{"id":67769,"date":"2026-10-22T00:01:36","date_gmt":"2026-10-21T22:01:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=67769"},"modified":"2026-10-21T17:37:47","modified_gmt":"2026-10-21T15:37:47","slug":"infiel-a-mi-novio-en-el-trabajo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-a-mi-novio-en-el-trabajo-1\/","title":{"rendered":"Infiel a mi novio en el trabajo (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"67769\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El vapor del lavaplatos se condensaba en el metal inoxidable, formando gotas gruesas que resbalaban por las paredes de la cocina como sudor fr\u00edo. El ruido era ensordecedor: el chasquido r\u00edtmico de los cuchillos contra las tablas de cortar, el siseo constante de los quemadores y el estruendo de la campana extractora intentando devorar el humo de los asados. Yoalli se pas\u00f3 el dorso de la mano por la frente, dejando una estela de harina y grasa en la piel. Su uniforme blanco ya no era tan blanco; las manchas de azafr\u00e1n y vino tinto en el delantal eran medallas de batalla de otro turno doble perdido.<\/p>\n<p>Armando estaba a su lado, picando cebollas con una precisi\u00f3n militar que no correspond\u00eda con su actitud relajada. Cada vez que el cuchillo golpeaba la madera, su codo rozaba el hombro de ella. No era un golpe accidental, ni un movimiento torpe por la estrechez del espacio. Era una presi\u00f3n constante, deliberada, una fricci\u00f3n de tela contra tela que enviaba peque\u00f1as descargas el\u00e9ctricas a trav\u00e9s de la manga de Yoalli. Ella tens\u00f3 los hombros, intentando encogerse, pero la l\u00ednea de preparaci\u00f3n de ensaladas no daba margen para la huida.<\/p>\n<p>\u2014Te falta sal, esto est\u00e1 ins\u00edpido \u2014murmur\u00f3 Armando, acerc\u00e1ndose demasiado para probar el aderezo que ella estaba batiendo.<\/p>\n<p>Su aliento, caliente y con un dejo a mentol del cigarrillo que se hab\u00eda fumado minutos antes en el callej\u00f3n, le golpe\u00f3 el cuello. Yoalli sostuvo el batidor con ambas manos, apretando tanto que los nudillos se le pusieron blancos. Armando no mir\u00f3 el bol. Mir\u00f3 la clav\u00edcula de ella, luego sus ojos, y baj\u00f3 la vista hacia sus labios. El silbido de la freidora pareci\u00f3 apagarse en ese instante.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien as\u00ed \u2014respondi\u00f3 ella, con la voz ronca por el humo y el nervio. Dio un paso al lado, buscando el refugio de la estufa.<\/p>\n<p>Armando sonri\u00f3, un gesto lento que solo curv\u00f3 la comisura derecha de sus labios. No dijo nada, solo volvi\u00f3 a su cebolla, pero su pie derecho se estir\u00f3 bajo la mesa, rozando la pantorrilla de Yoalli. Ella se apart\u00f3 como si la hubieran quemado, casi volcando un recipiente con aceite de oliva. El coraz\u00f3n le golpeaba contra las costillas con una fuerza que nada ten\u00eda que ver con el ajetreo de la cocina. Pens\u00f3 en Miguel. Miguel estaba en casa, probablemente viendo televisi\u00f3n o durmiendo, esperando su turno para ir a buscarla. Miguel era seguro, era silencio y paz, era el olor a jab\u00f3n de lavander\u00eda y no a grasa quemada.<\/p>\n<p>Pero el olor de Armando era distinto. Era a tabaco, a especias picantes y a una testosterona animal que parec\u00eda evaporarse de su piel en el calor de la cocina.<\/p>\n<p>El turno termin\u00f3 y la cocina qued\u00f3 en un silencio fantasmal, iluminada solo por la luz fr\u00eda de la nevera y la se\u00f1al de \u00abAbierto\u00bb del escaparate. Yoalli se desabroch\u00f3 el delantal, sintiendo el alivio de la presi\u00f3n sobre el est\u00f3mago, pero el nudo en la garganta persisti\u00f3. Armando estaba en la puerta del fondo, sac\u00e1ndose la chaqueta de cocina.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVienes? \u2014pregunt\u00f3, sin darle la espalda, sabiendo que ella lo estaba mirando.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA d\u00f3nde? \u2014pregunt\u00f3 ella, aunque sab\u00eda la respuesta.<\/p>\n<p>\u2014Al cerro. A despejarnos la cabeza. Necesito correr antes de que me explote la cabeza.<\/p>\n<p>Yoalli mir\u00f3 su reloj. Miguel no la esperaba hasta dentro de una hora. Podr\u00eda ir a casa, ducharse, lavarse el olor de la cocina y ponerse la ropa limpia que le gustaba a Miguel. Podr\u00eda sentarse en el sof\u00e1 y ser la novia fiel. Pero sus pies ya se estaban moviendo hacia la puerta trasera, hacia el callej\u00f3n oscuro donde el aire fresco de la noche intentaba colarse entre los botes de basura.