Sexo con maduros - Sexo Anal

Capítulo 2: Don Xavi, me estrena el chiquilín

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RESUMEN

Como su pija no era muy grande pero si gorda, me entraba completa en la boca, debo decir que en ese aspecto la de Carlos es más grande aunque más flaca. Mis dedos acariciaban sus huevos peludos. Haciendo que don Xavi, se excitara más y más…

Hola, me recuerdan, soy Diana, como ya saben soy una chica de 22 años, me encanta la música rock, en especial el heavy metal. Mido 1.70, mi color de piel es morena clara, cabello castaño obscuro, mi cara es redonda, boca pequeña, labios delgados, ojos grandes color café, cejas estilizadas, nariz chata, complexión mediana, pechos grandes talla 36 C, caderas anchas, cintura formada, nalgas grandes bien levantadas, piernas gruesas y bien formadas.

Como recordaran en el relato anterior del conté como fue que perdí mi virginidad en manos del esposo de mi jefa, “Carlos”, la noche de la cena de navidad de la pequeña clínica en el trabajo como recepcionista. Podrán pensar que mi segunda vez seria con Carlos, ya que él me propuso estrenarme el chiquilín, pero no fue así, más bien fue Don Xavi, quien tuvo esa fortuna.

Don Xavi, es el guardia de seguridad, de la privada en donde vivo, es un señor mayor como de unos 50 y tantos, como de mi estatura, moreno, pelo cano, muy robusto, cara redonda y facciones propias de un ex boxeador, unas manos enormes y un abdomen abultado.

Es muy lindo, y amable en su trato con todos los vecinos de la privada, normalmente llega a la pequeña caseta por la tarde, a eso de las 19:00 horas, marchándose 12 horas después, es muy querido por todos, invitándole cosas como su cena, refrescos, e incluso gratificaciones por su buen trabajo, es servicial y ayuda a todos.

Bueno la cosa estuvo así, la fiesta de cumpleaños de una amiga estaba próxima, por lo que habríamos de festejar en grande, y por grande me refiero a una mega borrachera mucho rock y cantidades industriales de desmadre, es normal que en nuestro grupo de amigas, no haya chicos, ya que nos ven como las raras de la escuela.

La celebración se llevaría a cabo en la casa de mi amiga, la cual estaría sola debido a que sus padres saldrían de la ciudad por trabajo, mi casa también estaría sola, ya que mama salida con papa, a uno de sus retiros espirituales, mi hermano tocaría con su banda fuera de la ciudad, y mi hermana seguro pasaría la noche en casa de su novio.

La celebración dio inicio a eso de las 14:00 hrs. Todas nos reunimos en la casa de la festejada, comenzando a chacharear y beber de manera desconsiderada. Para las 18:00 hrs. Todas estábamos más que ebrias, algunas yacían en los sillones de la casa de mi amiga, perdidas en la borrachera, otras vomitaban en el cuarto de baño, mientras que mi amiga y yo seguíamos bebiendo y hablando. Ella me conto que su vecino, un chico de 25 años le había dado una buena cogida unos días antes en la casa de él, argumentando que ese era su regalo de cumpleaños, me daba detalles obscenos de como la penetro, aquello me puso algo caliente y deseosa de probar pija, pero no podía solo tomar el teléfono y llamar a Carlos. La parte que más mu puso a tono, fu cuando ella me relato como es que el chico, le abrió el chiquilín, bombeándola por ese agujerito hasta dejárselo lleno de leche.

—Y te dolió? Dime? –pregunte totalmente intrigada y ebria.

—Un poco… si, pero después fue placentero y rico… –respondió ella de la misma forma.

—Entonces sentiste rico? –pregunte de nuevo.

—Si! No me digas que tu no…? –pregunto mi amiga extrañada.

—Si! Pero solo por la coneja!... –exclame echando a reír.

Ambas reímos sin parar por varios minutos, hasta que por fin logramos controlarnos, el alcohol ya nos hacía desvariar.

—Mira Diana, una de las ventajas de hacerlo por el culito es que no quedas embarazada… je, je… además se siente bien chingon, después de que abre, claro está!... la neta si duela a madres, cuando te la dejar ir al principio… pero cuando tu culo se dilata o como chingados se diga… no mames amiga, es estar en el cielo… –susurro acercándose a mi cara y riendo después.

Las dos reímos sin parar de nuevo, no sé si por complicidad o por la tremenda borrachera que traíamos, pero a mi entender mi amiga tenía razón, si lo hacía por el chiquilín, podía dejar que los hombres me terminaran dentro, sin que pasara nada. No quería ser mama a mi edad. Seguimos bebiendo hasta que mi amiga cayo dormida en la silla del comedor, solo yo quedaba en pie, o bueno si a eso se le podía llamar de pie.

