Intercambios - Grandes Series

Relato erótico

Secreto a cuatro voces 2: Las dos habitaciones

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RESUMEN

Segundo encuentro de dos parejas que se iniciaron en el mundo de los intercambios, llevando cada vez más lejos su imaginación y las posibilidades de gozar a plenitud su sexualidad.

A pesar de la ansiedad, no pasaron ni una, ni dos semanas después del primer encuentro. Ambas parejas tuvieron que esperar un mes. Las complicaciones del día a día, el dinero y las posibilidades de tiempo, hicieron que no pudieran reunirse con anterioridad. Carolina y Tamy lograron concertar una segunda reunión al fin, con la esperanza de lograr igual o mayor intensidad.

Ya que la anterior experiencia entre los cuatro logró un gran impacto, la planificación de las féminas estuvo orientada a las mismas actividades: Compartir en un café, ir a bailar y posteriormente al Motel. Para comenzar, decidieron verse en el mismo Mall y a lo mejor, sólo cambiar el sitio en donde disfrutarían de una excelente merienda – cena.

Ambas parejas prepararon pequeñas maletas por separado, donde cada persona tenía su propio mini equipaje. Las damas con sus respectivos cambios de ropa, perfumes y algunas sorpresas, y los dos caballeros con ropa interior de repuesto, los preservativos y su colonia tradicional. Se vistieron y se dispusieron a dirigirse hacia el Mall.

Ya en sus respectivos vehículos y camino hacia la reunión, cada pareja mantenía curiosas e interesantes conversaciones. Carolina, en un tono reflexivo, nervioso y al mismo tiempo ansioso, le comentaba a Roberto: “Sabes mi vida, me siento rara. César no es ni de cerca mi tipo de hombre, pero siento que me estoy emperrando con la situación. Apenas me acuerdo de la vez pasada y me da de todo.”. Los dos rieron bastante, y como respuesta a aquella inquietud, comentaba Roberto: “Es normal belleza. La novedad y el estar con otra persona siempre van a ser excitantes. Aun cuando no lo lleves a cabo, siempre es una muy buena fantasía para cualquiera. Ahora imagínate para nosotros que ya lo hicimos con ellos”. Volvieron a reír y toda la conversación ayudó a que disminuyera la ansiedad y el nerviosismo.

Ya también en la vía, Tamy, frotándose las manos, pues las tenía bastantes frías, le decía a su esposo: “Me siento mucho más nerviosa que la primera vez. La vez pasada fantaseaba en secreto con la posibilidad de estar con Roberto, pero hoy sé que vamos a acostarnos y eso hace que me sude todo el cuerpo y siento las manos heladas”. César sonrió y con un tono mucho más pausado y suave que de costumbre, le dijo: “No creas que yo estoy totalmente calmado. Yo me quiero coger a Carolina muchísimo, pero no sé qué va a pasar en el hotel”. Y para terminar con un chiste, completó: “No sé si quiera, si el señor de abajo me vaya a funcionar como la vez pasada”. Los dos se rieron muchísimo, haciendo mofas del comentario hasta que llegaron al Mall.

Eran las 5:30 pm cuando se vieron en uno de los pasillos de aquel Centro Comercial, y después de unos minutos de deliberación, prefirieron repetir el lugar para comer, pues el Café del Brego realmente genera un ambiente muy agradable y relajante, necesarios para una situación como esta. Aun así, decidieron variar un tanto la dinámica, y esta vez, tanto Roberto como César, eran conductores designados y por tanto las únicas que pudieron consumir vino y uno que otro coctel, fueron Carolina y Tamy.

Después de la segunda ronda, Tamy preguntó: “¿Dónde vamos a bailar hoy? El sitio al que fuimos no es el mejor, pero trae recuerdos”. Todos rieron haciendo los comentarios y bromas respectivas, y luego de un rato de conversación entre jocosa, nerviosa y seria, sobre el sitio ideal, la conclusión fue: no ir a bailar, iban a ir directamente al Motel, donde reservarían una habitación distinta para vivir otras experiencias.

Evidentemente, tomada esa decisión, la ansiedad era cada vez más fuerte. Pedir una ronda adicional ya no era tan divertido como al principio. Incluso el lugar, de agradable y relajante, pasó a un poco incómodo e incluso generaba ansiedad. Cuando se terminaron los tragos de Carolina y Tamy, ambos hombres, casi sincrónicamente dijeron que ya era hora de irse. Aseguraban que era probable que ocuparan las mejores habitaciones si llegaban tarde. Un razonamiento que en otro momento no hubiera tenido mucha lógica y aceptación, pero por las emociones presentes, para los cuatro, sonaba como un discurso lleno de sabiduría.

