Incesto - Filial - No Consentido

Abusando de mamá

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RESUMEN

Era el auto de mamá así que bajé para ver si le podía ayudar en algo.

Eran justamente las diez de la noche cuando escuché que llegaba uno de los autos de la casa, me levanté pues me encontraba estudiando un poco y salí para ver de quien se trataba. Era el auto de mamá así que bajé para ver si le podía ayudar en algo ya que luego trae cosas y hay que ayudarla a meterlas. Cuando salí al garaje la vi que descendía del auto y apenas y se podía mantener en pie. Corrí para ayudarle y de no haber llegado a tiempo seguramente que se habría caído pues apoyó mal uno de los pies y por poco mide el suelo con su cuerpo.

– ¡Vamos, apóyate en mí! – le dije.

Ella venía vestida con el uniforme de su trabajo que es un traje sastre azul marino, camisa blanca, medias oscuras y zapatillas en color negro. Se apoyó en mi hombro y sentí que me rozaba la espalda con uno de los senos que son grandes y firmes a pesar de haber tenido a dos hijos.

En fin que ayudé a mi mamá a entrar en la casa y apenas entramos ella se tendió en el sofá de la sala sin poder dar un paso más.

– ¿Dónde está tú hermana? – preguntó arrastrando las palabras.– Salió a una fiesta y no creo que vuelva sino hasta más tarde.– ¿Y tu padre?– ¿No te acuerdas que está de viaje?– ¡Ah, si!... Creo que estoy muy tomada ¿verdad?– Solo un poco mamá… Pero no te preocupes ahorita te preparo algo para que te sientas mejor.

Dejé a mi madre en el sofá en lo que preparaba un café bien cargado que la haría volver el estómago y que se le bajara un poco la briaga que traía encima. Regresé a la sala poco tiempo después encontrando completamente dormida a mi madre, estaba semi tendida de lado sobre el sofá con una pierna abajo y la otra arriba cosa que hacía que su falda se levantara demasiado y alcanzaban a verse sus hermosos muslos. Me senté a su lado y la moví para despertarla pero todo fue en vano.

– Creo que voy a tener que llevarte a tu cuarto. – Hablé para mí.

Me puse de pie y me recliné para cargar a mi madre, metí las manos por debajo de su espalda alta y debajo de las rodillas, la cargué y caminé con ella completamente noqueada hasta su habitación, lo más difícil fue subir las escaleras pero afortunadamente lo conseguí sin muchos problemas.

Llegando a su habitación la deposité sobre la cama, la iba a dejar allí recostada y ya me retiraba cuando volteé de nuevo a verla. La falda qué seguía muy arriba me dejaba apreciar esas piernas deliciosas que tantas veces había deseado acariciar. Algo excitado regresé hasta la cama y me senté al lado de mi madre. Admiré sus muslos ocultos debajo de esas medias negras que los hacían verse mucho más llamativos.

No me pude contener y temeroso pero excitado posé mis manos a la altura de su rodilla, lentamente fui subiendo por su pierna hasta llegar al borde de la falda que se encontraba en la mitad de su muslo. Me detuve unos momentos dudando de lo que pretendía pero la excitación fue mucho más fuerte. Mi mano siguió subiendo lentamente por entre sus muslos y llegué hasta su entrepierna, palpé la caliente entrepierna pero lo las medias me impedían sentir bien lo que había de bajo.

Saqué la mano de la entrepierna de mi madre y le quité las zapatillas, sobé los pies delicadamente y ella no reaccionó. La tomé de una de las manos y la hice levantar el tronco de su cuerpo, su cabeza completamente desarticulada caía hacia atrás, estaba completamente noqueada en definitiva. Le quité el saco y pude ver debajo de la blusa blanca el sostén del mismo color que traía puesto. Su cabellera larga de color rubio caía detrás de su cabeza. La recosté nuevamente y sus senos grandes y puntiagudos se elevaban deliciosamente marcándose debajo de la blusa.

Casi temblando llevé mis dos manos a cada uno de los senos, los sobé por varios minutos deleitándome con su forma y firmeza.

Mi verga para esos momentos estaba completamente erecta y me dolía allí oculta debajo de mis pantalones. Me abrí la bragueta y me saqué el duro tronco que se balanceo arriba y abajo, la cabeza ya traía en la punta una gota de líquido lubricante.

Sin perder más tiempo le comencé a desabotonar la blusa y pronto quedaron a la vista los senos de mi madre todavía ocultos bajo el sostén de color blanco que traía puesto, el sostén para mi suerte se desabrochaba por la parte del frente y no tardé en hacer que también esa prenda se abriera y vi por primera vez de bien cerca esos pezones deliciosos y oscuros de mi madre. Los atrapé entre mis dedos y jugueteé con ellos hasta que reaccionaron y se pusieron bien duritos, eran largos y puntiagudos. No tardé en agacharme y mamar de ellos como si fuese un bebé, los lamí sin descanso por interminables minutos mientras que con una mano me masturbaba lentamente.