En vista de que la fiesta había terminado, decidí volver a casa, aunque no sabía para que, estaría sola y borracha. Aun así lo hice. Llame un taxi, para regresar a casa, no sé si me quede dormida en el asiento trasero, pero la verdad recuerdo poco del trayecto a casa. Me regreso a la realidad, la voz del taxista quien me avisaba que habíamos llegado. Pague como pude y baje del carro de alquiler.

Intente caminar lo más derecha posible, pero no lo conseguí, trastabillando y cayendo de rodillas justo frente a la caseta de vigilancia.

—Quien anda ahí? –se escuchó la voz de don Xavi.

No pude decir nada, más que solo reír a carcajadas. Don Xavi, se acercó alumbrando mi cara con su lámpara de mano.

—Señorita Diana… que esta… dios, como llego? Está bien? –pregunto el.

—Aja! En taxi! Je, je, je… –respondí perdida en alcohol.

—Pero como… no sabe el peligro que corre, al hacer eso!... ándele vamos, levántese! –dijo mientras me tomaba por debajo de la axila levantándome del suelo.

—No puedo llevarla así a su casa… la van a regañar!... –repitió preocupado.

—Na!! Estoy sola! No pasa nada don Xavi!... qué hora es?... –dije intentando caminar de nuevo.

—Las 10:30, señorita… porque? –pregunto el señor.

—Mmm! Es re temprano… hay que seguir la fiesta!... no? –dije casi en su cara.

Don Xavi, sonrió tierno, entendió que se trataba de una joven ebria y confundida. Tomándome por la cintura y con mi brazo alrededor de su cuello, me llevo hasta la caseta de vigilancia.

—Esta segura que quiere ir a su casa? –pregunto de nuevo.

—Pus, sii! Ni modo que me quede aquí!... –respondí con voz entre cortada.

Ambos caminamos, o intentábamos caminar hacia la puerta de mi casa, por fortuna no había nadie que nos observara, o eso creo… al llegar a la casa don Xavi, me pidió mis llaves, se las entregue, después de buscarlos en todos mis bolsillos. Abrió la puerta, haciéndome entrar en la casa, cerró la puerta, llevándome hasta la sala, dejándome sentada sobre el sofá, busco a tientas el interruptor eléctrico, encendiendo la luz de la habitación.

—Mire nada más, se raspo muy feo, hasta se rompió el pantalón… –exclamo mirando mi rodilla.

—Bueno señorita Diana! Cúrese esa rodilla y duerma le sentara bien!... –dijo dando la vuelta.

—Eh! Eh! Adónde va… que no la vamos a seguir?... ándele no se gacho!!! –exclame intentando levantarme del sofá.

Don Xavi, se rio con una gran carcajada, respondiendo.

—No! Señorita… yo tengo que trabajar, y usted está muy borracha, como para aguantar mas alcohol… mejor duérmase… –dijo tomando camino hacia la puerta.

—Bueno! Pus aquí voy a estar, por si quiere… –exclame mientras el salía de la casa cerrando la puerta.

Camine hasta la cocina, abrí el refrigerador, buscando más bebidas, encontré unas cervezas; las cuales seguramente eran de mi hermano. Tomándolas regrese a la sala, me tumbe en el sofá, despape una cerveza dándole dos tragos, hasta ese momento mire mi rodilla, la cual se veía maltrecha y mi pantalón totalmente roto. Comencé a sentirme sola, cuando comencé a recordar la conversación de mi amiga, eso hizo que me pusiera caliente de nuevo, por lo que pensé en llamar a Carlos y pedirle que me la metiera de nuevo, que me hiciera el chiquilín y todo lo que él quisiera, pero sabía que no tendría el valor, y no sería lo correcto…

Seguí imaginando como seria que alguien me cogiera por el chiquilín, hasta que creo me quede dormida. No sé cuánto tiempo paso, antes de que la voz de alguien me despertara.

—Señorita Diana? Está bien, solo vine a ver como estaba, y a entregarle sus llaves… –decía la voz.

Comencé a pensar que mi hermano había vuelto a la casa, pero más de un minuto después me di cuenta de que el que me hablaba era don Xavi, con su cara regordeta y su pelo cano.

—Que paso don Xavi?... siempre si se anima?... –exclame ya despierta pero totalmente borracha.

—Ja, ja, ja… usted no se da por vencida, verdad? Pero no… solo vine a ver como estaba, y a dejarle sus llaves… –repitió.

Mis manos dejaron la lata de cerveza en la mesa de centro, yendo hasta mi cara tapándola, comenzando a llorar.

—Que le pasa, señorita, está bien? –pregunto don Xavi acercándose y poniendo una de sus manotas sobre mi hombro.

—No! No! Me siento sola… –dije con voz cortada.

Don Xavi, se apiado de mí y dijo.

—Mire señorita Diana, yo no puedo dejar mi lugar, por mucho tiempo… –una buena excusa.

—Entonces lléveme con usted!... –dije loca.

—Señorita, son casi las 2 de la mañana… como cree! –respondió.

