Gays

Relato erótico

Aventuras y desventuras en el gym

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RESUMEN

Una tarde más en el gimnasio empiezan esta serie de relatos en las que cuento como la calentura parece que no tiene límites...

Era una tarde mas en el gimnasio, llevaba yendo a esa sede cerca de cinco meses, y aunque lo había encontrado agradable era solo un sitio para hacer ejercicio, no era mucho lo que había para recrear la vista, uno que otro de esos tipos con el cuerpo grande y marcado, pero que tienen la personalidad de un gorila con síndrome de down, y que se creen lo máximo.

Había hecho algunos amigos mientras entrenaba, nada fuera de lo común, un par de amigos que creían que yo era hetero y que siempre querían hablar de mujeres, a mi francamente ya empezaba a cansarme, pero simplemente les seguía la corriente, “esta buena, le doy un 8 sobre 10” decía yo respecto a cualquier vieja que pasaba frente a mi mientras en realidad pensaba “¿que acaso me tocó el único gym en el mundo sin hombres interesantes?”. Los instructores eran bellos, no podría negarlo, pero tenían la edad mental de un niño de 12 años, y aunque no me considero la persona más madura del mundo simplemente no suelo tolerar las tonterías que decían cada cinco minutos.

Mi nombre no importa, simplemente me llamaré J, y diré que a mis veinticinco años de edad creo aparentar un poco menos, de ojos oscuros y cabello corto, “bonito” dicen algunos, de buen cuerpo, hace ya unos años que el ejercicio es una parte importante de mi vida, y aun así nunca he sido una persona de muchos amantes, o mejor dicho, de muchos amantes pero pocos significativos, para aquel momento de mi vida nunca había sentido algo realmente fuerte por alguien.

Aquella tarde estaba solo, mis amigos habituales no estaban ese día y francamente no me importaba, solo quería trabajar mis piernas tranquilo sin tener que verle el trasero a alguna vieja solo por disimular. Uno de los instructores se acercó a mí para decir alguna estupidez a la que respondí con una risa falsa y seguí con mi rutina. Fue entonces cuando escuché el timbre del lugar, por inercia mi cabeza volteó en dirección a la puerta de vidrio que permitía ver quien llegaba. Aunque veía una silueta a contra luz pude notar que era un hombre, un poco más alto que yo, miré un rato sin poder distinguir quién era, y seguí con mi rutina, hasta que escuché una voz decir mi nombre

—J!! J!! – escuché decir a una voz familiar

—¿Mi-Miguel? - dije sorprendido

¡J! años sin verte! – respondió Miguel con esa sonrisa que me enloquecía

A Miguel lo conocí hace algunos años, en otro gimnasio donde solíamos ir, un día cualquiera me pidió que le ayudara con un ejercicio para pecho y yo no podía decirle que no a ese ejemplar de hombre. El es un poco más alto que yo, 1, 78 aproximadamente, 35 años, de ojos claros y cabello rubio cenizo, blanco, y con un cuerpo escultural que me vuelve loco, sus brazos son gigantescos, su pecho resalta sobre su camisa y me dan ganas de hacer cosas malas de esas que se sienten muy bien, sus piernas son gruesas, marcadas, y trasero es un monumento a la belleza masculina, y por favor no me hagan empezar con su paquete, que me pongo mal. Solo una cosa me impedía tener algo con él, y eso era que era hetero, siempre lo veía intentando impresionar a alguna nena por ahí explicándole algún ejercicio o levantando mucho peso. Su actitud de macho alfa, que usualmente me molestaba en quienes conocía, en el solo me hacía querer ser suyo. Pero nunca pasó, solo charlábamos sobre la rutina y ya, de hecho hasta que nos volvimos a encontrar pensaba que no sabía ni mi nombre, para el yo solo era un tipo que va al gym. Y ahora ahí estaba, parado frente a mi.

—No supe de ti desde que dejaste el gym, le pregunté a varias personas pero nadie me dio razón de ti – dijo dejándome sorprendido, ¿había preguntado por mi? ¿Por qué?

—Si, tuve que mudarme, y luego me hice socio de este gym, me queda mas cerca de mi casa – le comenté – pero, ¿tú qué haces por aquí?

