Dominación - Sadomaso

Una esclava inesperada - Reencuentro fugaz III

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RESUMEN

Final y despedida...

He aquí el final de ese pasado, pero rico encuentro entre Ga y un servidor…

Después de aquella cogida de antología, Ga no respondía mis mensajes o las repetidas llamadas que le hacía… Fue un verdadero martirio que duró, ciertamente, unos cuantos días… unos angustiosos y ansiosos días. Literalmente me sentí utilizado…

De quien sí recibía respuesta era de “A.C.” alias ELENA… y justamente cuando había quedado con ella e intentar arreglar todos nuestros malentendidos, recibí un mensaje de Ga diciéndome que quería verme. El día que alguien entienda a las mujeres, que me explique por favor… Aun así, no podemos vivir sin ellas…

Como había dicho en el relato anterior, a pesar de que el sexo con Ga es alucinante, yo amaba a esa mujer y sólo quería estar con ella. Sabía que se iba a ir al cabo de unos días y eso me partía en millones de pedazos; sin embargo, era inevitable y ansiaba pasar unos últimos momentos de calidad con ella (hasta hoy, esa fue la última vez que la vi y supe de ella… y hasta la fecha no he sabido nada de ella… ni por el famoso “face”… y créanme, he buscado durante muchas horas... días… y seguiré buscando…)

Y por otro lado también estaba Elena. Esa mujer tan despampanante, intensa y… bueno, tantas cosas… Vaya que estaba en una situación complicada… muy complicada… Sin embargo, en esta ocasión la vida me preparaba un revés que no esperaba.

Sábado. Hacía un día lluvioso y frío. La Ciudad de México era un caos vial de magnitudes inimaginables. Las calles estaban vacías, en contraste con las avenidas atestadas de automóviles. Tras 2 días de infructuosa insistencia, Ga se comunicó conmigo y quedamos para ese día. Elena me había cancelado, así que tenía el día libre. Y justamente ahí me encontraba yo, atorado en el viaducto y con una mujer engullendo de manera golosa mi firme miembro en medio del tráfico.

—Vas a hacer que choque – le dije

—¿Cómo vas a chocar, si no nos movemos? – respondió Ga sacándose mi miembro de la boca. – Si bien qué te gusta…

—Ya casi llegamos, así que detente ya. Cuando estemos arriba ya terminarás

—Es que tengo un buen de ganas de tu leche mi amor – dijo Ga de una manera extremadamente golosa

—Sólo espera a que nos den la habitación y si quieres hoy termino todas las veces en tu boca – le insté

—No, quiero tu leche ahorita. Quiero semen y lo quiero ya. – sentenció de manera caprichosa sin dejar de masturbarme.

—Ga, no voy a repetírtelo, hasta que estemos en la habitación del hotel. – expliqué de manera autoritaria. – No puedo creer que haya tanto tráfico a las 12 del día… bien, por fin llegamos a Tlalpan…

—Ándale papasito, concéntrate y dale a esta zorrita su leche. – me rogó

—Esto te va a costar una buena tunda en tu vulva. – le respondí y la tomé con fuerza por el cabello y la retiré de mi inhiesta verga. – Entiende que no, ya casi llegamos al hotel…

—Está bien, está bien… - concedió, pero agregó. - ¿Y si sólo es una meadita? También tengo ganas de eso…

—Serás zorra… - dije sonriendo y excitado. La verdad es que me estaba muriendo por ir al baño así que le concedí aquello. – Pero tienes suerte porque muero por ir al baño. Aunque tengo la vejiga bastante llena, así que será una meada algo larga.

No había terminado de hablar cuando ella ya tenía mi verga nuevamente en su boca. Mamaba como una posesa y sin más me dejé llevar por el momento y comencé a orinar en su boca. “No lo voy a hacer gradualmente porque tengo muchas ganas. Si derramas algo, te va a costar una buena zurra… pero me excita demasiado cuando te bebes mis meados… eres una enferma”.

