{"id":67615,"date":"2026-10-04T00:00:57","date_gmt":"2026-10-03T22:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=67615"},"modified":"2026-10-03T17:54:16","modified_gmt":"2026-10-03T15:54:16","slug":"el-despertar-de-las-formas-4-el-complot-de-la-danza-y-la-sombra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-despertar-de-las-formas-4-el-complot-de-la-danza-y-la-sombra\/","title":{"rendered":"El despertar de las formas (4) El complot de la danza y la sombra"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"67615\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><ol>\n<li>El complot de la danza y la sombra del predador<\/li>\n<\/ol>\n<p>El aula de clases compartida durante el pen\u00faltimo a\u00f1o de preparatoria se convirti\u00f3 en el laboratorio donde Mary y Lenin tejieron su alianza. Sentadas juntas en la \u00faltima fila, resguardadas por el murmullo monocorde de las lecturas de historia, Mary se convirti\u00f3 en una observadora atenta de las minuciosas formas de Lenin. Ve\u00eda el trazo fino con que dibujaba en los m\u00e1rgenes de los cuadernos, la postura contenida con que cruzaba las piernas bajo la madera del pupitre y el modo en que el calor del mediod\u00eda hac\u00eda resbalar finas gotas de sudor por la blancura de su cuello, acentuando el aroma a cremas hormonales y botica que emanaba de su piel.<\/p>\n<p>El cartel del taller de danza contempor\u00e1nea segu\u00eda colgado en el recibidor principal, con las esquinas desgastadas por el viento de la tarde. Para Lenin, era una provocaci\u00f3n constante. Inscribirse significaba la entrega del nombre y la anatom\u00eda al escrutinio p\u00fablico, la renuncia al disfraz de telas anchas que la manten\u00eda a salvo.<\/p>\n<p>\u2014No tienes que inscribirte como los dem\u00e1s \u2014susurr\u00f3 Mary una ma\u00f1ana, deslizando una hoja impresa sobre el libro de Lenin\u2014. Habl\u00e9 con la profesora de la tarde. Es una mujer mayor, exbailarina, que busca asistentes para el montaje de vestuario y la escenograf\u00eda. El formulario permite que te registres como apoyo t\u00e9cnico, lo que te da acceso libre a la pista de madera fuera de las horas de clase, cuando las luces est\u00e9n apagadas. Nadie en la escuela sabr\u00e1 que usas los espejos para ensayar la elasticidad de tus piernas, salvo ella y yo.<\/p>\n<p>El plan era una obra de ingenier\u00eda afectiva. Lenin mir\u00f3 a Mary, sintiendo c\u00f3mo el cerrojo del miedo ced\u00eda un mil\u00edmetro m\u00e1s. La complicidad de su amiga era un refugio c\u00e1lido en medio de la hostilidad del instituto.<\/p>\n<p>Sin embargo, el peligro no habitaba \u00fanicamente en las planillas de inscripci\u00f3n. Juli\u00e1n, expulsado temporalmente del equipo de atletismo por su conducta violenta, patrullaba los pasillos con el resentimiento encendido de quien intuye una verdad que lo perturba. Dos d\u00edas despu\u00e9s de la propuesta de Mary, al t\u00e9rmino de la \u00faltima clase, Lenin se retras\u00f3 en los ba\u00f1os de la planta baja limpi\u00e1ndose el rostro con agua fr\u00eda para disipar el bochorno del encierro.<\/p>\n<p>El impacto de la puerta al cerrarse reson\u00f3 con la pesadez del metal. Juli\u00e1n surgi\u00f3 desde el pasillo oscurecido, atrancando el acceso con una banca de madera. Sus ojos estaban inyectados por una mezcla de rabia y fijaci\u00f3n morosa.<\/p>\n<p>\u2014Te estuve observando en la clase de deportes, Cifuentes \u2014dijo Juli\u00e1n, acortando la distancia con pasos lentos y pesados\u2014. Siempre te escondes tras la ropa gruesa, pero hueles a flor, como las perras en celo.<\/p>\n<p>Lenin retrocedi\u00f3 hasta que su espalda choc\u00f3 contra la azulejer\u00eda fr\u00eda de los lavabos. Apres\u00f3 el borde del m\u00e1rmol con las manos, sintiendo el temblor de sus rodillas. Juli\u00e1n no buscaba una pelea de muchachos; su agresividad pose\u00eda un tinte turbio, acorral\u00e1ndola contra la estructura de azulejos. Extendi\u00f3 una mano tosca y sujet\u00f3 a Lenin por la tela de la sudadera, tirando de ella con brusquedad hacia abajo. La costura comenz\u00f3 a rajarse y cruji\u00f3, dejando al descubierto la p\u00e1lida l\u00ednea de su hombro y la piel tersa que bajaba hacia la clav\u00edcula.