Dominación

El Internado de Sandhurst, 06

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RESUMEN

Continuan, como no podian ser de otro modo, las aventuras y desventuras de Teresa, añadiendo un elemento nuevo.

Gocé de paz y descanso durante los siguientes cinco dias... y no se como no me volvì loca. Debía prestar atención a las clases y a mis tareas, sin permitir que mis compañeras supiesen lo que me ocurría, aunque por supuesto notaron que llevaba una semana un poco "rara". A la vez, no solo pensaba una y otra vez en lo que me habia ocurrido, sin poder sacarmelo de la cabeza, sino que no tenia ni idea de cuando iban a volver a requerir de mis "servicios", de que naturaleza serían estos, ni siquiera si tendria algo de tiempo para asimilarlo cuando volviesen a utilizarme, o si seria un "aqui te pillo, aqui te mato". Y no sabía si me estaba pasando de paranoica... pero en varias ocasiones me pareció sorprender gestos de complicidad y burla cuando no miraba, tanto entre el profesorado como entre alguna de mis compañeras. En una ocasiòn llegué a enfrentarme verbalmente a una de mis vecinas de comedor, espetandole que si tanta la gracia le hacia que me dijese el motivo... pero su única respuesta fue echarse a llorar, y ganarme las miradas gelidas del resto de las comensales. Luego me enteré que habian estado contandose chistecillos verdes entre ellas, y que uno habíia divertido tanto a una de ellas, que aun se estaba riendo cuando me senté. Ella penso que las habìa oido y la iba a denunciar... y ya tenía muchos puntos acumulados. Asi que ese incidente me separó un poco de mis compañeras, lo que sin duda agradó mucho a la Directora. Cada vez que actuaba impulsivanente la fastidiaba más, pero estaba a punto de reventar emocionalmente.

Asi que cuando el viernes, al comenzar mi clase de informática a última hora de la tarde, recibí un correo en el que se avisaba que estuviese vestida con el uniforme reglamentario y preparada para lo que se requiriese de mi, para las once de la noche, sentí un poco de alivio... ya que asi al menos sabía que en las siguientes horas podria bajar la guardia, dejar que mis nervios descansasen, ahora que la hora de la "ejecución" me habia sido anunciada. Ya tenía completamente asumido que debia mostrarme absolutamente sumisa y obediente en todo, y la enfermera Boldbricker me habia demostrado que ese era el curso de acción mas apropiado. Cenè muy poco, y me arreglè a conciencia, no queria causar desagrado en mis "dueñas" ante alguna falta que pudiesen encontrar. Una vez lista, me puse un uniforme limpio, y esperé a que llegase la hora, mientras miraba por la ventana abierta de mi habitación, sintiendo la brisa en la cara, escuchando el muy lejano rumor del trafico en una carretera... imaginando que escapaba, una persona amable me recogia, y me acogía en su casa junto al resto de sus hijos, llevando una vida normal... y a la vez sabiendo demasiado bién que jamás haría algo así. Así que cuando, a las once en punto alguien golpeó debilmente la puerta de mi habitación, cerré la ventana y abrí sin perdida de tiempo. No sabìa bién que o a quien esperar, pero me sorprendió encontrar ante mi puerta a una alumna del colegio, a la que conocía de vista, aunque no de nombre. Ella era mayor que yo, contaría con 18 años, y era estudiante del último curso. Era obviamente lo que se considera una mujer atractiva, notablemente atractiva... una pelirroja irlandesa de cabello largo y rizado, de pequeña nariz pecosa, y tez clara. Alta, media como 175, y con el cuepo bien proporcionado, destacando sobre todo sus piernas largas de muslos generosos. Recuerdo que una tarde en que mirabamos un partido de Voley de las mayores una de mis compañeras hizo algunos comentarios de mal gusto respecto a ella, y todas nos reimos, ya que estaba clarisimo que lo hacía motivada por la envidia hacia su físico. Ya saben, las envidias son malas, y peores entre mujeres. No me dijo nada, ni yo se lo dije a ella, sencillamente comenzo a caminar pasillo abajo, y yo la seguí como un patito sigue a su mamà.

