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Denisse: martes

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Habíamos pasado la noche juntos después de nuestro encuentro ese lunes, abrazados a pesar del calor que hacía, lo cual en ningún momento fue impedimento para estrecharnos y dormir plácidamente toda la noche.

Al día siguiente, sonó el despertador para levantarnos e iniciar los arreglos para la jornada de trabajo, lo cual hicimos ambos con un placer en el rostro.

Nos besamos apasionadamente por un rato y luego nos metimos a bañar juntos, para finalmente estar presentables para un día normal de actividades, con la ropa formal de trabajo que las circunstancias exigían.

Unos minutos antes de las 7 partimos, cada uno a donde tenía que laborar, que al ser un pueblo pequeño no estaban tan retirados los lugares a los que íbamos cada uno.

Quedamos de vernos para cenar después de la jornada, y así aprovechar al máximo el tiempo, por lo que poco después de las 6:30 de la tarde nos encontramos en la recepción del hotel. Nos cambiamos de ropa por una más cómoda y salimos inmediatamente a buscar algo para matar el hambre, después de una larga jornada.

Fuimos a cenar unas hamburguesas que había a dos cuadras del lugar, las cuales acompañamos con papas y refresco, y después aprovechamos para caminar un rato por el pueblo, ya que eran como las 7:30 de la noche y aún se podía ver un poco del lugar, que no era muy grande.

Al final de nuestro paseo improvisado nos dirigimos al hotel y nos bañamos nuevamente, juntos.

Terminando nos secamos y tal como estábamos fuimos a la cama y prendimos la televisión, aunque prácticamente no le hicimos ningún caso.

Fue en ese momento cuando nos empezamos a besar descontroladamente, y aprovechando que seguíamos desnudos, nuestras manos parecían conocer de más tiempo el cuerpo del otro, ya que rápidamente encontramos los puntos que a cada uno nos excitaban, llevándonos a un placer indescriptible, a pesar de no haber todavía penetración en ese momento.

Así, ella se montó en mi, se reclinó y para besarme y me empezó a cabalgar, acompasados en nuestros movimientos, mientras yo acariciaba sus senos, pellizcaba sus pezones, y recorría con mis manos todo su cuerpo. Después de un rato, alcanzamos un placer muy intenso, que nos dejó con una sonrisa de oreja a oreja.

Luego se bajó y la puse en cuatro sobre la cama, para dedicarme un rato a darle por atrás, aprovechando para admirar el precioso trasero que como hembra de la costa tenía, mientras con mis manos seguía acariciando sus senos y sus nalgas, hasta que me vacié nuevamente en ella.

Después de eso tomamos una cerveza para sofocar el calor, mientras estaban las noticias en la tele y finalmente nos dormimos, abrazados como estábamos, tan sólo cubiertos por una sábana, hasta el día siguiente.

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