<\/p>\n<p>\u2014Eres una cosa rara \u2014gru\u00f1\u00f3 Juli\u00e1n, pegando su aliento a la mejilla de Lenin, mientras con la otra mano presionaba el costado de sus costillas, palpando la suavidad inusual del tejido adiposo redistribuido por la f\u00f3rmula de la botica. Sus dedos toscos se hundieron en la carne blanda sobre la cintura, buscando la confirmaci\u00f3n de su sospecha\u2014. No tienes el cuerpo de un hombre. \u00bfQu\u00e9 te est\u00e1s haciendo, maric\u00f3n?<\/p>\n<p>El terror de ser desvestida y expuesta sofoc\u00f3 la voz de Lenin. Intent\u00f3 empujarlo, pero la fuerza del muchacho la inmoviliz\u00f3 contra la pared. Justo cuando la mano de Juli\u00e1n descend\u00eda hacia la pretina de su pantal\u00f3n, el pestillo de la ventana alta se rompi\u00f3 con un golpe seco. Una voz autoritaria reson\u00f3 desde el pasillo exterior: era la guardia del turno vespertino acompa\u00f1ada por el paso firme de Jos\u00e9, quien recorr\u00eda los corredores buscando a su hermana.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n solt\u00f3 a Lenin de golpe, lanz\u00e1ndole una mirada cargada de promesa siniestra antes de saltar por la salida posterior. Lenin qued\u00f3 aturdido contra la pared, ajustando desesperadamente las telas rotas sobre su pecho palpitante, sintiendo c\u00f3mo el roce del predador dejaba un rastro de humillaci\u00f3n y el urgimiento febril de no volver a permitir jam\u00e1s que una mano masculina violara la arquitectura secreta de su cuerpo.<\/p>\n<ol>\n<li>El gabinete de las ninfas: La iniciaci\u00f3n en la casona Volga<\/li>\n<\/ol>\n<p>Aquella misma semana, el aislamiento de la casona Volga se transform\u00f3 en un teatro de descubrimientos er\u00f3ticos que marcar\u00edan para siempre la conciencia y la carne de Lenin. La ausencia de la figura paterna hab\u00eda permitido que las habitaciones de la planta alta se convirtieran en santuarios clandestinos, donde la feminidad de sus hermanas florec\u00eda con una impudicia fascinante, lejos de la brutalidad que Ernesto sol\u00eda imponer.<\/p>\n<p>Una tarde de s\u00e1bado, mientras la lluvia de Puebla azotaba con furia los cristales de la galer\u00eda, Lenin caminaba en silencio por el corredor inundado por la penumbra dorada de los tragaluces. La puerta del vestidor principal \u2014un amplio sal\u00f3n alfombrado, rodeado por espejos de tres cuerpos y armarios de caoba\u2014 estaba entreabierta.<\/p>\n<p>Desde la rendija, el calor sofocante de la habitaci\u00f3n desped\u00eda un vapor denso, saturado por el aroma a polvos de arroz, crema de almendras y el rastro tibio y salado de la piel expuesta al perfume. Ivanova y Alexandra se preparaban para sus respectivas citas nocturnas. Estaban ataviadas \u00fanicamente con lencer\u00eda de alta costura: piezas de sat\u00e9n, encaje chantilly y sedas tra\u00eddas como s\u00edmbolos de la nueva libertad financiera y er\u00f3tica de la estirpe.<\/p>\n<p>Ivanova vest\u00eda un cors\u00e9 de sat\u00e9n negro con varillas de acero flexibles que ce\u00f1\u00edan brutalmente su cintura, obligando a sus senos firmes a erigirse con opulencia, apenas cubiertos por una malla de encaje transparente que dejaba a la vista la aureola oscura de sus pezones endurecidos. Alexandra, frente al peinador, luc\u00eda un conjunto de seda color canela; las ligas ajustadas descend\u00edan por la curvatura de sus muslos, sujetando medias de cristal que destellaban bajo las l\u00e1mparas.<\/p>\n<p>En la planta baja junto a la ventana, aguardaba el novio de Ivanova, el joven m\u00e9dico de la cl\u00ednica, impaciente y con la respiraci\u00f3n contenida a sabiendas del espect\u00e1culo que le deparaba al final de la velada. Ivanova no vest\u00eda para ocultarse; se mov\u00eda con la ferocidad de una pantera. Ivanova casi lista, sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n y se dirigi\u00f3 hacia su prometido, tom\u00e1ndole las manos para guiarlas directamente a la curvatura de su cadera, donde el borde del cors\u00e9 se hund\u00eda en la piel desnuda y tibia.