Incesto - Filial - Confesiones

Relato erótico

Mi pariente me robó mi virginidad (Parte II)

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RESUMEN

Mi dedo entró rico, suave y mientras más entraba más quería introducirlo hasta el fondo, era delicioso...

…mi dedo entró rico, suave y mientras más entraba más quería introducirlo hasta el fondo, era delicioso. Mi vagina estaba inflamada, me frotaba con energías, y cada vez se sentía más rico, sobretodo en el área de mi vagina, y más y más. Puse más rapidez y ¡OHHHHHHHH! Sufrí espasmos en todo mi cuerpo, gemía, sudaba profusamente, me mojaba, mi dedo seguía en mi culo. Finalmente me fui relajando, tomé un paño y me limpié mi humedad, quería ir al baño a asearme, pero me sentía muy cansada, decidí descansar un ratico en mi cama, pero ese ratico se convirtió en ocho horas. Cuando dormía, había tenido un sueño de lo más extraño con mi primo Claudio, mayor que yo diez años y el mayor de todos los primos en mi familia.

En el sueño sentía a Claudio  como si fuese un ser perverso, lleno de maldad, pero curiosamente eso me atraía, quería ser poseída por él, era como si me invitase a saltar con él hacia un abismo sin fondo, pero igual yo quería saltar, aunque el miedo y la angustia me invadía al mismo tiempo.

Al levantarme en la mañana lo primero que hice fue ir al baño para orinar  y darme una buena ducha. Mi vagina estaba llena de humedad aún y aun sentía mi culito con la humedad de mi flujo. Tomé la ducha, agua bien fría para terminar de despertarme y me aseé de la mejor manera posible. Mientras me duchaba, vinieron pensamientos ricos de mi primo a mi cabeza. Sentía mucha curiosidad por verle desnudo, quería ver su pene y también tocarlo, ver que se sentía tener un pene erecto entre las manos. De pronto empezaron a tocar muy duro la puerta del baño. Era mi madre, me estaba apurando porque ella también quería usar el baño, solo había uno en la casa.

Dicen que, lo que siempre piensas y deseas, terminas atrayéndolo a tu vida, no sé si sea cierto, pero a menos a mí me ocurrió así, porque el día anterior, mi primo Claudio, se había comprometido con mi madre, quien era su tía, en reparar las puertas metálicas traseras de nuestra casa. Claudio  era herrero desde hace vario años, tenía su pequeña empresa con la que sostenía a su esposa y a sus dos hijos.

—Lolita, yo tengo que salir hoy al banco y al mercado, tú te quedas en la casa porque tu primo Claudio  viene hoy a reparar esas puertas del coño que ya casi no sirven—dijo mi madre mientras tomábamos el desayuno

No lo podía creer, me quedaría sola con mi primo… aunque… él es casado, con dos hijos, y además, era mi primo, pero sé que él me miraba con lujuria, aunque nunca pasaba de una palabra o de una mirada.

Cuando se hicieron las ocho en punto de la mañana, mi madre ya estaba partiendo de camino al banco y a la vez hacía acto de presencia Claudio  con su máquina de soldar y todas sus herramientas.

—Claudio, si te da tiempo, quiero que me acomodes la ventana de mi cuarto, esa vaina ya no quiere cerrar—indicó mi madre.

—Claro tía, seguro—contestó mi primo.

Yo estaba en la sala de la casa viendo televisión, veía mi programa favorito de la mañana, aunque ese día ni sé que carajos hablaron en el programa, solo quería ver a mi primo, me encantaba su físico, era un hombre fuerte, tostado por el sol y por el calor de la herrería, su estatura era admirable, inspiraba rudeza y tosquedad, eso me encantaba, un hombre fajador.

Me paré del sofá de la sala y fui a atender a mi primo. Él me lanzó su mirada llena de lujuria, le ayudé a cargar sus herramientas para llevarlas a la parte trasera de la casa, excepto la máquina de soldar y el esmeril, con aquellas cosas no cargaría ni en sueños.

—Bien primo, aquí te dejo para que trabajes, cualquier cosa me avisas—dije y me fui a mi cuarto. Me quería poner aquel mismo short corto que me puse para la foto en Facebook y donde estaba roto lo rompí más, con la idea de provocar a mi primo.

Él había empezado a instalar sus máquinas y a tomar medidas de la puerta. Yo me fui a la cocina a fregar los platos del desayuno, de modo que quedaría en la visión de mi primo, ya que la primera puerta a reparar era la de la cocina. Mi grande y hermoso culo negro de mujer cimarrona parecía que quería desbordar el pequeño short. Creo que mi primo estaba en shock, no me dirigió ni una palabra, pero sabía que me estaba mirando, sabía que me deseaba con todos sus fuerzas, así como yo lo deseaba a él. Pero yo necesitaba una señal de él, un acercamiento, después de todo él era casado, y yo no quería ser rechazada, yo quería que las cosas se dieran bajo su decisión, con mucha ayuda mía, claro estaba.

Yo tiré la esponja al piso a propósito para recogerla. Quería inclinarme para que el me viera el culo en esa posición, me tardaría en recoger la esponja…

PRIMO CLAUDIO:

Siempre me ha gustado esa carajita, no sé por qué, aunque obviamente está bien buena, como para mamarle ese culo y esa cuca. Tengo otras primas que están más buenas que ella y no despiertan en mí lo que ésta chamita despierta.

Es mi prima y sería la gran cagada si mi mujer se llega a enterar de esto. Solo me hago la paja en nombre de mi prima, es lo que más puedo hacer, aunque esa mañana no pensé en la posibilidad de masturbarme. Ella quería que la cogiera, la carajita se puso ese short de jean que sabe que me vuele loco, donde la mitad de sus nalgas negras se notan. Ella se había inclinado a propósito para que le viera todo, el güevo lo tenía bien parado. Tenía que acercarme, mala leche todo, además, esto quedará entre nosotros, a ambos no nos conviene que esto no se sepa nunca.

YO:

Me había inclinado a recoger la esponja y también simulaba que reparaba algo de la tubería del fregadero, cuando de pronto sentí a Claudio  detrás de mí. Se había acercado de tal manera que su pene rosaba mis nalgas, lo hacía levemente en realidad, como indagando o esperando mi señal “de luz verde”, y le di luz verde, le di la señal, yo recosté con ahínco  mi gran culo sobre su pene que estaba bien erecto y sujetado por su bóxer y pantalón y, me quedé allí un rato.

— ¿Qué se te cayó, Lolita?—me preguntó él, sin echarse hacia atrás, sin evitar el tacto de mis nalgas negras.

—La esponja, pero veo que esta tubería está goteando—efectivamente estaba goteando, era una verdad que me caía el anillo al dedo.

—Esta tela parece de un Levi´s—comentó Claudio, tocando la tela de mi short. Quería estar seguro si él podía continuar…

>>Continuará<<.

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