Incesto - Filial - Hetero: General

Mi sobrina Samanta

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RESUMEN

Me puse de pie y me acerqué a ella lentamente, como quien tantea en donde pisa para no resbalar. Ella caminó hacia atrás y chocó con un librero, quedando a mi merced, las tazas en sus manos se movían producto del incesante temblor de sus manos sus labios estaban húmedos y sus ojos...

Unos 6 meses después de reventarme a Raquel mi sobrina, llegó el turno de su hermana mayor, Samanta, ella en ese entonces tenía 19 años cumplidos y cursaba el último semestre de preparatoria, su padre me pidió que le diera trabajo en la consultoría, por lo que acepte gustoso.

Samanta es una chica, muy atlética, de 1.70 de estatura, tez muy blanca, cabello castaño lacio hasta los hombros, cara larga nariz de bolita, ojos pequeños y algo rasgados, boca grande y labios delgados, un par de senos medianos y bien firmes, una cintura como hecha a mano, un trasero que provoca erecciones al pasar, mediano y bien parado, un par de piernas torneadas y largas.

Sam, como la llamamos de cariño, llego un día martes acompañada de su padre, mi primo Jonás, entraron a la oficina y le explique a grandes rasgos la labor que desempeñaría en la oficina. Sam, estuvo de acuerdo y fijamos la fecha de su ingreso el lunes siguiente.

El día designado llego al fin, como Sam estaba en el último semestre de la prepa, tenía solo dos clases al día, por lo que salía muy temprano, llegando a la oficina a eso de las 11:00 hrs. Sam, entro a la oficina y al hacerlo el bullicio ceso. Samanta, estaba vestida con una blusa floreada muy ajustada sin mangas por lo que sus senos se levantaban en su interior, unos blue jeans sumamente ajustados, los cuales resaltaban enormemente su hermoso trasero y sus piernas, unos zapatos de tacón negros, el cabello suelto usaba sus gafas medicinales y sostenía sus libros entre los brazos.

Aquello era como mirar una chica nerd bastante sexy… la salude agitando la mano, ella se acercó y me dio un beso en la mejilla.

—Hola Tío, Fabio… buen día…-Sam.

—Hola, nena… ¿lista? -yo.

—Aja… voy a comenzar a ordenar mi escritorio… te veo en un rato, tío… -Sam.

—Muy bien nena… -dije.

Mis ojos no se despegaron de su hermoso trasero, hasta que llego a su escritorio. Por su puesto todos los chicos en la oficina estaban más atentos y acomedidos que nunca… le ayudaron a mover el escritorio y casi limpiaron el piso con la lengua. El puesto de Samanta en la oficina era el de recepcionista, por lo que rápidamente se comenzó a sentir cómoda en dicha labor, por la tarde salimos a comer y Samanta se quedó para ordenar algunas cosas. Cuando regrese a la oficina mire que alguien estaba con Samanta, sin hacer ruido me adentre un poco para observar mejor, se trataba de Carlos su novio, el cual la sostenía de las nalgas y la besaba duramente. Aquello era sumamente excitante, en ese momento recordé lo que me había dicho su hermana Raquel, ese pelado se había agasajado con las dos hermanas tiempo atrás.

Empuje, la puerta de la entrada la cual es de cristal y rechina un poco, al escuchar aquel ruido los dos se separaron y voltearon a mirar quien era. Al verme tanto Carlos como Samanta, se notaban avergonzados.

—Chicos, por mí no se detengan… -dije, riendo pícaramente.

Los dos súbitamente se separaron, y apenados dijeron.

—Tío, que pena…  -Samanta.

—Señor, Fabio… perdón… -Carlos.

—Para la próxima consigan una habitación eee… -dije.

Los dos rieron y Carlos se despidió, saliendo de la oficina, Samanta se sentó en su silla y suspiro.

—Vaya sobrina sí que te trae loca ese chamaco… -dije.

