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Relato erótico

Lluisín (Algunos hombres verdes)

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RESUMEN

Lluisín, aliens, una nave espacial y una robot en pelotas. ¡Pasen y vean!

*****

¡“Cusha”, niño, de lo que me he enterado! ¡Que hay un categoría de la página que va de relatos de ciencia ficción! ¡Pues ahora que se puede etiquetar en varias categorías, voy a lanzarme al ruedo! ¡Con mis vivencias, mi carisma, mi arte, mi humildad! ¡Sería pecado que la ciencia-ficción perdiese lo que se puede convertir en un clásico del género!

Por cierto, que se me olvidaba. Aquí tenéis los links a mis anteriores relatos. A saber:

 

El cabrón de la Facul: http://www.cuentorelatos.com/relato/847-lluisin-el-cabron-de-la-facul.php

Y como dijo el Pocholo: http://www.cuentorelatos.com/relato/870-lluisin-y-como-dijo-el-pocholo.php

¿No lo tienes en deuvedé?: http://www.cuentorelatos.com/relato/904-lluisin-no-lo-tienes-en-deuvede.php

Fútbol es fútbol: http://www.cuentorelatos.com/relato/927-lluisin-futbol-es-futbol.php

Sujeto Sexualmente Activo: http://www.cuentorelatos.com/relato/952-lluisin-sujeto-sexualmente-activo.php

Así que ya sabéis. A leer y a comentarle al gurrupas de Caronte lo que os gusta el humor de Lluisín, lo bueno que soy y todo el rollo. Que yo vivo de comentarios, señores lectores. Y si no me comentan, no vivo. Y si no vivo, pues... pues eso, que no vivo...

Pues aquí empieza mi contribución libre a la categoría de ciencia-ficción.

*****

A lo que íbamos, yo estaba pensando en contaros aquella vez cuando trasteé con el ADN de una cerda (sí, de las marranas esas de corral, de las del jamón y la panceta) y una churri que estaba de toma pan y moja. ¿Qué por qué? ¿Vosotros os imagináis a una titi con ocho pezones? ¿Poder cogerle un pezón con la mano izquierda, otro con la derecha, y que aún te queden seis para elegir cuál morder?. O aquella ocasión en la que viajé en el tiempo para evitar el asesinato de Kennedy pero no lo conseguí por que me entretuve fornicando con Donna Michelle, Playmate de 1963 y novia del dueño de Playboy (hombre, lo primero es lo primero). Pero al final, he decidido contaros lo que acaeció no ha mucho tiempo, en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme (más que nada por que llevaba una cogorza del demonio y en cuanto intento hacer memoria se me pone un dolor de cabeza que para qué).

En fin. Todo iba de puta madre en aquella fiesta hasta que uno de los gilipollas de Filología Hispánica tuvo la mala idea de demostrarnos sus avances en uno de los idiomas que estudiaba. Y no tuvo otra cosa que soltar “¡Abajo el Gobierno!”, en árabe y a grito pelado. Acción esta que causó que, en pocos segundos, empezaran a entrar por puertas y ventanas la Policía, los Geos, la Guardia Civil, los vigilantes de la playa, el Comisario, Torrente, y hasta el ejército de la Legión con cabra y todo. Resultado, la fiestuqui se acabó, y yo me ofrecí a acompañar a Xenxo a su casa, que no quedaba muy lejos.

Las calles estaban más oscuras de lo normal. Tras cada esquina parecían haber mil ojos malvados fijos en nuestras nucas, el ambiente era denso y la sensación de peligro que se agazapaba en mi mente sólo desaparecía en intermitencias cuando la luz mortecina de alguna farola iluminaba el suelo que mis pies pisaban (¿Qué coño tomaría en aquella fiesta para escribir toda esta parafernalia?).

- Oye, nano. ¿No has oído nada? -me preguntó el acojonao de Xenxo.

- Sí, tienes razón, yo también lo he oído -contesté-… He oído a un gilipollas preguntándome si he oído algo.

- Que no, nano. Que yo he oído algo.

- Será que por fin se te ha despertado alguna neurona.

Entonces, una especie de halo nos rodeó. Yo creí que lo que pasaba era que Xenxo había tenido una revelación divina y se me iba a poner a hablar de la Gracia de Dios y todo eso (aunque, por mucho que digan, yo me he leído la Biblia y no le he visto la gracia por ningún lado, es más, resulta tremendamente aburrida), pero resulta que no. La luz en cuestión, que era de un enfermizo color verde-moco, nos rodeaba a los dos, en un radio de más o menos un metro.

