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Relato erótico

Por el momento - IV (La siesta)

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RESUMEN

Hasta que el chico se abandonó a sus manos, y echando la cabeza hacia atrás, le dio plenos poderes sobre su cuerpo.

Cuando Ari se fue, me senté en una silla, completamente absorto (no podía pensar en otra cosa que no fuera él). Pero mi móvil empezó a sonar con insistencia.

Era Toño.

- ¡Oye, Jose! ¿me paso por tu casa a comer?

-¡Vale , venga!, pero no tardes mucho ¡eh!

Entré en el baño y me dí una buena ducha: y después arreglé un poco la casa.

A la una y media, llegó Toño; estaba guapísimo. Se había puesto unos pantalones de lino gris marengo con un suéter verde y resultaba muy sexy.

- ¡Que bueno estás, cabrón!…

- Vengo un poco mosqueado

- ¿Y, eso?

- Pues, es que, he tenido que ir a comprar los billetes para irme a la playa con la familia.

Ahora, vengo de Atocha.

La madre, la muy zorra, fue a enterarse de como estaba el tema del papeleo para pagar la plusvalía; y como todo lo resolví el primer día, pues se enteró de que podía ir a pagarla cuando yo quisiera.

Así que, se presentó en casa, ayer por la tarde, y me dijo que lo mejor sería pagarla ya, que ella me dejaba el dinero.

Y me convenció para ir a pagarla esta mañana y luego, pasarmea comprar los billetes.

- ¡Que bruja!

- ¿Ves como me controla, la colombiana?

- ¡Ya te digo!

- Y para cuando los has sacado

- Para mañana por la mañana.

Toño, siempre había sido muy tímido y, por eso, resultaba tan fácil presionarle. Era un buen tío.

- Pues, ¡venga, animate!. No dejes que te afecte eso.

Y le eché la mano al rabo

- ¡Te has puesto puesto pantalones de lino, eh!...

Comencé a sobarle entre las piernas y a tocarle el culo; como a mi me gustaba. Y, poco a poco, se fue animando...

- ¡A ver, ven aquí!...

Le cogí por la cintura y le aflojé el cinturón; y con los pantalones en el suelo, empecé a mojarme los dedos con saliva. Después me colgué de sus cuello y empecé a mordisquearle en la oreja; mientras, le preparaba el ojete.

- ¡Cabrón, que acabo de llegar!

- ¡Calla! Que te voy a follar a saco, ¡guarra!

Se la clavé, empezando con un bombeo lento, pero incisivo

- ¡Ay, que gusto!... ¡cabrón!...¡agghhhh!...sigue ¡coño¡, sigue…

- ¿Te vale así?…

Y empecé a pegarle mas fuerte…

- ¿o, aflojo?

- ¡Pegale fuerte, Jose! … ¡hasta el fondo!

- ¡Toma, cabrón! Que te voy a hacer madre

Empecé a aumentar el ritmo; y agarrándole bien de las caderas se la clave hasta el fondo, una y otra vez

- ¡Agghhh!, ¡cabrón!...

Le estaba dando a tope…

- Me encanta este culo tan calentito y apretadito

- ¡Ahhh!…¡Ahhh!... ¡ que me corro!... ¡que me corrooooo!

Le cogí la polla y quise menearsela, pero me pringué toda la mano.

- ¡Guauuu!… ¡que gusto!…

Luego me corrí yo; y, al levantar los ojos se me cruzó el reloj de la cocina.

- ¡joder!, las dos y diez... Y no hay nada para comer

- No te preocupes, Jose, que yo me hago unos huevos rotos en un pis-pas. Ve pelando unas patatas, mientras me ducho.

Las pelé y las partí. Y luego también partí un poco de jamón. Mientras Toño freía las patatas, puse la mesa. Y, a las tres, ya estábamos comiendo.

- Que ricos están los huevos con patatas, ¿verdad?

- ¡Ya te digo!… ¡tengo que tener un cuidado con ellos!.

