Incesto - Filial

Relato erótico

Castigando a mi hermana (2ª parte de 2)

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RESUMEN

Poco a poco somete a su hermana tras destruir su matrimonio, transformando su orgullo en pasión servil e incestuosa hasta que completa su plan.

Conforme mamaba, iba tomando confianza. Su boca trabajaba con maestría tal y como me aseguro la panameña, estaba bien entrenada. Suspendiendo la mamada, me despojo poco a poco de mi pijama hasta quedar completamente desnudos con lo cual recorrió mi cuerpo con su lengua de arriba hacia abajo. Mientras se colocaba sobre mí para besar mi cuello y oreja, su cuerpo en posición de perrito, acariciaba su vagina con mi pene totalmente erecto.

Acerco sus senos a mi boca y deguste aquellos formidables melones, chupe sus pezones y mordí sus carnes. Sus movimientos excitaban aún más mi pene y con sus ojos cerrados, besaba todo cuanto podía.

Lentamente bajo sus caderas sentándose en mi entrepierna para acariciarse ella misma la vagina con el roce de mi pene. Cuando la humedad hizo presa de ella, acomodo manualmente mi pene y se auto penetro lentamente. Tan pronto entre, sentí un espacio estrecho, calido y muy húmedo. Espero unos segundos y comenzó a moverse de tal forma que masajeaba mi pene cautivo en su interior. –de verdad amigos, si tienen oportunidad soliciten a una experta que adiestre a su pareja en el arte de amar, claro en presencia de ustedes-.

Su culo se meneaba de arriba abajo, de un lado al otro y en círculos, era una verdadera maestra culeando. Se volteo dándome la espalda y repitió todo el procedimiento. Ver su hermoso cuerpo trabajando para darme placer era fantástico, ahora era yo quien la poseía para mi placer personal, para explotarla cuanto deseara, para cobrarle el dolor que nos había causado.

Al colocarse en 69, descubrí una concha pequeña pero muy deliciosa, un hermoso ano ligeramente moreno y muy pequeño. Mientras comía su húmedo coño, acariciaba su ano con uno de mis dedos. Luego pase a dos dedos y a petición de ella tres dedos bastante lubricados con sus mismos líquidos de su coño.

Cuando los tres dedos entraban con relativa facilidad, estaba a punto de venirme, así que le pedí cambiar de posición y la coloque en cuatro patas con el culo al filo de la cama, justo a la altura de mi pene. Lubrique mi pene con unas cuantas metidas a su coño y apunte a su ano. Apenas toque, Lucía brinco algo nerviosa, presione un poco sin lograr entrar la cabeza, presione otras pocas veces y con gran dificultad y dolor por ambas partes, logre pasar. Al entrar la cabeza de mi pene, descansamos aliviados un momento. Presione un poco y retrocedía al punto de entrada, repetí cada vez con más presión hasta que casi todo mi pene entro. En ese punto ella sentía mucho dolor y lloraba un poco.

Salí y lubrique aún más mi pene para volverlo a meter ahora con menos dificultad. Cuando mis testículos golpearon por primera vez el culo de Lucía, me detuve un par de minutos. Ella no lloraba, solo tenía sus mejillas húmedas y su culo muy tenso.

-Esa mujer no me dijo que doliera tanto…. me estas reventando el culo.

Sus palabras me excitaron aún más, era evidente que la estaba estrenando por el culo y cuanto más dolor le causara mi penetración, más excitante resultaba para mí.

-Por Dios hermanito…. como duele… ahhhh

Después de algunos minutos sus suplicas cedieron y mi pene entraba y salía como amo y señor de aquel culo virginal. Conforme bombeaba despacio para no venirme, Lucía empujaba para recibir aquel castigo que ahora parecía disfrutar un poco.

De pronto note el palo de mi pene un poco rojo, Lucía sangraba ligeramente ante aquel sádico ataque a su culo. Sin pensar en su dolor acelere el bombeo y por fin me vine a cantaros dentro de ella, espere un poco y retire mi pene aún semierecto de su culo. Un hilo de semen y un suspiro de Lucía, acompañaron aquella salida.

