Transexuales - Tríos

Trabajando como puta travesti

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RESUMEN

Cuando te vistes como puta y caminas por las calles como puta, tarde o temprano te cogen como una, solo que esta vez me cogieron tres.

Definitivamente no hay nada como putear en la calle: estar ahí, a altas horas de la noche, en tacos altos, porta-ligas y minifalda apretada, ya sabes, es tan caliente.  El domingo en la noche me la había pasado estado viendo porno mientras me pintaba las uñas y después de unas cervezas ya tenía esa sensación de picazón en todo el cuerpo (bueno más bien en mi culo, además de que había estado usando un “butt-plug” grandote todo el tiempo). Después de las 11 pm pensé, ¡Oh, qué diablos! vamos a salir a dar un paseo”. Yo estaba de estado de ánimo para un golpe de suerte, así que elegí un típico traje de zorra: short negro de spandex, top blanca pequeña, medias negras y liguero, además de maquillaje súper llamativo. Pensaba caminar mucho, así que fui por mis tacones de 6 ", luciendo como una puta. Metí mi bolso unos condones, tomé las llaves del coche y allí estaba yo, lista para lo que sucediera.

Fui todo el camino hasta el centro, estacioné el coche cerca de los teatros locales; era la noche del domingo así que calles no estaban tan llenas, las personas se iban temprano para trabajo del lunes. Tomé mi bolso, encendí un cigarrillo y comencé mi paseo. Mi plan inicial era simplemente dar la vuelta a unas pocas cuadras. Desde mi sitio de estacionamiento, se puede caminar hasta la calle 30, una avenida llena de hoteles, estrechos callejones y parques. Perfecto (Ok, hay que ser un poco cuidadoso por aquí también). No pasó mucho tiempo antes de lograr un poco de atención de los noctámbulos del lugar, quienes notaron esa puta en el barrio. Uno de ellos me acompañó unos metros sólo buscan charla corta (bye, bye), otros hicieron las preguntas de siempre: ¿cuánto cuesta? (rozando mis caderas suavemente). Definitivamente me estaba divirtiendo. Cuando estaba cerca de Café Havana, tomé una esquina, hacía una calle estrecha. En ese momento, algunos turistas, tres tipos en sus 40s salían de la cafetería, en la misma dirección que la mía. Sólo por pura coincidencia, ocurrió una de esas situaciones incómodas: cuando tienes un montón de gente, todos hombres en este caso, a sólo un par de metros detrás de tuyo (bueno tengo que confesar que me sentí caliente también).

Por supuesto, como seguí caminando bien sabía que todos los ojos estaban enfocados en mi sexy trasero - ¡esa era la idea! Así que uno de ellos intentó usar algunas palabras en español: "¿Oye mamita como estas?" Y así sucesivamente, tratando de llamar mí atención- que ya la tenían hace rato. Después de jugar difícil durante unos metros, les respondí en inglés: "hola amores, ¿a dónde van todos?" Todos miraron sorprendidos y encantados, eran, después de todos gringos. Como siempre me siento muy a gusto con los extranjeros nos paramos en una esquina a charlar, pero luego intercambiamos no sólo nombres, sino también sonrisas sensuales. Al cabo de 10 minutos y luego de unos suaves manoseos de mis caderas y mi mano rozar la pretina de sus pantalones todo era bastante obvio: yo era la puta en servicio, ellos mis futuros clientes.  Yo tenía aún algo de alcohol en la cabeza y claro, por un lado ni pensaba en lo que me metía (¿irme a un hotel con 3?), y por otro, me arrechaba increíblemente la idea de ser la puta de tres machos. Quedamos en un precio (bastante bueno para mí!) y de arranque nos fuimos en su auto hasta un hotel en la calle 34 –creo que se llamaba “el coche” o algo así.  Yo iba en la parte de atrás con Jim quien no dejaba de acariciar mi piernas mientras yo buscaba su verga bajo su anchas playeras. Me sentía súper, híper, uber arrecha y con ganas de comerme toda verga que se pusiera delante mío.

