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Relato erótico

Nadia, mi encule persa 3

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RESUMEN

Por algunas noches, hemos llorado y hemos sufrido. Nadia remueve esas cadenas que ha llevado por años y quiere ser libre para entregarse a mí.

Por la noche llego media hora antes al café y espero con cierto nerviosismo que aparezca Nadia.  No sé realmente lo que ella está viviendo, pero en la plática de la mañana supe que vivía un debate interno al punto que no dijo nada de mi cabello corto, el cual ella un día me pidió cortarme para aceptarme como su novio.  Son las siete de la noche y la veo por los cristales del café que camina acercándose al lugar.  Raramente usa vestidos, pero en esta ocasión lleva uno, cuya falda apenas cubre las rodillas; lleva unas sandalias abiertas de cuero los cuales me permiten observar sus lindos pies, pero me llama la atención una cadena de oro donde brilla una piedra blanca que adorna su sensual cuello, joya que de alguna manera presiento le incomoda, pues nunca le he visto usar joyería.  Salgo a su encuentro y la guio hacia mi mesa, veo su mirada seria y no me he atrevido a saludarla con un beso.

Miro como Nadia atrae esas miradas, que de alguna manera a mí me ponen incomodo, pues a pesar de su atuendo sencillo es el centro de atención.  He visto como los hombres miran su lindo trasero que ahora es delineado por el cinto color de oro que contrasta con su vestido blanco, tomamos asiento, yo ordeno un café, ella prefiere un té y comienza su conversación:

-    Tony, hoy por la mañana, no sé si de broma me has pedido que me case contigo… - Yo le interrumpo.

-    Nadia, yo no bromeaba… - Ella también me interrumpe.

-    Espera. -dice y continua.  Lo que te voy a decir es algo que he tenido que pensar y pensarlo muy cuidadosamente.  Primeramente, quiero aclararte que Kashira, no es mi mejor amiga o simplemente mi amiga: Somos primas.  ¿Por qué Kashira es lo primero en esta conversación? es que cualquier cosa que yo decida hacer, la decisión que yo pueda tomar esta noche, le afectara a ella tanto como a mí.

Yo me he quedado asombrado queriendo intuir que hay detrás de aquellas palabras.  Veo incertidumbre en sus ojos y hace una pausa como deseando que yo pregunte algo, pero me he quedado callado.  Nadia continua:

-    Kashira y al igual que yo, debemos cuidarnos la una a la otra.  Lo que ha pasado entre nosotros, ella debió habérselo comunicado a mis padres.  Si ella lo hubiese comunicado a mis padres, yo ya no estuviese aquí, no sé qué castigo me hubiesen dado, pero ahora ella es mi cómplice y por tanto merecedora del mismo castigo.  Así que cualquier decisión que tome, afectara a Kashira y en otras palabras yo no la voy a abandonar, no la voy a abandonar en ningún momento.  De aquí en adelante, donde voy yo va ella.

A mis casi diecinueve años, aquella conversación me tenía consternado.  Dicen que las mujeres maduran más temprano que los hombres, pero aquella plática era como un curso intensivo de cómo madurar a temprana edad.  Nadia continuo:

-    Segundo, y espero que me escuches muy bien, yo estoy comprometida.  Yo debo casarme con el primo de Kashira, lo cual para la familia sería una doble traición.

-    ¿Tienes novio? -cuestioné.

-    Bueno, si… pero no.  El único novio que he tenido, a quien he besado y he permitido toque mi piel, eres tú.  Pierre, es un compromiso adquirido por mis padres en sus costumbres antiguas.  Lo conozco, sus padres han visitado nuestra casa, pero también por tradición, él no se puede acercar a mí, y cuando lo haga después de los 18 años, lo hará en presencia de algún familiar.  Mi padre, a pesar de pertenecer a esa minoría cristiana en nuestro país, de estudiar y ahora vivir en un país occidental, se niega a cambiar sus tradiciones milenarias.  Desde que llegué a mis 14 años ha comenzado a alimentar la idea de que yo ya estoy comprometida de una aceptable y prospera familia.

-    ¿Y?