Ella se derrumbo boca abajo y yo recostando mi cabeza en su culo. Me di un baño largo y gratificante para recordar cada momento vivido, luego Lucía hizo lo propio sin dejar de llorar. Nos acostamos juntos dándonos por primera vez las buenas noches.

Por la mañana la lleve de compras, a pasear y a conocer varios lugares que yo previamente había visitado con la colombiana. La trate como una reina y regresamos como a las 7:30 al hotel para guardar todo lo que compró. Me pidió permiso para bajar a la farmacia y accedí algo sorprendido.

-Fui por un lubricante estéril y algo de crema –me decía mientras me mostraba ambos productos-, si no los usamos me vas a matar.

-¿Te lastime?

-Apenas y pude caminar hoy, si no fuera por la cremita humectante que me puse, hoy estaría tirada en cama todo el día. ¿Piensas repetirlo?

Asentí con la cabeza mientras ella me miraba esperando una respuesta piadosa.

Comenzó a guardar todo en su sitio mientras y hacía otras llamadas en el balcón. El abogado me indico que el tipo había accedido luego de un largo y difícil diálogo. Solo regresaría a firmar los fines de semana y de inmediato retornaría a su nuevo domicilio en otra ciudad. Le pedí a mi abogado que pasara a resolver algunos pendientes y a poner en aviso a la servidumbre de Lucía que estaba bien y que no dieran información o dejaran entrar a nadie al departamento.

Al entrar en la habitación, Lucía empezaba a desnudarse. Se inclino sobre el tocador, aún con la falda puesta, levanto la prenda y bajo su bikini apenas lo necesario para descubrir su hermoso y largo culo; trato torpemente de untarse crema en su ano pero de inmediato me acomedí y unte la cremita sobre y dentro de su ano. A mi ver se veía muy bien pero si se podía apreciar un poco inflamado.

Le pedí que no se desnudara esta vez, que deambulara con la ropa interior puesta. Un conjunto transparente de sostén y bikini azul celeste cubrían sus imponentes formas. Su culo se veía más sensual y atractivo con la diminuta prenda que desnudo y su sostén sufría para contener aquel abundante busto.

Mientras revisaba en mi Laptop los correos y giraba algunas tareas e instrucciones a la oficina, me entere que uno de mis sobrinos estaba delicado, lo habían hospitalizado de emergencia por un fuerte dolor. Hable al abogado y le di instrucciones de trasladarlo al mejor hospital y doctor de la ciudad, cuidando de que Lucía no se enterara.

Mientras atendía la vida en mi entorno, note como Lucía se había dormido bocabajo en la cama. Su culo era verdaderamente hermoso, su espalda impecable, sus muslos rígidos y su cabellera hermosa. Ahora yo era su dueño, era el poseedor de aquellas carnes, de su voluntad, de su vida. Aquel ser que tanto dolor nos había causado a mis padres y a mí, ahora estaba talmente sumiso a mis caprichos.

Salí a pasear un poco por el lobby del hotel, compre algunas golosinas y busque algún objeto verdaderamente hermoso que llevar a mi oficina como recuerdo de este viaje. Encontré un libro hermosamente detallado que hablaba de la historia de ese exótico país que es Panamá y sin dudarlo entre a comprarlo, luciría muy bien en mi librero de la oficina. Al entrar descubrí junto a la caja, unas cámaras digitales.

Regrese a la habitación con el libro en mi mano y una cámara en su estuche del cinturón. Al llegar, Lucía seguía profundamente dormida ahora boca arriba. Guarde la cámara en el cajón del buró y me senté en el balcón a leer el libro.

Ya entrado en la lectura, me percate de que Lucía estaba observándome desde la cama. Fingí no verla y continué mi lectura. Una media hora después las páginas pasaban rápidamente y su contenido me cautivo. De repente, Lucía salio al balcón envuelta en una toalla y se recargo en el balcón viendo el paisaje nocturno de la ciudad capital. Abandone la lectura y la observe de reojo la silueta de mi hermana mientras doblaba la punta superior de la hoja para señalar donde me había quedado.

