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Amigos con derecho a roce

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  • Comenzamos a follar como amigos...

    Comenzamos a follar como amigos, no como amantes.

    Somos el plan B del otro y nos gusta así.

    Yo no conocía el término "fuck friends", pero ahí estaba teniendo uno de tantos en mi vida. Veíamos películas juntos en su sofá y al terminar, como quién dice " la mesa esta servida, a cenar" nos desvestiamos, y nos comíamos como fieras feroces el uno al otro, para terminar en cualquier rincón de la casa corriéndonos juntos. Más tarde comentabamos el film como si nada y seguíamos a lo nuestro.

    Día tras día, nos viciaba más y buscabamos mil excusas para vernos y tener un encuentro de los nuestros.

    Poco a poco descubrimos lo mucho que nos gustaba el sexo y como provocarnos.

    Una tarde fui a su casa con ganas de guerra y nada más abrir la puerta, me abalancé sobre él.

    Se le ponía dura y tiesa nada más verme, pero esta vez yo sólo llevaba un abrigo largo que dejaba entrever un liguero.

    Nos besamos apasionadamente compartiendo la saliva, y yo esbozaba suspiros ahogados solo con su presencia.

    Acarició mi cuello y puso sus dedos en mi boca para que los mordiera.

    Yo me dedicaba al 100% para complacerle.

    Me quito el abrigo de un plumazo mientras se arrodillaba ante mi, casi sin cerrar la puerta de su casa. Yo sabía que mi ropa interior lo pondría a mil, pero esta vez no se conformo con mirarla. Era como un lobo y yo su pobre presa, desabrocho mi sujetador, y arranco mi tanga con tal fuerza que hizo me excitará mucho más.

    Esa brusquedad y dulzura que él tenía me ponían muy caliente. Levanto mis piernas y las enrosco a sus caderas, mientras me mordía el cuello y los labios, llego hacerme hasta sangre en uno de ellos y para luego lamerlos con delicadeza.

    Notaba su polla buscando mi vagina mientras me empujaba en la puerta. Yo me desenvolvía en gemidos y suspiros y aún no me había ni penetrado.

    Su juego lo hacía más interesante, nunca sabía donde acabaríamos follando como animales, pero, esa vez me descolocó por completo.

    Me cogió como a una pluma con mis piernas enroscadas a su cintura y abrió de golpe con el pie, la primera puerta que continuaba a la de la entrada del recibidor.

    Era el baño, me coloco en el mármol frío, sentada, se arrodillo ante mí, y me devoro por completo mi coño humeante, introdujo dos de sus dedos y dibujaba círculos sin parar de mover su lengua retorcida por mis labios.

    —No puedo más, me voy a correr. -Le dije yo.

    —Córrete mi niña, córrete para mí, que yo te vea.-Me dijo mientras no dejaba en su empeño con sus dedos y lengua.

    Podía verme en el gran espejo del cuarto de baño, y eso excitaba a mi voayeur interna. Me corrí en su cara como si no hubiera final, notaba mis jugos lo mojaban por completo, sin importarle para nada.

    Se levantó frente a mí y me beso para que probara mi sabor saldo en sus labios.

    —¡Eres mía, lo sabes! y ahora puedo hacer contigo lo que quiera.

    -Me dijo quitándose su camiseta frikie.

    Me cogió de la mano y me acerco a la bañera, yo me metí sin rechistar.

    Abrió el grifo del agua caliente, dejando que el agua resbalará sobre mi espalda y mi culo que le ofrecía a cuatro patas.

    Era una bañera realmente grande como para poder hacer bastantes posturas improvisadas y follar a gusto.

    Se metió y mientras caía el agua empapándonos me introdujo su pene, que pedía guerra. Entraba y salía a su antojo con el compás del agua brotando entre nosotros. La banda sonora eran gemidos y agua.

    Me tenía a punto y notaba como él también esta ya casi a punto de desfallecer. Pero me pidió me girará para ver como el agua caía en mis pechos y cara, para volver embestirme con esa follada monumental y acuática.

    Gemíamos al unísono, viendo nuestros cuerpos mojados, bebíamos agua a sorbos sobre nuestra piel, para aliviar nuestra boca seca del jadeo incesante.

    Nos corrimos a la par entre gritos de éxtasis.

    Me ofreció una toalla para secarme mientras él hacía lo mismo.

    Era la hora de irme, me vestí con mi abrigo largo y me despedí como siempre, con dos besos para aquel amigo con derecho a roce...

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