Transexuales - Masturbación

Relato erótico

Me descubrieron vestida en la oficina

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RESUMEN

Cuando uno de tus compañeros del trabajo descubre que eres travesti no te queda otra que comprar su silencio con una buena mamada.

Un tiempo atrás, aún no era tan puta como ahora, pero me encantaba “jugar” con ciertos riesgos. Una de las cosas que me encantaba, y aún lo hace, era ir a la oficina con lencería bajo mi ropa de trabajo.  Usualmente voy a la oficina con pantalones sueltos y camisa sport, así que no era mucho problema ponerme debajo algo sexy, por ejemplo, pantis tipo malla, con portaligas, thong y, debajo de la camisa algo lindo como un tank top, un top con tiritas, o un bra para deportes.  Simplemente me excitaba increíblemente estar frente a mis amigos sin que ellos sepan que, debajo de esa ropa, había una puta.  Lo había venido haciendo sin ningún problema. Incluso, a modo de “token mágico”, siempre llevo un lápiz labial en mi bolsillo. Pero claro, tarde o temprano, algo “sale mal”.

Efectivamente, un día de esos, justo me había vestido (o diríamos “sub-vestido”) como una perra más; luego de almuerzo, debía recoger unos informes del sótano para llevarlos a mi cubículo en el segundo piso. Antes de pasar por el archivo, hice una parada por el servicio higiénico: uno de los clips del portaligas se había soltado y necesitaba arreglarlo.  Como era un baño (de hombres) al cual prácticamente nadie entraba por estar en el sótano, simplemente no se me ocurrió asegurar la puerta – después de todo, solo tomaría un par de minutos.  Y solo tomó ese tiempo para el desastre: en un instante inesperado, alguien abrió la puerta – era, Carlos, uno de los muchos empleados de nuestra firma.  Carlos tendría sus 35 años y era el típico “vivo” que trataba siempre de hacer lo mínimo posible y manipular al resto para que hagan su trabajo; no era su fan, pero debo admitir que era bien parecido.  Carlos y yo nos quedamos ambos paralizados: allí estaba yo, con el pantalón hasta las pantorrillas, exhibiendo mis medias tipo mallas, thong negro y portaligas; al inicio su reacción fue entre burla y sorpresa – “¿qué carajo haces? ¿Por qué estás vestido así?” – “¿eres gay?” Yo no sabía cómo reaccionar; en aquella época ya iba a clubes nocturnos, mamaba verga y cogía por aquí y por allá pero siempre había mantenido mi identidad secreta en el trabajo – como dicen: trabajo y placer no se mezclan. 

Luego de despertar del shock, empecé a rogarle que no dijera nada a nadie -- “por favor que sea nuestro secreto, no lo divulgues”. Entonces dije la frase que me condenaría “haré lo que sea por ti”….en realidad lo dije pensando en que estaba dispuesta a hacer su trabajo de oficina, pero obviamente él lo entendió de otra manera, la misma manera en que todos están pensando ahora.  “¿Cualquier cosa?” “Humm, interesante…” ¿sabes mamar verga?”  En ese instante pensé “¿qué? ¿De qué diablos habla?” Luego me di cuenta que había caído en mi propia trampa

- ¿quieres que te la chupe? ¿Aquí? ¿Ahora?

- Bueno, acabas de decirlo, “cualquier cosa” – y ahorita siento ganas de una mamada…

- No te pases, ¿cómo voy a hacer eso aquí, en el trabajo? Alguien puede entrar.

Entonces Carlos puso el seguro a la puerta; entonces sacó su celular.

- ¿Mamada o foto? Tú eliges.

Estaba atrapada.  Tenía que hacerlo, no me quedaba otra.

- “OK, pero será la única vez que lo haga”, dije con un tono de fastidio.

Como ya estaba descubierta, no tenía sentido tener la ropa de oficina encima así que terminé sacándome la camisa y el pantalón quedándome en ropa de zorra únicamente.  Carlos se aflojó el pantalón, con una sonrisa de lujuria y satisfacción; su cinturón y bragueta completamente abiertos, se bajó el pantalón y entonces me dijo: “sácalo”, refiriéndose a su verga ahora más grande; con algo de nerviosismo metí la mano dentro de su bóxer y entonces lo pude sentir: ese pedazo de carne que tenía que mamar; lo saqué y en un instante se me hizo agua la boca – era una verga que lucía riquísima: grandota, negra, cabezona.  De pronto el “castigo” se sentía más como un premio; traté de disimular mi complacencia pero creo que él se dio cuenta de inmediato: “¿te gusta verdad; te encantará chuparlo todo?”.