Dejé finalmente los pezones de mi madre y ahora más caliente y ya completamente embrutecido por la excitación busqué el botón para sacarle la falda, éste se encontraba en la parte de atrás así que nuevamente levanté su cuerpo y aproveché para sacarle la blusa y el sostén. Luego le desabroché la falda y bajé el cierre de la misma. Volví a recostar a mi madre y en esta ocasión solamente tuve que jalar la falda por los costados hacia sus pies. Lentamente fui descubriendo el vientre de mi madre que permanecía oculto por las medias y las pantaletas.

Saqué por completo la falda y seguí con las medias, en esta labor por supuesto puse mucha lentitud pues en cada momento me deleité acariciando las partes que iba descubriendo. Primero sobé el monte de Venus por encima de las pantaletas sintiendo los vellos rizados en la entrepierna de mamá. Estaba caliente y su olor era delicioso. Continué bajando lentamente las medias y acariciando los muslos y las pantorrillas de mamá muy delicadamente. Al final las medias terminaron también fuera de su cuerpo.

Ahora tenía a mi madre solamente con las pantaletas pero éstas tampoco iban a tardar demasiado tiempo sobre su cuerpo. Meto los dedos entre el elástico y la piel y las jalo lentamente descubriendo los vellos castaños de su vulva, la forma es deliciosa y debajo descubro los rosados labios vaginales que me invitan a realizar las locuras más increíbles que alguien se pueda imaginar. Finalmente dejo a mamá completamente desnuda y no espero para hacer lo mismo.

Mi verga está a punto de reventar, larga y gruesa como nunca me la comienzo a menear lentamente mientras la observo allí tendida sobre su cama completamente desnuda.

Me agacho un poco a su lado para rozar los labios de su boca con la punta de mi glande y ella sigue sin reaccionar mientras que yo le muevo la verga sobre la boca.

Me levanto nuevamente ahora para intentar algo mucho mejor pues le abro el compás de las piernas y a mi vista queda completamente su rajada, se nota algo abierta por la posición en la que la he acomodado. Mis dedos se pasean por los pliegues de los labios vaginales, juego con ellos, los admiro y los olfateo. Me voy recostando lentamente hasta que mi cara queda completamente sobre la vulva de mi madre. No me puedo contener por más tiempo así que pego lo labios a la panocha y comienzo a mamar despacio metiendo mi lengua entre los pliegues, descubro los labios externos para poder ver los internos y también le paso mi lengua por allí. Busco con mi lengua su agujero y no tardo en estar bien dentro del mismo agujero por donde alguna vez salí. Mi lengua gira y busca las rugosidades interiores de la vagina, pronto siento que los líquidos de mi madre comienzan a manar y noto algunos movimientos de su cuerpo; movimientos que no son de peligro así que sigo mamándole la panocha sin preocuparme más que de satisfacer mi morbo y calentura.

Mientras la mamo llevo las manos hasta los senos y continuo jugueteando con los pezones, más movimientos de su cuerpo, siento que mi madre pone las manos sobre mi cabeza y yo levanto la mía para ver si ella está mirando pero enseguida me doy cuenta de que solamente está gozando pero sin saber de quien se trata pues sigue completamente perdida en su embriaguez. Mamo con toda la experiencia que tengo y finalmente consigo que mi madre se venga en mis labios, bebo toda la miel que expele en mi boca y oigo algunos leves gemidos escapar de sus labios.

Me levanto, ella sigue con los ojos cerrados pero indudablemente ha disfrutado de la venida. Me monto sobre su cuerpo y apunto mi verga contra la vagina, lentamente la comienzo a penetrar sintiendo el calor que su vagina me transmite mi respiración se agita a su máximo y no me puedo contener más. Suelto una poderosa descarga de semen dentro de la vagina de mi madre, no me había movido ni dos veces y toda la crema se escapa de mis bolas. Las sensaciones de ese orgasmo son tan intensas que todo mi cuerpo se eriza y creo que voy a desvanecerme. Empujo la verga bien adentro de la concha de mi madre y siento como me aprieta el miembro deliciosamente. Obviamente no quería eyacular tan pronto pero la situación es tan candente que no pude más.

Beso a mi madre y trato de meter mi lengua en su boca, me cuesta trabajo pero no tardo en sentir su lengua y muevo la mía dentro de su boca. Ella entonces medio recobra la vida y me responde el beso.

No sé lo que piense mi madre ni de quien piense que se trata pero yo aprovecho la situación y sigo besándola. Afortunadamente no perdí la erección en ningún momento y mi verga sigue profundamente clavada en su panocha.