- ¡Dios mío! ¡Nos abducen! -gritó Xenxo al mirar hacia arriba y ver una pequeña nave extraterrestre. ¿Que cómo sabía yo que era extraterrestre? Pues por que traía matrícula de Marte, no te jode. A ver, capullines. Esto es un relato de Ciencia-Ficción. ¿Qué sentido tendría que la nave fuera del gobierno de los Estados Unidos, por ejemplo? (por que peor aún sería que fuera del gobierno español, ¿Quién iba a ir en ella? ¿Eduard Punset? ¿Jordi Pujol, que se parece a Yoda?)

En fin. En ese momento, todo se volvió negro. No sé si es que me desmayé, me dormí, me pegaron un chute de cloroformo o algo por el estilo, pero cuando me quise dar cuenta, el efecto fue el mismo que cuando empecé a leerme el libro de Aznar: K.O. técnico en cuestión de microsegundos.

Cuando desperté, me encontré en una nave algo extraña volando por un cielo que también era raro de cojones. La nave en cuestión, como pude ver a través de una de esas ventanas, redondas, parecidas a las de un submarino, era amarilla.

- ¿D-dónde estoy? -susurré.

- Estás en el “Yellow Submarine” -me contestó el dibujo de John Lennon, que estaba rodeado por los respectivos del resto de “los Beatles”.

- ¡¡¡AAAAAAAAHHHHHH!!!

Vale. Cuando desperté de verdad, me encontré en una especie de estancia de paredes blancas, y con Xenxo a mi lado.

- ¡Lluisín! ¿Qué pasa?

- ¡Por dios, Xenxo! ¡Dime que aquí no han estado “Los Beatles”!

- ¿¿¿QUÉEEEEE??? Nano. Definitivamente lo que has fumado era muy fuerte…

- ¿Dónde estamos? ¿Qué sitio es este? Y más importante aún… ¿POR QUÉ COÑO ESTAMOS EN PELOTAS?

Sí, amigos. Así era. Estábamos tal y como nos trajeron nuestras respectivas y santas madres al mundo, y eso, en una nave espacial dominada por alienígenas que dios sabe qué señales de televisión habían pillado de nuestro planeta, era algo con más peligro que un vampiro en un banco de sangre.

- ¿Tú qué canales piensas que se pillan en Marte?- le pregunté a Xenxo.

- ¿Pero de qué coño hablas, nano? ¿Estás pensando en ver la tele?

- No es eso. Pero tú reza para que no pillen porno gay.

- Nano, cada día estás peor.

Cuando iba a responderle algo, me lo impidió el ruido de una puerta abriéndose. El corazón se me paró durante un instante. Las pupilas se me dilataron. La boca se me quedó seca. Los cojones se me subieron literalmente a la garganta. Y entonces entró el alien.

- ¡Pero coño! -reí- ¡Si parece un Teletubbie enano! ¿De qué tele te has escapado tú, bichito?

A lo que el sujeto, decididamente bien parecido a un teletubbie verde, me respondió algo parecido a “Grrrlouacjk juffacco argralain”.

- ¡Eso no me lo dices en la calle, gilipollas! ¡Va, dímelo! ¡No tienes cojones a repetirlo! -grité mientras Xenxo me agarraba.

¡Amos hombre! ¡Decirme “Grrrlouacjk juffacco argralain”! ¡A mí! ¡Tsss! Por cierto, para los que se lo estén preguntando... No. No tengo ni puta idea de lo que eso significa. Pero por si acaso, que no me tomen por tonto... Y menos un extraterrestre que mide un metro con la antena empinada.

El alien comenzó a escrutarnos con la mirada, y apuntaba algo en una especie de tabla con algo que parecía un bolígrafo. Pero la nave encontró unas turbulencias y se balanceó de un lado a otro como si estuviera dentro de las maracas de Machín. Esto causó que al pequeño extraterrestre se le cayera el boli, que fue rodando hasta mis pies.

- ¡Ajajá! -grité, y cogiendo el boli apunté al hombrecillo verde. Apreté uno de los botoncitos que tenía en la base y... no pasó absolutamente nada- ¡Mierda! ¿Dónde tiene esto la espada láser?

Empecé a apretar botones y a agitar el bolígrafo, mientras tanto Xenxo como el alien me miraban con cara de “Este tío es tonto o qué”.

- Lluisín... Es un puto boli -me dijo Xenxo.