- ¿Quieres cerveza?, o, ¿algo para beber?

- No, lo que quiero es empezar ya ¿vale?, ¡que tengo un hambre!

En esto, suena (a lo lejos) el timbre de la puerta.

- ¡Joder, Jose!, tienes que cambiar ese timbre, tío … apenas suena.

- ¡Uy!, pues te aseguro que creí que me estaba quedando sordo, tío…

¡Pues, no! Lo que pasa es que a ese timbre hay que jubilarlo, ya...

Abrí y…

- Venimos a tomar café, ¿se puede?

No pude evitar excitarme un poco, cuando vi a Ari en la puerta... Y a Pablo ¡claro!

- ¡Por supuesto!, estáis en vuestra casa. ¡Adelante!

A Toño, que se había levantado para saludar, se le quedaron los ojos como platos, cuando vio a Ari…

- ¡Bueno!... A Pablo ya lo conoces.

Y este es Ari, su sobrino.

Toño le ofreció la mano

- ¡Encantado!

- ¡Un placer!

- ¡El placer es mío!...

 Pablo y yo, nos miramos... Y nos echamos a reír

- ¡Jajajaja!

- ¡Ajajaja! ¡jajaja! ¡juajuajuajuajua!

Ari y Toño, también se miraban. Pero no entendían porque Pablo y yo nos reíamos

- ¿Todavía estáis comiendo?, dijo Pablo

- ¡Joder!, no es tan tarde tío, dije

- ¡Vale, vale!, pero como si nosotros no estuviéramos aquí, ¡eh!…

- Dejate de gaitas Pablo

La presencia de Arí, que apenas había abierto la boca, nos excitaba mucho.

Con una camiseta de tirantes, azul, muy desgatada, y muy dada de sí, que dejaba ver parte de los pectorales y esos magníficos brazos y unos vaqueros, muy rotos, se apoyó en el marco de la ventana, que estaba abierta; y se quedó mirando la calle, mientras comíamos. Toño no podía quitarle ojo.

Y Pablo, que se dio cuenta, se acercó y le susurró algo oído.

No sé lo que le diría, pero ahora se miran y se sonrien llenos de complicidad.

- ¿Café? ¿Queréis un chupito de licor de mango que tengo en el frigo?

- ¡Tranqui, Jose!, ¡comer tranquilos, joder!

- Ya hemos terminado, ¿no, Toño?

- Por mi parte si. ¡Y sí, yo quiero un chupito!

- Yo también, dijo Pablo

- ¡Y yo!, dijo Ari…

Pablo se levantó y se acercó a él, le mordió en una oreja y le dijo ¿tu también quieres un chupito?

- ¡Quita!

Y empezó a tocarle el culo, mientras miraba por la ventana.

- ¡Bueno, chicos, venga!. ¡Sentaos en la mesa, que voy a servir el café!...

Esta breve escaramuza de Pablo, nos excitó muchísimo.

Serví los cafés y saqué la botella de licor de mango y los vasitos especiales para chupitos... Y me senté en la mesa junto a Ari.

- ¿Que tal tu madre?

- Cada vez peor, Jose. No deja vivir a nadie.

-¡Ah, no! ¡por favor!. Pasad de la Isa ¿vale?

- ¡Si, mejor!. Vamos a divertirnos, que todavía no me he quitado el mal rollo, que me ha dejado.

Estuvimos charlando de cosas varias, pero sin darle ninguna importancia a nuestra conversación, porque todos sabíamos lo que pasaba debajo de la mesa.

Pablo, le había abierto la bragueta a Toño y le tocaba el rabo, mientras se tomaba el café muy tranquilo.

Y yo, por mi parte, acariciaba a Ari, entre las piernas; intentando que nadie se diera cuenta.

Estuvimos así, un ratito; y generamos cierta tensión, pero llegó un momento en que no podíamos más y rompimos a reír a carcajadas.

¡JAJAJA! ¡JAJAJA! ¡JAJAJA! ¡JAJAJA!