Terminé de orinar justo cuando veníamos entrando al estacionamiento de un hotel que está en frente de un circo y sobre la calzada. Me abroché el pantalón mientras ella se relamía y me agradecía. Al entrar al estacionamiento fue una sorpresa que alguien se nos acercara.

—¿Vienen al hotel? – nos preguntó un señor y al ver que asentíamos dijo. – Uy joven, ya no hay lugar.

—Ni hablar – dije sin dirigirme a nadie. Metí reversa y probé suerte en otro hotel.

Por esas cosas del destino, de los 4 o 5 hoteles que conocía, ninguno tenía habitaciones disponibles y las que estaban disponibles eran demasiado caras, así que nuestro día de carnalidades se vio frustrado. Por un lado, aquella situación no me molestó en absoluto. Como dije, yo quería pasar tiempo con ella... no quería sexo... quería simplemente pasar el tiempo con ella. Sin embargo, a ella le hacía feliz el sexo y como lo único que yo quería era hacerla feliz, pues…

Debido a que por aquellas épocas estaba escaso de dinero, decidimos ir al cine (que en esos tiempos era más barato que hoy en día…) con la promesa de que al menos ahí podría hacerme un oral y yo podría dedearla… ya saben… el morbo de hacer perversidades en un lugar público.

Nos dirigimos a un cine que se encuentra en la colonia Roma, en una plaza bastante pequeña y que se encuentra sobre la avenida Insurgentes, casi frente al parque México. No sé por qué decidí ir a esa plaza en específico. El punto es que cuando estábamos comprando los boletos, me pareció oír una voz familiar. Y ahí estaba ella. Elena compraba algo en la dulcería del cine.

—Por favor se discreta y sígueme – susurré a Ga mientras automáticamente me escabullía de la periferia de la visión de Elena.

—¿Qué pasa? – preguntó Ga extrañada

—¿Ves a esa chica de ahí? – le pregunté señalándola con la cabeza

—¿La de mezclilla y camisa de puntitos negros?

—Si… bueno, ella es… Elena…

—¿Elena la de…?

Creo que aquel fue mi primer error. Los celos surgieron como una bomba en el semblante de Ga, pero no dijo nada, aunque su molestia era palpable. Pero yo también experimenté aquel funesto sentimiento: Elena no estaba sola.

Su hermana estaba a su lado izquierdo y al derecho había un tipo que no reconocí y que después descubriría su nombre… mucho después… Se sentaron en una mesa y esperaron. Lejos de su mirada, Ga y yo observábamos en un silencio incómodo, pero jamás roto. En ése momento, Elena sacó su celular, tecleó algo y al minuto siguiente el mío vibró por un mensaje que decía: “TE EXTRAÑO, PERDONA QUE NO NOS HAYAMOS VISTO, ME SURGIÓ ALGO. ESPERO PODAMOS HABLAR MAÑANA.” Estupefacto, levante la mirada y el tipo le tomó la mano… y la besó…

Ella guardó su celular y le sonrió, mientras que su hermana se distraía leyendo un libro. No sé cuál era mi cara en esos momentos, pero supongo que Ga lo notó, porque fue ella quien rompió el silencio.

—¿Estás celoso? – me pregunto con un dejo de suficiencia.

—¿Por qué la pregunta? – respondí preguntando – Creí que eras tú la que estabas celosa.

—A ver cabroncito – espetó tomándome del hombro y volviéndome hacia ella – vamos a ser honestos aquí. ¿O.K.? Ya nos conocemos bastante…

—O.k. – concedí a regañadientes y con un poco (mucho) de mal humor – Sí, estoy celoso y… mmm… raro…

—¿Raro? ¿Raro en qué sentido?

—Pues ella me dijo que no podía porque tenía mucha tarea, pero que mañana nos veríamos para arreglar lo nuestro…

—¿Y tú qué con eso? ¿Eres un santo no? – añadió sarcásticamente

—¿A qué te refieres? – inquirí mientras sentía que mi molestia aumentaba.