Yo ya venía chupando vergas desde hace un tiempo así que no era nada nuevo.  Carlos se recostó contra la pared y yo procedí a la clásica posición de una chupa vergas: de rodillas.  Debo admitir que estaba súper excitada por lo que me esperaba, pero aún así no quería hacerlo muy obvio.  Cogí su mazo con la mano izquierda, humedecí mis labios, abrí mi boca y le di el primer saboreo a la cabeza hinchada de sangre; lentamente empezó a entrar en mi orificio… no se sentía nada mal.  Había mamado verga negra antes pero esta se sentía diferente – ¡se sentía riquísima! Empecé a soltarme un poco, me olvidé de todo lo extraño de las circunstancias y me dije “si voy a mamar entonces al menos quiero gozarla” así que cerré los ojos y como una buena puta tragona empecé a metérmela pedazo tras pedazo; sentía como al mismo tiempo la cola de Carlos iba engordándose dentro mío, dejándome con poco espacio para respirar; cada vez más al fondo, ahora la punta tocaba casi la entrada de mi garganta; de pronto tenía sus bolas hinchadas en la barbilla: me lo había metido todo – los casi 25 cm de carne estaban dentro de mi garganta.  Al darse cuenta de esto, Carlos agarró mi cabeza con ambas manos, también cerró los ojos, y empezó, como un taladro, a perforar mi boca y garganta: su pieza dura entraba y salía sin parar, una y otra vez, ¡era absolutamente riquísima! Yo ya me sentía totalmente arrecha así que seguí el ritmo, chupaba, mamaba, lo empujaba más adentro, como si fuese algo que quisiera tragármelo a toda costa…definitivamente no hay nada como una pinga negra y gorda para mamar. No sé cuánto tiempo había pasado pero sabía que tarde o temprano tendríamos que salir de allí, además seguro que pronto se vaciaría; no sé si quería comerme su leche; estaba muy ocupada mamándoselo.  Para acelerar el fin de esta sesión empecé a chupárselo con más rapidez, entra y sale, entre y sale….Carlos lo estaba realmente gozando; de seguro ni se imaginaba que era tan buena chupando vergas. 

De pronto, y de manera inesperada sentí un chorro caliente y algo salado en mi lengua…” ¡se está vaciando!” No sé porqué en ese instante mi reacción inmediata fue sacarla de la boca - ¡mala idea!  ¡Carlos empezó a escupir toda esa leche caliente encima de mi cara! …”OMG, qué hago ahora!” Muy tarde: tenía casi media taza de esperma regada por todas las mejillas, nariz y boca; me estaba dando un baño facial de esperma.  En pleno trabajo.  Apenas podía ver ya que el semen había llegado a mis párpados.  En una jugada rápida y de seguro pensada, Carlos sacó su celular y me tomó un par de fotos: con su pieza descansando en la entrada de mi boca y mi cara bañada en esperma aún caliente.  Estaba jodida.  Todo el placer que venía sintiendo hasta ese momento se convirtió en una sensación de pánico.

-“Ya sabes, así que aseguro que esta no sea la última vez”  “Vas a ser mi perra cada vez que mi verga te necesite, ¿de acuerdo?”

Con semen aún esparciéndose por mi cuello, me quedé en una pieza: “chantaje” “Estoy jodida” pensé.  Carlos se arregló la ropa y salió sonriente; yo me quedé en el suelo, de rodillas, tratando de procesar todo lo que había pasado esa tarde.

Efectivamente, a partir de entonces me convertí en la puta de Carlos; varios días, a veces tres a cuatro veces por semana me llamaba desde el baño para que fuera a atenderlo.  Era su puta…su puta privada, casi una especie de esclava sexual.  Pero….curiosamente, y quizá no es sorpresa, había una parte de todo esto que realmente me gustaba.

Semanas después las cosas se complicaron más aún cuando Carlos rompió el pacto y compartió mi “trabajo extra” con otros compañeros de oficina.  Es entonces cuando me volví la prostituta de la oficina. 

Y claro, no me quejo para nada. 

Continuará.

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