<\/p>\n<p>\u2014Solo una vuelta \u2014dijo ella, m\u00e1s para convencerse a s\u00ed misma que a \u00e9l.<\/p>\n<p>El camino al cerro estaba en silencio, salvo por el crujido de sus zapatillas sobre el asfalto y su respiraci\u00f3n entrecortada. Armando iba unos metros delante, su musculatura de espalda marc\u00e1ndose bajo la camiseta de gimnasio ajustada con cada paso que daba. Yoalli no pod\u00eda apartar la vista de c\u00f3mo se mov\u00edan sus om\u00f3platos, de la tensi\u00f3n de sus gl\u00fateos al subir la pendiente. La imagen de Miguel se desdibujaba en su mente, sustituida por la realidad f\u00edsica de Armando. Miguel no corr\u00eda. Miguel no sudaba de esa manera.<\/p>\n<p>Llegaron a un mirador que dominaba las luces de la ciudad. El aire estaba fr\u00edo, pegajoso, y el olor a pino y tierra h\u00fameda era un golpe directo a los sentidos despu\u00e9s de horas encerrada entre olores cocinados. Armando se detuvo, apoyando las manos en las rodillas, recuperando el aire. Yoalli se detuvo a su lado, el pecho levant\u00e1ndose y bajando violentamente.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed se respira mejor \u2014dijo Armando, enderez\u00e1ndose y gir\u00e1ndose hacia ella.<\/p>\n<p>La luna llena iluminaba su perfil, resaltando la humedad en su cuello. Se acerc\u00f3, invadiendo el espacio personal de Yoalli, esa barrera invisible que ella siempre manten\u00eda con todos menos con Miguel. Pero esta vez, ella no retrocedi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Deber\u00edas ir a casa \u2014susurr\u00f3 \u00e9l, aunque sus manos dec\u00edan lo contrario. Una mano se pos\u00f3 en su cintura, caliente y firme, atray\u00e9ndola hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Miguel me espera \u2014dijo ella, pero la frase son\u00f3 d\u00e9bil, aplastada por el peso de la noche y la cercan\u00eda de Armando.<\/p>\n<p>Armando no mencion\u00f3 a Miguel. No le importaba Miguel. Baj\u00f3 la cabeza y sus labios encontraron el cuello de Yoalli, justo debajo de la oreja. El contacto fue h\u00famedo, un beso abierto que dej\u00f3 un rastro de saliva que se enfri\u00f3 instant\u00e1neamente al aire libre. Un temblor recorri\u00f3 el cuerpo de ella, desde las rodillas hasta el cuero cabelludo. Sus manos, que hab\u00edan estado colgando inertes a los lados, subieron instintivamente hacia los hombros de Armando, aferr\u00e1ndose a la tela de su camiseta.<\/p>\n<p>La imagen de la cara de Miguel, preocupada y dulce, parpade\u00f3 en su mente como una bombilla fundida. Es solo esto, pens\u00f3. Es solo un momento. Es solo el calor.<\/p>\n<p>Armando la empuj\u00f3 suavemente contra la barandilla de protecci\u00f3n del mirador. El metal fr\u00edo le presion\u00f3 la espalda a trav\u00e9s de la camiseta deportiva, contrastando con el fuego del cuerpo que se le pegaba por delante. La mano de Armando subi\u00f3 desde su cintura, desliz\u00e1ndose por la costura de la camiseta de Yoalli hasta tocar la piel desnuda de su cintura. Los dedos rugosos de cocinero, callosos por el manejo de cuchillos y ollas, rasparon suavemente la piel suave del abdomen.<\/p>\n<p>Yoalli exhal\u00f3 un gemido que se perdi\u00f3 en el viento. Armando aprovech\u00f3 el sonido para cubrir sus labios con los suyos. No fue un beso tierno; fue un ataque, una invasi\u00f3n de lengua y dientes. Sab\u00eda a mentol y a deseo. Yoalli abri\u00f3 la boca, permitiendo la entrada, sintiendo c\u00f3mo la lengua de \u00e9l exploraba, dominaba, reclamaba.<\/p>\n<p>La mano de \u00e9l baj\u00f3 con decisi\u00f3n, pasando por debajo de la cintura el\u00e1stica de sus leggings deportivos. No hubo pre\u00e1mbulos, no hubo caricias suaves en el muslo. Sus dedos se deslizaron directamente entre sus piernas, encontrando la tela de la ropa interior ya empapada.<\/p>\n<p>\u2014Ya est\u00e1s mojada \u2014gru\u00f1\u00f3 Armando contra su boca, y la vulgaridad de la observaci\u00f3n hizo que las mejillas de Yoalli ardieran, no de verg\u00fcenza, sino de una excitaci\u00f3n vergonzosa.<\/p>\n<p>Ella separ\u00f3 las piernas m\u00e1s, invit\u00e1ndolo, rog\u00e1ndolo sin palabras. Los pensamientos de Miguel se hab\u00edan convertido en un murmullo ininteligible, ahogado por el ruido de su propia sangre bombeando en los o\u00eddos. Armando desliz\u00f3 un dedo bajo el borde de la tela de la tanga, encontrando el cl\u00edtoris hinchado y sensible. Yoalli mordi\u00f3 el labio inferior, conteniendo un grito, mientras las caderas empezaban a moverse solas, buscando la fricci\u00f3n de ese dedo experto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe gusta? \u2014pregunt\u00f3 \u00e9l, mordi\u00e9ndole el l\u00f3bulo de la oreja.