<\/p>\n<p>\u2014Siente el encaje \u2014susurr\u00f3 Ivanova con una voz rasgada, mir\u00e1ndolo con frialdad dominante\u2014. La seda no se viste para ocultar; se viste para exigir la rendici\u00f3n absoluta de quien se atreve a tocarla.<\/p>\n<p>En el otro extremo del vestidor, Alexandra terminaba de delinear sus labios con un carm\u00edn h\u00famedo. Saldr\u00eda esa noche a una fiesta con su novio, con la firme intenci\u00f3n y el deseo ardiente de entregarse por completo a \u00e9l durante la velada.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o espejo de mano devolv\u00eda la imagen de su boca, brillante y abultada, un rojo carmes\u00ed intenso que parec\u00eda prometer pecados sin nombrar. Deposit\u00f3 el tubo de cosm\u00e9tico sobre la mesa de caoba con un clic suave y se recost\u00f3 contra el respaldo de la silla terciopelo, cruzando las piernas. La tela de la bata de seda que cubr\u00eda su cuerpo se desliz\u00f3 con el movimiento, revelando el brillo tenue de las medias de nailon que cubr\u00edan sus muslos. Esa noche no hab\u00eda margen para la duda; saldr\u00eda a la fiesta con su novio, pero la verdadera celebraci\u00f3n ocurrir\u00eda despu\u00e9s, en la privacidad de un hotel o en la intimidad de su propia cama, con la firme intenci\u00f3n y el deseo ardiente de entregarse por completo a \u00e9l durante la velada.<\/p>\n<p>Alexandra se levant\u00f3 y se qued\u00f3 frente al espejo de cuerpo entero. La luz c\u00e1lida de las l\u00e1mparas de pared ba\u00f1aba su figura, delineando las curvas que la bata intentaba ocultar sin mucho \u00e9xito. Con un movimiento lento, deliberado, deshizo el nudo de la cintura y dej\u00f3 que la prenda resbalara por sus hombros hasta caer en una piscina sedosa al suelo. El aire fresco del vestidor acarici\u00f3 su piel desnuda, erizando los vellos de sus brazos y provocando que sus pezones se tensaran bajo la fina laca del conjunto de lencer\u00eda que hab\u00eda elegido para la ocasi\u00f3n. No era ropa para dormir; era armadura para la seducci\u00f3n, un cors\u00e9 de encaje negro y tiras finas que ce\u00f1\u00eda su cintura y empujaba sus pechos hacia arriba, dej\u00e1ndolos a punto de desbordarse sobre las copas r\u00edgidas.<\/p>\n<p>Sus manos recorrieron las l\u00edneas del cors\u00e9, sintiendo la textura rugosa del encaje contrastando con la suavidad de su piel. Baj\u00f3 las palmas por sus costillas hasta la cadera, donde las ligas del sujetador se aferraban a las medias. Toc\u00f3 la banda el\u00e1stica que mord\u00eda suavemente la carne del muslo, un recordatorio constante de la restricci\u00f3n y la disponibilidad. Se gir\u00f3 ligeramente, mirando su perfil en el espejo. La tanga de encaje, apenas un tri\u00e1ngulo de tela trasl\u00facida y un hilo delgado que desaparec\u00eda entre sus nalgas, no dejaba nada a la imaginaci\u00f3n, pero suger\u00eda todo lo que estaba prohibido tocar en ese momento. Alexandra respir\u00f3 hondo, expandiendo su pecho contra las costillas r\u00edgidas del cors\u00e9, y sinti\u00f3 c\u00f3mo la tela rozaba sus pezones, ya duros y sensibles a la m\u00e1s leve fricci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 los ojos un momento y dej\u00f3 que sus manos siguieran el camino hacia el centro de sus muslos. La anticipaci\u00f3n era un peso f\u00edsico en el bajo vientre, un calor que se irradiaba hacia abajo y humedec\u00eda la fina tela de la tanga. Sus dedos rozaron la tela h\u00fameda, sintiendo la calidez de su propia concha bajo el encaje. Se imagin\u00f3 las manos de \u00e9l, m\u00e1s grandes y m\u00e1s \u00e1speras, reemplazando las suyas, desgarrando quiz\u00e1s esa fr\u00e1gil barrera de tela para acceder a lo que hab\u00eda debajo. La idea envi\u00f3 un temblor el\u00e9ctrico a trav\u00e9s de su columna vertebral, flexionando sus rodillas ligeramente. Se mordi\u00f3 el labio inferior, sintiendo el sabor ceroso del carm\u00edn, y se oblig\u00f3 a abrir los ojos de nuevo. No quer\u00eda terminar antes de tiempo, quer\u00eda mantener ese filo de necesidad afilado hasta que \u00e9l estuviera all\u00ed para aliviarla.