- Vaya mierda de tecnología destructora, copón -dije, lanzando el objeto y acertándole en plena cabeza al extraterrestre, que se agarró la zona dañada y empezó a chillar como un gorrino en un matadero mientras correteaba por la sala como una gallina sin cabeza. Me recordó a la granja de mi abuela Gertru.

- ¡Tío! ¡Que te lo cargas! -me recriminó Xenxo.

- ¡Pero si no lo he tocao'! ¡Vaya mierda de aliens conquistadores! ¿Así querían doblegar a la raza humana? ¡Maricones! ¡Teletubbies de los huevos!

Entonces la puerta se abrió y entró otro alien calcado al anterior. Bueno, quizá no fueran idénticos, pero estáis hablando con alguien que difícilmente distingue entre Jackie Chan y Jet Li. Y si todos los asiáticos me parecen iguales, no os digo ya los alienígenas verdes parecidos a los teletubbies.

- ¡Estúpido! ¡Le has dado en los genitales! -dijo el alien.

- Xenxo -me dirigí a mi compañero.

- ¿Sí?

- ¿Ha hablado en español o es que he dado sin saberlo un máster de idioma marciano?

- Ha hablado en español.

- Ahhh... entiendo. Con lo que me hubiera molado a mí haber dado el máster ese... Oye -le dije al alien- ¿Te puedo preguntar una cosa?

- He estudiado durante años vuestro idioma, y es por eso que lo “parlo perfectamenta”.

- No. No era eso... ¿Tú no serás familiar de la señora Boronat, mi profesora de lengua en el instituto, verdad?

- No.

- Vaya... Pues te prometo que tú y tu compañero os dais un aire...

- ¿Por qué nos habéis traído aquí? ¿Qué queréis de nosotros? -preguntó Xenxo, dándole a su intervención un tono bastante exaltado si recordamos que acababa de atizarle un boligrafazo en los huevos a un alien y estaba hablando con otro de mi etapa escolar.

- Joder, nano. Odio cuando te pones dramático.

- Formamos parte de una misión científica enviada por nuestra nación, enclavada en un planeta de un sistema binario en lo que ustedes conocen como constelación de... -empezó el alien.

- Oye, oye, oye -interrumpí-. Que no vamos a ir a visitaros aunque nos digas dónde coño vives tú y toda tu familia verde y de cojones en la cabeza. ¿Qué coño pintamos nosotros en todo esto?

- Les hemos introducido en nuestro hábitat controlado para tener una posibilidad de monitorizar sus extrañas costumbres reproductivas.

- ¿Ein? -no me enteré de nada. Para mí que había vuelto a hablar en marciano.

- Que quieren ver como follamos -aclaró Xenxo

- ¡¡¿QUÉEEEEE?!! ¡¡PERO DE QUE VAS, MOCO CON PATAS! No sé que rollos raros os traéis en vuestro planeta, pero, por si no lo sabéis, aquí el amigo Xenxo y yo, tal y como salta a la vista.- señalé nuestros respectivos “muñecos-látigo”. Cogiendo con ostentosos gestos a Bartolín en mi caso.- Bueno, tal y como salta a la vista más en mi cuerpo que en el de Xenxo, somos del mismo sexo, lo que imposibilita cualquier contacto de fines reproductivos... ¡DEGENERADOS DE MIERDA!

- ¡Aahhhh! No. Somos conscientes de su dualidad de sexos, y es por eso que hemos construido una unidad robótica de características físicas semejantes a un cuerpo de cromosoma doble X de su raza.

- Xenxo. Traduce.

- Que han hecho una especie de robot a tamaño real de una titi.

- Ahh... Oye -me dirigí al aliencillo, cuyo compañero ya se había ido de la sala farfullando algo que, supongo, sería el equivalente a cagarse en todos mis santos cosmonáuticos- ¿Y está buena?

- No lo sé. Los humanos tenéis unos gustos más raros... -dijo, saliendo de la sala.

- ¡Pero oye! ¡No nos dejes así! ¡Que estamos en bolas, joputa! Xenxo -le comenté a mi compañero-. Hay que encontrar la manera de volver a nuestro planeta. El jueves hay una fiesta del equipo de fútbol femenino, al que estoy invitado como chico oficial de una de las jugadoras y no quiero perderme a mi chica y toda la panda de tiarronas buenorras borrachas y semi-en-pelotas.

- Aún no hemos salido de nuestro planeta.