Me contó que tuvo un disgusto en nuestro antiguo gimnasio, y decidió buscar otro, así es como nos volvíamos a encontrar, y esto me alegraba y me molestaba a la vez, usualmente me encantaba hablar con él, y ayudarle a hacer algún ejercicio mientras aprovechaba para pasar mis manos sobre su musculatura, igual que lo hacía con cualquier otro compañero de gimnasio, pero el me desestabilizaba, me ponía algo nervioso, no podía sostenerle la mirada, el saber que alguien a quien no podía tener me ponía así no me agradaba para nada.

Un par de semanas seguimos trabajando juntos, deje de ir a la hora que iba siempre solo por pasar tiempo con el, hasta que un día lo vi coqueteando con una chica en el gym, una chiquilla que por mucho tendría 18 años, ambos estaban riéndose de alguna estupidez, no pude evitar pensar “perra”, estaba celoso y sin ninguna razón válida para estarlo, me llene de ira y decidí ir al segundo piso a trabajar solo, le subí el peso a las maquinas en las que trabajaba para soltar toda la rabia que tenia. Hasta que se me acercó uno de los instructores, Luis

—¿Y eso? ¿Por qué no estás trabajando con Miguel? Si ya no trabajas con nadie que no sea el – dijo en tono de burla

—El está ocupado – dije sin pensar

—Ahh, si lo vi con la rubia, esta riquísima

“¿Por qué no se calla?” pensaba yo mientras el imbécil de Luis seguía hablando de la rubia esa

—Tiene una cara de sexo, me encetaría tener esos ojitos frente a mi ombligo – dijo mientras se reía – A parte hace rato no me hacen una buena mamada

—Si quiere… - dije sin pensar,

Me alcancé a callar, pero el se quedó viéndome fijamente a los ojos, y note que su mirada había cambiado,

—¿Si quiero, que? – Me dijo sonriendo

No sé si eran los celos que sentía o que hacia unos meses no tenía sexo, pero me anime a decirle

—Si quiere se la mamo…

Lo siguiente que supe es que estaba en el sauna, de rodillas, mordiendo pon encima del pantalón su verga que se sentía dura y gruesa, Luis se había quitado si camisa, y su pecho era simplemente perfecto, con mis manos recorría su abdomen marcado, me estaba poniendo mal, el tenia sus manos en mi nuca como queriendo controlarme. Baje su sudadera y frente a mi tenía sus bóxers negros, que marcaban una verga de unos 18 cms.

—La quieres, quieres tenerla en tu boquita, eh? – Me decía, mientras yo seguía en mi deber, daba leves mordiscos sobre su verga. – Nunca te imagine como esta clase de perra chupa vergas J, pero tengo que admitir que me encanta

Libere su miembro de su bóxer y empecé por pasar mi lengua desde la base hasta el glande, me metí su cabeza en la boca y empecé a jugar con mi lengua, bajaba y subía a mi propio ritmo, le chupé los huevos, primero el derecho y luego el izquierdo, para luego intentar meterlos ambos en la boca, el gemía de placer, y eso me excitaba bastante. La metí toda en mi boca con un poco de esfuerzo, y seguí dándole a este imbécil de increíble cuerpo la mamada de su vida, sentí como su cuerpo se tensionaba, estaba a punto de venirse, y yo la quería toda en mi boca, mamé más intensamente hasta que un gruñido salió de su boca y sentí su leche golpear en mi garganta, la seguí lamiendo hasta dejarla completamente limpia.

—Uff que delicia - me dijo - no sabía que tenias esas habilidades

El se había venido pero yo seguía muy caliente,

—Quiero que me folles, me atreví a decir

El rió y me dijo que ahora no podía justo ahora, ya llevaba mucho tiempo “desaparecido” y tenía que seguir trabajando, mientras se vestía pude notar que la puerta del sauna estaba abierta, pero recuerdo haberla cerrado bien antes de darle la mamada de su vida al instructor, empecé a sospechar que alguien nos había visto cuando Luis rompió el silencio

—Te espero esta noche en la esquina, si así eres de bueno para mamar no me imagino lo que puedes hacer con ese culo tan delicioso…

(Continua...)

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