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014sise\u00f3 ella, con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atr\u00e1s, exponiendo la garganta al ataque de sus labios.<\/p>\n<p>Armando retir\u00f3 la mano h\u00fameda y, con un movimiento brusco, baj\u00f3 el leggings y la ropa interior de Yoalli hasta las rodillas. El aire nocturno golpe\u00f3 su piel desnuda, helado y excitante. Ella no tuvo tiempo de pensar en la exposici\u00f3n, en lo p\u00fablico que era el lugar, porque Armando se hab\u00eda desabrochado el pantal\u00f3n y sac\u00f3 su miembro, erecto y palpitante al aire libre.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3, levantando una de las piernas de Yoalli y apoy\u00e1ndola en la barandilla met\u00e1lica. La posici\u00f3n la dejaba abierta, vulnerable, totalmente a su merced. Armando se posicion\u00f3 entre sus muslos, y la cabeza de su pene roz\u00f3 la entrada h\u00fameda de Yoalli. Ella mir\u00f3 hacia abajo, viendo el contraste de su piel p\u00e1lida y la oscuridad de \u00e9l, viendo c\u00f3mo se preparaba para penetrarla.<\/p>\n<p>\u2014M\u00edrame \u2014orden\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>Yoalli levant\u00f3 la vista, encontrando los ojos oscuros de Armando clavados en los suyos. En ese reflejo, ella se vio a s\u00ed misma: despeinada, sudorosa, con los labios hinchados y la mirada vidriosa de lujuria. No vio a la novia de Miguel. Vio a una mujer que quer\u00eda ser cogida ah\u00ed mismo, contra una barandilla oxidada en lo alto de un cerro.<\/p>\n<p>Armando empuj\u00f3 las caderas hacia adelante y entr\u00f3 en ella de un golpe. El estiramiento fue brusco, llen\u00e1ndola por completo, golpeando el fondo con una intensidad que le arranc\u00f3 un gemido gutural. Ella se aferr\u00f3 a sus hombros, clavando las u\u00f1as en la piel, sintiendo c\u00f3mo los m\u00fasculos de \u00e9l se tensaban bajo sus dedos.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 a moverse. Cada embestida era profunda, dura, haciendo que la barandilla crujiera contra la roca. El ritmo no ten\u00eda nada de la suave dulzura de las noches con Miguel; era salvaje, urgente, puramente f\u00edsico. El sonido de la piel chocando contra la piel reson\u00f3 en el silencio de la monta\u00f1a, mezclado con los jadeos y los susurros sucios de Armando.<\/p>\n<p>\u2014Eres una zorra, Yoalli \u2014susurr\u00f3 \u00e9l al o\u00eddo, acelerando el ritmo\u2014. Viniendo aqu\u00ed conmigo mientras \u00e9l te espera.<\/p>\n<p>Las palabras fueron como gasolina en el fuego. La culpa, lejos de detenerla, actu\u00f3 como un afrodis\u00edaco potente. Ella apret\u00f3 los m\u00fasculos internos alrededor de \u00e9l, sintiendo c\u00f3mo \u00e9l crec\u00eda dentro de ella, c\u00f3mo el control se le escapaba.<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s \u2014pidi\u00f3 ella, perdiendo cualquier rastro de compostura\u2014. No pares.<\/p>\n<p>Armando la agarr\u00f3 de las nalgas con ambas manos, levant\u00e1ndola ligeramente para penetrar a\u00fan m\u00e1s profundo. El orgasmo se construy\u00f3 en la base de su columna vertebral, una ola de calor que crec\u00eda imparable, alimentada por el riesgo, por el enga\u00f1o, por la crudeza del momento. Cuando el placer estall\u00f3, Yoalli mordi\u00f3 el hombro de Armando para no gritar, sacudi\u00e9ndose en sus brazos mientras las luces de la ciudad abajo se difuminaban en manchas de color ciego.<\/p>\n<p>Armando sigui\u00f3 bombeando, buscando su propio cl\u00edmax, y cuando eyacul\u00f3 dentro de ella, con un gemido ronco y profundo, Yoalli sinti\u00f3 que el peso de la infidelidad se asentaba sobre ella, pesado, real e irrevocablemente placentero. Se quedaron as\u00ed un momento, pegados, respirando el mismo aire, mientras el sudor se enfriaba en sus cuerpos y la realidad intentaba abrirse paso de nuevo en la noche.<\/p>\n<p>Lo voy a subir por partes, me gustara saber que piensan recordarles que esto me pas\u00f3 en realidad.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67769\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67769\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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