Humorísticos

Relato erótico

La silla inductora

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RESUMEN

Por un error se descubren especiales propiedades de un semiconductor.

Conocí a Manuel Camp en una sucia taberna cerca del puerto, éramos los únicos 'habitantes' de aquella esquina de la barra de madera en caoba que lucía en todo su largo la huella de cientos de miles de vasos y botellas, de reflexiones y verdades que siempre se encuentran en el fondo de todas las botellas de vino, cerveza, y demás.

Manuel miraba con ojos vidriosos y me invitó a una copa, mi gesto presumía yo que se diferenciaba de su modo de beber escandaloso, más que beber besaba los vasos, terminamos bebiendo juntos y mas allá de las dos copas me contó una de las historias mas alucinantes que he oido en mi vida (si tengo que ser sincero y omitir las mias propias).

Manuel Camp era técnico de 'pro' en unos laboratorios de electrónica que incluso en aquel estado sintió la necesidad de omitir el nombre, cierto dia un error en uno de los módulos que probaba en el panel de experimentación ofreció un hallazgo bastante bastante curioso : Cierto tipo de radiación eléctrica atravesando un laser en un solinoide de mercurio tenía un leve efecto sobre la piel, atravesando incluso los tejidos.

Al principio no reparó en aquella estupidez, no tenía efectos para la medicina, para la electrónica, para terapia alguna que conociera por su leve efecto pero un dia la chispa malévola acudió a su mente :

'¿Que ocurriría si accionaba con aquel rayo invisible el cuerpo y las zonas erógenas de una mujer? '.

Hizo algunas pruebas satisfactorias primero en ratones y cobayas para asegurarse que no dañaría o quemaría los tejidos y mas tarde consigomismo con un resultado satisfactorio y asombroso. Aprovechando las vacaciones de navidades se encerró en un pequeño almacen rodeado de hierros, armazones, y herramientas y para el dia de reyes ya había concluido su diabólico invento : 'La silla sexual eléctrica'.

Era un sillón de apariencia normal, incluso cómodo, que en la zona supuesta a la zona del ano y la vagina comprendía un campo sometido a la acción de un minicomponente electrónico que encapsulaba el invento de Manuel. Justo en frente y en el lado izquierdo se levantaba una minitorreta simulando un altavoz de música que contenia los rayos capaces de estimular y excitar a la altura del pecho.

Manuel se sentía satisfecho con su obra creada, la ubicó en su pequeño despacho y se decidió a probarla, utilizaría la agenda pensó para llamar viejas amistades y en la escusa que necesitaba estaba pensando cuando llamaron a la puerta. Una señora de edad mediana, aproximadamente treinta años, le hablaba del mensaje de los testigos de Jehová. La chispa acudió a su mente con la velocidad de la luz y todo amabilidad invitó a aquella misionera a ocupar e inaugurar su silla, ya se veía en un futuro no muy lejano colocando una pequeña placa triunfal en ella con el lema 'Esta silla fué inaugurada por una testigo de Jehová'.

Aquella mujer se sentó comodamente y con la sonrisa confiada de quien por fín puede explayar un rollo soberano de horas contenido, se dispuso amenazante a abrir su portafoleos a la par que extraia docenas de revistas y folletos con publicidad religiosa. Manuel de manera disimulada abrió el cajón y accionó a distancia los componentes de la silla y el de la torreta cercana. Tenía un monitor pequeño de infrarrojos en el mismo cajón que le iba informando de las variaciones de temperatura que el cuerpo de su 'víctima' iba experimentando.

Aquella misionera comenzó a hablar y hablar y Manuel a fingir interés por todo aquello, de tarde en tarde ojeaba el monitor de infrarojos y comprobaba como las zonas erógenas, y los puntos 'x' comenzaban a subir de temperatura. Una gota de sudor en la frente de la mujer la delató, comenzó a tragar saliva y a manifestar cierto temblor de manos. No había duda, estaba sintiendo un cosquilleo intenso en la zona de su vagina, su ano, y sus pezones simultaneamente, tan debil y sutil al principio que resultaba imperceptible.

La mujer no era excesivamente hermosa pero tenía buen cuerpo, para los efectos de prueba de Manuel era más que satisfactoria, así que decidió subir la intensidad de las vibraciones y con ello la mujer comenzó a sentirse muy incómoda, apenas podía leer en paz, necesitaba tragar saliva, recogerse su estómago sobre los brazos y pedir perdon a cada rato por las interrupciones. En ese momento y cuando Manuel mirando el monitor observó que el grado máximo del rojo habia alcanzado las zonas erógenas y las que delataban excitación, levantándose del sillón se ofreció como buen samaritano a entregarle una aspirina mientras tomaba la nuca de aquella mujer desde atrás con la excusa de sentirla tensa.

Apenas colocó sus manos en su espalda y fue acariciando su cuello con la excusa de aliviarle el supuesto dolor de cabeza aquella mujer fue inevitablemente cayendo en las mismas caricias y solo cinco minutos despues estaba ridículamente con la falda levantada sobre la mesa pidiendo a voz en grito el pene de Manuel. Fué penetrarla y eyacular a toda prisa, no le dió tiempo a ser caballeroso y dotarle de los medios para su higiene, aquella mujer envuelta en su verguenza e inexplicable actitud salió huyendo desconcertada de su despacho.

Los meses que siguieron encontró Manuel un filón en vendedoras y visitadoras, y con todas la silla se mostró infalible, hasta que una mañana recibió la visita extraña de unos agentes de la policia, requisaron todo su despacho con la silla incluida y quedó al descubierto toda su trama.....Todas sus víctimas a los pocos dias mostraban sus genitales enrojecidos, quemados, como quien los expuso al sol todos los dias de agosto, en realidad ahora comprendía porque sus genitales estaban tan quemados, no era como pensaba un herpes de una de aquellas 'zorritas'.

El juez fué benévolo en su condena pese a que no estimó como atenuante el caracter investigador e innovador para la ciencia de la silla sexual eléctrica, apenas un año después estaba Manuel de nuevo en libertad, solo que la indemnización para con sus víctimas lo dejó en la ruina. Hablaba y hablaba, se lamentaba y por fín le pregunté 'Crees que sería posible el banquito sexual eléctrico con algunas modificaciones y sin subir tanto la radiación' ?.

Manuel se perdió entre aquellas calles corriendo, lo peor fué que se olvidó de pagar la cuenta.

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