—Pues que tú tampoco vender peras, mi rey, porque estás conmigo – repuso con sorna.

—¿Y eso que tiene que ver? – respondí ofendido – Ella y yo no somos nada. Estoy en mi pleno derecho de hacer lo que me venga en gana.

—Entonces ella también está en su derecho.

Aquellas palabras me calaron. Más porque tenían toda la razón. Me molesté conmigo mismo por ser tan infantil y egoísta. Pero me sentía mal. Fuera de eso, Elena me había mentido y estuve tentado a confrontarla. Sin embargo, por alguna razón, seguí en mi posición infantil y egoísta y actué en consecuencia de dichos sentimientos. Aunque me quedé un rato en silencio y le di la razón a Ga, saqué mi celular y le mandé un texto a Elena.

“Yo también te extraño… ¿Qué haciendo?” (YO)

“¿Estoy algo ocupada, pero en la noche te marco vale?” (ELLA)

“O.k.” (YO)

Aquello no hizo sino enfurecerme un poco más. Aunque, en un sentido estricto nunca me mintió… sin embargo…

—Tengo una propuesta que hacerte – me dijo Ga al cabo de un rato

—Soy todo oídos – le respondí.

—Mira, sé que yo no tengo por qué estar celosa, pero la verdad es que contigo es imposible no ser celosa. Tú y yo no somos nada, pero alguna vez fuiste mío y me encela que no te pongas como te pusiste ahorita con ella… Sí, estoy celosa y sabes cómo soy. Si quiero, puedo ser culera y yo decido con quien soy así y con quién no. – me confesó Ga – Y dado que esa vieja te está mintiendo, yo diría que no vale la pena, pero se ve que si la quieres…

Cuando Ga terminó por contarme su jugada no pude evitar sonreír. Era una jugada infantil y tonta y causaría bastante daño, pero si ella tenía razón, vería un poco más claro en toda aquella situación.

Por esas cosas de la vida, ellos entraron a la misma función que nosotros (por inverosímil que parezca, así fue). Gabriela y yo accedimos a la sala cuando las luces estaban completamente apagadas. Nos colocamos arriba de ellos sin que Elena notara mi presencia en la sala. Había muy poca gente.

Tan sólo comenzar la peli, Ga se abalanzó sobre mí y comenzamos un faje descarado en la sala. Silenciosos, disfrutamos de nuestros cuerpos bajo la protección de la semioscuridad de una sala de cine. Al poco rato de besos, Ga me bajó la bragueta y sacó mi inhiesto miembro para comenzar a mamarlo de la manera en que sólo ella sabía hacerlo.

No nos importó si alguien se dio cuenta de aquello o no. Yo estaba en la gloria mientras amasaba su potente trasero. En un momento dado, observé como aquel tipo intentaba besar a Elena, pero ella se resistía de modo “amigable”; sin embargo, cedió y de repente se daban pequeños y fugaces besos. En mis narices… bueno que se le hará… ella y yo no éramos nada en ese momento…

Mientras Ga seguía en su delicioso tratamiento oral, aproveché para mandarle otro SMS a Elena:

“¿Segura que mañana quieres hablar conmigo?” (YO)

“Si, ¿por qué lo dudas?” (ELLA)

“Pues es que no se… que tal si me estas mintiendo o algo así…” (YO)

“Quiero estar contigo. Nadie me hace sentir como tú. Nadie. Quiero regresar contigo. Quiero verte y decírtelo de frente.”(ELLA)

“Yo también quiero regresar contigo… ¿Estarás libre en la noche?” (YO)

“¡Si! Pero como hasta las 9 o 10 va?” (ELLA)

“Perfecto, yo paso a tu casa como a esa hora… pero, ¿te puedo pedir un favor?” (YO)

“Lo que quieras” (ELLA)

“Suelta la mano del wey que está a tu lado y voltea para arriba” (YO)

Su cara fue lo que en estos días se denomina como “priceless”. Se quedó pasmada unos instantes mientras Ga seguía con un tratamiento oral que me estaba llevando al mismo cielo. Sin decir una palabra, Elena salió de la sala dejando consternados a su hermana y al imbécil aquel… Su hermana notó mi presencia y en cuanto se dio cuenta de lo que hacía con Ga, también salió de la sala con visible indignación.