Lentamente comienzo a mover las caderas sintiendo en el glande los recovecos más profundos de la concha de mi madre. Los movimientos se hacen cada vez más rápidos y afortunadamente gracias a la primera venida en esta ocasión no es tan fácil que eyacule de nuevo. Siento los brazos de mamá enredarse en mi espalda y su lengua me sigue respondiendo.

Mi mamá suelta mis labios y gime, escucho entre palabras incoherentes un nombre que no alcanzo a entender bien pero no dejo de moverme. Mamá se está viniendo y me pide más, bueno no a mí pero pide más. Sigo moviendo mis caderas y ella torpemente trata de rotar las suyas y suelta más gemidos y palabras que no logro entender.

Algo si es seguro, mamá no dijo el nombre de mi padre así que supongo que estaría pensando en algún amante que tiene.

Siento que en esta posición hay peligro de que ella abra los ojos y sepa que el que la coge no es otro que su hijo así que decido detenerme y cambiar de posición. Me recuesto a un lado de ella y la giro a modo que me dé la espalda. Me acomodo pegando mi cuerpo al suyo sintiendo mi verga entre esas deliciosas nalgas. Agarro mi verga y la guío a su vagina mientras que con la otra mano le levanto una de las piernas al aire. Empujo mi garrote profundamente de nuevo en su panocha y la comienzo a bombear.

Mamá lleva una de las manos para atrás agarrándome por la nalga y yo sigo moviéndome sin descanso. La abrazo y al mismo tiempo le sobo uno de los senos con mis manos. Le beso la nuca y los oídos, ella gime y menea sus caderas, también veo que abre los ojos pero luego de unos instantes los vuelve a cerrar sin voltear. Está mi madre llegando a un nuevo orgasmo y yo ya no me contengo por más tiempo, suelto nuevamente mi semen dentro de la vagina que me vio llegar al mundo y siento una intensísima satisfacción.

Poco a poco comienzo a detenerme y bajo la pierna de mi madre, mi verga sigue dentro de su concha caliente. Pierdo la erección y me salgo de su cuerpo, ella trata de voltear para besarme y le respondo. Después del beso ella se queda así de lado y se vuelve a quedar dormida.

Ha llegado el momento de limpiar las pruebas del abuso que he cometido así que voy al baño por algunas toallas húmedas para bebé y regreso a la habitación. Mi madre sigue recostada de lado, le veo ese delicioso culo y abajo del ano sus labios vaginales ahora rosaditos por la reciente cogida, mi leche y sus jugos escurren por el muslo que está debajo, su ropa está regada por la habitación. Dejo las toallitas en el suelo y comienzo a recoger la ropa, la acomodo en un banco que está a un lado del buró. Recojo mi ropa también y la dejo echa bolita en la entrada de la habitación.

Me hinco detrás del cuerpo delicioso de mi madre y saco un par de toallitas húmedas, me dispongo a limpiarla cuando escucho que alguien está abriendo la puerta de la entrada. Enseguida recojo las toallitas, apago la luz de la habitación de mi madre y recojo mi ropa. Me apresuro a llegar a mi habitación pues escucho los tacones de mi hermana subiendo las escaleras.

Ya encerrado en mi habitación escucho como mi hermana se encierra en su cuarto por algunos minutos y luego sale hacia el baño, hace sus necesidades y luego se ducha. Mas tarde regresa a su habitación y se duerme. Yo quiero limpiar el cuerpo de mi madre pues si despierta con mi semen se va a dar cuenta de que algo sucedió.

Son ya las dos de la mañana cuando quiero entrar en su habitación y de pronto veo por debajo de la puerta que se enciende la luz, corro de regreso a mi habitación y escucho a mi madre volviendo el estómago en el baño.

En definitiva no pude limpiarla.

Es sábado por la mañana y me encuentro desayunando junto con mi hermana, mi preocupación aun no termina, escucho en la parte de arriba que mi madre ya se ha despertado y que se ha metido en la ducha. Mi hermana me platica de su fiesta pero yo estoy muy preocupado por lo que piense mamá y no la escucho. Después de un buen rato baja mi madre con un talante pésimo, la noto distante y molesta.

No menciona nada durante el día pero sé que ha descubierto lo sucedido por su actitud. Conversa con mi hermana pero a mí ni siquiera me toma en cuenta. El domingo mi hermana se va a pasear con sus amigas y yo me quedo solo con mi madre, no me atrevo a mirarla a la cara mientras miramos la televisión en la sala.

De pronto ella estira la mano con el control remoto en ella y apaga la televisión.

– ¡Lo que hiciste no tiene nombre! – suelta finalmente.

Yo no sé que contestar, se nota en su voz un odio que nunca le había conocido.

– A partir de este día no quiero que me vuelvas a dirigir la palabra… entiendes?