- ¿Cómo lo sabes? -dije, y casi al momento una turbulencia nos agitó como un enfermo de parkinson con una cucharada de gelatina

- Por eso. Las turbulencias no existen en el vacío, lo que indica que aún no hemos abandonado la atmósfera terrestre.

- Entiendo... una pregunta, Xenxo... ¿Cómo puedes ser tan friki?

- Pues... -empezó mi amigo, justo antes de callarse, quedarse boquiabierto y empezar a señalar algo a mis espaldas.

- Que sí, que muy bonita -le dije, tras girarme y contemplar a la desnuda tiarrona que había tras de mí-. Pero te he preguntado cómo puede alguien ser tan jodidamente friki y no salir en “Gran Hermano”. Y además... -¡Un momento! ¿He dicho “tiarrona”? ¡Más aún! ¿He dicho “desnuda tiarrona”?

Me giré y vi la cosita más bonita del universo (después, claro está, de Bartolín cuando se porta bien, que es cuando me entra la vena paternalista y me pongo sentimental). Eso no era una mujer. Era una diva. Era una musa. Era una diosa.

De repente, se lanzó a los brazos de Xenxo.

¡Era una puta! Lo que no quitaba que fuera también un buen despertador para Bartolín, que enseguida alzó el periscopio para localizar a la puta-diosa-musa.

"-¡Pero qué pedazo de jaca, Dios mío! Pero… Pero qué buena que estás ¿no? Pero… ¿De dónde has salido tú? ¡Pero qué pedazo de tetas! ¿Son tuyas? No me digas que son tuyas. ¡Ay, Dios mío! Dame, dame un beso. Dame un beso y te pongo un quiosco en la gran vía…

- Vale ya, Bartolín.

- ¿Qué pasa, jefe? Pues si es la frase esa que tanta gracia le hace a la peña.

- Que sí, que muy bien. Que una vez, vale, jiji, jaja, muchas risas y tal y tal. Dos veces, pues bueno, venga, sigue siendo gracioso y te puedes echar unas risillas de vellón. Pero a la tercera ya cansa, nen. Sé original.

- Bueno, vale.

- Venga, mientras piensas en algo voy a arreglar una cosa que tengo pendiente.”

- ¡Mira, Xenxo! ¡Iker Jiménez! -grité, señalando la ventana.

- ¿Dónde? -preguntó, soltándose del besazo de tornillo que estaba compartiendo con la chati robótica, tesitura que aproveché yo para aferrarme de sus soberbias caderas (de las de la mujer, eh... que aquí parece que haya que especificar).

- Naaaa... me equivocao', sería un grajo -dije, concluyendo en la boca de la robot el morreo que había quedado interrumpido.

- ¡Qué hijoputa eres! -me increpó Xenxo, al verse compuesto y sin chati-. Pues me voy a ver si puedo irme a manejar la nave... a no ser que te interese un trío...

- Acercas un metro más a mí tu polla y te la corto -dije, tajante y con una sonrisa de psicópata mientras ponía a la robot mirando a la Meca con intenciones deshonestas (todo lo deshonestas que puedan ser con un Bartolín beligerante y con ganas locas de tiki-taka).

-Venga, venga, ábrela. Venga, nano, no tardes tanto que voy a coger frío. ¡Y no apuntes tan arriba que sabes que ese agujero, por contrato, está prohibido, cabronazo!

- ¿Ni una sola vez?

- ¿Quieres meter tú ahí la cabeza a ver si ese está tan bien? ¿Tú sabes para lo que se usa ese agujero? ¡Pues ya está!

- ¡Pero si es una robot!

- ¿Una robot? ¿Eso significa que no hace caquita?

- Correcto.

- ¡Ah, coño! ¡Pues dale al griego! ¡Joroña que joroña!”

- Bueno, vale. Pues me voy a llevar este trasto a casa -dijo Xenxo mientras salía por la puerta, dejándonos solos a mí, a la chati, a Bartolín y al culillo de la Chati.

No me lo podía creer. Iba a realizar una de mis fantasías. Sí, vale, con una robot. Pero fantasía al fin y al cabo. Cuestión, que apunté a Bartolín directamente al agujerillo posterior de la robotita. Pero, justo cuando estaba ya rozando la entrada, una turbulencia de esas de las grandes nos lanzó sobre una pared y acabé con medio pie de la titi en mi boca.

- ¡Xenxo, mecagüendios! ¿Qué botones has tocado? -hecho una furia, salí de la sala agitando el puño.

-¡Pero jefe, no me jodas! ¡Que te dejas a la chati con el culillo abierto ahí detrás!