—Y qué? Prefiero estar con usted, que aquí sola… –dije levantándome del sofá.

Al hacerlo casi me voy de bruces, por lo que las manotas de don Xavi, me sujetaron, con fuerza de la cadera, con lo que su panza se embarró en mi espalda. Eso hizo que me sintiera aún más deseosa, a don Xavi, parecía que no le desagradaba el sentí mi cuerpo pegado al suyo.

—Ándele pues, vamos! Pero póngase algo más grueso, hace frio… –dijo.

Tome las cervezas y una chamarra del perchero de la entrada, saliendo de la casa ayudada por don Xavi. Llegamos hasta la caseta de vigilancia, la cual tiene el vidrio polarizado, don Xavi abrió la puerta, dándome el paso. Entre, dando un rápido vistazo al interior, había un pequeño televisor, una radio, un catre, una silla, una puerta que imagine que era el W.C., y muchos papeles regados, algunas botellas vacías de refresco y contenedores de comida vacíos. Después de que don Xavi, entro cerró la puerta y dejo su linterna sobre una pequeña mesa de madera.

—Ándele, siéntese!... –dijo el arrimando la silla que había visto al entrar.

—Mejor aquí!... –dije señalando el catre.

Al sentarme descubrí que rechinaba mucho. Comencé a imaginar como sonaría se me estuvieran cogiendo ahí. Los pensamientos sucios, desaparecieron cuando don Xavi tomo la silla y dijo.

—Quiere ver la tele? O quiere poner el radio, señorita?

Lo mire, notando su cara de boxeador retirado, sus grandes manos y su prominente panza.

—No! Mejor platicamos, si…! –exclame.

—Bueno! De que quiere platicar? –pregunto.

—Mmm! Usted fue o es boxeador, verdad? –dije mientras sorbía mi cerveza.

—Si! En mis buenos tiempos, si… –respondió.

—Y es casado, don Xavi? –pregunte nuevamente.

—No! Soy viudo! Hace ya muchos años! –respondió.

Comencé a pensar cuanto tiempo llevaría don Xavi, sin coger. No sé si fue el alcohol, pero de nuevo, aquel hombre mayor ya no me parecía tan indiferente, por lo que lance el anzuelo.

—Don Xavi, puedo preguntar algo personal?... –dije entre tímida e inocente.

—Ah! Pues a ver… dígame… –respondió poco impaciente.

—Mmm! Usted… mmm! Se ha empinado a alguien por el chiquilín?... –dije poco avergonzada.

Don Xavi, me miro extrañado, por unos segundos, mientras bebía de mi cerveza intentado disimular mis nervios.

—Por el chiquilín? Que es eso?... –pregunto.

—Ah! Pues ya sabe… por atrás… por el culito, por el ano!... –respondí.

Don Xavi, comenzó a reír a carcajadas, después de unos instantes se controló, me miro y respondió.

—Eso es algo muy íntimo, señorita! Pero, si! Hace años, sí! Ya no me pregunte esas cosas! –dijo muy avergonzado.

Mientras bebía otro sobro de cerveza, mire sin querer su entre pierna, la cual se veía abultada, no sabía si mi pregunta había traído recuerdos placenteros a don Xavi. El bulto que se había formado en sus pantalones me indicaba que sí. Me levante ayudándome de la pared, para ir al baño. Don Xavi se levantó de la silla listo para atraparme si trastabillaba. Di dos pasos sostenida de la pared.

—Aquí es el baño? –pregunte.

Don Xavi, asintió, abrí la puerta de madera, entrando en el pequeño cuartito. Tome mi broche de los jeans, abriéndolo y bajando la cremallera, sin notar que no había cerrado la puerta, cuando levante la cara, pude ver a don Xavi con los ojos bien abiertos en señal de asombro, mirando como de desabrochaba el pantalón. Al ver que lo miraba intento desviar la mirada, momento que aproveche para cerrar la puerta, sin ponerle el seguro, me baje los pantalones, sentándome en la taza de baño para orinar. El gran chorro de orina caía dentro del W.C. haciendo un ruido muy audible, debido al inexistente sonido urbano. Sabía que don Xavi, podía escuchar como orinaba, pensando en si me imaginaria desnuda o se estaría tocando el bulto. La verdad me sentía muy caliente y ebria.

Al terminar acomode mi panty y mi pantalón de nuevo, deje que el agua corriera en el W.C. y Salí de nuevo.

—Ah! Que rico es mear! No don Xavi? –exclame de repente, pensando que estaba con alguien al que conocía de toda la vida.

Don Xavi sonrió tímidamente, y no dijo nada, mire de nuevo su bulto, el cual era aún más notorio. Al tratar de avanzar para volver al catre, trastabille yéndome de bruces, por lo que don Xavi, me atrapo con sus manotas, mismas que me sujetaron de las tetas.

