Dominación - Fetichismo

Relato erótico

Metamosfosis Femdom: Transpasando el umbral (6)

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RESUMEN

Parte 6. Han pasado dos semanas de sumisión literalmente bajo los pies de mi Ama Wanda, ... pase a ser su esclavo en toda regla, y en la segundame transforme en su objeto...en la ciudad de las mujeres. Ahora ¿Qué sigue?

3. Traspasando el umbral

 

Han pasado dos semanas de sumisión literalmente bajo los pies de mi Ama Wanda, en la primera jornada de iniciación pase a ser su esclavo en toda regla, y en la segunda jornada me transforme en su objeto, prestado y alquilado en la ciudad de las mujeres.  El problema del FemDom y de los “juegos” BDSM no es satisfacer el morbo y realizar las fantasías, la vida es larga y finalmente se alcanzan, el problema es cuál es el umbral para detenerse,

El fin de semana, luego de aquellos sucesos con la señora G, que me obligaron a tragar el semen derramado por otro, y que aun me perturba; y de aquellos esporádicos eventos de alquiler y préstamo de mi sumisión a otras Amas, no puede sino calificarse de sorprendente.

Era sábado, y ya había realizado las labores de domestica en forma tan cruel y humillante, que el morbo que me generò convirtió la faena doméstica en un juego excitante del mejor BDSM. Planchar la ropa estando parado sobre chapas lacerantes, amordazado y con pinzas sujeta-ropa colocadas en diversas partes del cuerpo. Fregar el todo el piso en cuatro patas con un cepillo pequeño mientras de cuando en vez recibes los azotes de tu Ama y la continua violación de un vibrador.  Lavar la ropa de tu Señora de rodillas en el patio, vestido como esclavo, amordazado y casi a la vista de cualquier vecino curioso.

Finalmente lamer y relamer el sexo y los pies de mi Ama de  Wanda, aun sin bañarse, mientras habla distraídamente por teléfono

-“claro mi amor, nos vemos como a las 9:00 en el Bar …y asistirán… un besote buenote”

Escuchar esa conversación hubiera ocasionado una escena en cualquier pareja, incluso en mi genero un ataque de celos e inconcientemente pare un instante de lamer los pies de Wanda.

Entonces mi Ama, apartando ligeramente el auricular, tomo su látigo y lo blandió fuertemente sobre mi cuerpo acurrucado a sus pies, y exclamó:

-“vamos perra, sigue lamiendo mis pies”

Y continúo hablando por teléfono:

- no pasa nada mi amor, mi esclavita parece que me cela de ti, ja ja ja, y tuve que azotarla para que siguiera lamiéndome los pies…”

Me sonroje aun mas, pero la forma evidente de dominación era tan humillante que redoble con esmero la labor de mi lengua febril sobre el empeine y los talones de mi Ama.

Cuando culminó de hablar por teléfono me indicó:

.”Saldré esta noche con unos amigos y me esperaras en tu mazmorra como buen perro que eres”

No escuche mal, dijo amigos con O, no amigas con A; ello me hizo palidecer mas y confieso que casi no pude dormir mientras la esperaba.

No, la causa de mi insomnio no fueron las pinzas en mis tetillas que casi siempre llevaba puestas, tampoco el arné de cuero y las pinzas en los testículos, ni el vibrador en el culo, pues llevo mas de quince días durmiendo así. Tampoco fue por la posición pues atado en el piso en forma de cruz, boca abajo era la posición si se quiere menos incomoda para conciliar el sueño (al menos se está acostado). Concluí  que no me dejaba dormir la posibilidad de que mi Ama Wanda estuviera con otro hombre, pero ¿acaso yo no había estado con otras mujeres? Era distinto, lo había hecho por ordenes de ella ¿solo por eso? Y en todo caso no hubo penetración ¿y acaso la fidelidad depende de la penetración?. Si fuera el caso a mi también me habían penetrado y violado, incluso en su presencia ¿Cuál es entonces la diferencia?.  ¿Acaso Wanda no había ya tenido sexo con otras amigas como la señora C?, pero era distinto porque era con una mujer ¿en verdad es distinto?. Esas fueron algunas de las interminables reflexiones que hice, y no hice mas nada porque estando como estaba en el cubil ¿Qué mas podía hacer?.

