas tres tallas m\u00e1s grandes, abrigos pesados incluso en los d\u00edas c\u00e1lidos de Puebla y pantalones holgados que ocultaban la curva carnosa de sus muslos y el bamboleo ritmado de sus nalgas al caminar. Cada paso era una actuaci\u00f3n calculada para no revelar la fluidez de su pelvis; cada postura, un esfuerzo por encorvar los hombros y disimular el relieve tentador de su pecho oculto.<\/p>\n<p>El verdadero martirio ocurr\u00eda en la clase de educaci\u00f3n f\u00edsica. El gimnasio oler\u00eda a sudor \u00e1cido, a la virilidad cruda y agresiva que Lenin aborrec\u00eda. Juli\u00e1n, un compa\u00f1ero de torso ancho, gestos chabacanos y una crueldad alimentada por el instinto de los depredadores, convirti\u00f3 la timidez de Lenin en su blanco favorito.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa, Cifuentes? \u00bfTe da miedo sudar o es que se te deshace el maquillaje que no usas? \u2014burlaba Juli\u00e1n, acorral\u00e1ndola cerca de los vestidores, rozando con sa\u00f1a su hombro para forzar un contacto f\u00edsico.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n intu\u00eda algo. Hab\u00eda una extra\u00f1a atracci\u00f3n en la repulsi\u00f3n que le generaba Lenin; ol\u00eda la fragilidad, el aroma a crema de rosas y lavanda que impregnaba los poros de Lenin, y reaccionaba con una violencia latente, empuj\u00e1ndola, tirando de sus sudaderas para intentar descubrir el cuerpo que se escond\u00eda debajo de las capas de tela.<\/p>\n<p>Aquel semestre, la preparatoria anunci\u00f3 la apertura de un taller de danza contempor\u00e1nea y expresi\u00f3n corporal. Al ver el cartel pegado en el peri\u00f3dico mural, los ojos de Lenin se dilatan de deseo. La danza era la promesa de mover la pelvis sin culpa, de estirar la piel y hacer fluir la l\u00ednea voluptuosa de sus piernas en la luz, libre de las ataduras del camuflaje. Pero inscribirse significaba exponer la silueta, vestir mallas ajustadas, arriesgar el secreto.<\/p>\n<p>El punto de quiebre ocurri\u00f3 un jueves lluvioso. Juli\u00e1n y dos de sus seguidores emboscaron a Lenin en la parte trasera de los talleres. Entre risas hirientes, Juli\u00e1n la acorral\u00f3 contra el muro de ladrillos, sujet\u00e1ndole los brazos con brusquedad.<\/p>\n<p>\u2014A ver qu\u00e9 tantos guardas aqu\u00ed abajo, maric\u00f3n \u2014gru\u00f1\u00f3 Juli\u00e1n, metiendo la mano por debajo del dobladillo de la sudadera de Lenin con la intenci\u00f3n de tirar de su ropa.<\/p>\n<p>El roce grosero de la mano tosca de Juli\u00e1n contra la piel ultrasensible de su costado desat\u00f3 en Lenin un terror paralizante. La fuerza del manotazo hizo que el cuello de la sudadera se rasgara ligeramente, dejando al descubierto una franja de su hombro de alabastro y el borde de la cinta el\u00e1stica que oprim\u00eda su pecho carnoso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00e9jalo en paz, imb\u00e9cil! \u2014retumb\u00f3 una voz firme y con autoridad.<\/p>\n<p>Jos\u00e9, el alumno estrella de \u00faltimo grado, atleta y l\u00edder respetado por todos, avanz\u00f3 con paso decidido. Su presencia, imponente pero noble, infund\u00eda un respeto inmediato. Jos\u00e9 apart\u00f3 a Juli\u00e1n de un empuj\u00f3n seco en el pecho.<\/p>\n<p>\u2014Vuelve a tocarlo y me voy a encargar personalmente de que te expulsen, Juli\u00e1n \u2014amenaz\u00f3 Jos\u00e9, con la mirada encendida en una mezcla de protecci\u00f3n y severidad.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n mascull\u00f3 una maldici\u00f3n, pero retrocedi\u00f3 ante la estatura moral y f\u00edsica de Jos\u00e9, alej\u00e1ndose con sus c\u00f3mplices. Jos\u00e9 se gir\u00f3 hacia Lenin, acomodando con delicadeza la tela rasgada sobre el hombro desnudo del joven, evitando fijar la vista con morbo en la finura de esa piel descubierta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s bien? \u2014pregunt\u00f3 Jos\u00e9 con una suavidad que desarm\u00f3 a Lenin.<\/p>\n<p>Desde la distancia del pasillo, una figura observaba toda la escena. Era Mary, la hermana menor de Jos\u00e9. Mary pose\u00eda una curiosidad anal\u00edtica y una sensibilidad sutil. Llevaba semanas observando el andar de Lenin, la delicadeza reprimida de sus manos, el temblor de sus pesta\u00f1as y la forma en que los pliegues de su ropa holgada traicionaban la curva de una cadera femenina.