—Don Xavi… que manotas!... –susurre mientras ponía mis manos sobre las suyas apretándolas contra mis chichis.

—Señorita que hace? Nos van a ver! –susurro el intentando zafar sus manos.

—No me diga, que no le gusta!... o no quiere! Ya hasta la tiene dura!... –dije mientras sus manos soltaban mis chichis.

—Sii! Digo no! –decía tartamudo.

Don Xavi me soltó, dando un paso atrás, de reojo vi cómo se acomodó el bulto en su pantalón, me senté de nuevo en el catre, bebí un poco más de cerveza, mientras el caminaba impaciente.

—Señorita Diana, será mejor que se vaya a su casa… la verdad, no quiero faltarle al respeto y mucho menos perder mi chamba… –dijo don Xavi dándome la espalda.

—En serio, quiere que me vaya? –dije dándole una oportunidad de rectificar.

Don Xavi, se menaba de un lado a otro, frotándose las manos, nervioso y visiblemente cachondo.

—Hay, señorita! Porque me hace esto!... –dijo nervioso.

—Ándele, ya! Cálmese, siéntese! –dije alcanzado su manota y llevándolo hasta la silla.

Don Xavi tomo su lugar, resoplando, puso sus manos encima de su bulto, tapándolo por completo. Le di unos sorbos más a mi cerveza, terminándola, acto seguido me puse de pie, con algo de trabajo, ubique el interruptor eléctrico, cortando la energía del foco que alumbraba el interior. Solo una pequeña luz de emergencia alumbraba la caseta.

—Señorita Diana! Que va hacer? Nos van a ver! –exclamo don Xavi.

—Shhh! Cálmese! –susurre.

Quite sus manos de encima de su bulto, poniendo una de las mías, aquel bulto se percibía caliente y duro. Tome su cinturón desabrochándolo, después su pantalón y cremallera, por último tome los elásticos de su calzón bajándolo hasta tener fuera su pija. La tome con la mano, sintiendo su calor y grosor.

—Huy! Esta gorda!... –exclame bajito.

—Señorita! Me va a meter en un problema! Si alguien llega y nos ve! –dijo el muy cerca de mi cara.

—A ver don Xavi! Quiere o no? –dije dándole el ultimátum.

—Pos sí! Pero… ya le dije, me voy a meter en un problema… –insistió.

—Entonces shhh! Deje de estar preocupándose… –exclame.

Empecé a frotar su pene, el cual no es grande pero si muy gordo, don Xavi se movía como loco, por los nervios, mientras que mi mano aceleraba los jalones.

—Hay señorita! Hay!... –susurraba don Xavi.

Metí la otra mano dentro de sus calzones, tomando sus huevos gordos y peludos, masajeándolos suave y lento. Ligeros gemidos salían de la garganta de don Xavi, mientras que mis manos atendían su pija y huevos. Leves pujidos comenzaron a salir de mi garganta, excitaba y caliente con la pija gorda de don Xavi en la mano. Seguí frotándole la pija por varios minutos hasta que ya no aguante más y dije.

—Se la chupo, don Xavi? Quiere? –pregunte.

—Sii! Si señorita, chúpemela! Ah! –respondió gimiendo.

Sin soltar su pija gorda, lo lleve hasta la orilla del catre, sentándome sobre él. Le baje un poco más los pantalones, su pija gorda y sus huevos peludos, quedaron frente a mí, al igual que su enorme panza. Comencé a lamerle la cabezota, mientras subía y bajaba su pellejo. Don Xavi, se estremecía con cada lamida que le daba, poco a poco metí su cabezota dentro de mi boca y recordé como me enseño Carlos a mamarle la pija. Empecé a darle chupetes en la cabezota, mientras aceleraba los movimientos de mi lengua encima de la misma. Para después meterla en mi boca moviendo la lengua y tragándomela completa.

— Hay, señorita! Hay! Que rico! Mas! Mas! –decía don Xavi.

Como su pija no era muy grande pero si gorda, me entraba completa en la boca, debo decir que en ese aspecto la de Carlos es más grande aunque más flaca. Mis dedos acariciaban sus huevos peludos. Haciendo que don Xavi, se excitara más y más…

Sus manotas tomaron mis tetas, por encima de la chamarra, amasándolas despacio, su espalda se arqueo un poco y sus rodillas se doblaron entregándome se pija por completo, la mezcla de sabores en mi boca, debido a la cerveza, alcohol y el sabor de la pija de don Xavi, hacían que el morbo y la calentura aumentaran. Don Xavi, ya me apretaba las tetas con fuerza, sus gemidos subían de nivel, y su pija dejaba escapar líquido pre seminal salado. Deje sus huevos y saque su pija de mi boca, repleta de saliva, formando grandes hilos de la misma, comenzando a mastúrbalo duro y rápido. La poca luz que había en la caseta me impedía ver bien su pija, pero algo saltaba a la vista, una enorme vena que cruzaba el pito de don Xavi, se notaba palpitante. Ese me éxito mucho y acelere aún más los jalones. La cara de don Xavi, se tornó dura y sus ojos se apretaron, una de sus manotas, dejo mis bubis, tomándome del cabello trayéndome cerca de su cabezota.