Durante su salida, hasta la taquilla de pago del estacionamiento, conversaban sobre la logística: ¿Cómo se trasladarían al lugar?, ¿qué habitación rentarían?, ¿cuánto tiempo iban a estar?, etc. Al final, las respuestas fueron: Cada pareja iría en su vehículo, por lo tanto tendrían que rentar dos habitaciones; se quedarían toda la noche, lo que permitiría que Roberto y César pudieran tomar algo de licor y que los cuatro pudieran disfrutar de los dos ambientes.

La fila de dos personas para pagar se hizo insufrible, pero en pocos minutos ya estaban en camino hacia el Motel. Durante el camino, con algo de tráfico y uno que otro obstáculo no previsto, el tiempo se hizo más largo de lo esperado. Esto permitió enviar mensajes de texto para chequear que las cosas en ambos hogares estuviera del todo bien y también una que otra sugerencia y propuesta entre Carolina y Tamy.

Habiendo aparcado los respectivos vehículos y ya en las habitaciones correspondientes, los cuatro se dispusieron a arreglarse y prepararse. Pasados un poco más de 30 minutos, Tamy llamó a Carolina para fijar el momento de reunión e intercambiar los números de los cuartos. Carolina, con un toque de misterio y picardía, le contestó que en 15 minutos estarían listos, y le preguntó que si podía ir primero sólo ella a la habitación donde se encontraban, para mostrarle algunas cosas que había llevado y decidir si las utilizarían. Tamy estuvo de acuerdo, y unos minutos después ya estaba tocándoles la puerta.

Roberto abrió la puerta y al mirar a Tamy, se dio cuenta que se había maquillado, que olía excelente y que debajo de un enorme abrigo, tenía un vestido de semicuero dorado que evidentemente Carolina le había prestado. Y ella, que evidentemente no esperaba que él abriera, sonrió con una expresión combinada entre ternura y lujuria. Extrañamente se sonrojó un poco, cuando se dio cuenta que él sólo tenía puestos unos bóxer y una franela.

Roberto le pidió que pasara y que se sentara donde quisiera. Tamy entró, y después de observar todo se sentó en una de las dos sillas frente a una pequeña mesa. El cuarto tenía espejos en paredes y techo, una cama enorme y una pequeña camilla que se asemeja a la de un ginecólogo. Además, contaba con una neverita y un jacuzzi cerca de la silla donde se había sentado. “Esta habitación está muy buena”, dijo Tamy con tono de satisfacción. Roberto sonrió, y cuando estaba a punto de hacerle un comentario a Carolina, se dio cuenta que esta ya estaba a punto de salir de la habitación. Con un vestido blanco bordado con pequeñas flores muy coloridas, de falda ancha y un tanto escotado en la espalda, estaba parada junto a la puerta. Y de golpe, con un tono bien decidido y que denotaba ansiedad, dijo: “Que se diviertan”. Tamy sólo sonrió, lo que dejó en evidencia que se habían puesto de acuerdo para esto.

A los pocos segundos, Carolina estaba tocando la puerta de la otra habitación. César abrió y no pudo disimular la cara de sorpresa y nerviosismo al verla parada en la puerta. Se quedó casi mudo, y apenas pudo decir: “Pasa”. Carolina entró, lo saludó con un beso en la mejilla y se dirigió directamente a un pequeño mueble que estaba en la pequeña sala del cuarto. Era una habitación un tanto más sencilla que la otra, pero tenía lo necesario: Una buena cama, el mueble especial para posiciones sexuales, el jacuzzi para dos personas, una pequeña nevera y todo estaba muy limpio. Inmediatamente, se dio cuenta que aunque había sido una sorpresa, ya César se estaba preparando. Sólo vestía un bóxer y una camisa sin abotonar y ya había destapado una cerveza. Era evidente que él pensaba que los cuatro se verían en esa habitación.

César preguntó: “¿Y Tamy?”. A lo que Carolina contestó: “Se quedó con Roberto en la otra habitación”. Ambos se miraron con mucha picardía, ya casi rayando en la lujuria. Ella se levantó y tomó una cerveza, la destapó y después del primer trago, se levantó la falda por un costado y mostrando una de sus nalgas le preguntó: “¿Cómo te parece que me queda este vestido?”. César sonriendo, le dijo: “Excelente. Provoca hacerte de todo”. Y esta, con mucha picardía preguntó: “Y, ¿qué te provoca hacerme primero?”. “De todo. Y por todos lados”, ratificó César.