Pronto quedó claro que nos dirigiamos al pasillo de la Directora, y al recordar cual fue mi iniciación al trato especial que iba a recibir en el colegio, me entró un temblor frío. Pero la segui...¿Que otra cosa podía hacer?. Mi "compañera" llamó educadamente a la puerta, y esperó hasta que la voz de la Señorita Ernestina, la Directora, nos mandó entrar. Se encontraba sentada tras su mesa, con las cortinas corridas, y nos miró a los ojos mientras nos acercabamos a ella, quedando las dos de pie, frente a su mesa. Se reclinó en su sillón, mientras nos miraba a las dos... y aunque yo no dije nada, seguro que notó mi temblorcillo. Con mucha calma y tranquilidad se dirigió a mi, y comenzo a hablarme...

Buenas noches, Teresita.

- Buenas noches, Señorita Ernestina

Dime guapa... ¿ A que has venido aqui?

- He acudido a su llamada, para satisfacerla del mejor modo que mis tristes aptitudes me permitan, sin pronunciar jamas queja o repulsa alguna.

Excelente mi niña, ¿que tal te encuentras?

-Me encuentro bien, Señorita Ernestina, gracias por interesaros por mi. Estoy dispuesta a complaceros en todo cuanto digais, y aunque mi ano aun se encuentra dañado y dolorido,y deba dejarlo descansar por indicación de la enfermera, también se encuentra a vuestra entera disposición si deseais utilizarlo.

Notables progresos...desde tu pobre actuación es la Sala de Actos, aunque puedo decirte que nuestros invitados gozaron de tus poses de principiante. Por supuesto, la proxima vez esperarán algo más profesional. Ya no eres una virgencita inocente, asi que deberas esforzarte para complacerles. Ahora recibirás una lección al respecto. Por cierto... ¿Gozaste durante tu estancia en la enfermería?

-Por supuesto, Señorita Ernestina, mi faceta de puta quedo clara para la enfermera y los cuidados que me aplicó. Como no podía pagarlos, utilicé mi cuerpo del modo en que lo haría una ramera, para dar placer a mi benefactora. Y en su benevolencia, ella también se aseguró de que yo gozase. Le estoy muy agradecida, Directora.

La hija de su madre estaba encantada de mi actuación, tan distinta de la anterior vez que estuvimos en su despacho... había recorrido un largo camino desde entonces. Me miró sonriente, y también sonrió a mi compañera... pero ella permaneció inmutable. Yo entendí el motivo... no se le habia hablado ni dado orden alguna, asi que se limitaba a permanecer en pie, hasta que fuese requerida a hacer algo. Volvió a fijar sus oscuros ojos en mí, como un aguila vigilando a un cervatillo, y antes de que comenzase a hablar ya sabía que iba a intentar colocarme una trampa... agucé pues el ingenio, mientras la escuchaba.

Y dime Teresa... quiero que te expreses con sinceridad... ¿ que opinas del trato que recibes ?

-Verá Directora, creo sinceramente que todas ustedes son unas enfermas hijas de puta, que deberían ser encerradas y tirar luego la llave, y que sus madres si supiesen que clase de monstruos iban a parir se habrian suicidado. Eso por no hablar de sus "invitados". Nada me gustaria màs que verlas entre rejas, o ardiendo en el infierno, pero como me tienen en sus manos, me someto a todo lo que me quieran hacer u mandarme hacer. Usted quería sinceridad, señora Directora, y así he contestado.

Complacida, Ernestina sonrió de nuevo. Parecía encantada conmigo, y eso significaba sin lugar a dudas que me asignaria numeritos que no iban a ser de mi agrado, pero no podia hacer nada al respecto. Permanecì de pie, mientras continuaba con su rollo...