—Ajaja… no tío, nada más un poquito… -Samanta.

—Cuantos novios has tenido nena? -dije.

—Solo dos tío, Carlos es el segundo -Samanta.

—¿Y ya entregaste el tesorito, nena?  -pregunte, lanzando el anzuelo.

—Jejeje… tu qué crees tío?... que si o que no… -Samanta.

Obviamente yo sabía ya la respuesta pero quería escucharlo de su boca.

—No lo sé por eso pregunto? -dije.

—Mmm… pues tal vez… jajajaajaja -Samanta.

—Ya dime, sin pena… no voy a decir nada… -dije.

—Mmm, si ya se lo di a Carlos… -Samanta.

Eso era lo que buscaba así que seguí lanzando anzuelos al agua.

—Y que tal… si bien o no tan bien? -pregunte.

—Mmm… pues no se me gusta hacerlo con el… pero no podría compararlo porque no he tenido a nadie más… -Samanta.

—Y quisieras hacerlo con alguien más? -dije.

Ella se levantó de la silla y entro a mi oficina ya que solo nos separaba un vidrio, sentándose en la silla frente a mi respondió

—Pues si porque no?... pero nadie me lo ha propuesto aun… -Samanta.

—Jajaja, pues que idiotas deben de ser tus amigos nena… -dije.

—Si no fuera tu sobrina, me lo harías tío? -Samanta.

—Jajajajajaja, pero claro que si… te daba hasta por las orejas… nena -dije riendo.

Samanta me miro de forma cachonda y respondió

—Y sabiendo que soy tu sobrina, también?

—Ooo!!... no lo sé tal vez… tu aceptarías? -dije.

—Mmm, no se a lo mejor… -dijo Samanta.

En ese momento los muchachos regresaron de comer y la conversación quedo ahí. Más tarde Samanta marcho porque tenía que entregar un trabajo al día siguiente, se despido de mí con un beso en la mejilla y salió de la oficina meneando el culito.

Llego el martes y yo tuve que salir casi todo el día a diferentes municipios del estado, por lo que no la vi para nada, pero no podía dejar de pensar en aquella conversación que tuvimos el día anterior.

El miércoles por la mañana, llegue a la oficina como de costumbre, note que Samanta no había llegado aún, lo cual era muy extraño, ya que era muy responsable. Minutos después Samanta apareció agitada y verdaderamente hermosa. Llevaba una falda de cuadros tipo escocesa la cual se levantaba en su pequeño trasero, una blusa negra, mallas negras y zapatos de piso, el cabello suelto y aun mojado.

—Perdón tío, se me hizo tarde… -Samanta.

No podía dejar de mirar sus piernas y ese culito que tanto se me antojaba.

—Tío, tioo!!... me escuchaste… -Samanta.

—Aaa… si, si no te preocupes, nena… -dije, sin dejarla de mirar.

Ella noto mi mirada y dijo.

—Hombre, tenias que ser…

El día transcurrió con normalidad, al regresar de comer, mire que estaba con Carlos, pero esta vez se notaba que discutían. Entre y ellos salieron de la oficina, así que supe que la cosa era seria. Minutos después Samanta entro a la oficina y sentándose en su silla comenzó a llorar.

—Nena, te pasa algo? -dije acercándome a su silla.

Ella salto de la silla y me abrazo fuerte, sabía que se sentía mal por la discusión, pero mi mente solo decía que buenas tetitas… al sentir sus senos embarrarse en mi pecho.

—Tranquila, que paso?... cuéntame… -dije.

—Aaa!!... nos peleamos tío… -Samanta.

—Ya, cálmate… respira… deja que el enojo pase… y ve a hablar con el de nuevo -dije.

—No, no quiero verlo por hoy… -Samanta dejando de abrazarme.