Mirándose en los espejos del techo, Tamy veía como Roberto encima de ella le besaba el cuello e iba bajando poco a poco por todo su cuerpo. El hecho de verse en esa posición fue muy excitante. Cuando ya la boca de Roberto estaba cerca de la entrepierna, esta levantó un poco sus caderas y se subió un poco el corto vestido. Se le veía una pequeña panti animal print con toques dorados, una sorpresa que se había comprado para la ocasión.

Roberto separó un tanto la prenda y comenzó a pasar su lengua por la vagina de Tamy. Lo hacía con mucha suavidad. Había logrado cierta experticia en estas artes. Ella estaba ya muy mojada. Su pequeña panti se veía a dos tonos: una pequeña parte seca y el resto totalmente empapada. En un acto reflejo, Tamy tomó la cabeza de Roberto y la apretó hacia su entrepierna, lo que hizo que él, metiera su lengua en la vagina y con movimientos circulares y de adentro y afuera, le sacara a ella más de un gemido. De vez en cuando se veía en los espejos del techo y las paredes, como cerciorándose que era ella misma quien estaba gozando de esa manera.

Después de tomarse un par de cervezas, Carolina se subió a la cama y sentándose en el tope, se subió la falda y le mostró a César que no llevaba ropa interior. Este fascinado con lo que veía, se quitó la camisa y se subió a la cama también. Ya se le notaba una tremenda erección debajo del bóxer. Carolina abrió las piernas y dijo: “Quieres probar un poco de jugo”. César bajo la cabeza, y aunque no era su costumbre realizar el cunnilingus, se propuso hacerlo lo mejor que pudo. Colocó su mano encima de la vagina, para que su pulgar pudiera jugar con el clítoris y comenzó a pasar su lengua por aquellos labios del monte de venus, como lo había visto en alguna película pornográfica. Los líquidos chorreaban hasta humedecer la cama. Carolina, aunque acostumbrada a actividades menos toscas y rústicas, ya estaba gimiendo bastante. Cerró los ojos, y sólo los abría cuando César de manera poco experta, dejaba de lamerla para tomar aire o acomodarse mejor.

Ambas parejas estaban aprovechando tener más tiempo para disfrutar de cada cosa que se hacía. Roberto pasaba su lengua por la vagina y el ano de Tamy. Carolina lograba su segundo orgasmo sin mucho esfuerzo. Tamy sentía que le faltaba el aire con el ajetreo. Y César disfrutaba aprendiendo con todas las indicaciones de Carolina.

Después de haber disfrutado un buen rato, Tamy se levantó y se dirigió a la camilla ginecológica, pero se acostó boca abajo, dejando sus piernas colgando y sus pies tocaban el suelo. La posición mostraba en pleno su trasero. Antes de que Roberto la alcanzara, se levantó nuevamente y se desnudó totalmente. Volvió a acostarse y con una mano en una de sus nalgas, la separó un tanto. Roberto buscó en su bolso y sacó un preservativo y una pequeña botella de aceite para masajear. Se puso el preservativo y le colocó un poco de aceite en la espalda. Lo fue extendiendo con movimientos circulares hasta las nalgas. Le separó un tanto las piernas y la penetró por la vagina. Tamy se transformó. Dejó que se apoderara de ella la lujuria. Comenzó a gritar: “Coño, que rico me coges”, “Métemelo, métemelo. Más duro, más duro”, “Di la verdad. Soy lo más rico que te has cogido en la vida”.

En la otra habitación, César ya recibía una lujuriosa felación de Carolina. Una vez más, cuando esta escuchó que él estaba por terminar, se levantó de golpe y se quitó el vestido, quedando totalmente desnuda. Se acostó en la cama y abrió totalmente las piernas. César se colocó el preservativo y con un tanto de delicadeza se le subió encima, la besó intensamente y la penetró con fuerza. En pleno bombeo, César comenzó a decir: “Eres la mujer más buenota que me he cogido”, “Tienes el mejor culo al que le he metido mano”, “Si fuera por mí, sólo te cogería a ti”.