Veras Teresa, tu compañera se llama Daphne, es una alumna de ultimo año de preuniversitario, y lleva ya más de un año dentro del grupo de "alumnas especiales" al que te has incorporado recientemente. Es una alumna de confianza, que ha sabido compaginar sus tareas de Sumisa con sus estudios, que no se han resentido en absoluto. Como espero que no lo hagan los tuyos. Eso conllevaria...penalizaciones. Por supuesto, no todas vosotras teneis la misma, digamos, categoria. Daphne es una Veterana, que ha mostrado su valía en repetidas ocasiones. Tú aun no eres mas que una aprendiza, aunque parece que estas bien dotada para estas tareas. Veamos que tal te entiendes con ella. Desnudate, perra.

Yo asi lo hice, sin querer darle el mas minimo motivo de queja o motivo para castigarme. Me deshice de mis ropas con rapidez, sin numeritos tipo strip, ya que no se me había indicado así. Cuando iba a despojarme de mis braguitas blancas, la última prenda que cubria mi cuerpo, la Directora me ordenó detenerme. Hizo una señal a Daphne, y esta se arrodillo a mi lado. Yo no sabia que pensar, aunque la idea de que me comiese el conejito no era algo que me desagradase... pese a que, como ya saben, no tenia por aquel entonces apetencias lesbicas. Me mordió el elastico superior de las braguitas, y de un unico movimiento me bajo la prenda hasta la altura de las rodillas, mientras su naricilla me hacia cosquillas en su movimiento descendente. Turbador. Daphne quedó arrodillada ante mi, y me terminó de quitar las bragas, esta vez con la mano. Yo no sabia muy bien que hacer... asi que abrí las piernas para ella. Esto provocó una carcajada de la señorita Ernestina.

Jajajajaja...ay, que bueno, perrita... no pensaras que os he traido aquí solo para ver como Daphne te atiende...que bueno. No se como a estas alturas de la vida pues ser aun tan torpe. Inclinate hacia delante, los brazos estirados y bien apoyados en mi escritorio.

Yo así lo hice, sin saber que debia esperar... A continuación, la vieja pècora se dirigió a mi compañera... ordenandole que me propinase una tanda de azotes en las nalgas, empleando para ello la mano abierta. Y sin dudarlo ni medio segundo se acercó a mí, y tras darme un par de caricias en el culete, para comprobar su elasticidad y dureza, comenzó a golpearme en las nalgas con la mano abierta, dando palmetadas no precisamente suaves en mis nalgas,espaciandolas de modo que tenia tiempo para sentir el escozor y el calor del golpe antes de recibir otro. Tras recibir varias nalgadas, y comprobar que las aguantaba sin moverme, la Directora me mandó ir contandolas en voz alta, lo que yo hice obedientemente. Cuando la cuenta subió a una veintena, y ya tenia el culo caliente y enrojecido, ordenó un alto. Se acercó a mí, y me hizo una propuesta...

A nuestros invitados les agrada el dolor... pero puedes escoger si sufrirlo, o si prefieres inflingirlo. Decide Teresa... quieres castigar tu a Daphne, o prefieres que ella continue castigandote a ti.

Yo me lo pensé dos segundos antes de responder... "Yo obraré del modo que a usted más la satisfaga. Si usted permite que esta su esclava pueda opinar, escojo castigar en lugar de ser castigada, aunque asuma todo lo que tengan a bien hacerme".

La Directora me tomó del cabello tras oir mis palabras, y me jaló hasta que me puso en pie... a duras penas pude reprimir un chillido de dolor. Una vez en pie, me puso las manos en los hombros, dejandome de cara a Daphne. "Ya has oido, mi estimada pelirroja, ahora vas a sufrir dolor, porque esta ha sido la voluntad de Teresa. Solo vas a ser castigada ya que ella ha escogido ser una Castigadora en lugar de una Victima. Lo que te ocurra es por su voluntad". Daphne asintió, pero en sus ojos se veia claro que no le agradaba precisamente la situación. Mas al fin y al cabo, las dos eramos cautivas. La Directora se giró hacia mi, dandome instrucciones claras. "Ahora nos vas a mostrar a las dos de lo que eres capaz. Quiero que imagines que te encuentras ante nuestro público, y sometas a Daphne a una sesión de castigo y dolor que dure entre 50 y 55 minutos. A ella no se le permite orgasmar mas que en los ultimos 5 minutos, y solo si tu lo consideras pertinente. Tu has de concentrarte en castigarla, asi que no se te permite llegar a la cumbre, ni tocarte mientras la castigas. Procede, en el armario hay equipo si lo juzgas necesario". ¡Esa zorra se pensaba que yo era de su ralea, que podía pensar en masturbarme mientras hacia daño a una compañera!. Disimulé mi sorpresa y asentí.