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 a la vitrina donde colgaba el vestido que usar\u00eda esa noche. Un modelo de noche largo, de un azul profundo como el oc\u00e9ano en la tormenta, con una escotadura en la espalda que descend\u00eda hasta el inicio de sus nalgas y una abertura lateral que mostraba la pierna al caminar. Alexandra desliz\u00f3 el vestido sobre su cuerpo, movi\u00e9ndose con la lentitud de una mujer que sabe que est\u00e1 siendo observada, incluso si solo por su propio reflejo. La tela fr\u00eda se adhiri\u00f3 a su piel caliente, cayendo pesadamente sobre sus hombros y acunando sus formas. Subi\u00f3 el cierre invisible con dificultad, sintiendo c\u00f3mo la prenda la aprisionaba suavemente, convirti\u00e9ndola en una escultura de elegancia y deseo reprimido.<\/p>\n<p>Una vez vestida, se sent\u00f3 de nuevo en el banco de terciopelo para calzarse los zapatos. Eran tacones aguja de negro charol, altos y peligrosos, que alargaban sus piernas y arqueaban sus pies de una manera que siempre le pareci\u00f3 obscenamente femenina. Al ponerse de pie, su altura cambi\u00f3, su postura se enderez\u00f3, y el centro de gravedad se desplaz\u00f3, oblig\u00e1ndola a balancear las caderas con cada paso para mantener el equilibrio. Camin\u00f3 hacia el espejo principal una vez m\u00e1s, girando para ver la espalda. La piel desnuda de su espalda brillaba bajo la luz, y la l\u00ednea del vestido acentuaba la hendidura entre sus nalgas. Sab\u00eda que cuando se sentara, la tela subir\u00eda a\u00fan m\u00e1s, revelando las ligas de las medias, un destello de lo que hab\u00eda debajo destinado solo para los ojos de su novio.<\/p>\n<p>Alexandra recogi\u00f3 su bolso peque\u00f1o del tocador, revisando r\u00e1pidamente su contenido: llaves, perfume, y un peque\u00f1o paquete de protecci\u00f3n que guard\u00f3 con un movimiento r\u00e1pido, casi furtivo, aunque nadie m\u00e1s estaba en la habitaci\u00f3n. El sonido del timbre de la puerta retumb\u00f3 en la casa, rompiendo el silencio del vestidor. Su coraz\u00f3n dio un vuelo, golpeando contra las costillas con fuerza repentina. \u00c9l estaba ah\u00ed. El sonido actu\u00f3 como un detonador, haciendo que la humedad entre sus piernas aumentara, empapando la tanga de una manera que ahora sent\u00eda inc\u00f3moda y deliciosa al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Se roci\u00f3 un poco de perfume en el cuello y detr\u00e1s de las orejas, una fragancia pesada con notas de jazm\u00edn y \u00e1mbar. Se mir\u00f3 una \u00faltima vez, asegur\u00e1ndose de que el carm\u00edn estuviera perfecto. Se pas\u00f3 la lengua por los dientes, imaginando el gusto de su piel, la sal de su sudor, la textura de su pene en su boca. La imagen mental fue tan v\u00edvida que tuvo que agarrarse al borde de la mesa para no tambalearse. Sus muslos se rozaron involuntariamente, generando una fricci\u00f3n el\u00e9ctrica a trav\u00e9s de la seda de las medias y la piel expuesta. Estaba lista, o al menos eso le dec\u00eda su reflejo, pero su cuerpo gritaba por ser tomada, por ser llenada, por ser usada hasta que el maquillaje se corriera y el vestido fuera solo un recuerdo en el suelo.<\/p>\n<p>Alexandra apag\u00f3 las luces del vestidor, dejando la habitaci\u00f3n en penumbra, y camin\u00f3 hacia la puerta. El sonido de sus tacones contra la madera del pasillo marcaba el ritmo de su propia impaciencia. Cada paso era un recordatorio de la tensi\u00f3n en sus muslos, del roce constante del cors\u00e9 contra sus pechos sensibles, de la humedad que se enfriaba lentamente entre sus piernas. Al llegar a la puerta principal, tom\u00f3 el pomo con una mano temblorosa. Se detuvo un segundo, respirando hondo para componer una fachada de calma que no sent\u00eda en absoluto. Cuando abri\u00f3 la puerta, la luz de la entrada ilumin\u00f3 su rostro y su sonrisa, una sonrisa que promet\u00eda una noche larga, sucia y agotadora, donde la \u00fanica regla ser\u00eda el placer absoluto y la entrega total al pene que la esperaba al otro lado.