Observe lo que ella me mostraba. La toalla llegaba a media nalga dejándome ver la mitad inferior del transparente bikini y la silueta de su muy apretada concha. Se inclino un poco recargándose en el elaborado barandal como para mejorar mi visión de su hermoso trasero.

Me levante y entre a colocar aquel bello libro en la mesita del teléfono mientras Lucía observaba el paisaje. Me duche largamente y me rasure con sumo cuidado. Regrese a la habitación con solo el pantalón de mi pijama para descubrir a mi hermana en el mismo sitio que antes pero con la toalla cubriendo totalmente su culo.

Mientras encendía la TV, entro a la habitación, saco una prenda de uno de sus cajones y entro al baño. Se escucho la ducha y después la secadora con sus característicos ruidos. Poco después se apago y pasaron unos diez minutos antes de que regresara a la habitación.

Al salir, solo llevaba puesto un camisón negro de algodón que ocultaba desde sus senos hasta sus muslos. Se acerco a mí, apago la TV con el control y me llevó a la cama.

Tan pronto me acosté de mi lado, Lucía se acurruco junto a mí, me beso la mejilla y extrajo de su camisón su seno derecho para depositarlo justo en mi boca. Al llegar, su pezón estaba extremadamente erecto y se acomodo perfectamente en mis labios para ser succionado. La escena era muy tierna, veía con que sensualidad me amamantaba sin mostrar nada más de su cuerpo. Su rostro denotaba ternura y su piel temblaba de placer.

Sin darme cuenta, sujeto su enorme seno y lo guardo delicadamente bajo la copa del camisón, mientras yo seguía atento su movimiento. Sin bajar mi pantalón de la pijama, localizo los dos botones que desabrocho y extrajo con un cuidado exagerado mi pene que apenas iniciaba su erección. Aún flácido lo introdujo en su boca para mamarlo hasta que creció a su máximo posible.

La mamada fue muy erótica, tanto que olvide la cámara que compre para inmortalizar aquel evento. Tanta era mi excitación que percibí venirme justo en su boca, chorros de mi semen atragantaron a mi sorprendida hermana que con algo de dificultad se bebió hasta la última gota.

Retrocedió un poco y abotono el pantalón del pijama. Regreso a mi lado y extrajo su seno de nuevo para fingir amamantarme. Cambio de seno y repitió la escena. Después de unos veinte minutos, mi pene despertaba de nuevo aunque algo adolorido. Al notarlo, se enderezo y levantando sus brazos se quito completamente el camisón para quedar casi desnuda, a excepción de un bikini muy transparente también negro. Me puse de pie mientras ella tomaba del buró el lubricante, lo saco de su caja y como una pasta de dientes me paso el tubo. Se coloco de perrito y bajo su cabeza para mejorar la posición de su culo presto a ser penetrado. Era extraño que alguien tan agresiva y prepotente fuera ahora una sumisa mujer que ofrecía su culo para disfrutarlo a mi antojo. Baje su hermoso bikini negro y sin aplicar la crema penetre poco a poco su húmeda vagina sorprendiéndola por un momento. Entre sin el menor problema hasta el cálido fondo, sujete su cintura y empecé a bombear chocando mis testículos con su culo.

Mientras observaba la facilidad con que mi pene entraba y salía de su vagina empapada, observaba su culo y espalda. Era una sensación de triunfo, de éxito, algo que pocas veces había sentido a tal extremo. Tenía a mi odiada hermana a mi merced, aunque con algo de recelo.

