Gays

Relato erótico

Amigo del gimnasio

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RESUMEN

Conocí a un chico en el gimnasio que cambió mi vida.

Llevaba dos meses yendo a un gimnasio para empezar a ponerme en forma. Acababa de cumplir los 21 y solo había tenido una relación con una chica que duro muy poco. Me metí en una clase y allí conocí a un chico de mi misma edad. Fuimos conociéndonos y empezamos a quedar; íbamos a bares, jugábamos a la consola, etc.

Una tarde nos metimos en la clase y el profesor dijo que teníamos que ponernos con un compañero, coger una cuerda del almacén que había al lado de la clase y tirar cada uno de un extremo. Alvaro y yo nos pusimos juntos. Empezamos a hacer fuerza cada uno para un lado. No tenía mucho musculo y alvaro me iba ganando. Le miré y vi como sus bíceps, más desarrollados que los míos, ejercían más fuerzas. Al final me fallaron los brazos y solté la cuerda. Del impulso, alvaro cayó de espaldas dentro del almacén. Al principio me asusté porque pensé que se había hecho daño, pero al ver como se reía en el suelo me puse a reis también. Me acerqué a él y le tendí la mano para ayudarle a levantarse. Me la cogió, pero dio un tirón que hizo que me cayese encima suyo. Sus ojos verdes se clavaron en los míos, levanto una mano, la puso en mi nuca y con un rápido movimiento junto sus labios con los míos en un fuerte y excitante beso. No sabía cómo reaccionar ante esta situación, así que me quede quieto sintiendo los labios de mi amigo.

Se separó, me miro otra vez a los ojos y se puso en pie de un salto. Durante el resto de la clase intente no acercarme a él. No sabía lo que había pasado. Por una parte, me había sorprendido. Nunca me imaginé que a alvaro le gustase. Pero, por otra parte, me había gustado, e incluso había sufrido una pequeña erección.

Cuando la clase concluyo recogí mi bolsa y me fui a los vestuarios. Me estaba cambiando de ropa cuando vi en la esquina a alvaro haciéndome señales con la mano para que le siguiera. Una parte de mi quería ignorarle y salir de allí, pero mis deseos por descubrir lo que había pasado fueron más fuertes y le seguí. La sala de las duchas ya había quedado vacía y solo nos encontrábamos alvaro y yo. Durante un rato nos estuvimos mirando, intentando descifrar sus pensamientos. Finalmente habló:

—Siento lo de antes. A sido un impulso.

—La verdad es que me ha sorprendido-le dije- no sabía que te gustasen los hombres.

—Nunca me han gustado, pero contigo no sé qué me pasa. Desde que nos conocimos no he podido para de pensar en ti y tenía que hacerlo para descubrir que sentía.

—Y ¿Qué has sentido?

—Me ha gustado mucho. Mi corazón se ha vuelto loco. Entiendo que me dejes de hablar, pero te lo tenía que decir.

Se dio la vuelta y se dirigió a la salida, cuando cogí de la muñeca para que se parase. Sin darle tiempo a reaccionar le agarre del cuello y lo aproxime a mi hasta que nuestras narices se rozaban:

—Yo también quiero descubrir lo que siento por ti.

Nos volvimos a fundir en otro beso, pero esta vez iniciado por mí. Erre los ojos y note como su pasión se juntaba con la mía y disfrutaba del mejor beso de mi vida. Poco a poco íbamos mejorando. Deje que su lengua juguetease con la mía, mientras sus manos se posaban a ambos lados de mi cara sujetándome el rostro. Yo, mientras tanto, fui bajando mis manos por su pecho, su espalda y su duro culo. Notaba como su poya se iba hacendó mas grande a través de los pantalones al igual que la mía. Con un abrazo lo acerque más a mí para que nuestros miembros se tocasen e hicieran presión. Al hacerlo ambos soltamos un pequeño orgasmo.

Ya no aguantaba más y le quite la camiseta. Tenía unos abdominales bien definidos que empecé a saborear mientras le desabrochaba el pantalón. Los baje de un tirón y su polla liberada me dio en la nariz. Ya estaba mojada de líquido preseminal. Me la empecé a meter en la boca lentamente para saborear cada centímetro. Con cada succión notaba como le temblaban las piernas. Cuando ya se fue acostumbrando me agarro gentilmente del pelo mientras aceleraba el ritmo. A su vez, me saqué mi polla de los pantalones a no aguantar más la presión de tenerla encerrada y empecé a masturbarme. Al verme me hizo tumbarme en el suelo y empezamos un 69. Unos minutos más tarde no pudimos aguantar más y nos corrimos en la boca del otro.

Al incorporarnos nos fundimos en otro pasional beso en el que notamos los restos de nuestros fluidos por nuestras bocas.

Cuando ya nos recuperamos, alvaro se me quedo mirando sonriendo:

—Quiero probar una cosa más.

Sin que le contestase se dio la vuelta y se puso a cuatro patas. Era la primera vez que iba a follar, pero me sentí seguro al hacerlo con él. Me aproximó lentamente a su ano y empecé a lamerlo para lubricarlo; acto seguido me escupí en la polla y, lentamente, se la fui introduciendo. Estaba muy estrecho y caliente. Vi en su cara gestos de dolor al principio, pero después me iba pidiendo que lo hiciera más deprisa. Empecé a embestirle mientras mis manos recorrieran su pecho, sus pezones duros, sus abdominales, sus fuertes brazos apoyados contra el suelo y su fuerte polla. Le puse una mano en la boca donde escupió y le empecé a masturbar.

Al cabo de un rato le di la vuelta y seguí fallándole mientras nos mirábamos a los ojos y nos fundimos en otro beso. Este tenía más fuerza, más emoción. Notaba como su deseo crecía con cada empuje de mi polla en él. Cuando estuve a punto de correrme intenté salir, pero con sus piernas me lo impidió y me corrí dentro de él, mientras alvaro, al mismo tiempo, también se corría derramando su semen en mi mano su pecho y parte de su rostro.

Los dos acabamos sin aliento, tumbados en el suelo de las duchas del gimnasio, nos miramos sonriendo y nos volvimos a besar.

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