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Móviles -8 y final

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Abro la puerta de la oficina y me encuentro con Laura, sentada en su silla, con el móvil entre las manos. Levanta un segundo la vista y me saluda. Le doy los buenos días y me dirijo al despacho. Últimamente llega siempre antes que yo, supongo que por algún deseo expreso de Usted. Dejo las cosas, quitándome la americana. Justo cuando voy a poner la cam me llega un mensaje de Usted, mi Ama. No he recibido ninguna petición Suya antes de salir de casa, por lo que después de desearle que tuviera un gran principio de día, me he vestido “normal “y he venido al despacho con la indumentaria típica que hasta no hace tanto solía vestir.

-No abras el tercer cajón de tu mesa. Ahora a trabajar -su mensaje es escueto, aunque ya siento la energía de Su presencia -.

-Si Señora -no sé qué más añadir, solo deseo complacerla. Pongo la cam y empiezo a trabajar. Al poco rato, me preparo para salir a hacer unas gestiones. Se lo comunico, deseándome que tenga suerte y me pide que haga algo antes de salir. Me pongo la chaqueta, cojo el maletín y, despidiéndome de mis compañeras salgo de la oficina, entro en el aseo y ya me llevo la primera sorpresa: en el pomo, dentro, está el sujetador de Laura que había llevado puesto y que le devolví al día siguiente, junto a las demás prendas suyas. No tengo ninguna petición de Usted de lo que debo hacer con él, por lo que lo dejo allí, aunque mi primera reacción había sido cogerlo. Entro en el reservado, bajo los pantalones y el bóxer e inclinándome hacia delante doy cinco azotes fuertes en cada nalga, resonando en el reducido habitáculo, deseando que no se hayan escuchado fuera. Hago una foto con las nalgas enrojecidas, calientes, con la respiración alterada por el ruido y por el uso que me da cuando y donde desea. Le envío la foto en el momento que se abre la puerta de los aseos. Contengo la respiración y oigo la voz de mi compañera.

-¿Éstas bien? -no es Laura. La vergüenza me invade. Las mejillas se encienden.

-Si -le digo desde dentro del reservado. Apenas me sale la voz, alterada nerviosa -. Estoy bien gracias.

-Es que he oído ruido y no sabía si eras tú o si pasaba algo.

Espero un par de minutos, para tranquilizarme. Cuando tengo el convencimiento de que se ha ido, salgo del reservado. Y allí está aún. Expresión de preocupada y de sorpresa. "Sí que lo disimulo bien", pienso, convencido de que mi expresión delata algo que ella ni sabe.

-¿Te dejabas esto? -pregunta sacando la mano de detrás de Su espalda, mostrándome el sujetador cogido por uno de sus extremos, colgando en el aire.

-Gracias -iba a decirle que no es mío. Pero lo que pudo ver no era como para estar buscando otras salidas, y mucho menos como para decirle que es de Laura. Los colores vuelven a subir en mis mejillas mientras extiendo el brazo para cogerlo. Lo mueve muy ligeramente, y agitando la prenda en el aire acierto a cogerlo.

-Estas cosas no se pueden olvidar en cualquier sitio. Quien sabe quién podría entrar. Deberías tener más cuidado -se da media vuelta y me deja allí, sin palabras, ridiculizado, con la seguridad de que ya tiene el pleno convencimiento de que su jefe es un marica redomado.

Por fin en el coche. Intento olvidar lo ocurrido, pero sé que me va a costar. Caigo en ese momento que aún tenía la cam puesta, en el bolsillo del pantalón, sin que se pudiera ver nada, aunque sí oírse la conversación abierta a toda la galería.

-Ha estado divertido, flor. No quieras saber cómo se ha puesto esto, jeje. Bueno, ahora apaga la cam, pero estate pendiente de los mensajes -la apago cumpliendo la petición de mi Ama y conduzco nervioso, entregado.

Las gestiones son rápidas. No requieren de mucho tiempo. Aunque son muchas las que tengo que hacer. Entre una y otra llega un mensaje. Estoy agregado a la conversación que está teniendo con Laura, puedo leer lo que se están diciendo.

-No te preocupes Laura, flor leerá los mensajes en cuanto mire el móvil, cosa que estoy convencida que hace con frecuencia. ¿Has guardado lobque te pedí en el cajón de flor?

-Si Señora, todo guardado.

-Bien. Algunas cosas irán cambiando. Y vuelta a la normalidad. Bueno, a la relativa normalidad. ¿Y la llave del cajón?

-En la cerradura del cajón Señora.

-Vaya, que torpe. ¿Y si a vuestra compañera le da por mirar? Aún no quiero que lo vea -ese aún me altera, acelera los latidos. No sé a qué se refieren, pero en algún momento nuestra compañera lo verá, de una forma u otra -. Anda, ve a buscarla. No tentemos a la suerte.

-Señora -tarda unos segundos en llegarme la respuesta -, estoy sin la falda. Me verá con las medias y el liguero, sin bragas. Por favor, al menos deje que me ponga la falda.

