Fantasías Eróticas - Hetero: General

Me encanta viajar en tren

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RESUMEN

Un viaje en tren suscita en mí una nueva fantasía.

Para Lupita

 

El tren arranca con suavidad y comienza a oscilar sobre las vías cogiendo cada vez más velocidad. Yo, tumbado sobre una de las literas del vagón recuerdo el correo de una amiga que me felicitaba por alguno de mis relatos. Entonces, mientras pienso en ella y en sus palabras una fantasía recorre mi mente en un flash y comienzo a imaginar…

Oigo voces y risas femeninas por el pasillo. La estación estaba muy llena y todavía hay mucha gente por los pasillos del vagón buscando su compartimento. Alguien abre la puerta del mío y entra.

Es éste chicas. Dice una de las tres chicas que pasan por mi lado para acomodarse en sus literas. No van demasiado cargadas. Tan sólo una pequeña maleta por cabeza y algún que otro bolso de mano. Dejan las cosas donde pueden y se reparten cada una de las camas. Yo estoy allí, observándolas pero ellas actúan como si yo no existiese. El culo de una de ellas pasa tan cerca de mi cara que casi lo rozo con la nariz. Una de ellas me dirige una mirada por primera vez. Parece ser la líder del grupo pues es la que ha tomado la iniciativa a la hora de repartir las literas. Habla con las demás sin dejar de mirar a su alrededor como si estuviese inspeccionando la zona. Finalmente deciden sentarse en una de las literas, la que está situada frente a mí. Por primera vez puedo verlas a las tres de cara. Son jóvenes, calculo que ninguna debe llegar a los 18 pero con cuerpos bien desarrollados que no se preocupan por esconder. La que en mi opinión es la líder del grupo es también a mi gusto la más guapa. De cabello castaño y larga melena, ojos negros y labios carnosos. Tiene puestos unos pantalones muy ceñidos que le marcan sus curvas y una blusa muy escotada que deja ver el color negro de su sujetador. En el medio de las tres se encuentra la menos agraciada, aunque sin llegar a estar mal. Sonríe constantemente y alterna sus miradas a una y otra de sus amigas, obsequiándome de vez en cuando con una fugaz mirada. No tiene tanto pecho como sus amigas pero tiene unas bonitas piernas, las cuales deja ver casi al completo su faldita de color negra y blanca. En un momento en el que descruza las piernas para cambiarlas de postura me parece intuir la blancura de su ropa interior y siento un leve movimiento bajo mis pantalones. La tercera es sin duda la que tiene más pinta de viciosa. Su culo es redondo y durito a juzgar por lo que había podido ver hacía tan sólo unos minutos. Ahora que la veía también de cara me parecía más atractiva incluso. Era rubia y con los ojos verdes y me pareció verle un pearcing en la lengua y otro en el ombligo.

Hablaban y se reían despreocupadamente, sin importarles que yo, un extraño, pudiera escuchar lo que decían. Que si a mi me ha venido la regla hoy, que si a mi me vino la semana pasada, que si tengo el culo grande, que si yo lo tengo más grande, que si ¿te has fijado en el revisor?, que si ¿la tendrá grande?, que si a mi me da igual,…

A mi me resultaba cada vez más incómodo permanecer allí callado, escuchando la conversación de tres adolescentes picaronas y decidí sacar el libro que me había traído para leer. Además, si no dejaba de mirarlas pronto iba a tener una erección y estaba seguro de que ellas se iban a dar cuenta de eso.

El revisor apareció por nuestro compartimento media hora más tarde. Nos pidió los billetes a los cuatro y me preguntó si éramos família.

No, no. Yo viajo solo. –dije yo.

Entonces Marta, la líder, comenzó a tontear con el revisor. Se notaba muchísimo que intentaba coquetear con él y las demás la imitaron. El revisor al principio les siguió la broma pero pronto se cansó y se despidió de ellas sin más.

Que pasen buena noche, mañana, media hora antes de que lleguemos a Cádiz paso a despertarles. –dijo el revisor y se fue.

Será capullo –dijo Marta. Ni siquiera me ha hecho caso ese idiota.

Seguro que es gay. Dijo Laura, la menos agraciada.

Sí, seguro que es marica. Afirmó Tania. Y además no se le levanta.-Agregó.

Las tres se rieron. Yo había vuelto a mi lectura pero cada vez me costaba más concentrarme en ella.

Pues él se lo pierde –dijo Marta. Yo hubiese estado dispuesta a hacerle un favor si hubiese querido.

¿Pero no decías que tenías la regla? –le contestó Tania.

Sí, ¿y qué? Le hubiese hecho una buena mamada. Mi novio dice que se me da muy bien.

A partir de ese momento no pude volver a concentrarme en la lectura. Las palabras de Marta se repetían una y otra vez en mi cabeza y comencé a sentir un cosquilleo en la entrepierna que comenzó a hincharse.

Pues yo no lo he hecho nunca. –dijo Laura.

¿no te has comido nunca una polla? –preguntó incrédula Marta.

No.

¿y tú? –le preguntó a Tania.