Me dirigí a Daphne con toda la dureza de la que fuí capaz. "Ahora, perra, te vas a colocar del mismo modo en que me has golpeado a mí, y veremos si disfrutas de las caricias que me has propinado". Ella asi lo hizo, bajo la atenta mirada de Ernestina. Entonces me di cuenta de que no la habia mandado desnudarse, se me habia pasado... y ella no lo habia hecho. Procurè disimular. Había un cutter sobre la mesa, asi que lo tomè, y con gran cuidado de no arañarle la piel, levante su faldita escocesa, y le cortè las braguitas. Y si alguien piensa que eso me excitó, estan aun peor que la Directora. Una vez liberada de esa prenda, examinè durante unos segundos lo que se me ofrecía. La chica no era muy culona, aunque sin lugar a dudas era muy atractiva. Parecia llevar rasurado el vello púbico, pero no examine esa zona en detalle. No iba a sobarla ni castigarla más allá de lo que considerase lo mínimo imprescindible. Me coloqué a su lado, y comencé a darle azotes en las nalgas. Ahueque la mano, para que sonasen bastante, aunque los golpes no fuesen fuertes. Para que la perra de la directora se quedase tranquila, le mandé contar los golpes y darme las gracias tras cada uno. Comencè a aplicarle el castigo, y Daphne obedientemente iba contando y agradeciendomelo, mientras yo me sentia cada vez mas ridicula... Mis golpes sonaban huecos, y procuré hacer ver que los daba fuerte, aunque no quedó muy convincente... comencé a temer que estaba quedando muy flojo... asi que di el siguiente golpe mas fuerte. Con lon nervios me salió desviado, y las yemas de mis dedos tocaron los labios de su sexo al descargar la mano. Eso le hizo dar un gritito de dolor, y me miró con fuego en los ojos. Estuve a punto de pedir perdon, a punto... pero no me delaté. En lugar de eso adopté una pose chulesca, e hice unos cuantos comentarios respecto a lo guapa que estaba en esa postura... mientras pensaba que hacer.. no me creia capaz de seguir pegandole... y algo tenia que hacer. Pero estaba como bloqueada, no se me ocurria nada. Asi que comencé a darle pellizcos en el trasero, mientras le repetia que habia sido una niña mala...

Un tremendo tortazo acabó con mis manipulaciones. Recibí el guantazo en mi mejilla derecha, y cai al suelo. Las lagrimas me dejaron ciega por unos segundos, mientras permanecia alli aturdida. Escuche la voz de la Directora... "Eres una mierda como Castigadora. No solo no serias capaz de entretener a un auditorio de jubilados seniles, sino que además has intentado engañarme. Y las dos cosas estan muy mal. Pero no te preocupes, si no sirves para castigar... serviras para ser castigada. Levantala, Daphne". La irlandese me sujetó por las axilas, levantandome a la fuerza. Intenté balbucear alguna escusa, pero otro golpe me hizo callar la boca. "Y ahora, Daphne, mi experta castigadora, enseña a esta perrita torpe lo que puede dar de si una sesión. Adelante. Aplicate las mismas reglas que has servido para ella". Eso no pintaba nada bien... La expresión de la pelirroja era de las que le gusta castigar, y yo la habia cabreado... e iba a tener ocasiónde pagar por ello.