<\/p>\n<p>Oculto en las sombras del pasillo, Lenin sent\u00eda que el vientre se le contra\u00eda en un espasmo de fascinaci\u00f3n hipn\u00f3tica y deseo contenido. Observaba el temblor de la carne, el brillo del sudor sobre los escotes, el carm\u00edn en los labios y la soberan\u00eda er\u00f3tica con la que sus hermanas somet\u00edan a los hombres. Ellas no eran presas; eran los templos donde el deseo masculino ven\u00eda a sacrificarse.<\/p>\n<p>\u2014El roce del encaje negro contra la piel del vientre produce una electricidad que ninguna tela com\u00fan puede imitar \u2014recordaba Lenin las palabras de Alexandra a Ivanova, mientras se encontraba ajustando la liga sobre su pierna tersa\u2014. Te conviertes en una diosa antes de que nadie haya osado ponerte una mano encima.<\/p>\n<p>Lenin reviv\u00eda la escena con la respiraci\u00f3n suspendida. Una envidia devoradora le recorr\u00eda la columna vertebral: anhelaba la textura de esas sedas ajustadas a sus propias curvas en gestaci\u00f3n, el peso de las tiras sobre los muslos y la potestad de ser adorada como mujer. Los vendajes con los que oprim\u00eda su t\u00f3rax en el colegio se le revelaron en ese instante como una profanaci\u00f3n inadmisible contra la belleza que su propio cuerpo, moldeado en secreto, exig\u00eda a gritos gritar al mundo.<\/p>\n<p>Diario de Lenin:<\/p>\n<p>Reflexi\u00f3n<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la rendija del vestidor no presenci\u00e9 la desnudez de mis hermanas, sino la revelaci\u00f3n de una arquitectura sagrada. Durante a\u00f1os, el fantasma de mi padre me hizo creer que el cuerpo masculino era una fortaleza de mando; pero esta tarde entend\u00ed que el verdadero poder reside en el misterio de la seda, en la tiran\u00eda del encaje y en la capacidad de despertar un hambre que doblega a los hombres antes de rozar su piel. Sent\u00ed un dolor profundo en mis entra\u00f1as, una mezcla de envidia y certeza: la envoltura de muchacho que a\u00fan arrastro es solo una c\u00e1scara marchita. Mi destino no es ser el soldado que mi padre exig\u00eda, sino la diosa que habita al otro lado del espejo. Ser mujer no es un sue\u00f1o; es la mujer que ya reclama su trono en mi propia piel.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67615\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67615\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Alexandra recogi\u00f3 su bolso peque\u00f1o del tocador, revisando r\u00e1pidamente su contenido: llaves, perfume, y un peque\u00f1o paquete de protecci\u00f3n que guard\u00f3 con un movimiento r\u00e1pido, casi furtivo, aunque nadie m\u00e1s estaba en la habitaci\u00f3n. El sonido del timbre de la puerta retumb\u00f3 en la casa, rompiendo el silencio del vestidor. Su coraz\u00f3n dio un vuelo, golpeando contra las costillas con<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67615\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67615\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":33375,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32],"tags":[],"class_list":["post-67615","post","type-post","status-publish","format-standard","category-transexuales"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":127,"today_views":9},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67615","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33375"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67615"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67615\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":67617,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67615\/revisions\/67617"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67615"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67615"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67615"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}