—Abra la boca, señorita! Hay!! Hay!! –susurro mientras tiraba de mi cabello.

Abrí la boca, como me lo pidió, puse su cabezota justo en mis labios y sentí como descargaba un chorro de semen dentro, el cual tenía sabor agridulce, dos chorros más se vertieron dentro de mi boca. Saboree un poco el semen y lo trague. Seguí masturbando a don Xavi por unos minutos más, apretándole la pija, exprimiéndola por completo. Lamí su cabezota limpiando el resto de semen que en ella había. Pensé que su pija se pondría guanga, como la de Carlos, pero para mi sorpresa seguía dura y lista.

—Hay dios, señorita! Perdóneme! Me deje llevar! –susurro apenado.

—Tranquilo, don Xavi! Me gusta así!... –respondí.

Don Xavi, se mantenía de pie con la pija al aire, mirándome fijamente.

—Quiere cogerme, don Xavi? Me la mete? Ando bien pinche caliente! Y veo que su amigo quiere más!... –exclame ardiente.

Don Xavi, sonrió tímidamente mirando su pija.

—Pos, si! Si usted me deja, pos sí! Me gustan mucho sus chichotas, y su culote! Con todo respeto señorita! –respondí apenado por sus palabras.

—Ah! Osea, que me anda viendo las nalgas!... ja, ja, ja… –dije riendo.

Note que el catre chirriaba con cada movimiento que hacía, por lo que pensé que eso sería un problema a la larga, gemidos, chirridos y demás no eran buena combinación para don Xavi, si alguien pasaba o entraba a la privada.

—Pero esta chingadera, hace un buen de ruido, no cree? Por qué no mejor vamos a mi casa… –propuse.

—Pero señorita, si alguien me ve entrando con usted, o me buscan y no me encuentran se me va armar… –respondió.

—Y para que lo buscarían?  A esta hora! No abre la puerta, ellos usan la llave y el zaguán se abre con las llaves electrónicas… –pregunte y dije.

—Bueno, vamos hacer lo siguiente! Usted se va a poner de nuevo los pantalones y me va a alcanzar en mi casa, le voy a marcar aquí, inventando un problema, ok! Tenga… –dije entregándole la llaves de mi hermano, ya que había tomado su chamarra.

Salí de la caseta aun saboreando su semen, camine lo más rápido que pude hasta mi casa, saque la llave de atrás de una maceta y entre. Quitándome la chamarra, tome el interfono y marque a la caseta.

—Ya don Xavi! Déjese venir… –dije amistosa y caliente.

Espere solo un par de minutos, hasta que la puerta se abrió, mirando la enorme panza de don Xavi entrar a la casa. Si tiempo que perder, lo invite a llegar hasta la sala, donde me había sentado abriendo las piernas, la borrachera comenzaba a disiparse, dejando la pura calentura del momento. Cuando llego hasta donde me encontraba, se quitó la gruesa chamarra, dejando solo su uniforme de guardia, color negro. Yo no podía aguantar más, por lo que lo tome de las nalgas atrayéndolo más cerca de mí. Desabroche su cinturón y pantalón bajándolos de golpe, un calzón blanco con elásticos negros cubría su bulto, el cual se miraba aun firme. Tomándolo por el elástico, lo baje con un jalón fuerte, el cual hizo saltar la pija de don Xavi, ante mis ojos, era muy gorda, y como de unos 12 centímetros, su cabezota era purpura, mientras que sus huevos eran grandes y cubiertos de canas.

Tomándola de nuevo con la mano, calcule unos 5 o 6 centímetros de ancho, de verdad gorda. Tal vez lo que no tenía en tamaño, lo compensaba con su grosor. Me la metí de nuevo en la boca, dándole una nueva repasada a su pija. Las manos de don Xavi, se apoderaron de mis tetas, pero esta vez abrió mi camisa, la cual era de broches, por lo que cedió con un jalón fuerte. Sus manotas se amoldaban de manera perfecta a mis gordas tetas, eran casi del mismo tamaño. Las frotaba despacio y apretaba fuerte en ocasiones, todo sin quitarme el brasier. Le chupe la pija por unos minutos más hasta que él dijo.

—Señorita, ya quiero metérsela!... si quiere todavía, verdad?... –exclamo mientras apretaba mis tetas.