<\/p>\n<p>Aquel incidente fue la grieta en el muro. Esa misma tarde, mientras Lenin buscaba refugio en la biblioteca para coser la rasgadura de su prenda, Mary se sent\u00f3 a su lado. Sin decir una palabra, extrajo de su bolso un peque\u00f1o estuche de costura, tom\u00f3 la prenda de manos de Lenin y comenz\u00f3 a dar puntadas invisibles con una destreza hipn\u00f3tica.<\/p>\n<p>\u2014Mi hermano te defender\u00e1 de Juli\u00e1n las veces que sea necesario \u2014dijo Mary con voz tibia, sin levantar la vista del tejido\u2014. Pero t\u00fa no te est\u00e1s escondiendo de Juli\u00e1n, \u00bfverdad, Lenin? Te est\u00e1s escondiendo del mundo.<\/p>\n<p>Lenin se tens\u00f3, sintiendo el impulso de huir. Sin embargo, el aire entre ambas se volvi\u00f3 denso, saturado de una intimidad magn\u00e9tica. Mary dej\u00f3 la aguja, estir\u00f3 la mano y, con la punta de sus dedos, roz\u00f3 la mu\u00f1eca de Lenin, desliz\u00e1ndose apenas un mil\u00edmetro hacia la piel suave de su antebrazo. Fue un toque el\u00e9ctrico, un reconocimiento mudo de la suavidad que habita debajo de la sudadera.<\/p>\n<p>\u2014Tienes la piel m\u00e1s hermosa que he visto jam\u00e1s \u2014susurr\u00f3 Mary, mir\u00e1ndola directo a los ojos, rompiendo la barrera de las mentiras\u2014. Y he visto c\u00f3mo miras la convocatoria del taller de danza. No dejes que el miedo te robe el cuerpo que quieres habitar. Puedes confiar en m\u00ed.<\/p>\n<p>Por primera vez en diecisiete a\u00f1os, Lenin sinti\u00f3 que alguien no miraba la m\u00e1scara impuesta, sino la verdad carnosa, bella y reprimida que lat\u00eda bajo su ropa. Una puerta se abri\u00f3 lentamente en su interior: la certeza de que ya no estaba sola en el viaje hacia su propia forma.<\/p>\n<p>Diario de Lenin:<\/p>\n<p>La gestaci\u00f3n de la forma<\/p>\n<p>&#8220;El cuerpo no olvida la intenci\u00f3n de los elixires; la carne es maleable, cede ante la persistencia del deseo como la cera tibia cede ante la presi\u00f3n de los dedos. Durante a\u00f1os he alimentado mis poros con la f\u00f3rmula secreta de mi padre, transformando el veneno en mi propia medicina. Siento mi piel volverse densa, suave, hipersensible; mis muslos guardan ahora la calidez de un contorno que me pertenece y que debo estrangular bajo capas de tela oscura para no ser devorada por la barbarie del mundo. El ataque de Juli\u00e1n me mostr\u00f3 el abismo del peligro, la violencia ciega de la masculinidad que aborrezco; pero la intervenci\u00f3n de Jos\u00e9 y la mirada sin juicios de Mary han encendido una luz distinta.<\/p>\n<p>En los ojos de Mary no vi asco ni confusi\u00f3n, vi la fascinaci\u00f3n de quien reconoce un milagro que pugna por nacer. Mi cuerpo ya no es solo mi secreto; es una escultura que clama por la luz del escenario, por la seda, por la libertad de dejar de ser la sombra que ellos ven y ser, de una vez por todas, la mujer que habito en la penumbra.&#8221;.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67504\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67504\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Aquel semestre, la preparatoria anunci\u00f3 la apertura de un taller de danza contempor\u00e1nea y expresi\u00f3n corporal. Al ver el cartel pegado en el peri\u00f3dico mural, los ojos de Lenin se dilatan de deseo. La danza era la promesa de mover la pelvis sin culpa, de estirar la piel y hacer fluir la l\u00ednea voluptuosa de sus piernas en la luz<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67504\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67504\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":33375,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32],"tags":[],"class_list":["post-67504","post","type-post","status-publish","format-standard","category-transexuales"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":21,"today_views":21},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67504","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33375"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67504"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67504\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":67506,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67504\/revisions\/67506"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67504"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67504"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67504"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}