"Asi que te gusta dar golpes en el coño a las demas, ¿no hija de puta?. Pues ahora vas a descubrir la gracia que hace recibirlos tu misma. Hacia más de medio año que nadie me ponía la mano encima... y no voy a poner las cosas faciles al que quiera hacerlo de nuevo." Habia Odio en ella, y comence a tener miedo de verdad... asi que a la Directora le gustaba poner a unas de sus victimas contra otras, con el acicate de que si no lo hacian de un modo lo suficientemente sádico, se podrían cambiar las tornas. No hacia falta ser Freud para darse cuenta de que, si Daphne tenia que escoger entre pasarse o quedarse corta...

ya se imaginan la opción que iba a escoger. A empellones me obligó a acercarme hacia la mesa de la Directora, y a arrodillame ante ella, sin dejar de insultarme en ningun momento... "Ahora te vas a quedar bien quietecita, so asquerosa, mientras cojo algunas cosas para hacer que no te olvides fácilmente de este rato, puta de mierda. ¡¡Y no gires la cabeza sin mi permiso!!". En ese momento no supe que tomó del armario de los "juguetes", pero sonó a metálico, y la cosa no pintaba muy bién. "Como no quiero escuchar tus chillidos de ardilla, vamos a ponerte algo en la boca... aunque no sea el tipo de cosa que te gustaria tener. Pero ya tendras de esas, no te preocupes" Con esas duras palabras me colocó una mordaza bucal de bola, quedando mi boca grotescamente abierta, incapaz de articular palabra, y con la molestia de babear continuamente. Además las correas estaban tremendamente apretadas, de modo que resultaban muy molestas. Recibí a continuación una serie de golpes en la nuca, sin motivo, solo porque le apetecia. Si, la "Dulce" Daphne no estaba dispuesta a cambiar su papel de inflinguir dolor por el de sufrirlo. A continuación tomó una cadena, cuyos dos extremos acababan en pinzas. Mientras reía, colocó una de las pinzas en mi pezón derecho, donde apretaba y apretaba, y yo no podía chillar de dolor... Pensaba que colocaría la pinza restante en mi otro pezon... pero en lugar de eso lo enganchó en uno de mis labios vaginales, donde la sensación de dolor fue, curiosamente, menos intensa que en mi pecho. Yo me moví, antes de ganarme otra reprimenda... recordandome lo que podria pasar si no aceptaba mi castigo. Yo solo pude asentir, y permanecer lo mas quieta posible mientras repetía la maniobra con mi pecho izquierdo, y ese lado de mis labios vaginales. La cadena era pesada par asu tamaño, y el peso de la misma tiraba cruelmente de las pinzas metálicas, que gracias al cielo al menos tenían un acolchamiento que aliviaba en parte la tortura.

Daphne se apartó de mi para comprobar el efecto estético que había conseguido, como si fuese una escultora que se aleja unos metros de su obra inacabada para juzgarla. Me volvió a tomar del cabello, obligandome a girar la cabeza y mirarla a la cara. Pasó los dedos por mis mejillas, apropiandose de mis lágrimas como si fuesen un tesoro, lamiendolas despues... en ese momento me di cuenta que estaba chiflada, que no lo hacía porque le gustase o temiese los castigos, sino porque estaba transtornada. Probablemente lo que habia visto y experimentado durante su cautiverio la habian desequilibrado, y las irlandesas siempre han tenido fama de no ser las personas más equilibradas del mundo. Lo siguiente que noté fueron unas esposas en mi muñeca derecha, y como mis manos eran empujadas hacia delante. Pasó los grilletes tras la pata de la mesa junto a la cual me encontraba, y los cerró sobre mi otra muñeca. Despuès oì sus pasos que se alejaban, como tomaba varios objetos del armario, que al menos no parecían metàlicos. A veces una se conforma con muy poco. Como me dolían las pinzas, como tiraban de mis partes mas sensibles. Y la sensación no remitía. A continuación algo silbó en el aire... parecia una caña fina. Hendía el aire con un sonido agudo, un fiuuuuuuuuuuuushhhhhhhhhh que me ponía la piel de gallina. Me preguntaba donde llegaría el golpe, me estremecía cada vez que lo oía. Esa perra loca era una maestra en lo suyo. La carita de miedo que debia tener yo entonces debía ser para los pervertidos que acudían a las exhibiciones del colegio algo mas gratificante que una pila de pelis x. Y al final el golpe llegó. Pero no en mis nalgas, espalda o muslos, sino en la planta del pie izquierdo, que estaba expuesta en esa postura, al estar a cuatro patas. Como dolió, y ese dolor unido a la sorpresa me hizo brincar hacia delante, y darme un testazo contra la mesa. Viendo las estrellas, notè sus manos sobre mis hombros, que me volvían a colocar en la posición que ella deseaba. Y los golpes continuaron llegando. Yo esperaba el siguiente en el otro pie... y fue en la espalda... el siguiente en un brazo... en el pie en el que esperaba el segundo golpe... en el mismo brazo...en un muslo. No se cuantos fueron. Entre el dolor hirviente de esos golpes, la tortura que no remitía en intensidad de las pinzas, y el no saber donde iba a caer el siguiente, me creí enloquecer.