Yo estaba por terminar y segundos después lo hice en una boca hambrienta de mi néctar. Ga sonrió y me besó, para compartir la poca corrida que quedaba. Instantes después salimos de la sala, y vi a Elena llorando en un desierto pasillo del cine con su hermana tratando de consolarla. Nos miramos los cuatro por una fracción de segundo y en ese momento, Ga me empujó contra la pared y absorbió mis labios. Con toda la parsimonia posible, Ga tomo mis manos y las colocó en sus nalgas mientras me seguía besando con urgencia. Tomo mi paquete, le dio un leve apretón, se despegó de mí y seguimos con nuestro camino sin dirigirle la mirada a Elena o a su hermana.

Sobra decir que, a pesar de sentir una profunda y culpable satisfacción, estaba excitado. Mi miembro aún no se recuperaba, pero mi mente estaba a mil por hora. Ya era casi de noche y le propuse a Ga algo que le iluminó el rostro.

Antes de llegar a nuestro destino, pasamos a comer tacos y algunas cervezas, pues ambos teníamos hambre. Sobra decir que, en todos los trayectos, aproveché para manosear, estrujar y vapulear las inmensas ubres de mi acompañante.

Dado que la casa de su difunta abuela se encontraba cerca del lugar a donde nos dirigíamos, me pareció buena idea. Gracias a que ya estaba oscuro aparqué a una calle del estadio más famoso de México.

Entramos a pie al basto estacionamiento del coloso de Santa Úrsula y nos dirigimos a las taquillas que estaban ahí. Sin más, me bajé el pantalón y los bóxers. Mi verga saltó como un resorte mientras observaba como Ga se desnudaba completamente. Hacía frío y aquello era en extremo morboso.

Ya desnuda, la incliné y palpé su vagina. Como siempre, la encontré totalmente húmeda. Sin más la penetré salvajemente mientras amasaba con saña sus bamboleantes tetas. Ella gemía sin tapujos, a pesar de que aun pasaba gente y nos podía oír. Yo me olvidé del mundo y me concentré en el cuerpo que tenía a mi merced.

Aguante bien aunque mi ritmo no se redujera y terminé por inundar su gruta ávida de sexo con mi semen. Me separé de ella y le solté una buena nalgada. “Te voy a azotar hasta que se me vuelva a parar. Te quiero coger por el culo, pero quiero que te tragues mi semen.” Ella me instó a que la azotara todo lo que yo quisiera.

No hay mayor placer para mí que azotar un buen culo y aquél era un culo bastante resistente, además de dispuesto. Azoté con fuerza. Azoté sin parar durante casi quince minutos. Después de cierto tiempo, en cada azote que propinaba, Ga sollozaba o soltaba un gemido de dolor, pero se masturbaba de manera frenética. Sobra decir que, bajo mis caricias tuvo dos buenos orgasmos. Yo seguía azotándola y debido a la excitación, mi verga estuvo lista de nuevo.

“No hay como que te cojan por el culo después de una buena azotanía” dijo Gabriela y ella misma se abrió sus maltrechas nalgas. Sin más, comencé a introducirle mi carajo en su ano. Entro con un poco de dificultad, pero entró. Taladré sin misericordia su agujero alrededor de otros quince minutos, tras los cuales se la saqué. Desconcertada me miró mientras yo la incorporaba. La abracé, tomé sus piernas, la pegué contra la fría e inclinada pared de concreto y busqué penetrarla de nuevo. Logré insertar nuevamente mi verga en su culo y seguimos con la faena, mientras la besaba con todo el amor que me era posible.