Me dio un beso en la mejilla y dándome las gracias fue al sanitario a lavarse la cara, los muchachos regresaron de comer y la tarde paso sin sobresaltos. Llego la hora de salir y note que Samanta seguía en su escritorio, los últimos muchachos se despidieron de ella y de mi saliendo de la oficina.

—Nena, ya es hora de que salgas… no piensas irte a casa? -dije.

—No, quiero llegar a casa… tío… me puedo quedar aquí un rato… -Samanta con voz triste.

—Si claro, quédate cuanto quieras… yo voy a revisar unas maquinas y no sé cuanto tarde… ok -dije.

Ella se quedo en su silla un rato, y después camino hasta la puerta de mi oficina.

—Puedo pasar, tío… -Samanta.

—Adelante, nena, pasa siéntate -dije.

Ella se sentó y cruzo las piernas, su falda se levantó un poco y sus mallas se ajustaron a sus piernas… la mire un segundo, para después seguir en lo que hacía. Samanta no dejaba de cambiar de posición en la silla y por momentos dejaba que mis ojos gozaran de su culito enfundado en las mallas de algodón.

—Tío, me quieres…? -Samanta.

—Claro, que si… porque me lo preguntas, Sam? -dije algo extrañado.

—Nada más quería escuchar, que alguien me quería… de verdad… -Samanta.

Terminando de decir eso se levantó de la silla y supuse que ya se iba a casa, pero no fue así, camino hasta una pequeña mesa en donde hay una cafetera, justo detrás de mí. Sirvió dos tazas de café y al pasar junto de mí ya no resistí más y le di una nalgada.

—Tiooo!!... que haces…? -Samanta.

—Hago lo que he querido hacer desde el primer día en que llegaste a esta oficina, nena… -respondí.

Me puse de pie y me acerqué a ella lentamente, como quien tantea en donde pisa para no resbalar. Ella camino hacia atrás y choco con un librero, quedando a mi merced, las tazas en sus manos se movían producto de el incesante temblor de sus manos sus labios estaban húmedos y sus ojos presagiaban lo que venía…

—Porque tiemblas, nena. Me tienes miedo? -dije.

—No, no te temo tío, le temo a lo que está a punto de pasar… -Samanta.

En ese momento me dio la pauta para seguir adelante, ella tenía las mismas ganas de coger que yo.

—Quieres que te coja, sobrina? -dije.

—Aja… cógeme tío… -Samanta.

Dejando las tazas sobre el librero, mis manos la tomaron de la cintura pequeña y bien formada, y la trajeron hasta sentir su cuerpo embarrado en el mío, ella bajo sus manos hasta mi entre pierna y suavemente comenzó a frotar mi pene por encima de mi pantalón, mis manos temblorosas por la excitación desabotonaban su blusa, la misma que después de un instante cayó al suelo seguida de su sostén, sus senos eran perfectos, sus pezones y areolas rosadas, su piel de gallina por la excitación del momento o el frio de la oficina. Mis manos tomaron sus pechos dándoles un buen masaje en forma circular.

—Aaa!!... tío… que rico… chúpame un poco las lolitas… -Samanta.

Obedecí de inmediato y comencé a mamarle los pechos, provocando que sus pezones salieran de su escondite, ella se encargó de mi cinturón y pantalones, dejándolos en mis tobillos. Y frotando con más ganas mi pene ya erecto y listo para la acción por debajo de los bóxers. Suavemente la coloque de espaldas a mí, ella se tomó de los entrepaños del librero, mis manos se posaron es su trasero duro y abultado, levante un poco su falda y tome sus mallas con las dos manos y de un tirón las rompí de la costura dejando una abertura que me dejaba ver sus nalgas, solo cubiertas por una tanga de hilo dental.

Comencé a frotarle las nalgas y lentamente mis manos se abrieron paso hasta su húmeda vagina. Haciendo aun mas grande la abertura de sus mallas.

—Mmm!!... tío… te quiero dentro de mi…. -Samanta.

Su mano comenzó a bajar mis bóxers, dejando mi pene rebotar contras sus nalgas.