Tome el tubo del lubricante y presione para obtener algo de gel. Lubrique su ano por fuera y por dentro metiendo un dedo con gel. Lubrique también la cabeza y tronco de mi pene y arroje el tubito a un lado de la cama. Ajuste su culo y empecé a desearla un poco para aflojarla. Me anime y presione con el pene su ano. Casi de inmediato entro la cabeza sin mucha resistencia y gracias a la abundante lubricación entre hasta el fondo chocando mis testículos en sus nalgas. Más relajados, sentí que su ano aflojo un poco y se relajo, comencé el mete y saca despacio favoreciendo la lubricación interna de su recto.

Enloquecido de placer la penetre salvajemente jalando su cintura rítmicamente, el ruido del golpeteo de sus nalgas en mis testículos hizo aún más erótica la escena.

Tan pronto sacaba mi pene casi totalmente, mi hermana empujaba su culo para introducirlo hasta el fondo. En eso estaba cuando Lucía se vino arrojando bastante líquido por su vagina. Asustado por la sorpresa, pensé que se había orinado pero observando como se estremecía era claro que era un super orgasmo.

Me retire un poco mientras ella se desplomaba en la cama bastante sorprendida. Se calmo y se seco con la sábana. Retiro las ropas de cama y coloco el edredón en su lugar. Se sentó en el borde de la amplia cama y tímidamente me miró.

-Nunca me había venido así, no pude controlarme, me excite a tal grado que solo me deje llevar por el placer.

-No importa, fue delicioso.

Pocos minutos después repetíamos aquel deleitante sexo anal, ahora en una posición diferente, ella montada sobre mí. Conforme ella controlaba la penetración yo admiraba sus atributos desde la comodidad de mi almohada. Esta vez fui yo quién me vine dentro de ella. Descansamos un poco y nos bañamos juntos reposando placidamente en la tina.

Dos días después regresamos, ella a su apartamento y yo a mis ocupaciones. Sin que yo lo supiera –o eso creía ella- tramito un divorcio necesario que a falta de contestación concluyó en seis meses. La custodia de los hijos ya había sido concedida a la hermana del tipo. Los dos sobrinos estaban mejor que nunca a pesar de la operación de apéndice que casi le cuesta la vida al mayor.

Para evitar ser relacionados, compre una casa en las afueras donde nos veíamos con bastante frecuencia. Su ano finalmente cedió y nuestras relaciones eran plenas. Poco a poco rehizo su vida y le permití casarse con un prestigiado doctor viudo, ya entrado en años. Ella era la perfecta ama de casa mientras yo retomaba poco a poco mis descuidados negocios.

Me asombre cuando a sus 40 quedo embarazada del doctor. Cuando me lo comunico sus ojos lloraban de felicidad, me pidió disculpas por todo lo malo que había hecho antes y aseguró haber aprendido la lección. Sus otros hijos ya adultos, la localizaron y restablecieron sus nexos afectivos gracias a la nobleza de ellos y el sincero arrepentimiento de su madre.

Yo la extrañaba pero sabía que la había dañado bastante así que decidí apartarme de su vida como antes hice. Por iniciativa de ella nos vimos en un restaurante y conocí a su doctor, era un hombre integro, decente y bastante exitoso en su rama, según averigüe después. Seguro de haber concluido aquella incestuosa aventura, inicie una nueva relación con aquella hermosa colombiana que traje a radicar al departamento que antes ocupaba Lucía.

Solo una vez más nos vimos, su esposo estaba en un simposium en algún lado y ella acababa de tener a su bebe un par de meses antes. Al visitarla platicamos y remembramos aquel extraño viaje por Panamá donde nunca pude tomarle una sola foto –viaje que recordaba cada vez que veía aquel lujoso libro en mi estante-. Pronto sin saber como, su seno estaba descubierto, su pezón ahora más grande y oscuro en mi boca y grandes cantidades de leche entrando a mi estómago. Me amamanto con tal ternura que pude sentir la sinceridad de su arrepentimiento.

Nunca más tuvimos sexo, tampoco me volví a casar y francamente no lo necesitaba, a mi lado tenía todo lo que necesitaba en la más bella representante de la hermana República de Colombia.

¡Recuerda nunca lastimar a los que amas… a menos que realmente sea necesario!

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