-    Y resulta que yo ya no estoy dispuesta a seguir con tal absurda tradición. No sé, por alguna razón he vuelto a encontrarte en mi vida. Sabes, cuando cumplí mis quince años y todavía estudiábamos juntos en la escuela cristiana, siempre se me vino a la mente que tu serias mi novio. Un día Kashira se lo dijo a Pierre, porque yo se lo conté a ella como si se tratase de un sueño, pero Pierre se lo ha dicho a sus padres y sus padres a los míos, así que tuve un castigo por un muchacho llamado Tony y se me prohibió pensar, mucho menos mencionar el nombre de un muchacho llamado Tony.

Aquel día recordé que, por esas cosas de la vida, el día que hacían un evento de graduación cuando terminábamos el noveno grado junto a Nadia, mi madre nos ha tomado una fotografía que debería estar guardada en algún lugar de la casa.  Como dije al principio de mi relato, Nadia siempre me ha gustado y cuatro años después estoy descubriendo que la admiración y cariño eran mutuas.  Hoy este día viste un vestido blanco con relieves dorados y un cinto dorado, similar al que uso para aquel evento en la escuela.  Mi madre me ha querido apenar diciéndome que parece que yo le gusto a esa niña de la que ella no se recuerda su nombre a pesar que, en alguno de esos años, ella debió haber sido su consejera escolar.  Nadia continúa su conversación:

-    Por último, y esto es lo más doloroso para mí, y sé que lo será para toda mi familia, es que mi padre nunca te va aceptar, que el día que sepa que ese muchacho llamado Tony ha sido y sigue siendo parte de mi vida, ese día dejo de ser su hija, y por consecuencia Kashira dejara de ser su sobrina.  No tendremos cabida ni en su corazón ni en su casa.  -Nadia me queda viendo por segundos con una mirada profunda y continúa.  – Ahora que sabes más de mí, de nuestra situación, ¿quieres considerar tu propuesta? ¿Necesitas algún tiempo para que puedas realmente considerarla?

Ella me absorbe con su mirada, se mira tan bella y yo no tengo nada que pensar, pues mis amigos y los amigos alrededor de Nadia afirmarían con alguna frase u oración soez:  Quien no se lanzaría al infierno por un culo como el de Nadia.  Realmente, su rostro me atrae, sus pechos me excitan, su tremendo trasero es mi debilidad, pero he llegado hasta su corazón y siento que todo su cuerpo es mío y le contestó:

-    Nadia, yo no tengo que pensar nada… - y ella me interrumpe.

-    Tony, espera… no digas nada aún.  Hay algo más que necesito hacerte saber y para mí es muy importante. -Yo ya le he repetido mi propuesta.

-    ¿Te quieres casar conmigo?

-    Tengo una condición que realmente espero puedas poder entender y esto es muy importante para mi…  Yo te amo y quizá nunca te lo he dicho, estoy profundamente enamorada de ti y que más quisiera que entregarme y ser tuya ahora mismo, pero tengo una promesa de llegar virgen al altar, pero si tomamos esa ruta, será muy difícil que tú y yo, y a consecuencia Kashira podamos terminar de estudiar.  Yo quiero casarme contigo y si es preciso nos casamos mañana por lo civil, y así sentiré que tengo ese pequeño derecho de retenerte.  Te daré todo mi tiempo y comenzaré a dedicarte cada segundo de mi vida para procurar nuestra felicidad, podemos vivir juntos y tendremos derecho a gozar y acariciar de nuestros cuerpos, pero no consumaremos nuestro matrimonio hasta recibir la bendición de Dios.  Pero por el bien de todos, por el momento debemos tenerlo como un secreto, al menos hasta cuando nos graduemos de la universidad.

-    ¿Te quieres casar conmigo? -volví a repetir la pregunta.

-    ¡Si! – contesto y nos unimos en un apasionado beso.

Hemos terminado el café y nuestra plática y hemos salido con una alegre sonrisa caminando hacia su dormitorio.  En el camino vamos planeando como manejar todo aquello y hemos decidido que no podemos esperar y el siguiente día debemos ir a uno de esos notarios y firmar ese documento en el cual la sociedad nos reconoce como marido y mujer.  De todo aquello, eso es lo que más me emociona, nos vamos comiendo a besos por la calle y Nadia me advierte que debo dejarlo para el siguiente día, pues después de firmar aquellos documentos planeamos ir cerca de la playa a algún hotel y comenzar nuestro matrimonio de una manera clandestina y aquella sensación de alguna manera calma mis ansias.

