Transexuales - Sexo Anal

De travesti a prostituta

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RESUMEN

Todo cambia cuando no solo te vistes como puta sino también te pagan como una.

Llevaba ya unos años con una doble vida, de día, el aburrido David, de noche Claudia, pervertida y hambrienta de sexo.  Cada día me dedicaba más a Claudia, perfeccionándola.  Para entonces me sentía además completamente bisexual – cogía y me dejaba coger.  Las noches de fin de semana los dedicaba a la calle: me ponía las minifaldas más cortas que tuviese, los tacones más altos, portaligas, tanguita roja, maquillaje encendido –es decir, vestía como una puta, para salir a pasear por las calles de mi ciudad.  Me encantaba hacerlo; me sentía deseada por todo hombre que me viese pasar – como que todos querían comerme allí mismo – y a veces, pasaba: me cogían en algún callejón oscuro, en la parte de atrás de un auto, en donde pudiese.

Por ese tiempo también tenía un par de “fuck-buddies” – un par de chicos, uno del trabajo, con quienes cogía regularmente.  No eran exactamente enamorados – solo un par de vergas que me satisfacían cuando mi hueco lo necesitase.  Uno de ellos era Sergio, un chico de 30 años, bien parecido, masculino, bicurioso.  Tenía una verga deliciosa: gorda y dura, con una cabeza ancha en forma de hongo que me abría por completo cuando me lo metía; además me encantaba chupársela – apenas entraba en mi boca húmeda me tragaba los más de 20cm que tenía; también me alocaba su esperma caliente – podía dispararla con fuerza y llenar mi cara y boca con semen saladito.  Llevábamos algunos meses con este “pasatiempo”. 

Una noche fuimos a uno de mis hoteles favoritos para coger; como siempre, nos tomamos unos tragos para entrar en onda; vestía lencería completamente roja: medias, thong, portaligas, babydoll; me sentía salvaje y arrecha.  Lo desnudé, me puse de rodillas frente a él, muy sumisa claro, y veía como su verga iba creciendo más y más – adoraba cada centímetro de ese pedazo duro de carne; sin pensarlo dos veces, la agarré con la mano derecha y luego de lamer delicadamente la punta, me la metí toda de un solo tiro….oh!! Qué rico! Empecé a chupárselo como una máquina desesperada…mete y saca una y otra vez, sin parar…su verga tocaba el fondo de mi garganta, al salir, la cubría una capa densa de saliva; Sergio agarró mi cabeza y claro, empezó a empujarla hacía su mazo.  “Sigue papi, sigue, más fuerte” pensaba yo. Me gustaba cuando violaba mi boca y garganta….no podía parar. 

Hicimos una breve pausa para unos tragos más y de pronto me pregunta “¿Nunca has cobrado por tener sexo? – es decir, como una verdadera prostituta.”  La pregunta me tomó por sorpresa; en realidad no, no lo había hecho …había cogido montones de veces pero por puro placer mutuo. Pero tenía sentido: me vestía como puta, salía a caminar en la noche como cualquier puta…quizá era hora de cobrar como puta.  Entonces Sergio lanzó su propuesta: “Déjame cogerte como una puta pero también pagarte como una” Hummm….no sé porqué pero la idea me arrechaba increíblemente…que me paguen por tener sexo…ofrecer mis servicios como prostituta.  No tuve que pensarlo mucho – “Ok, pero me tendrás que pagar bien, ¡unos $100 al menos!” – “trato hecho”.

Esa noche Sergio me cogió como nunca…su verga abrió mi boy-pussy una y otra vez; su esperma me inundó por todos lados, por atrás, por mi garganta, y para un final meloso, por toda la cara…Me cogió como me gusta.  Pero lo mejor vino al final: el pago por mis servicios; agarró un billete de 100 y lo puso dentro de mi brasiere…”por tus servicios, puta” me dijo, con una sonrisa.  No sé porqué pero el cobrar por sexo me hizo sentir “especial” – era como una fantasía hecha realidad.

Pero la historia no queda allí.  Luego de esa primera vez, claro viene la segunda…de pronto quieres más.  Así que el siguiente fin de semana, un sábado en la noche, decidí probar suerte en la calle. De nuevo, vestida como una prostituta más me fui por el parque del Centenario. Caminé tranquila, cigarro en mano, por la carrera 9; claro, llamé la atención de inmediato.  Me paré en una esquina (típico).No tomó ni media hora creo y ya se me había acercado un tipo, quizá en sus 40s; lo hizo tímidamente, como quien no quiere –supongo que era un tipo casado.  “¿Das servicios?” “¿Cuánto cobras?”  Hummm, mi primer cliente…si que soy oficialmente una puta.  “Por ser el primero de la noche, solo 100, ¿te parece?” Le dije con una sonrisa tentadora. “Sí me parece bien, dónde? ¿Incluye todo verdad?” –“Mira creo que por aquí he visto un hotelito, vamos allí y vas a ver que te encantará”; en efecto, encontramos un hotelito cerca y me cogió un par de veces.  Y al final, mi pago de 100…¡me encantaba la sensación! Me hacía sentir súper arrecha…no sé porqué. Ya no era una simple travesti, era una puta.

Esa noche me di tiempo para dos “clientes” (oh como amo esa palabra); una semana después fueron 3; el siguiente mes le había cobrado a al menos 12 hombres por tener sexo conmigo.  Actualmente mis ingresos son más como puta que en mi trabajo “normal”…!

Simplemente, soy una puta.

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