- Hay ganas de jaleillo ¡eh!, dijo Pablo...

- Yo ganas tengo siempre, dije...

- ¡Que golfos sois!, dijo Ari...

Y Toño bajó la cabeza y sonrió…

- A ver, Jose ¿nos vamos al salón a reposar, o, nos echamos la siesta?

Miré el reloj y solo eran las cuatro menos cinco

- Mejor al salón ¿no?

- Pues , entonces vámonos para allá…

Pablo se acercó a su sobrino y empezó a meterle la mano bajo la camiseta, para acariciarle el pecho; al mismo tiempo, que le daba besitos en el cuello.

Y, Toño y yo, nos pusimos a la expectativa...

Ari, se dejó hacer...

Le subió la camiseta para que pudiéramos ver esos abdominales y le pellizcó los pezones durante unos segundos.

Después se la quitó.

- ¡Guau!, dijo Toño

Yo ya los había visto antes, pero me seguían produciendo el mismo efecto. Me parecían unos pectorales de vicio.

Se acercó a la boca y le besó apasionadamente. El chico le entregó la lengua para que pudiera disfrutarla; y también permitió que su tío saboreara sus labios, sin ninguna prisa. Luego, Pablo le levantó los brazos para que pudiéramos contemplar esas apetitosas axilas; y yo, no pude contenerme y me levanté a chupárselas, lleno de deseo.

- ¡Que rico estás!, cabrón… y continué lamiéndole los pezones...¡fffffff!

Luego, volví a sentarme junto a Toño, que nos miraba como si se hubiese quedado tonto.

Pablo, continuó acariciándole y atrapando sus tetas, para saborear sus pezones; y de vez en cuando, bajaba con su mano hasta ombligo y lo rodeaba durante unos segundos, para después acercarla a la cinturilla del pantalón e intentar introducirla bajo la tela.

Así, durante un par de minutos, mas, o, menos; hasta que el chico se abandonó a sus manos, y echando la cabeza hacia atrás, le dio plenos poderes sobre su cuerpo.

Empezó a besarle en el cuello, con mas con intensidad; mientras, con la mano entre sus piernas, unas veces le agarraba el rabo y otras se apoderaba de su culo.

En un momento dado, nos hizo una señal para que alguno de nosotros se acercara.

Y enseguida se levantó Toño y le desabrochó los vaqueros.

- ¡Ahhh! ¡Ahhh!...

El chico empezaba a dar muestras de estar encantado con lo que le estaban haciendo.

Luego, miró con detenimiento ese rabo y esas pelotas y empezó a presionar sobre el ojete y hurgar en el.

Recorría su raja de arriba a abajo y saboreaba esa polla, con cara de vicioso; y la introducía en su boca, una y otra vez, con verdadera ansia.

- ¡Eso es, Toño!...¡date un buen atracón!

No pude evitar levantarme y tocarle el culo. Se había agachado para chuparle la polla al chico, y ofrecía una imagen de su espectacular culazo, absolutamente irreverente.

- ¡Ffffffff!... ¡que culo tienes, cabrón! Te voy a merendar.

Pero, volví a sentarme, a ver el espectáculo, que estaba empezando a ponerse interesante.

Poco a poco, Toño fue tirando del chico y lo acercó hasta el sofá, aprovechando que Pablo se había desenganchado de él para desnudarse. Asi que, no tardé mucho en encontrarme con la polla de Pablo en la cara, pidiéndome guerra.

¡Mmmmm!, ¡que placer!... Comerme ese pollón, después de terminarme el chupito de mango.

La agarré de los glúteos y me la comí enterita… ¡que rica!.

No podía dejar de sobarle el culo… ¡menudo culazo!.

Mientras yo me la tragaba, hubo un momento en que, tras una embestida, casi cambio la pava…

- ¡Joder que me ahogas, coño!…

- Lo siento, Jose; es que, me he entusiasmado. ¡Perdona!