Tenía la cara llena de làgrimas, el cabello revuelto, sentía los pezones como si midiesen 20 ctms, y los golpes seguian cayendo, a intervalos irregulares, imposibles de predecir. Entonces escuché una risa sàdica, y no entendí el porque, a la vez que oìa un sonido que no identifiqué al principio... hasta que comence a sentir el calor y la humedad en mis muslos. Dios mio, me habia orinado encima sin haberme dado cuenta... al menos habia ido al baño 15 minutos antes de haber salido de mi cuarto, asi que no era mucha cantidad... Temí la reacción de la Directora, pero ella no dijo nada. Miré al suelo, efectivamente, me habia orinado en la alfombra... miré en su dirección, pero extrañamente, no dijo nada, no hizo ningún gesto. Eso debió hacer gracia a mi "Castigadora", ya que dejó de golpearme con la vara. Tomó en su lugar una paleta ancha y pesada, con la que comenzó a golpearme las nalgas. Comparada con la vara, esos golpes ritmicos contra mis posaderas eran una liberaciòn. Dolìan, pero comparado con lo que sentía en mi sexo y pezones era poca cosa. Por suerte, estos comenzaron a adormilarse debido a la falta de riego sanguineo, asi que la cosa era soportable. Cuando se cansó de golpearme con ese instrumento, me aplastó la cara contra el suelo, y tomandome de los tobillos me separo las piernas todo lo que pude. Note sus manos rozando la cara interna de mis muslos, aun humedos, y después me dio a lamer sus dedos, lo que hizo ensalivandolos a conciencia; ya que un ramalazo de intuición me hizo presentir lo que venia a continuación. Separandome los labios de mi sexo con una mano, procedió a insertar tres dedos a la vez. Y yo estaba casi seca, me rozaba y dolía. Los movimientos intensificaban el dolor de las pinzas de mi sexo, mientras esos dedos entraban y salían. Yo gruñia, no podía ni chillar para aliviarme, debido a la mordaza...

Debió dedicarse a esa tarea cosa de diez minutos, para cuando terminó mis paredes vaginales ya estaban secretando como locas para disminuir el impacto de esa agresión, y me tenia cedida. Lo siguiente que noté fue como algo gelatinoso golpeaba suavemente mi nalga izquierda... y temerosa lo miré. Era un consolador de dimensiones gigantescas, una polla aun mayor que la del negro que me habia usado, atada sobre el escenario de la sala de conferencias. Me debí poner blanca, aunque no me sorprendió demasiado encontrar una animalada así. Lo pasó un par de minutos por mi espalda, nalgas y muslos, antes de retirarlo. A continuación repitió la misma operación con otro, este de las dimensiones de un pene grandecito pero más normal. Y entonces, muy dulcemente, se dirigió a mi.