Sí, una vez, con un amigo del pueblo.

¿pero no os da un poco de asco? –preguntó Laura a sus compañeras.

No. –dijo Marta rotundamente.

Bueno, sólo al principio. Dijo Tania. Una vez que te dejas llevar ya no te importa nada.

Sí, eso es, una vez que la tienes en la boca ya solo quieres continuar chupándola, como un helado que nunca se acaba, aunque sí se acaba. Añadió Marta.

¿se acaba? –dijo Laura.

Marta y Tania se rieron por la ingenuidad de la pregunta de Laura y luego ésta se unió también a las risas Yo mismo no pude evitar sonreír y alzar la mirada de nuevo hacia las tres chicas.

Seguro que antes de que volvamos de vacaciones te habrás comido unas cuantas pollas, de eso me encargo yo. –dijo Marta.

Laura enrojeció un poco ante las palabras de su amiga y al descubrir que yo también la miraba. Luego las tres me miraron a mi. Era como si por primera vez fueran conscientes de que allí había alguien más, alguien que no era como ellas, alguien que había estado escuchando toda la conversación.

Mirad chicas, parece que a éste sí se le levanta. –dijo Marta señalando con la mano hacia mi bulto en los pantalones.

El descaro y la osadía de la chica me descolocó de tal manera que no supe cómo reaccionar hacia ese comentario. Además ahora tenía clavada la mirada de las tres jóvenes en mi paquete, que verdaderamente se había hinchado un poco. Yo intenté disimular fingiendo no haber escuchado ese comentario pero ellas no estaban dispuestas a dejarme en paz.

Nos has estado escuchando ¿verdad? –me interrogó Marta mirándome fijamente a los ojos.

Bueno, sí, no pude evitarlo. –me explicaba yo.

¿y qué opinas?

¿qué opino de qué?

De lo de nuestra amiga. Opinas que es normal que todavía nadie le haya puesto la polla en la boca.

Me resultaba difícil reaccionar serenamente ante preguntas tan directas y tan inesperadas para mi.

Bueno, no sé, supongo que será porque ella no ha querido ¿no?

Laura cada vez enrojecía más y más y Tania parecía divertida observando la manera en que Marta hacía surgir mi inseguridad con sus preguntas.

¿y tú se la meterías? En la boca, digo. Parece que tienes una ahí dentro ¿no?

El bulto de mis pantalones era cada vez mayor, al igual que mi confusión y sorpresa. ¿qué se suponía que debía contestar? Decidí apostar fuerte…

Bueno, quizás, aunque a lo mejor te gustaría probar a ti primero.

Por primera vez Marta mostró sorpresa ante mi respuesta pero no se arrugó demasiado.

¿porqué no?

Entonces Marta vino a sentarse en mi cama dejando en frente a sus dos amigas. Con decisión me acarició el paquete por encima de los vaqueros.

Guau, chicas, creo que esta noche nos lo pasaremos bien.

Marta me bajó la cremallera de los pantalones y metió una mano dentro de mis calzoncillos. Antes de sacar mi polla de su escondite se entretuvo unos segundos en acariciarme los huevos. Yo mientras tanto había dejado el libro a un lado de la cama y comenzaba a magrearle las tetas por encima de la blusa.

Ahora mira y aprende. –le dijo Marta a Laura mientras se agachaba sobre mi polla para introducírsela en la boca. Primero tan sólo la puntita, luego fue tragando todo el resto mientras yo estimulaba una y otra vez sus grandes pechos. Tania y Laura miraban la escena desde la otra cama. La primera, excitada por lo que veía se desabrochaba la blusa y se acariciaba los pechos tal y como yo hacía con los de Marta. Laura sólo miraba, concentrada en la técnica de Marta, que por cierto era bastante buena tal y como decía su novio.

Entonces Marta se incorporó inesperadamente y dirigiéndose a Laura le ofreció intercambiar su puesto. La chica vaciló un instante pero parecía deseosa de probar aquel manjar que Marta deglutía con tanto afán.

Está bien, déjame probar a mi. –dijo Laura que se situó en el lugar que hasta entonces había ocupado Marta. Se llevó mi polla a la boca y comenzó a lamerla torpemente. Sus dientes rozaban mi glande produciéndome algún dolor y derramaba demasiada saliva al lamer.

Así no, debes hacerlo con más cuidado, como si chuparas algo frágil, que se puede romper, debes pasarle la lengua por la puntita, como si lamieras un helado.

Con las instrucciones de Marta Laura mejoró notablemente en su técnica y mi placer comenzó a ir en aumento. De vez en cuando Laura se levantaba un instante para tomar aliento y Marta la relevaba en su tarea. Yo, que había tenido que separarme de las tetas de Marta introduje una mano por debajo de la faldita de Laura que cuando notó aproximarse a mis dedos hacia su coñito cerró las piernas como intentando impedir lo inevitable. Mi mano finalmente alcanzó la tela de sus braguitas y poco después varios dedos llegaban hasta su pubis.