- ¿Porque no nos vamos a la cama, Jose?, dijo Ari

- Vale, venga. Vámonos a mi habitación y nos echamos la siesta…

Tumbándose, boca abajo, en el centro de la cama, Ari nos dejó claro lo que quería. Y, por supuesto, no le íbamos a fallar.

- ¡Vamos a follarte a saco!, le dijo su tío

Nuestra intención era degustar todos los rincones de su precioso cuerpo con tranquilidad e intensidad; por eso, Toño le echó mano al culo y se lo abrió, de para en par. Para observar detenidamente ese agujerito, tierno y rosado; mientras, Pablo, que se había inclinado sobre él, le mordía en las orejas, a un lado y a otro del cuello.

El chico empezó a gemir.

- ¡Ahhh!...¡ahhhh!

Yo estaba sentado en una butaca que tengo junto a la cómoda. Y miraba atentamente a esos tres machotes; a cuál mas rico, disfrutando de sus cuerpos, cuando el calor empezó a sentirse. Me levanté a por el mando del aire acondicionado y lo puse a 25º. Y luego, me situé a los pies de Ari.

- ¡Que pies mas bonitos tienes , niño!

Y empecé a tocárselos, casi por inercia... Pero, seguí avanzando hacia arriba, sin poder remediarlo, hasta llegar al culo; y, haciéndole compañía Toño, empecé a meterle los dedos en el ojete.

¡Que culo mas goloso madre!... Le entraban y salían con una facilidad asombrosa. Y eso, que le metíamos dos o tres juntos, cada vez.

- ¡Que tragón!

- Tío, vamos a darle la vuelta que yo quiero follármelo ya, dijo Toño

- Vale. Y, así, mientras tu se la metes, yo te follo a ti también ¿vale?

- ¡De puta madre, tío!... ¡A follar!

Ni que decir tiene que, Pablo seguía enganchado a su sobrino, como si fuera su novia; y al darle la vuelta empezó a meterle la lengua hasta la campanilla. ¡Que manera de comerle la boca!

Me subí a la cama para levantarle los pies a Ari, y así, facilitar que Toño se la clavara más cómodamente. Y, una vez, se situó y empezó a follárselo, me coloqué detrás de el y se la enchufé.

- ¡Guauuu!... ¡que rico, Jose!….¡ffffffff! ¡que vicio!… ¡dame, dame!, ¡no pares!

Por fin, Pablo salió de su globo particular, y dejando de devorar a su sobrino

- ¡Que cabrones!... ¡parecéis perros!... ¡a follar, coño!

Se incorporó y le acercó la polla a la boca

- ¡Toma!... ¡Cometela!... Que sé que te gusta mogollón

Un ratito follándome a Toño; y no podía dejar de mirar a Pablo. Me ponía mucho más él. Así que, me desenganché y fui a follármelo. ¡Que culo mas duro y redondito tiene el condenao!

- ¡Ven aquiiii!... ¡cabrón!

Le agarré de la cintura y le separé de Ari

- ¡Quiero este culo!... Tu sabes que es mío…. Y voy a reventártelo ¡guarra!

-¡Uffffffff, que cabrón!… ¡que me vas a romper, desgraciáo!

-¡Ve aquí!….¡toma!...¡toma, cabrón!… que este culo es mío.

¡De repente!, empezamos a oír golpes en el suelo (la vecina de abajo estaba dando con el cepillo de barrer en el techo)

- ¡Bueno, ya está bien! ¿no?… ¡Vaya una tardecita!. ¡Sinvergüenzas!...¡Que ya sabemos que estáis follando, mariconas!...¡pero no son horas, eh!... ¡que es la hora de la siesta, coño!

Nos quedamos de piedra…. Y se nos cortó todo el rollo…

Nos quedamos quietos y callados y nos tumbamos como pudimos en la cama, Todos. Y, poco a poco, nos fuimos quedando dormidos. La vecina nos había jodido toda la puta tarde.

Pero esto no iba a quedar así.

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