Solamente quiero que lo hagas para lo necesario. – dijo mirándome con ojos que soltaban fuego.

– Entiendo, y perdón – dije finalmente apenas con un hilo de voz.

Me levanté y me dirigí a mi cuarto.

Efectivamente desde ese día mi madre no se digno dirigirme la palabra ni por error y así pasó toda una semana.

Mi padre regresó el lunes y afortunadamente mi madre no le comentó nada de lo sucedido, las cosas continuaron en la casa su curso normal frente a mi hermana y mi papá, pero cuando me encontraba a solas con mi madre ella me aplicaba la ley del hielo, yo sabía que no era para menos y me sentía mal por eso aunque en verdad no me arrepentía de haber cogido con ella, lo único malo es que nunca más iba a volver a repetirlo.

Así pasó casi un mes y mi padre nuevamente tuvo que salir de viaje, era nuevamente un viernes por la noche y mi hermana me avisó que llegaría tarde. Estaba de nuevo solo en casa estudiando y eran las diez de la noche nuevamente cuando se escuchó el auto de mi madre llegando.

Me asomé a la ventana de mi cuarto solo para mirarla bajar con ese lindo uniforme pero tras esperar algunos minutos mi madre no bajaba. Me sentí un poco intranquilo pero tampoco deseaba molestarla si es que se encontraba con alguien.

Regresé de nuevo a mis ocupaciones y pasó media hora sin que ningún ruido me avisara de la presencia de mamá en casa. Preocupado me volví a asomar y no noté ningún movimiento, bajé y me asomé. Mamá se encontraba en el interior del auto y al verme abrió la puerta.

– ¿Qué?... ¿A caso no piensas ayudar a tu madre a bajar del auto? -dijo mi madre arrastrando la voz.

Cuando mamá dijo eso una gran sonrisa se dibujó en mi rostro, abrí completamente la puerta del auto y la ayudé a bajar.

La verdad me sentía bien de oír nuevamente la voz de ella, a pesar de que fuera en ese estado, repetí lo mismo, la subí a su recamara y la acosté en su cama, me dispuse a salir cuando oí su voz.

-¿No me vas a ayudar con los zapatos?

Yo solo la mire y me acerque a ella, y le saque los zapatos, le jale las medias y se las quite.

-Ya es suficiente-dijo un tanto perdida.

Yo me aleje y salí del cuarto, baje a la sala y me puse a ver la tele, pasarían alrededor de 30 min. y mientras veía la tele, recordé que me encontraba en una situación similar a la vez pasada y pensé "si ya no me habla, porque no me aprovecho de la situación".

Subí y toque la puerta, y al escuchar que no se inmuto, entre y me acerque a ella, le desabroche su blusa y nuevamente le quite el sostén, bese sus pezones, los mordisqueaba y jugaba con ellos, baje a su entrepierna y le desabroche su falda, se la saque y empece a bajar sus pantaletas, cuando estaba a punto de lamer su vagina, levanto su torso y se apoyo en sus codos.

-¿De verdad estas dispuesto a dejar que te deje de hablar, con tal de cogerme cuando puedas?

Yo me quede mudo, pero en un último esfuerzo de valor le dije.

-Tu ya no me hablas así que no pierdo nada.

Su expresión era un tanto de enojo, pero desvío su mirada hacia mi pantalón el cual estaba a punto de reventar y dijo "de acuerdo".

Me tomo por los brazos, me acerco a su rostro y me dijo.

-Esta bien, hazme tuya.

Esas palabras me inspiraron y me anime, la bese largamente en la boca, jugando con nuestras lenguas, mientras pellizcaba sus pezones, baje hasta su entrepierna y le comencé a lamer sus vagina, esta muy húmeda, así que le metí dos dedos y comencé a estimularla, ella soltaba pequeños gemidos, estaba gozando al igual que yo, sentí como sus fluidos me inundaron por completo y un gemido me estremeció "aaaahhhh", me levante, me saque el pene y se lo restregué en su entrada, lo pasaba de arriba a abajo con tal de hacerla sufrir un poco, y ella dijo.

-Ya metérmela, que esperas.

La tome de las cadera y se la clave de una, ella solo un leve gemido y entonces comencé con el mete saca, ella movía sus caderas en círculos, haciendo que cada que se la metiera Lograra entrar mas profundo, cuanto sentí venirme, pare un poco y me acosté en la cama, la tome por la cintura y la monte encima mía, y me hizo una cabalgata espectacular, podía ver como sus pechos botaban, así que me corrí abundantemente dentro de ella, ella cayo encima mío y se durmió, yo me levante y le di un beso, tome mis cosas y salí de su cuarto.

Hasta la fecha ha sido una vida rutinaria y triste, porque a pesar de poder coger con mi madre cuando quiera y hacerla mía, es una vida vacía cuando estamos en familia, sin cruzar palabra.

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