—Uuyyy!!... que rico… esta sabroso tío…métela ya… -Samanta.

Haciendo a un lado su hilo dental y flexionando un poco mis rodillas, coloque mi pene en la entrada de su vagina y sin darme oportunidad de decirle nada, ella comenzó a clavarse sola.

—Aaa!!... que rico… está bien duro… tiooo!!!... uyy!!... esta más gordo que el de Carlos… -Samanta.

Se hundió la mitad y comenzó a mover su trasero para sentir como entraba y salía mi pene de su vagina. Yo la tome de las caderas y la dejaba hacer el trabajo a ella sola.

—Uyyy!!... uyy!!... te gusta mi rajita… aaa!!... tioo!!... -Samanta.

—Aja… está muy caliente y apretada… nena… -dije.

Y realmente era así… caliente, húmeda y apretada. Siguió así por unos minutos, mientras que mis manos se separaron una quedo sobre su cadera y la otra subió hasta uno de sus duros senos, tomándolo del pezón y apretándolo un poco.

—Aaa!!... aaa!!... tío… duele pero se siente rico…. -Samanta.

La mano que estaba en su cadera, la aferro fuertemente, penetrándola con todo mi pene…

—Aaayyy!!... dios…. todavía faltaba…. uu!!, uu!!, tío… que buena esta tu cosa… -Samanta.

—Te gusta, sobri… porque a mí me fascina tu raja… -dije.

Después de unos momentos sin moveros comencé a follarmela lentamente haciendo que mi pene, entrara y saliera d su vagina, con cada penetración Samanta gemía muy despacio.

—Amm!!, amm!!, ooouu!!, oouu!!, así tío, así… cógeme rico…

Con cada minuto que pasaba las penetraciones comenzaban a ser más duras.

—Zaz!!, zaz!!, zaz!!, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!, mm!!, mm!!, mm!!, que rico, que rico… -Samanta.

—Que colita, mas rica tienes sobrina… oo!!, oo!!, oo!!, que buena estas… -dije.

Seguimos así por varios minutos, hasta que sin sacarle el pene de su vagina, la lleve hasta la silla. Sentándome en ella, Samanta comenzó a propinarse tremendos sentones, mientras mis manos la sujetaban de las nalgas duras y con piel de durazno.

—Ou!!, ou, ou, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

Sus delicadas tetas ni se inmutaban con cada sentón que se daba en mi pene, quedando inmóviles ante el zangoloteo del momento.

—Ou!!, ou, ou, ou, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

—Ou!!, ou, ou, ou, zaz!!, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

—Tioo!!... esto está mal… pero no quiero que te detengas… me encanta tu cosa… -Samanta.

—Cométela, cométela… -dije.

—Carlos, es un hijo de la chingada… por no cogerme así… -Samanta.

—Ou!!, ou, ou, ou, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

—Sam, pero si estas buenísima… nena… dale mas rajita a tu tío… -decía yo.

Mis manos tomaron sus senos y ella tomo mis manos sujetas a ellos, después de unos minutos Samanta comenzó a gritar de placer y en un momento se detuvo por completo, quitando sus manos de mis manos y poniéndolas en mis muslos, apretándolos con fuerza, su vagina se contrajo aprisionando mi pene dentro y lanzando su cuerpo hacia delante dejo que sus líquidos vaginales fluyeran hasta caer sobre la silla…

—Tiooo!!... me orine… que pena…. -Samanta.

—No, nena… eso se llama orgasmo… no pasa nada… nunca lo habías sentido? -dije.

—No, jamás… ooo!!... se siente riquísimo… -Samanta.

La deje que terminara de sacudirse y temblar. Una vez que termino le pedí que cambiáramos la posición, quería follarla de misionero. Ella se levanto de mi pene y me miro, le pedí que se recostara sobre el escritorio dejando su cadera al filo del mismo. Ella lo hizo y sosteniendo sus piernas por sus pantorrillas, le pedí que se colocara mi pene en su vagina. Ella lo tomo con su mano y suavemente lo puso en su entrada, delicadamente lo empuje dentro y comencé a follarla lento.