—¿Me amas? – le pregunté jadeante, mientras no menguaba mi frenético mete y saca

—Si… aaaaa…. Si… - respondía gimiendo

—Ga, mírame a los ojos – le ordené mientras paraba y dejaba mi verga metida hasta los huevos en sus intestinos. - ¿Por qué te vas de nuevo?

—¿Por qué paras? – preguntó medio jadeante y al ver la seriedad en mi rostro añadió – porque solo vine por razones familiares. No quiero ponerme sentimental cabrón y menos en medio de una cogida tan rica.

—¿Y si te quedas? – pregunté con añoranza, aunque sabía la respuesta – Sabes perfectamente que yo amaría a tu hija como si fuera mía y nos iría…

—Mira amor, tú ya tienes una vida aquí y yo tengo una vida allá – me interrumpió – No hagas esto más difícil de lo que ya es. Termina ya de partirme el orto y déjame ir.

—Te amo…

—Por eso mismo, déjame ir.

Sin más, comencé a acelerar el ritmo hasta que casi terminaba. La bajé y la hice arrodillarse mientras me masturbaba de manera frenética. A los pocos minutos terminé en su cara de manera escueta, pero ella agradeció el gesto. Le ordené que no se moviera e instantes después comencé a orinar en todo su cuerpo. Gustosa, sonreía mientras la bañaba mi líquido amarillo.

Con un millar de sentimientos encontrados (unos por Ga y otros por Elena), me subí los pantalones, pero me saqué los boxers antes…

—Toma – le dije a Ga tendiéndole mis calzones. – Algo para que me recuerdes. Te vas, pero quiero que te lleves algo de mí, contigo… además de mi corazón.

Ella sonrió de oreja a oreja y, si no hubiera estado tan oscuro, juraría que lloro en silencio durante unos breves instantes. Correspondiendo el gesto, ella se sacó su tanga color café oscuro y me la entregó.

—Para tu drama, maldito infiel. Eres igual a todos los hombres, pero te amo – me espetó sonriendo mientras me entregaba su íntima prenda – Pero yo también te dejo mi tanga. Cuando te masturbes, úsala para que te acuerdes de mí.

—No lo dudes – le respondí ofendido

—Vamos, que se hace tarde… - me urgió mientras caminaba hacia la salida del estacionamiento.

Para ser honesto, esperaba que nuestra despedida fuese emotiva, llena de besos, lágrimas y palabras de amor, pero no fue así. Para mi tristeza, cuando se despidió, sólo me dio fugaz ósculo, me dijo adiós y se bajó de la camioneta. Esa fue la última vez que la vi.

Quizá fuese mejor así. Debo confesar que aún me duele su frialdad ante el asunto. Aún conservo su tanga y si soy honesto, de vez en cuando la utilizo cuando me masturbo, aunque estos últimos años la he dejado olvidada.

Mi noche no acabó ahí. Regresé a la “romita” para hablar con Elena, la cual estaba hecha una furia. Hablamos y después de arduos días de pelear, regresamos. La historia con ella, es una historia aparte que estoy intentando relatar… espero la puedan leer…

Sinceramente me hubiera gustado terminar el relato con más fuerza, pero las cosas sucedieron así. Aquella despedida me produjo un sinsabor muy grande, unido con un dejo de amargura que los años han sabido quitar. A Ga la busqué a lo largo de varios años y, desde hace poco más de 2, dejé de hacerlo. Me hubiera gustado que leyera nuestra historia desde mi punto de vista y recordásemos juntos, nuestras buenas épocas de juventud.

Muchas gracias, queridos lectores, por seguir leyéndome. Es un honor saber que alguien, sea quien sea, se toma el tiempo y la molestia. Seguiremos aquí, escribiendo y espero que ustedes, también, sigan por aquí...

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