Ahora, so guarra, vas a escoger. A ese amorcito negro le llamo Motumbo, y es todo un caballero, ¿no crees ?. El segundo lo llamo Manfred, y no se puede comparar, aunque es también algo considerable. Mientras hablaba me iba quitado las correas de la mordaza, hasta que quede libre de ella... Tenía la boca llena de saliva, y de nuevo podía respirar por la boca, lo que hice con agrado. Lo que no esperaba es el tirón que dió de repente a las cadenas, con lo que las pinzas me torturaron aun mas, y crei que me había arrancado algo. Caí al suelo de la impresión y la sorpresa, lo que Daphne aprovechó para sentarse encima mio. Y no pesaba como una pluma. Tienes que escoger uno de los dos, el Poder del Africa negra, o la Polla de Manfred. Pero...shhhh..piensalo bièn. Porque Motumbo es un salvaje muy básico y solo quiere tu conejito...ñam ñam, pero Manfred es un Europeo más sofisticado... al que le van los culos. Asi que piensatelo bien. Joderrrrrrrrrr, esa cosa negra era tremenda, pero no podia permitirme que esa irlandesa loca me reventase el culo, bastante mal lo habia pasado ya, y bien sabia yo que aun no habia curado del todo. Asi que en voz bajita le pedí que usase a Motumbo. Me dió unas palmaditas, y tomó esa cosa... mientras durante unos instantes nos miramos. Y habia Odio en ambas miradas, no solo en la suya. Entonces Ernestina reparó en mi expresión, e intervino. Antes de que Motumbo entrase en mi cuerpo, la Directora mandó que se retirase, y volviese a su cuarto. El rostro de Daphne reveló sorpresa pero, bien entrenada, se retiró con prontitud, tras lanzarme una última mirada amenazadora. Una vez solas, fui liberada de las pinzas, cadenas y grilletes. Durante varios minutos no pude pensar ni razonar, al volver la sangre a las zonas pinzadas, haciendome verlo todo rojo. Tenía las nalgas completamente doloridas, y como sensación de quemadura alli donde la vara me había golpeado. Ernestina aguardó a que me recuperase, antes de hablar.

Bueno, Teresa, ya has comprobado que en este lugar has de ocupar un lugar. Casstigar o ser castigada. La posición digamos más activa no te va a librar de sufrir dolor y humillación, pero mientras lo hagas bien te ahorraras muchos problemas. Boldbricker ha hablado muy bién de ti... y he comprobado que has hecho muchos progresos. No se que podremos hacer de ti... esta claro que tienes madera para ser una buena sumisa, y es la opción mas segura para ti. Sufriras abuso, tortura y escarnio, pero una esclava receptora de atenciones tiene menos oportunidades para cometer fallos, digamos graves. Le basta con aguantar... como ya has comprobado. El papel más activo puede parecer más facil... pero si aburres o te haces repetitiva, el castigo final puede ser mucho mayor. Daphne ha sido mi favorita durante meses... pero se ha vuelto comoda, carente de imaginación. Se limita a azotar y emplear consoladores descomunales. Aburre, es el tipo de cosas que una espera encontrar en una pelicula barata. Asi que, querida, mañana por la noche hay Sesión con invitados. Tu y Daphne participareis. Si lo deseas, puedes ser sujeto de sus atenciones durante de 50 a 55 minutos. O si te ves capaz, puedes hacer que ella ocupe tu lugar, y llevar las riendas de la actuación. Eso puede ser bueno para ti si lo haces bien, o muy malo si lo haces mal. Decide, tienes tiempo. Cuando mañana subas a la palestra, deberas optar entre aceptar las cadenas o empuñar la vara de castigo. Un paso importante para ti. Ahora puedes vestirte y volver a tu cuarto.

Yo asi lo hice, dolorida y caminando de puntillas para no apoyar las plantas de los pies en el suelo. No hizo mención a la alfombra que había manchado, lo que me pareció muy alarmante, aunque parezca un detalle menor. Las palabras de la Directora resonaban en mi cabeza... debia tomar una decisión, y no parecia que ninguno de los caminos fuese sencillo. ¿Encontraria la fuerza en mi interior para torturar a otras, tan inocentes como yo, sin volverme loca por el camino?. ¿No seria mejor aceptar el dolor, pero saber que mis manos estaban limpias de dolor ajeno?. Esa noche no iba a ser capaz de dormir mucho...

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