Estamos cerca del dormitorio de Nadia y su prima, y es obvio que no nos queremos despedir.  Unos cuantos detalles, unas cuantas sugerencias y dice:

-    Tony, hay algo que quiero que tu hagas hoy por mí.

-    ¡Dime! – respondo.

-    ¿Ves esta cadena y este diamante? Pertenecen a la familia de Pierre.  Quítamelo y se lo entregas a Kashira y ella, cuando el tiempo indicado llegue, lo hará volver a la familia de él.

Así lo hago, remuevo esa cadena que la ataba y rompe esa absurda tradición milenaria, donde los adultos hacen promesas que los menores deben obligadamente cumplir.  Yo intento de alguna manera explicar, que todo esto se da en un tiempo al que ninguno de los dos podíamos prever y le prometo que en la oportunidad más inmediata le haré poner una sortija en su anular y me dice con esa elocuencia de su léxico delicioso y expresivo, que no importa, que lo nuestro va más allá de cualquier símbolo.  Toca la puerta, Kashira abre, y le he puesto el collar y el diamante en sus manos.  Ella me da una sonrisa que también se mezcla con una mueca de llanto y solamente me dice: ¡Ahora somos hermanos!  Creo que Kashira más que yo, entiende el significado de haber desprendido aquel metal del precioso cuello de mi amada Nadia.

Ciertamente creo que cuando uno hace las cosas que quiere hacer parece que el mundo conspira a nuestro favor.  Debo encontrar un testigo para mi boda con Nadia, debo encontrar un lugar para que junto con ella y ahora mi hermana Kashira, debamos vivir. Hay muchas cosas que hacer y el tiempo es corto, pero parece que esta mañana me he levantado con el pie derecho.  Voy por los patios de la facultad con la idea de encontrar alguno de mis compañeros para que sea mi testigo, pero casualmente, me encuentro con el entrenador de fútbol y se sorprende verme. Me saluda y me pregunta si voy estar en clases de verano.  Le hago una pequeña plática y le cuento que eso es lo que me va entretener un poco y que me urge encontrar un apartamento disponible.  Me cuenta que él tiene una casa huésped en el lugar donde vive y que solamente se encuentra a 15 minutos manejando de la universidad. Me pregunta si tengo algún otro compañero para ayudarme en los gastos y recalca que la zona es cara y en fin todo aquí es caro. Me da su teléfono para concretar algunas cosas y continúo en busca de alguien que me sirva de testigo.

Muchos se han ido para sus casas, otros están aquí pero no recuerdo el edificio o número de sus dormitorios, doy la vuelta y está Gaby frente a mis narices.  Me saluda con un beso coqueto y me dice que justo iba para mi dormitorio.  Se me ocurre pedirle que sea mi testigo, pero tengo una enorme desconfianza, pues la última experiencia con ella, no termino de los más amigable.  El tiempo está en contra mía, y me arriesgo por la urgencia:

-    Gaby, ¿te puedo pedir un favor?

-    Dime, ¿para que soy buena?

-    ¿Puedes servirme de testigo?

-    ¿Testigo de qué?

-    ¡De mi boda!

-    ¿Para cuándo?

-    ¡Hoy! – y Gabriela se ha echado a reír como una loca, se calma un poco y pregunta.

-    La tenes preñada y ahora estas obligado a casarte…-    ¡No! No es lo que tú piensas.  -Gaby guarda silencio algunos segundos, piensa y vuelve a preguntar.

-    ¿A qué horas es el entierro?

-    ¡Tenemos la cita a las 3:00 p.m.!

-    Bueno, cuenta conmigo…¿en algo más que pueda ayudarte?

Desde aquel momento cambió para mejor nuestra amistad con Gaby.  Además de ser mi testigo se había puesto a disponibilidad mía y realmente con su ayuda el día de nuestra boda con Nadia, trascendió con más facilidad.  Antes de aquella hora fue en busca de mí en su coche compacto y luego fuimos en busca de Nadia.

Llegamos, ya las dos primas estaban listas esperando y Nadia tenía un vestido blanco ajustado a su cuerpo que delineaba su hermosa silueta.  Estaba vez, los relieves eran de un pálido color plata, al igual que sus zapatos.  No sé si fue a algún salón de belleza o su prima le había asistido, pues por primera vez luce algo de maquillaje que le daba una luz especial a su poética mirada.  Yo me he puesto lo más formal que he podido, pero no creo alcanzar la presencia que tiene Nadia.  Las presento y lo primero que le dice Gaby a Nadia es algo en español, que creo que Nadia alcanza a entender, pues sabe algunas cuantas palabras:

-    ¡Nena, eres una hermosa mujer, eres muy bonita! Ya sabía que por algo Tony estaba hasta pasmado.