Deje su pija por un instante, lo mire, imaginando si estaría dispuesto a abrirme el culo con esa gorda pija, o si lo aguantaría por el culito. Deje su pija en libertad, para tomar mi camisa, misma que avente sobre el sillón, me levante y desabroché mi pantalón, bajándolo hasta mis muslos, momento que don Xavi, aprovecho para tomarme de la cintura girarme e inclinarme sobre el sofá. Bajando mis bragas hasta la mitad de mis muslos, separo mis nalgas con sus enormes manos y lamio mi coneja por todo el largo. Se puso sobre las puntas de los pies, dándome una buena chupada en la coneja. Mis líquidos femeninos no tardaron mucho en desbordarse, don Xavi, se tragaba todo, lo que mi coneja secretaba, dando grandes tragos de saliva. Su nariz quedo justo encima de mi chiquilín, por lo que su respiración agitada me provocaba excitarme más.

—Ah! Ah! Don Xavi… ah! Si! Ahhh! –gemia mientras su lengua entraba en mi coneja.

Minutos después don Xavi se puso en pi de nuevo, tomo su gorda pija, palmeando mis nalgas con ella, la restregó un poco en mi coneja, lubricándola y le metió de un solo empujón en mi papaya. Un gemido largo, acompañado de mi pujido se escuchó en la casa.

—Aaahhhhh! Mmmmmh!

El grosor de la pija de don Xavi, era invasor para mi agujero, mis paredes vaginales se esforzaban por albergar al huésped. Don Xavi, se mantuvo inmóvil, por unos segundos disfrutando lo apretado de mi coneja. Comenzando a bombearme suave y lento, mientras sus manotas me tomaban las tetas sacándolas de las copas del brasier.

—Hay señorita! Hay! Que sabroso culo! Hay! –decía don Xavi mientras me cogía despacio.

—Le gusta don Xavi? Ah! Así! Cójame con esa pijota gorda! Ah! –respondí.

Sus manos apretaban mis tetas con cada penetración que su pija me daba, nuestras respiraciones se hacían más agitadas y nuestros gemidos más sonoros, las palabras que salían de nuestra boca, eran total y absoluta calentura.

—Hay señorita! Que rica esta! Ah! Que rica! Mas don Xavi! Más rápido! Uh! Si! Más duro, señorita? Ah! Bueno! Mmh! Si más duro! Mas! Ah! Que gorda esta su pija! Ah! –decíamos y gemíamos.

Pensé que aquel hombre mayor se cansaría pronto, pero no fue así. Don Xavi, mantenía un ritmo constante y fuerte. Dándome dos orgasmos en menos de 20 minutos. En verdad se pija me llenaba por completo la coneja, haciéndome experimentar algo extremo. Poco a poco mi coneja se adaptó a su huésped maldito, nuestros cuerpos comenzaban a sudar y ligeras gotas de sudor de la frente de don Xavi, caían sobre mis nalgas y espalda.

—Pégueme en las nalgas don Xavi! –exclame hecha una loca.

Sus enormes manos se precipitaron al mismo tiempo sobre mis nalgas, mismas que se estremecieron y sacudieron con el impacto.

—¡PLAFFFFF! Ahhhh! Así! Otra! PLAFFFF! Uh! Ah! Don Xavi! Ah! –gritaba mientras recibía las manos del viejo en las nalgas.

—Hay señorita! No imagine que fuera tan sucia! Uh! PLAFFF! –decía el viejo mientras me castigaba más.

Las manos de don Xavi, son tan grandes que casi abarcaban por completo mis nalgas, quería que le viejo me diera todos los días. Pero había algo que me interesaba más. Mi culito.

—Ah! Don Xavi! Uh! Me va a abrir el chiquilín? –dije entre gemidos.

Don Xavi, puso su dedo pulgar encima de mi ano, apretando un poco y metiéndolo.

—Lo quiere por aquí? Señorita?... esta segura? La voy a dejar muy abierta, no importa? –pregunto el viejo.

Para ese momento ya no me importaba, si me dolería o no… solo quería tener un pito dentro.

—No! Al carajo si me revienta! Solo métamela! –exclame.

El viejo, disminuyo el ritmo, mientras que sus manos sobaban mis doloridas nalgas, se agacho un poco, separo mis nalgas y escupió en varias ocasiones sobre mi culo. Untando su saliva sobre mi culito con los dedos, para después usar sus pulgares, abrir un poco mi chiquilín y escupir dentro.

—Uy señorita, lo tiene muy pequeñito! La voy a lastimar! –dijo el viejo preocupado.

Siguió dándole a mi coneja despacio, mientras que continuamente escupía en mi culito, mientras metía y sacaba un dedo. Después de unas metidas más, ya eran dos los dedos que entraban en mi culito, y así, hasta tener 3 dedos dentro, casi un fisting.

—Uy, señorita! Ya casi está listo… –dijo mientras dejaba caer algo se saliva en mi orificio.

Al tener el tercer dedo dentro el dolor, comenzó a ser punzante. El viejo lo noto, dejando inmóviles sus falanges. Mientras seguía bombeándome por la coneja.

—Auh! Auh! Don Xavi! Auh! –pujaba de dolor.

