Primera Vez - Hetero: General

Relato erótico

Sandra – Mi primera vez

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RESUMEN

Desde pequeña, fui educada a la vieja usanza, pedir permiso a mis padres para tener novio, no darle razones a mi pareja para que me faltara al respeto y cuidar mi virginidad para vestir de blanco en mi boda.

Pero un largo viaje con mi novio, cuando ya teníamos tres años de relación y faltando poco menos de un año para nuestra boda, termino con las buenas intenciones de cumplir con las enseñanzas de mi madre. Les quiero platicar la forma más bella en la que ambos perdimos nuestra inocencia.

Mi nombre es Sandra, actualmente soy una mujer de más de cuarenta años, con dos hijos y una historia familiar plena. Aunque hoy en día mi cuerpo no tiene nada que ver con el que tenía a los 22 años, mi esposo me sigue viendo atractiva, y el fuego de la pasión no se ha apagado en ninguno de los dos. Mínimo dos veces a la semana seguimos haciéndonos el amor.

Hace 23 años, una chica delgada, pero atractiva, con un par de piernas y unas nalguitas bastante antojables, con senos pequeños pero firmes, cumplía tres años de noviazgo. Aunque en ese tiempo, hubo varias oportunidades de pasar de los besos y las caricias y de los fajes muy atrevidos al sexo, ambos deseábamos que nuestra primera vez, fuera una vez que formalizáramos nuestra relación en el matrimonio.

Faltando unos seis meses para este, salí de viaje con una amiga al norte del país, donde vivía toda su familia, pero el destino quiso que estando allá, ella enfermara y no pudiera regresar conmigo. Motivo por el cual, le hable a mi novio y le pedí me alcanzara, para regresarnos ambos en el automóvil en el que habíamos viajado mi amiga y yo.

Mi novio (Esteban), viajo durante 20 horas en autobús, para alcanzarme, había que regresar lo más pronto posible, por lo que al llegar, solamente paso a visitar a mi amiga al hospital e iniciamos el regreso, como solamente teníamos el fin de semana para viajar, decidimos aprovechar la mayor cantidad de tiempo viajando. El plan inicial era cubrir la mitad de la distancia, hasta una población donde el tenia familiares. Pero el camino era largo y ya avanzada la noche, Esteban se encontraba sumamente cansado de manejar. Había que parar a dormir y descansar. Por lo que decidimos únicamente llegar hasta la primer población que se cruzara y ahí buscar un hotel donde pararnos.

Encontramos un hotelito sobre la carretera justo a la entrada del pueblo, donde paramos para reposar por unas horas. Era la primera vez que pasaríamos la noche solos y desde la forma en que nos registramos fue curiosa, eso de identificarse como señor y señora fue sumamente romántico y a la vez electrizante, cuando pasamos a la habitación y ver que solamente contaba con una cama, aumento todavía más la sensación de nerviosismo en ambos. Como la idea era, aprovechar para dormir y descansar, tratamos de apaciguar nuestros sentimientos y nos acostamos rápidamente, pero el deseo era grande y ambos curiosamente, nos metimos a la cama solamente con nuestra ropa interior.

Como les comente, anteriormente ya habíamos pasado momentos sumamente ardientes que nos habían llevado a tener uno o dos fajes, donde no habíamos pasado de desvestir nuestros torsos, Esteban ya había probado el sabor de mis senos y había prendido a mis pezones casi hasta el clímax. Sabíamos lo que nos excitaba a cada uno de nosotros y lo que a ambos nos calentaba. Pero eso era lo más osado que habíamos hecho.

Ya en la cama, solamente fue cuestión de acercarnos y besarnos, supuestamente para despedirnos y la pasión se desbordo, nos olvidamos del cansancio y de las promesas de castidad que nos habíamos hecho. Un hombre deseoso y una joven con las ganas de convertirse en mujer, afloraron en el momento.

El tímido y tierno beso de buenas noches, rápidamente se convirtió en un beso apasionado, que provocaba que nuestras manos buscaran en el cuerpo de nuestra pareja sus zonas más sensibles, empezamos a desprendernos de la poca ropa con la que nos habíamos acostado, nunca antes habíamos estado completamente desnudos uno frente al otro. Ahora nos encontrábamos totalmente libres de cualquier vestimenta. La calentura se había poseído de nosotros, ni siquiera teníamos que preguntarnos si deseábamos seguir adelante, nuestros cuerpos y nuestras mentes estaban seguros de lo que en ese momento ansiábamos.