Voy a correrme –dije intentando avisar a Laura para que se retirara antes pero Marta se lo impidió apretando la cabeza de Laura contra mi berga hasta que comencé a correrme abundantemente. Laura tragó como pudo mi semen aunque le vinieron varias arcadas al hacerlo. Marta sonreía y daba ánimos a su amiga mientras yo abandonaba su sexo y la dejaba recuperarse.

Muy bien, así se hace. Te lo has tragado todo, como una campeona, jajaja. –decía Marta.

Tania se había quitado también los pantalones y sentada sobre la cama, con tan sólo unas braguitas rosas se masturbaba viendo la escena.

Mira a Tania, esta sí que sabe. –dijo Marta que se comenzaba a desabrochar también los pantalones mientras colgaba los de Tania en la puerta del camarote para evitar ser observados por los pasajeros que pasasen por el pasillo.

Entonces Marta se sentó al lado de Tania y comenzó a acariciarle las tetas mientras la chica seguía con una mano dentro de la braguita.

Tienes unas tetitas muy monas. –dijo Marta. ¿me dejas que las pruebe?

Sin esperar la contestación de Tania que parecía estar en otro mundo en vista de los gemidos que comenzaba a emitir, Marta se agachó sobre los pechos de su amiga y se los comenzó a lamer en círculos elípticos, primero abarcando la circunferencia total de sus pechos, finalmente sólo estimulando sus pezones erectos y oscuros.

Laura se había acomodado en mi cama y observaba a sus amigas mientras permitía, ahora sin ningún tipo de resistencia que mis dedos volvieran a hurgarle la entrepierna. Mi polla volvió a endurecerse al ver como la mano de Marta, a semejanza de la mía, se colaba dentro de la ya manchada braguita de Tania y la acompañaba en su larga masturbación.

Tania se acabó corriendo en un largo y angustioso gemido de placer que hizo estremecer a Laura tanto como lo hacían mis caricias.

Vamos Laura, ahora nos toca disfrutar a nosotras. –dijo Marta.

Laura volvió a enrojecer cuando Marta advirtió que una de mis manos se había incrustado en el coño de Laura.

Vaya, veo que no pierdes el tiempo. Así me gusta. Pero estoy segura de que yo puedo hacerte gozar aún más.

Marta hizo tumbar a Laura sobre los pies de la cama y acabó de subirle la faldita. Con un movimiento suave sacó mis dedos del sexo de Laura y metió mi mano dentro de su tanga. Entonces recordé que Marta había dicho hacía un rato que le había venido la regla y efectivamente, al intentar abrirle los labios vaginales me encontré con el tampax.

Espero que no seas demasiado escrupuloso. –me dijo ella sonriente mientras se disponía a comerle el coño a Laura.

No creerás que me voy a asustar por ver un poco de sangre –le dije yo devolviéndole la sonrisa y apretando su sexo con mis dedos.

Entonces Marta se acomodó a cuatro patas sobre la cama y obligó a Laura a separar bien las piernas. Tania, como de costumbre, observaba la escena desde la otra cama.

Yo tenía una mano ocupada en el sexo de Marta pero con la otra le acariciaba el culo y las tetas. Una de esas veces en las que le acariciaba el ano lo noté algo dilatado y humedecido. Eran sus propios flujos que se escurrían hacia su ano con mis caricias. Decidí que era un buen momento para castigar el descaro y la desfachatez de Marta sodomizándola, pero lejos de disgustarle la idea, Marta se mostró bien dispuesta y excitada con mis claras intenciones. Ella misma, al notar mi berga golpear en sus nalgas separó todo lo que pudo las piernas para facilitarme la penetración. Probé primero con un par de dedos. Marta los recibió sin problemas. Estaba claro que no era la primera vez que se la metían por detrás. Entonces ensalivé mi polla y sin más dilaciones comencé a apretar para forzar su abujerito. Tengo que decir que no costó demasiado forzar su entrada. Mientras tanto Laura parecía estar disfrutando de lo lindo con el trabajito de lengua que Marta le estaba regalando. Era obvio que eso le gustaba mucho más que mamar pollas. Finalmente Tania no pudo resistir más y acercándose hasta donde estábamos los tres se sacó las bragas y me pidió que la masturbase nuevamente.

El compartimento se convirtió en un concierto de grillos en el que los jadeos, las obscenidades, los gritos de placer y las corridas se sucedían de un cuerpo a otro. Nuestros cuerpos intercambiaban sus posiciones de manera sincronizada y perfecta sin que eso interrumpiera en ningún caso el placer de una tercera o una cuarta persona. Después de sodomizar a Marta Tania quiso probar también mi berga y me la follé mientras ésta le comía el coño a Marta, que a su vez seguía comiéndole el coño a Laura.

No dejamos de follar y de mamar en toda la noche y cuando al día siguiente el revisor apareció por allí media hora antes de llegar a Cádiz tal y como había dicho se encontró con un compartimento que apestaba a sexo pese a que cada uno de nosotros descansaba ya en su litera individual.

En realidad, en mi compartimento tan sólo entró un hombre, un guiri con el que apenas intercambié un hola y un adiós pero fue tan bonito imaginarlo.

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