La sentí llegar, entró directo al cubil, tenia buen animo, no sin antes saludarme con un par de latigazos que casi me hacen saltar.

-“Levántate holgazán, que son casi las ocho de la mañana”

Mi cara se puso roja y pensé ¿Cómo que las 8, o sea que no paso la noche aquí?

Debiò adivinar la expresión de mi rostro, porque enseguida me arrastro hacia el centro de la habitación, sujeto mis pies entre si con los grilletes que llevaba puestos e hizo lo mismo con mis manos colocadas hacia delante y comenzo a azotarme.

 -“ni se te ocurra abrir la boca, la única explicación que te daré serán los azotes d mi fusta  y la única cuenta que te entregare es esta…“

Zas!, zas!, Zas! Y uno tras otro fueron cayendo unos 40 latigazos que casi me hacen caer de bruces. Las piernas me temblaban y el rubor anterior de mi cara se trunco de una palidez blanca solo coloreada por las lágrimas del dolor contenido y de los alaridos ahogados por la mordaza.

-“ven, me he acordado de ti y me vine descalza, también porque no aguantaba, baile hasta casi la una de la mañana, je, je, je” “además te traje un regalito, que esta en mi cartera”

Y tirando de la correa del cuello me llevo hasta el sofá, me extendió sus hermosos pies especialmente llenos de polvo con las plantas ennegrecidas hacia mi y me quitó el cinturón de castidad, al tiempo que sacaba de su cartera una servilleta arrugada como envolviendo algo adentro.

-“Hoy es domingo y no te toca eyacular, pero haré una excepción , te dejare que te masturbes mientras me limpias los pies, pero primero mojare un poco la tierra reseca”

Y extrayendo de la servilleta un condón o preservativo usado, restregó el semen desechado en el preservativo sobre las plantas de sus pies y las coloco inmediatamente en mi rostro y en mi boca, a la vez que me azotaba con el látigo

-“Acostúmbrate, tendré sexo cuando y con quien me venga en gana, y en todo caso tu solo tendrás mis desechos y los de mis amantes, cabròn!, esclava marica y guarra comemierdas”

Y continuo azotándome con fuerza mientras yo lamía frenéticamente aquella mezcla de tierra y semen en los pies de mi Ama. Mis dudas se despejaban, y los celos a los que tanto temía, se evaporaron al saber que, a pesar de todo, mi Ama me usaba como de seguro no usaría a ningún otro de sus amantes con los cuales había tenido sexo.  Quizás por eso, quizás porque ya había probado el semen de otro en mi encuentro con la señora G, o quizás porque me excitaba los azotes y la humillación, lo cierto es que eyacule muy copiosamente, quedando desfallecido por minutos.

Wanda entendió eso, y en una muestra de verdadero amor me dejó quieto por un rato allí, derrotado y admitiendo su superioridad de mujer liberada. Por supuesto que pasado esos instantes, se mojó nuevamente los pies, aun no completamente limpios, en mi copioso semen derramado y nuevamente me los ofreció para que devotamente los honrara.

En las horas siguientes, haciendo las faenas del hogar, vestido como esclavo por supuesto, de nuevo con el cinturón de castidad y el  un vibrador en el culo, me mostré alegre y radiante, y mi Ama Wanda lo advirtió.

-“¿Estas contento esclavo mió?

Me arroje a sus pies, en señal de asentimiento, restregando mi s mejillas en los empeines de sus pies, puesto que la mordaza no me dejaba contestar.  Wanda lo entendiò.

_”te has ganado mi marca de esclavo, así que saldrás conmigo esta misma tarde”

Me emocioné, en mas de quince días no habíamos salido juntos, así que no me imaginaba esa situación desde que me  comenzó este Fem Dom 24-7, vale decir esta situación de dominación permanente las 24 horas los siete días de la semana.

En efecto pasado el mediodía, me puso la cadena en el collar y me llevo hasta el auto, hube de seguirla en cuatro patas cual mascota, me atribulaba que no llevaba puesta yo ropa alguna y que mi Ama bien vestida  tenia en su mano un látigo de dos colas.

