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El despertar de Sonia

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Historia de un amor de toda la vida.

Sonia al fin logro abrir los ojos, despertar de una ensoñación intelectual y física le permitió hacerlo casi sin sobresaltos, se sentía agotada pero pletórica, extendió la mano y ahí estaba junto al cuerpo que le había brindado el placer intenso de la satisfacción sexual plena, habían tenido relaciones por lo menos seis horas, hasta caer totalmente agotados, para confirmarlo, sobre su cuerpo mostraba las huellas secas del ultimo derrame sobre sus senos y vientre, además, sentía humedad aun saliendo de su vagina, de recordarlo se sacudió brevemente con un temblor que le provoco nuevamente un deseo sexual intenso.

Lo único que la mortificaba un poco era saber cuál sería la reacción de Octavio, a pesar de que habían tenido esa maratónica sesión, temía un poco su reacción al despertar.

Comenzó a mover su mano acariciando el vientre de Octavio muy suavemente, como si temiera despertarle, ella empezó a recordar las escenas vividas, paso a paso dentro de su mente se volvieron a repetir cada una de las caricias recibidas, los besos intercambiados, los lugares tocados, chupados, mordidos, las oquedades recorridas por dedos y lenguas sin quererlo o tal vez deseándolo, comenzó a lubricar, nunca se había sentido tan satisfecha y aun así se sorprendió nuevamente deseándolo, aun le escocia un poco su culo, se lo había ofrecido como prueba de su máxima entrega, aunque el, no lo había solicitado.

Hasta en ese momento Octavio fue súper tierno, un temblor la sacudió nuevamente, no sabía porque pero había sentido su entrega como un tributo a toda la generosidad de Octavio.

Por años había estado a su lado, siempre dispuesto para auxiliarle, siempre atento a cumplir sus más nimios deseos, considerando que aunque ella no solicitara, sabia detectar sus necesidades y acercarle la solución a todos sus problemas.

Había estado siempre que ella sufría y necesitaba apoyo, moral o físico, económico o de simple deseo de satisfactores que a otros les pudieran parecer superficiales. Desde un dulce o helado hasta un sofisticado vestido. Siempre dispuesto. Siempre para ella.

Cuando su padre murió, encontró en su apoyo comprensión y apoyo, consejos oportunos y siempre desinteresados.

Cuando fracasaba en sus relaciones, cuando andaba en busca de ellas, cuando decidía vacacionar, cuando quiso cambiar de carrera, aun cuando quería mandar todo al diablo, ahí estaba para llorar en su hombro.

Estaba decidida, a partir de ahora, sería el único hombre en su vida, se entregaría siempre a él con toda la intensidad que anoche le había correspondido, le daría todo aquello que él le pidiera inclusive lo que no.

Ella ahora viviría solo para él, porque él era su hermano, su amigo, su amante, su todo.

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