- Que me olvides, Bartolín. Tengo que partirle la cara al gilipollas este.

- Osea, que ni siquiera me vas a cascar una pajilla.

- No seas guarro.

- Pues a dormir.”

Y se durmió. Pero no poco a poco, no... de estar duro como el pan del “Caprabo” a los dos días, pasó a estar blandengue como las mollejas de la sopa de pan de mi abuela. ¡En dos segundos! Vamos, que no veía algo tan tieso caer tan rápido desde que dos aviones y un señor con barbas dejaron a la Gran Manzana como la Gran Compota (¿Qué? ¿Qué me miráis así? ¿Demasiado pronto?).

En lo que supuse la sala de mandos, y tal y como me imaginé, Xenxo manejaba el mando de la nave mientras los dos aliens, que estaban atados e inmovilizados en un rincón, nos dedicaban una bonita sarta de insultos extraterrestres.

- ¿Cómo lo has conseguido? -pregunté a Xenxo.

- Luego te cuento.

- Oye, nano... ¡estás vestido!

- ¿Eh? ¡Ah,sí! Tu ropa está en ese rincón -me dijo, señalando un montón que había encima de uno de los asientos.

- De puta madre -dije, mientras me empezaba a vestir-. Oye, Xenxo. ¿Dónde está mi cartera?

- Emmm... no lo sé... la habrás perdido en la fiesta.

- ¡Mentira! ¡Mentira! ¡La ha cogido él, lo he visto! -dijo el alien.

- ¡Calla hijoputa! -dijo Xenxo, tirándole una zapatilla que impactó en su frente.

- ¡AAAAAYYYY, MIS GENITALES! -aulló de dolor el ser.

- Te jodes.

- Xenxo...

- Está bien. Pero que sepas que sólo te la guardaba para que no te la quitaran esos cabrones -me dijo Xenxo, devolviéndome la cartera.

Por otra parte, parecía que Xenxo había tomado clases para conducir el cacharro aquél, por que nos devolvió a la ciudad y aterrizó en un parque llevándose por delante nada más que cuatro árboles, un coche, una farola, dos postes del tendido eléctrico, cinco bancos (cuatro de los de sentarse y uno de los de robar) y un señor de Cuenca que pasaba por allí. Así pues, bajamos de la nave alegres.

¿Por qué estábamos alegres? Pues porque habíamos salido de una nave alienígena sin que nos metieran ningún tipo de sonda por ciertos lugares que prefiero no mencionar, porque habíamos vivido una aventura que pocos pueden contar, porque Xenxo se iba a ahorrar las clases prácticas para el examen de conducir, y porque yo me llevaba a la chati-robot a mi casita. ¿Era o no era para estar alegres?

Bueno. En cuanto llegué a mi casita me tumbé en la cama, agotado como estaba, y me pasé un par de días durmiendo a pata suelta roncando como los gorrinos de mi yaya Gertru. O como mi yaya Gertru personalmente (deberíais oir qué ronquidos). Cuando desperté, todo aquello no era nada más que una neblina borrosa en mi memoria, incluso hubiera jurado que jamás existió de no ser por dos cosas.

Una, que desde ese día tengo un perchero con dos tetas muy grandes.

Dos, el mismo día que desperté encontré a los aliens a la puerta de un taller.

- ¿Pero cómo que va a tardar dos semanas en arreglar la nave?

- Uuuuy... es que me tienen que traer las piezas de Alemania y...

- ¿Pero qué coño tiene que ver Alemania en todo esto? ¡Si la nave está fabricada con piezas de un Seat Ibiza!

Hasta aquí esta obra cumbre de la literatura de ciencia-ficción, para poner justo entre Verne y Asimov.

- No te eches flores, que el relato es una mierda, Lluisín.

- ¡Ya está el aguafiestas de Caronte tocándome las pelotas! ¡Nano! ¿Me meto ya acaso en tus otros relatos? ¡Pues ya está! ¡Déjame en paz!

Nenes, ya sabéis. Comentad para dejarle claro al mangarrián de Caronte quién tiene razón. Decid lo que sea (siempre que sea bueno).

- Y malo también.

- ¡Que te calles, Caronte! Está bien... mí lo bueno, pál tonto l'haba de Caronte lo malo. Y a ver si las chatis os lo curráis y me empiezan a llegar invitaciones de sexo salvaje.

En fin, nos veremos y... ¡Que la fuerza os acompañe!

 

 

Lluisín (Algunos hombres verdes)

 

Caronte

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