Abrió la puerta del auto y lo encendió, y a continuación abrió la cajuela, no fue fácil acomodarme allí, era un poco incomoda y me golpeaba cada vez que el auto giraba en alguna curva. La oscuridad me preocupaba menos que la posibilidad de asfixia,  hasta que advertí que mi Ama tuvo el cuidado de verificar que había ventilación por un par de orificios que daban al asiento trasero.

En el camino se detuvo dos veces, en la primera sentí que se manipulaba no una sino dos puertas del auto, y deduje que tendríamos compañía, En la segunda ocasión estábamos a un lado de la autopista, lo se porque abrió la cajuela, me hizo bajar asi cuasi desnudo, quito mi mordaza y me hizo tenderme en el piso entre el auto y la defensa del hombrillo de la autopista, de modo tal que quedara semioculto de los vehículos que transitaban esa tarde soleada por allí.

El frescor del día me devolvió el ánimo, pues sudaba copiosamente y tenia mucha sed por la perdida de liquido. Afortunadamente Wanda es muy inteligente y seguro supuso que necesitaba liquido porque de inmediato se paro sobre mi y me orinó primero en la boca y la cara y luego continuo caminando hacia mis pies bañándome por completo. 

Escuche risas en el auto, pero no adivine quienes nos acompañaban por los vidrios ahumados de las ventanas que permiten ver hacia fuera pero no a la inversa.

Dos latigazos me indicaron que debíamos continuar y me apresure a acomodarme nuevamente en la cajuela.

Recorrimos un trecho largo de autopista, debíamos estar en las afueras de la ciudad., y luego, por los baches del camino de seguro que se trataba de una vìa secundaria.

Paramos y mi Ama Wanda me hizo bajar, ahora frente a la entrada de alguna casa de campo, porque estaba justo  bajo un portal que conducía a un camino pedregoso, al fondo del cual , estimo un poco menos de un kilómetro, había una casa modesta pero bonita.

_”Esclavo tu te quedas aquí, nosotros seguimos en el auto y te esperamos en la casa, no te tardes mucho, je,je,je”

Dijo esto mientras ataba mis muñecas al collar del cuello y unía entre si las cadenas de mis tobillos. Caminar hasta la casa me resultó interminable debido a que solo podía dar pasos muy cortos, lacerando continuamente las plantas de mis pies con el contacto con el camino empedrado y que, con el sol de media tarde, quemaba tanto la arena como las piedras. Tenia muchas ganas de orinar y hube de hacerlo en el medio del camino, en forma mas difícil que de costumbre porque mis manos estaban atadas  a la nuca, me moje todas las piernas y el cinturón de castidad goteaba resto de orine intermitentemente.

Cuando finalmente llegue a la casita, mi Amada Wanda departía en el hall con otras tres amigas.  Me acerque a ellas y como pude me tendí a sus pies, mi Ama me quito la mordaza para que honrara a cada una de ellas lamiéndoles sus pies, tarea que me demoraba porque a todos los cubría el polvo del camino, una arena medio amarillenta, que al contacto con el agua  o el sudor adquiría rápidamente un tono marrón característico.

Mi Ama me arrastró de rodillas en medio de todas, en lo que parecía ser un tenderete dominical, con abúndate comida asada y bebidas. Al final de la estancia se podía ver una barrillera con carbón. Mi Ama Wanda me presentó:

-“Este espécimen se llama lamepies y le daremos la bienvenida, por  turnos cada una le dará media docena de azotes, la primera que le rompa el culo se lo gana para usarlo”.

 Increíblemente, me estaba subastando, y de inmediato me vi amarrado a un potro en el patio, con el sol de la tarde bañándome la cara. Mi culo fue desprovisto del vibrador y del cinturón de castidad y en una organizada ceremonia, aquellas dAMAS se alternaron para propinarme los azotes con una vara de bambú, eran azotes muy precisos, espaciados y fuertes. La falta de mordaza me hacia emitir gritos cada vez mas estetóricos, que les aumentaba el frenesí y los aplausos. Participaron tres o cuatro flageladoras y mí Ama Wanda hacia solo las veces de directora de orquesta de aquella especie de piñata FemDom, para ver cual de ellas sangraba mi culo. Llegue a desear que brotara sangre rápidamente para detener ese suplicio; al cabo de un rato finalmente mi piel enrojecida y amoratada dejo ver un hilillo de sangre que detuvo la flagelación y se dio por  ganadora a mistress L. Una delgada y experimentada Ama, lesbiana e introvertida.

