Masturbación

Relato erótico

El marido de mi amiga me tiene demasiado caliente

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RESUMEN

El marido de mi amiga me metió mano hasta el chichi durante la cena y ahora solo pienso en ello y me masturbo a todas horas.

Tumbada en el sofá, como todas las tardes después de comer, con el sopor de la digestión y una mantita suave que me cubre las piernas y el vientre, trato de escuchar las noticias del telediario, que se repiten y me aburren, con el volumen al mínimo y los ojos entornados, no dejo de pensar en lo ocurrido recientemente.

Nicolás es el esposo de una de las parejas con las que solemos salir de fiesta desde hace tiempo. Siempre fue amable conmigo y cuando nos encontramos no deja de ensalzar mi figura y mi belleza. Es atractivo, extrovertido y bromista y le sigo el juego diciéndole que él también está muy bien, a lo que contesta que algún día tendremos que liarnos y llegar a más. Hasta ahí había llegado todo, salvo en la Fiesta de Nochevieja pasada que avanzada la noche y con alguna copa de mas, bailamos y me dejé llevar mas de la cuenta, apretándome contra él y sintiendo su respiración y su bulto que no rehuí. Ello hizo que mi marido que observaba celoso, me recriminara al llegar a casa y comenzáramos el año con una pelea y mi negativa a tener sexo, a pesar de mi excitación y elevada humedad de mi coño. Durante varios días mi consolador favorito sustituyó a mi marido satisfaciendo sobradamente mis necesidades.

El pasado viernes noche salimos a cenar las cuatro parejas que formamos el grupo de amigos. Nicolás se sentó a mi lado. Todo transcurría con normalidad hasta que en varios momentos de la cena sentí su pierna rozar la mía en alguna ocasión. No le di importancia hasta que definitivamente la pegó a la mía con descaro; no la retiré y la mantuve sintiendo su contacto. Quizás mi exagerada minifalda que había subido demasiado al sentarme, le estaba provocando excitación, con la visión completa de mis piernas, y pudo ser la causa de que su mano la posara en mi rodilla. Subí el mantel tapando mis muslos, pero lejos de retirar su mano fue subiendo por mi entrepierna que abrí facilitando su acceso hasta llegar al tanga, donde hurgó con sus dedos que no encontraron dificultad para acceder a mi raja ya húmeda. Estuvo un momento estimulando mi vagina y viendo que la situación podría volverse incontrolable, me levanté con la excusa de ir al baño. Me bajé las bragas embadurnadas de flujo, hice pis y mis dedos acabaron la faena empezada por Nicolás llegando al orgasmo. Me limpié mi coño chipiado y después de refrescar mi cara y reparar el maquillaje, salí como si nada y me senté al lado de mi marido. El resto de la velada lo rehuí como pude, aunque no pude evitar se acercara en un momento propicio para decirme con disimulo que me llamaría para quedar y llenarme el chocho con su leche y conociera un macho de verdad (en su descargo he de decir que el chico iba ya en ese momento sobrado de copas).

Desde que ocurrió no he dejado de pensar en lo sucedido y con ese recuerdo y el calorcito de la manta, mis dedos se deslizan dentro de mis braguitas para acariciar mi concha mojada que empieza a dilatarse. Hago discurrir el dedo corazón por la tela húmeda presionando entre los labios que se van abriendo mientras aumenta la corriente de flujo bañando mi vagina. La estimulo durante unos minutos y mi excitación va en aumento. Me deshago de las bragas para acceder con facilidad a mi fuente de placer. Son ya tres dedos los que entran y salen sin cesar con fuerza de mi interior, mientras mi mente fantasea con la verga de Nicolás que me penetra con pasión salvajemente haciéndome suya. Necesito más estimulación y con pereza, pero por necesidad, busco en un cajón mi consolador preferido, grande, venoso, con un tacto tan agradable que parece un falo real. Lo mamo con fruición como si fuera la verga de Nicolás y llevo el capullo a mi raja que al notar la presión se abre de par en par, empujo suave notando el gran capullo entrar rozando las paredes vaginales que lo reciben jubilosas soltando una lluvia de líquido lubricante, entra despacio hasta el fondo, me muero de placer, ya sin manta que me entorpezca los movimientos, con las piernas arqueadas y la planta de los pes en el sofá para apoyarme, me muevo con frenesí buscando el orgasmo que espante los fantasmas que me hacen sentir tan puuta. Me muevo subiendo y bajando el culo para que el consolador, agarrado con las dos manos, entre y salga de mi concha tan dilatada que tragaría dos vergas. El abundante flujo mana escurriendo hasta mi ano y sigo como una posesa metiéndome salvajemente aquel gran falo.

Tiemblo de placer, siento que me va a venir, gimo de gusto, sé que nadie me oye y si fuera así me da igual, no puedo evitar gritar con todas mis fuerzas: ¡MAS, MAS, MAS, QUIERO TODO, FOLLAME NICO! Siento estremecer, tenso mis músculos, contraigo mi vagina apretando el pollón que me da placer, noto espasmos que nublan mi vista, el orgasmo es profundo, largo, interminable, infinito, mientras mi vagina pretende aprisionar la gran verga con palpitaciones que no cesan. Por fin siento relajo, aflojo los músculos, noto una extraña sensación de ingravidez, cierro los ojos y me dejo llevar por el sueño. Nicolás sigue estando presente en mis pensamientos y me estremezco, sé que no tardaré en que se cumpla su deseo aunque me lo anunciara ebrio.

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