Carolina al oír todo aquello, soltó también lo que llevaba por dentro. “Coño César, me estoy emperrando con esto”, “Me mojo muchísimo cuando pienso que tengo tu pene dentro de mí”, “Nunca había estado tan veraneada”. Y después que ella tuvo su siguiente orgasmo, César soltó con toda la fuerza su semen. Sudaba montones. Por eso tomó una esquina del forro destendido de la cama y se secó la frente, pero sin bajarse de Carolina. Hubo un momento largo de silencio, donde sólo se oía la respiración entrecortada de los dos y el aire acondicionado.

Roberto sacó su pene de la entrepierna de Tamy y luego de cambiarse el preservativo, la penetró por el ano. Lentamente y con toda la paciencia, esperó a que los gemidos de ella le fueran orientando la velocidad que debía tener. En un par de minutos, ya Tamy tenía la suficiente dilatación y excitación para la maniobra. Roberto, la rodeó con su brazo y con sus dedos le masajeaba su clítoris. El ritmo se volvió cada vez más fuerte. Él le decía en tono entrecortado: “Que culo más rico”, “Lo tienes super apretado”, “No se puede aguantar mucho en ese culo”. Y ella, sorprendida de lo que le gustaba el sexo anal, gemía y sólo se le oía: “Échamela cuando tu quieras”.

Después del primer orgasmo anal de Tamy, Roberto soltaba todo su semen en aquel apretado agujero. Los dos llenos de aceite, sudando y un tanto cansados por la posición, se dispusieron a bañarse. Ya que preparar el jacuzzi tomaría algún tiempo, lo comenzaron a llenar y se metieron a la ducha. Sin decir mucho, abrieron el chorro, y lentamente se enjabonaron mutuamente.

Carolina y César ya estaban en el jacuzzi. Él le acariciaba las piernas, mientras ella hablaba de lo bien que se sentía por haberse desahogado. Contaron algunos chistes, se rieron y por la temperatura del agua y el cansancio, les provocó dormir un rato. Salieron, se secaron y se metieron debajo de las sábanas. Carolina se colocó de espaldas a César, y sin plena intención, sus nalgas le rozaban el pene. Esto hizo que él tuviera una segunda erección, y así mismo como estaban y por lo cansados la volvió a penetrar, pero esta vez sin preservativo, al ritmo de un rapidito, pero con la misma intensidad del momento. Tuvieron el orgasmo casi al mismo tiempo. Y como el agotamiento ya era mucho mayor, se quedaron dormidos en la misma posición.

Tamy ya estaba en el jacuzzi, cuando Roberto se dispuso a entrar. Esta se levantó, y antes de que él estuviera totalmente sumergido, lo empujo suavemente para que quedara sentado en el borde. Ella se arrodilló y se metió su pene en la boca. Lo lamía y se lo introducía con muchas ganas, hasta que sintió que ya había logrado producirle otra erección. “No soy tan mala haciéndolo, ¿verdad?”, le dijo a Roberto, que ya tenía nuevamente cara de excitación.

Ella se puso de pie y se besaron con mucha pasión. Él salió del agua, colocó una toalla al borde del jacuzzi y buscó un nuevo preservativo. La acostó, se le subió encima y comenzó a penetrarla. Ella lo abrazaba como la primera vez: con brazos y piernas. Intercambiaban los movimientos de sus lenguas hasta que ella logró un orgasmo. Eso hizo que sus bocas se soltaran y que las manos de ella bajaran hasta las nalgas de él para obtener mayor presión. Como resultado, Roberto soltó nuevamente su semen dentro de ella. Se levantaron y luego de estar unos minutos en el jacuzzi, se metieron a la cama. Para no apagar el aire acondicionado, Roberto le prestó una de sus franelas a Tamy. Conversaron durante un buen rato, se besaron de cuando en cuando, y luego se durmieron.

La idea era que cada pareja se reuniera con su respectivo cónyuge después de toda la actividad, pero el cansancio se apoderó de ellos. Ya avanzada la mañana del siguiente día, fue que se despertaron. Inmediatamente revisaron sus teléfonos celulares, y como no había llamadas perdidas ni mensajes de texto, se tomaron las cosas con calma. Las féminas regresaron a sus respectivas habitaciones y luego los cuatro se reunieron para desayunar.

Todo estaba más relajado de lo esperado. No hubo casi ningún momento incómodo. Abordaron sólo temas livianos y antes de despedirse, quedaron en verse en una última ocasión. Los cuatro estuvieron de acuerdo que sería difícil lograr algo mejor que lo vivido en los dos primeros encuentros.

SIRENA Y TRITÓN

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