Cuando Esteban empezó a besar mis pechos y a acariciar mi sexo, yo besaba su oído y buscaba anhelante su miembro. Fue una bella sorpresa tocar por primera vez el falo de cualquier hombre, mi mano era sumamente pequeña para cubrir en toda su longitud el instrumento de mi pareja. Todavía estábamos cubiertos por las cobijas de nuestro lecho, por lo que no podía ver en plenitud aquello que tenía en mi mano, más el ansia de mi novio para besar mi zona erógena, nos obligó a retirar las sabanas que nos cubrían y así por fin, tuve ante mí, aquel pedazo de carne que tanto había imaginado y que para ese momento ya deseaba, tener, no entre mis manos sino entre mis piernas.

Nos colocamos en lo que normalmente se le conoce como la posición del 69, Esteban besaba, chupaba y violaba con su boca y lengua mi vagina y todas las partes que la componen, yo aprovechaba para besar su verga y con vehemencia meterla dentro de mi boca, tal y como había leído que se debería de hacer. Su sabor era único y el efecto de tener ese fierro en la boca era indescriptible. Además, las sensaciones a las que me llevaba el tratamiento al que mi pareja estaba sometiendo a mi chocho, me llevaron al espasmo agónico del primer orgasmo de una mujer. No podía más, necesitaba sentir su pene dentro de mí, le pedí en medio de mis gemidos que se volteara y que me hiciera suya. Tiernamente, sabiendo mi condición de virgen, Esteban coloco la cabeza de su falo justo en la excitada y mojadisima entrada de mi cuevita, y poco a poco fue insertando aquel palo dentro de mí, no puedo negar que el dolor era enorme, hubo un momento en el que dude seguir adelante, pero era imposible detenerlo a él y a mi anhelo de convertirme en su mujer. Rompió cualquier obstáculo que encontró en el camino y cuando menos nos dimos cuenta, su verga se encontraba totalmente sumida en mí, el dolor fue cediendo, para dejar en su lugar, el mayor placer que había sentido hasta ese momento, mi interior empezó a producir una cantidad enorme de líquidos, que facilitaban que el miembro que se encontraba dentro, resbalara de una manera sumamente excitante, mi mente pedía gozar de ese momento, por lo que obligo a mi cadera a iniciar un movimiento hacia atrás y hacia adelante que rápidamente se amalgamo al que mi novio había iniciado segundos antes. Cada movimiento acrecentaba el placer que sentía, y con gritos y gemidos le exigía que aumentara la velocidad y la dureza con la que me insertaba una y otra vez su verga. Fueron minutos maravillosos, mi cuerpo sentía que en cualquier momento se vaciaria nuevamente en un maravilloso orgasmo y por los sonidos que emitía Esteban, sabía que él estaba a punto de llegar también a su éxtasis. Sin pensarlo le pedí que no dejara de moverse hasta que ambos llegáramos a nuestro clímax y que me llenara toda de su semen, que se vaciara completamente dentro de mí, que no me importaba el resultado de aquello. Pero eso era irrelevante para él, ya que también había decidido venirse dentro de mí, sabia cual podía ser el resultado de aquello, pero no le importaba, por algo ya habíamos resuelto vivir permanentemente juntos. Además esa primera vez tenía que ser única y no podía concebirla, sin llenarme toda de su leche.

Que les puedo contar del final, casi al unísono llegamos a nuestros respectivos orgasmos, ya no había dolor, tal vez un poco de ardor dentro de mí, pero el sentirme llena y plena como mujer, mitigaba cualquier mal sentimiento. Además, el momento de reposo posterior al clímax, donde una siente que aquello que tiene adentro le pertenecerá desde ese momento en adelante, más la sensación de sentirse llena de la leche que puede ser la que inicie la fecundación de un hijo con la persona que más amas en inenarrable.

La noche fue corta, por lo que decidimos solo dormir un poco para continuar nuestro viaje, avanzar lo más que se pudiera hasta media tarde y volver a pararnos en un hotel, para repetir otra noche maravillosa. Ya habría tiempo de descansar y dormir más adelante.

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