Don Xavi. Me sobaba las nalgas, tratando de calmarme, mientras hacia la observación que inhalara profundo, y me relajara. Después de unos segundos, comenzó a mover sus dedos haciendo un medio círculo, taladrando mi chiquilín. Poco a poco comenzaba a disfrutar el dolorcito que provocaban sus dedos en mi culito.

—Ahhhh! Ahhh! Sii! Así! Don Xavi! Ahhh! Maass! Uuuh! –gemia disfrutando sus dedos en mi culo y su pija gorda en mi coneja.

Pocos minutos después se detuvo por completo, extrajo sus dedos de mi culo y la pija de mi coneja.

—Hay señorita! La voy a gozar bien rico! Va por el anito! –exclamo mientras posaba su cabezota purpura sobre mi agujerito.

Sus manotas separaban mis nalgas, mientras su cabezota se abría paso en mi culito, un calorcito comenzó a recorrer mi cuerpo desde los pies hasta mi cara. La cabezota abrió mi ano, y entro quedándose ahí sin movimiento, y arrancándome un grito de dolor y placer.

—Aaaaaahhhhuuuu! –grite al sentir mi culo abierto.

—Sssshhh! Respire señorita! Respire! Uhhh! Aprieta bien rico! Aah! –gemia y decía el viejo.

Después de que mi culito se dilato un poco, y un poco más de saliva cayó sobre mi culo y pija del viejo. Este volvió a empujar, logrando una penetración completa. Sentí como su barriga rozaba mis nalgas y su pubis chocaba con ellas.

—Ahh! Señorita Diana! Uhh! Como aprieta! Uuh! Esta nuevecita! Ahh! Me voy a venir pronto! Esto es muy sabroso! Ahh! –decía el viejo gimiendo.

Mi amiga tenía razón, el sexo anal era increíble, solo se equivocó en una cosa, yo disfrutaba del dolor, produciéndome placer. Pasados unos dos minutos en que el viejo se quedó inerte y solo me frotaba las chichis, comenzó a mover su cadera, su panza recargada en mis nalgas, se frotaba contra mi cuerpo, mientras que sus manos, me amasaban las tetas y apretaban los pezones, su gorda pija entraba y salía de mi ano, sin el mayor problema. Don Xavi, resoplaba al igual que yo, con cada embestida que le daba a mi cuerpo, sus huevos peludos se estrellaban con mi coneja, la cual chorreaba por el placer anal que recibía, en poco minutos la pija del viejo me hizo llegar al tercer orgasmo de la noche, soltando un chorro de líquido sobre el sofá.

—Uhh! Dianita! Eres una nena sucia! Uhhh! Ahh! Si te gusta? O más duro? –dijo el viejo cambiando el usted por el tu.

—Más duro! Más duro! Don Xavi! Ahh! Ahhh! Mas! –gritaba de placer.

Las enormes manos del viejo, alcanzaban a separar mis nalgas y sujetar mi cadera, dándome con todo lo que le queda, mis nalgas se agitaban por lo duro de las penetraciones, mis tetas bailaban descontroladamente para todos lados. Gemíamos y gritaba como loca. El placer era total. La pija de don Xavi, aunque pequeña me estaba dejando el culito bien abierto, debido a lo gruesa que es. Mi cara se embarro contra el respaldo del sofá, torciendo por completo mi cuello, el dolor que eso producía me hacía experimentar aún más placer, el sudor de derramaba por nuestros cuerpos, como el líquido en mi coneja. Sentía empapados los muslos, mientras que mis tetas comenzaban a dejar gotas de sudor en el sofá. El viejo comenzaba a cansarse, aminorando la intensidad sobre mi chiquilín, pero mantenía el ritmo, sus manos me apretaban mi cadera, hundiendo por completo su pija gorda en mi culito. De pronto sus manos soltaron mi cadera, empezando a darme nalgadas fuertes, con las cuales mis nalgas se agitaban como gelatinas.

—Ah! Si! Dianita! PLAFF! Así te gusta verdad? PLAFF! Toma! PLAFF! Niña sucia! PLAFF! PLAFF! Oh! Uh! No me había cogido a una… uh! Niña tan sucia… PLAFF! Hace años! PLAFF! PLAFF! Siempre me la chaqueteaba! Ah! PLAFF! Pensando en tu culo! PLAFF! Y tus chichotas! PLAFF! PLAFF! –decía el viejo mientras me maltrataba la cola.

Yo no decía nada, no podía, solo gemia y gritaba por momentos, las nalgas se me adormecieron por lo violento de las palmadas. Contrario a lo que el viejo creía no se veía con la menor intención de terminar, seguía dándome con vehemencia en el culo, y palmeando mis nalgas. Hasta que se detuvo por completo saco su pija de mi ano, dejando sus manos sobre mis nalgas.

—Uh! Estas bien rica dianita! Voltéate! Quiero chuparte las chichis! –exclamo mientras me empujaba a un lado de el.