Me frotaron las nalgas con hielo, y cuando los pedazos se derretían casi por completo lo iban metiendo en mi ano, ocasionándome débiles gemidos que les hacían reír.

Mi Ama fue mas compasiva, viendo mi sufrimiento acercó una silla frente al cepo, me levantó el mentón y me escupió la cara varias veces, y luego restregó sus pies descalzos y polvorientos en mi cara. Esa humillación era también una caricia para mi y me permitió aguantar la orgía frenética con la cual se divertían las señoras, violándome alternativamente con un palo de escoba, látigos y cualquier instrumento alargado.

Acordaron que me entregarían a Mistress L luego de la ceremonia, cosa que francamente no entendía.

Me liberaron y me bañaron de pie con una manguera, el agua estaba helada, y me permitieron hacer caca, la forma soez y directa me apenó muchísimo

-“Idiota cava con tus manos un hoyo en el patio cerca del árbol”, orden dada por una de ellas, que parecía la dueña de la estancia, y que acompañó de un par de sonoras bofetadas cuando estaba en posición de sumisión arrodillado frente a Ella.

No fue fácil abrir un hoyo en ese lodazal, termine completamente sucio, y con la uñas y dedos malogrados, cuando termine  se juntaron a unos pocos metros de allí a observarme y ordenaron

-“hace tu caca esclavo”

Era muy degradante tener que hacer las necesidades en público y mas aun con la mofa de esas señoras desconocidas para mi, pero al final lo logré, y tuve que tapar los desechos con tierra como hacen los gatos.

Una de ellas gritó

-“A ver perrito limpia tu culo  en cuatro patas restregándolo en la tierra”

Aquella orden y la escena que siguió, donde un tanto inútilmente restregaba mi culo maltrecho por los azotes contra la arena y piedras del terreno, arrancaron desenfrenadas carcajadas, transformándome de esclavo, sirviente y objeto a suerte de mono de circo, en un aquelarre de supremacía Fem Dom

Finalmente al caer la tarde, comenzó la llamada ceremonia frente a la paila con carbón.

Me permitieron asearme y limpiar un poco mis prisiones de cuero que pendían de los tobillos y las muñecas, me indicaron que acomodara bien las cadenillas en mis maltrechos pezones, previamente frotados con hielo. Se me colocó nuevamente el arné de cuero en el pene y el cinturón de castidad. Se me permitió tomar agua echado en el piso y saciaron mi hambre con algunos no tan despreciable trozos de carne de parrilla sobrantes, algunos medio masticados pero me supieron deliciosos.

Mi Ama  Wanda que se había ausentado por momento reapareció esplendida:, a lo lejos, así que tuve tiempo para detallarla y volvió a endurecerse mi pene, flácido desde la cruel azotaina que me hizo sangrar las nalgas.

Vestía unos pantalones de cuero negro ceñidos a los tobillos y la cintura, y un top de cuero que dibujaba muy bien sus redondos senos, usaba unos guantes de cabritilla que le enfundaban los brazos casi hasta los hombros, estaba bien maquillada con su cabello negro suelto al aire como leona y caminaba exquisitamente descalza hacia mi, jugueteando con un pequeño látigo flexible de dos hebras en forma de “lengua de culebra” o látigo bifido.

Habían colocado una mesa con mantel en el centro del patio, sobre ella había un zapato negro usado, de tacón  y una copa de cristal; también un collar (que estime sería para mi) y algunos trípodes con cámaras de fotografía o video-filmadoras.

Recién descubrí entre las presentes algunas caras conocidas, la señora G y su marido, la terrible señora M y la señora C con su empleada domestica. Esta última y el marido de G parecían atareados arreglando los detalles, además de la dueña de la estancia, misstress L y su novia.

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