—Amm!!, amm!!, ooouu!!, oouu!!, así tío, así… cógeme rico…

Sus manos se colocaron en mi abdomen y me acariciaban, para ese entonces sus mallas estaban totalmente despedazadas y su tanga empapada por sus fluidos vaginales, hasta ese momento pude ver su vagina con detenimiento, era igual que sus senos, simplemente perfecta, sin vello en los labios vaginales y solo un pequeño triangulo en su pubis. Sus labios rosados y bastante húmedos; las penetraciones subieron de tono con cada segundo que pasaba.

—Ou!!, ou, ou, zaz!!, zaz!!, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

—Ou!!, ou, ou, zaz!!, zaz!!, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

—Tio, tio… no te vayas a venir adentro… por favor… -Samanta.

—Noo!!... donde los quieres… -dije.

—No se… pero no adentro de mi… -Samanta.

—Te los has comido… Sam? -dije.

—Aaa!! Noo!! Nunca… -Samanta.

—Quieres probar…? -dije.

—Aja… está bien… -Samanta.

—Ok te aviso cuando ya… -dije.

—Ou!!, ou, ou, zaz!!, zaz!!, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

—Ou!!, ou, ou, zaz!!, zaz!!, zaz!!, aa!!, aa!!, aa!!, aa!!...

Me la folle así por varios minutos hasta que mi pene no pudo más y soltándola de las pantorrillas y sacando mi pene de su vagina, tuve que apretarlo fuertemente para que no dejara salir su carga.

—Ponte de rodillas, Sam… y abre bien la boca… -dije.

Ella se colocó de rodillas recargada en el escritorio y abrió la boca, cerró los ojos y solté un gran chorro de semen en su boca, ella al sentir el semen en la boca Samanta hizo el intento de levantarse, la detuve de uno de sus hombros, fuertemente

—No te muevas, Sam… todavía no acabo… -dije.

—Guaaakk…!!... guaaakkk!! -hacia Samanta.

—Escúpelo si no te gusta el sabor o la sensación, pero no te muevas… -dije.

Ella escupió una gran cantidad del semen, dejándolo caer por su barbilla y su cuello, dejando la boca abierta y los ojos entre cerrados, seguí dejándole chorros de semen pequeños, por toda la boca y cara…

—Aaa!!... ooouu!!... sobrina… que buena estas… nena -decía yo.

Samanta escupía con cada chorro de semen entraba en su boca y me tomaba de los muslos. Termine de expulsar semen en su rostro y ella abrió los ojos me miro y sonrió…

—Uuuyy!!... tiooo!!... cuanto semen sacaste… Carlos nunca saca tanto… -Samanta.

—Jajaja, te gusto? -dije.

—Mmm… no mucho pero se siente rico… en la cara… esta calientito…  -Samanta.

Poniéndose de pie, la tome de la mano y juntos fuimos hasta el sanitario a que se lavara la cara. Termino y regresamos a la oficina, mientras nos vestíamos, ella tomo sus mallas y se las quito dejando sus piernas al descubierto.

—Sam, quieres que pasemos a comprar unas mallas al centro comercial? -dije.

—No tío… no pasa nada, estas cosas siempre se rasgan… así que no hay problema… -Samanta.

—Ok… como quieras… -dije.

Terminamos de vestirnos y la lleve a su casa, al bajar del auto me miro y dijo.

—Tío… puedo pedirte algo mas… -Samanta.

—Aja… dispara -dije.

—Quiero que me lo hagas por el ano…. se puede… -Samanta.

La miré y asentí con la cabeza, ella me dejo un tierno beso en la mejilla y bajo del auto. Y así fue como me tire a mi otra sobrina.

Fin

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