-    ¡Gracias! – contesta Nadia con un acento dulce en español.

Le aclaro en el proceso de presentación, que Nadia es de Irán y que no habla mucho español. Le dice lo mismo en inglés, se saludan se abrazan y nos acomodamos para ir a nuestra cita de bodas.  Como el coche de Gaby es compacto, yo me voy a la par de ella, pues hay espacio para estirar mejor mis pies y Nadia y Kashira van en el asiento trasero.  Gaby sigue hablando conmigo español y me sale con sus comentarios: - Pibe, mira que trasero te has venido taladrando, y con esas tetas que has estado mamando creo que han ayudado a tu crecimiento. – y se ríe.

Llegamos al notario, nos hace llenar un pequeño cuestionario, hemos pagado los $130.00 de aquel tramite, el señor revisa los cuestionarios, creo que se detiene en esa parte donde pregunta, nuestra edad y profesión.  Nos mira con esa mirada pensativa, con ese interrogatorio del porque nos estamos casando: 19 años, declarando que no trabajamos, que somos estudiantes y que nadie nos obliga a casarnos.  Sabe que estamos en esa edad de cometer estupideces, pero creo que dibuja una sonrisa al ver a Nadia, y mirar su sensual silueta de bellos pechos, un trasero de ensueños y esa cara de ángel; creo que concluye que él también haría la misma pendejada de casarse a esta edad.  Nos lee aquellos documentos de rutina, nos pide que nos demos un beso, por el poder que le da el estado de California nos declara marido y mujer y finalizamos firmando aquellos papeles junto con nuestros testigos.

Nos fuimos todos juntos a celebrar nuestra sencilla boda con Nadia a un restaurante de comida argentina que Gaby nos recomendó.  Hemos pasado por dos horas ahí celebrando y departiendo.  Gaby se hace cargo de llevar de regreso a Kashira a los dormitorios, mientras mi esposa y yo, abordamos un taxi, que nos alejaría de la ciudad para ir a un motel a la orilla del mar de las costas de San Francisco.

Hemos entrado al cuarto de hotel y por mis venas corre cierto nerviosismo.  Imagino que mi nerviosismo no debe ser mayor al de Nadia, cuya más extensa experiencia con un hombre, fue la que tuvo hace algunos meses conmigo, donde llegué a acariciar sus senos y sintió como mi glande chocaba contra el bikini de su traje de baño, que impedía mi penetración a la gloria de su sexo.  Había llegado a conocer por primera vez un orgasmo, aunque no había sido penetrada.  Podía ver en sus ojos, mientras nos besábamos el temor de una niña, que a pesar que ahora está casada conmigo, aquello que estamos a punto de vivir, sigue siendo prohibido.

Sus manos a pesar que estamos en los comienzos de un verano de junio están fríos, he vuelto a sentir el mismo temblor de aquel día en la piscina, pero ella se deja llevar poco a poco y la acaricio por sobre su vestido esos pechos hermosos que ahora siento como míos.  No me canso de frotar mis manos sobre su espalda y llegar a esos hermosos glúteos que la madre naturaleza le ha regalado y que con cierto miedo hoy quiere compartir conmigo.  Me tomo el tiempo besándola, recorro su cuello con mi lengua húmeda hasta llegar al oído y le repito una y mil veces, que la amo con todo el corazón.  Ella respira profundo, como queriendo espantar el miedo y la pena, pues sabe que mis manos quieren bajar ese cierre de su hermoso vestido que en el momento me niega de ver su belleza de su tímida desnudez. Ella sabe, que en minutos habrá llegado el momento que su cuerpo quedará completamente desnudo, y que, por primera vez en su vida, palpará con sus manos el cuerpo desnudo del hombre que ella ama.  Aun así, con toda esa curiosidad del deseo, de esas ansias que muchas veces alimentan el morbo que da vida, que da muerte, lo sostiene esos pequeños hilos de pudor de mostrar su desnudez.  Me pide por eso de la pena que apague la luz del hotel, así lo hago, he bajado el cierre de su atuendo blanco y su cuerpo se estremece contra el mío.

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