Finalmente llegamos al lugar; era una sensación casi surreal para mí: entrar en un hotel, vestida de puta, acompañada de tres hombres, todos mis clientes.  ¡Era como una fantasía hecha realidad! Incluso mi verga estaba por explotar bajo mi tanga. De inmediato tomamos un cuarto en el segundo piso, con ventana hacia la calle – podía ver el resplandor de las luces nocturnas y escuchar los murmullos de media noche.  Mis clientes prepararon algo de ron con coca cola así que compartimos unos tragos antes de aligerarnos de ropa; los tres estaban en sus 40s, no mal parecidos, uno de ellos, Brian, parecía militar (¡qué vargaza tendrá! Pensé).  Al cabo de dos ruedas de tragos ya me sentía completamente lista para cumplir con mi trabajo: primero hice que los 3 se desvistieran para mi y al hacerlo solo pensé OMFG! – ¡me había ganado la lotería!: tres hermosos cuerpos, duros, fornidos, simplemente de lo más apetecibles, tanto así que hubiese dejado que me cojan toda la noche sin cobrarles un solo centavo.  Claro, mis ojos fueron directamente a sus vergas: todas perfectas, grandotas, gordas y cabezonas. Sin pensarlo un segundo, y con la boca aún mojada por el alcohol, caí al suelo alfombrado, de rodillas, como para pedir perdón y solo se me ocurrió decir una frase en inglés: “please fuck my mouth!”  -- por favor cójanse mi boca.  Los tres se pusieron en círculo alrededor mío ofreciéndome sus mazos de carne –los tenía frente a mi cara, listos para ser devorados por mi boca de puta; para entonces ya había practicado un montón metiéndome dildos de incluso 30 cm hasta el fondo de mi garganta; ahora era el momento de poner mis habilidades de garganta profunda en práctica.  Muy sumisamente atrapé la pieza central, la de Jim, con mi boca mientras ambas manos cogían los mazos duros de Brian y Tom --- oh! Estaba en el paraíso; solo opté por cerrar los ojos y dejarme llevar por un mar de sensaciones: la carne suave y venosa de Jim apretada por mis labios, entrando cada vez más y más adentro, sintiéndolo crecer y endurecerse, ensanchando mi garganta, frotando la cabeza dura como un casco contra mi paladar; mientras eso pasaba, mis manos frotaban de arriba abajo esos otros dos pitos gigantes, acercándolos lo más posible a mi rostro.  Mientras yo hacía mi trabajo de puta ellos continuaban con sus tragos, celebrando, gozando, jadeando, diciéndome cosas como “qué buena puta que eres”, “chúpala bien perra” – me encantaba que me hablasen así, ¡me excitaba mucho más aún!

 

Empecé a tomar turnos, chupando cada verga a la vez, uno, dos, tres, uno, dos, tres…¡era toda una máquina de mamar! En cada rueda sus pollas iban más y más adentro en mi boca de puta, hasta que finalmente se convirtió en una completa cogida de garganta profunda: cuando les correspondía cada uno de ellos, Jim, Brian, Tom, cogían mi cabeza y la empujaban contra sus cuerpos desnudos, metiéndome todos esos inmensos trozos de carne hasta lo más profundo de mi garganta; podía sentir sus deliciosas bolas tocar mi mentón cada vez que se los chupaba; al sacarlo, dejaba un rastro de saliva densa sobre sus hermosos penes. Yo estaba en el paraíso: me sentía loca por completo de placer y lujuria – solo quería ser cogida una y otra vez, quería llenarme de semen caliente.  Mi verga también estaba súper dura – para entonces ya me había removido mi short y tanga, solo me cubría el portaligas y las medias de nylon. Mi huequito anal estaba súper dilatado.

Nuestra primera ronda, la de cogerme por la boca se había prolongado suficiente – sabía que no podrían aguantar indefinidamente y que pronto explotarían – ¡quería eso! Quería esa primera capa de esperma sobre toda mi cara de puta, así que aceleré el ritmo tanto de mi boca como de mis manos – apuntando siempre hacía mi cara, pues no quería perderme una sola gota.  Yo gemía de placer, ellos también…”chúpala más rápido puta” me gritaban…”sí papi como quieras”….”denme su leche por favor” pedía yo suplicante.  Sentía que era cuestión de segundos…¡ya por favor, ya quiero toda esa leche! Pensaba…Y así sucedió, casi de manera sincronizada todas esas vergas explotaron como mangueras de presión: Tom lanzó toda su leche salada cuando estaba dentro de mi garganta, inundándome de semen caliente, tanto así que casi me atraganto; Jim y Brian empezaron a bañar toda mi cara con una capa densa de esperma, expulsando suficiente semen como para darme un baño facial….¡¡¡oh por dios, esto era el absoluto nirvana!!! Se cumplía otra fantasía de mis primeros años como travesti de closet: ser la puta que es bañada en semen caliente; ahora los tres apuntaban sus vergas hacia mi rostro…la leche no dejaba de caer, como una lluvia calientita: mi frente, nariz, ojos, mejillas, labios, todo se inundaba con los jugos de mis clientes…Y al cabo de tanta eyaculación, me correspondía limpiarlos con mi boca así que me puse a mamar cada una de esas piezas aún calientes hasta tragarme el último rastro de esperma; mientras lo hacía, toda esa leche que me cubría iba corriendo por mi cuello hacia mis pechos.  Era un momento inolvidable. Me sentía realizada como travesti, como puta.

La sesión aún no acababa –obviamente faltaba que me cojan (¡¡sí!!); me puse de pie, mirándome al espejo…¡por dios!...¡estaba toda cubierta de esperma! Parecía que hubiesen vertido un vaso lleno de yogurt sobre mi cara, hasta mi maquillaje se había arruinado; curiosamente, me sentía tan orgullosa de lo que veía en el espejo. “Qué puta que eres” pensé.  Incluso me atreví a mirar por la ventana, esperando que algún transeúnte me viese así. Claro, quería quedarme así para la segunda rueda, pero antes de eso, hice dos cosas: primero cobrar por mis servicios (muy buena paga) y segundo, mandarme medio vaso de ron puro.  Si estos tres me iban a coger, quería que lo hagan hasta dejarme inconsciente.

Y casi lo lograron, una cogida que casi me destroza el culo, pero eso se los cuento en la segunda parte.

Claudia.

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