Me desplome en el sofá, abriendo un poco los ojos, vi que su pija estaba más gorda y sus venas estaban a punto de estallar. El viejo me tomo por las piernas levantándolas, sacándome los zapatos, pantalones y pantys, cuando lo logro, él se bajó los suyos hasta los tobillos, poniéndose de rodillas sobre el piso. Me abrió las piernas y beso mí herida en la rodilla, la cual había olvidado. Me levanto las piernas acomodándose en medio, tomo su pija y volvió a envestir mis culito, el cual ya no opuso resistencia, dejando entrar y salir su gorda pija son problema. Sus manotas atacaron mis tetas, sacándolas por completo del brasier, apretándolas con fuerza, mientras me daba con lo que le quedaba de fuerza, me chupaba las tetas apretándolas y mordiendo mis pezones. Ahora eran mis bubis quienes recibían el castigo.

—Que chichotas! Dianita! Ah! Ah! Te las voy a comer todas! Uh! Te gusta que te coma las chichotas? Uh! Ah! Ah! Ah! Que niña tan rica! Ah! Así te gusta? Oh! –decía el viejo mientras maltrataba y abusaba de mis tetas y culo.

Mis manos lo tomaron del cuello, haciendo imposible que escapara de mis bubis, mis gemidos y gritos eran más leves pero aun cachondos y continuos, ya no había dolor, solo placer. Las embestidas, lamidas, chupetes y mordidas continuaron por unos minutos más, hasta que el viejo se levantó un poco miro mi cara de placer y dijo.

—Te relleno el culo Dianita? O te los hecho en las tetas? –pregunto don Xavi.

—Noooo! No lo saque!! –exclame.

Pocos minutos más, bastaron para que don Xavi, me llenara el culo de semen, no sé si por el tamaño de sus huevos o por la falta de sexo, pero el viejo no paraba de soltar chorros de semen dentro de mí. Cuando al fin los chorros y espasmos de nuestros cuerpos cesaron. El viejo se desplomo como muerto sobre mis tetas, respirando rápidamente, yo estaba igual, pero su cuerpo sobre el mío me dificultaban jalar aire, por lo que lo empuje un poco haciéndolo a un lado. Al momento en que el quito su cuerpo del encima del mío si pija gorda salió de mi culo, junto con una poco de semen, cayendo sobre el borde del sofá. Ambos jadeantes nos quedamos inmóviles por varios minutos, el sudor hacia brillar nuestros cuerpos, mi coneja aun chorreaba debido a los orgasmos recibidos, mientras que sentía como el semen de don Xavi, escurría entre mis nalgas, depositándose en el sofá.

Cuando los dos logramos volver en sí, nos miramos tiernamente, la cara del viejo lucia llena de placer y ternura, una sonrisa se dibujó en su cara. Pero nadie dijo nada. Después de un rato más, los dos nos levantamos, mire que ahora si su pija se había reducido, pero aún era gorda, la cabezota salía de su pellejo y sus huevos cubiertos de canas colgaban en medio de sus piernas. Note un poco de sangre y semen mesclados, por lo que me pido que le indicara donde se podía lavar, le indique que el baño estaba arriba, el subió mientras yo me acomodaba la ropa, lo alcance en el baño, mire como se limpiaba y lavaba la pija, aquel viejo me había dado mucho placer, por lo que lo ayude con su limpieza, no solo con agua y jabón, si no dándole una mamada más a su pija flácida.

El ya no logro una erección, ni termino de nuevo, pero lo disfruto como un chavo de 20 años. Cuando todo quedo listo. Me beso la frente sobo mis tetas y dijo.

—Señorita Diana, gracias! Es usted una niña muy linda! Y con su perdón, está bien rica! Duerma bien! La veo en unas horas!

Acto seguido salió del baño y de la casa, yo me desplome sobre la cama sin siquiera quitarme la ropa, aun podía sentir su semen secándose entre mis nalgas, tuve que dormir boca arriba, porque el culo me dolía muchísimo.

Al día siguiente me levante como a mediodía, baje a la sala para ver el desorden que habíamos dejado, una gran mancha de semen, sangre y suciedad, se veía en el sofá, la casa olía a sexo, así que lave el cojín el cual es de vinil por lo que la mancha salió rápido. Mire mi rodilla maltrecha y me toque el culo, adolorido aun. Me di un baño para quitarme los rastros de la noche de sexo anal, al terminar me vestí y baje a almorzar…

A don Xavi, lo volví a ver esa noche cuando Salí con mi hermano a por algo de cenar, los dos sonreímos y nos saludamos como siempre, nadie hizo el menor aspaviento o comentario, pero nuestras sonrisas lo dijeron todo.

Esta no es la única historia que tengo con don Xavi… es solo la primera… ha habido más encuentros anales y grupales con el algunos de sus amigos… pero eso vendrá más adelante…

¡Continuará!...

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