-Mmm, vada ser que no. Tendrías que haber tenido más cuidado.

-Por favor Señora -va a continuar hablando cuando me llega Su mensaje, interrumpiéndola.

-Basta Laura, hazlo. ¿Hasta dónde te deja ver la blusa?

-Creo que justo hasta debajo de las nalgas. Por favor Señora...

-Mmmm. Ve a buscarla ya. Y cuando estés en el despacho, un pellizco fuerte en cada pezón, con foto. Y no tardes, cada segundo que pasa ponemos en riesgo a flor.

No me llegan más mensajes hasta pasados unos minutos, que seguro se hacen eternos para Laura.

-Mmmm, ahora sí que tienes unos bonitos pezones. Antes de ir a tu mesa, foto, de espaldas, cuerpo entero. Que vea lo guarrilla que vas.

Miro la foto que acaba de llegar. Unos preciosos pezones, cogidos por los lazos del collar que lleva puestos, rojos por el pellizco que se acaba de dar en cada uno de ellos. Voy a salir del coche para continuar con las gestiones cuando llega la foto de Laura de espaldas. La blusa justo le llega al nacimiento de las nalgas, aparece el final de las tiras del liguero que sujetan las medias, remarcando la piel, la parte de arriba de los muslos desnudos, provocativa, expuesta casi para ser usada. Cualquier movimiento puede hacer que aparezcan el inicio desnudo de los muslos. Imagino lo que debe estar sintiendo y no puedo evitar envidia, celos por no estar en su lugar.

-Bien Laura, ahora en tu sitio, relájate y di cómo ha sido el paseo, flor no lo ha visto.

-Señora, al levantarme se me ha caído el mundo. Solo pensaba que se me tragara la tierra. En ese momento mi compañera estaba repasando unos papeles. He rezado para que no levantara la vista. Deprisa, he ido hasta el despacho, sin saber, aunque fuera de reojo, si me ha visto. En el despacho he cogido la llave, me he dado un pellizco fuerte en cada pezón, hasta que el fuego me ardía en cada teta. He hecho la otra foto, mirando la puerta sin cesar, ya que los movimientos en la mesa de mi compañera me hacían pensar que venía. Le he enviado la foto y he salido a mi mesa, mirando antes de salir, asomando la cabeza por si la pillaba ocupada. He salido rápido y enseguida me he sentado, antes de saber qué hacía o a dónde miraba.

-Buen paseo Laura. Ya sabes que tienes que estar atenta a todo. No puedes despistarte, porque ya ves lo que pasa.

Cierro la puerta del coche, con la pollita dura, pensando en lo leído y en lo bien que sabe domina la situación, mi Ama. Le adoro.

Termino rápido la gestión para seguir leyendo la conversación que está teniendo con Laura. Arranco el coche y me dirijo a un aparcamiento tranquilo. Allí busco lo que se han escrito.

-Eso es algo que no puedes tener, Laura -adivino que el mensaje es de Usted antes de ver quién lo ha escrito -. No puedes tener sexo con nadie. Al menos como lo entiendes tú. Eres mi puta. Y a tu pareja solo puedes darle sexo. Sabes que tiene vedado follarte el coño. ¿Dónde está todo aquello de quedarte preñada de alguien que no sea él? ¿Por qué crees que flor se está corriendo tantas veces? Si no fuera porque eso me excita y da poder, mi flor se correría muchas menos veces. Tú eres el recipiente, la probeta de ensayo con mi juguete. Eres un experimento y quiero saber hasta dónde llegas.

Realmente me he perdido una parte importante. Pienso en lo que puedan haber hablado.

-Señora, mi marido insiste más cada día en que quiere volver a tener sexo, que hace tiempo que no le dejo tocarme ni follarme el coño, ni siquiera lamerlo.

-Eso es una consecuencia de lo que me suplicaste. Aunque veo que no lo recuerdas. Vamos a darle ese capricho. Pero solo para que recuerde lo que se está perdiendo -hace una pausa, eterna -. Vas a ir a comprar una prueba a la farmacia para saber si estás embarazada.

-Señora, si he tenido la regla ayer -interrumpe Laura.

-Lo sé, por eso ayer te dio por el culo. Pero te la vas a hacer igualmente -adivino otra intención en lo que mi ansiada Señora Mundo le está pidiendo -. Mañana quiero el resultado. Y te diré lo que vamos a hacer.

Aprovecho que se hace una pausa y busco la conversación que me he perdido.

-Dile a flor lo que hiciste anoche. El no puedo ver tu cam. Sabes que ninguno de los dos tiene acceso a la galería.

-Cuando llegué a casa, me desnudé de cintura para arriba, con la excusa de que tenía calor. Me puse unos pantalones cortos. Mi marido no paraba de mírame. Los ojos se le salían. Se me acercó por atrás y me cogió las tetas, dejándolas que se apoyasen en sus manos. Al coger los pezones, me volví y le dije que ya estaba bien, que si no se corría bastantes veces. Me dijo que en eso tenía quejas, que había cambiado, me notaba distinta.

-¿Eso es bueno, cariño?

-No sé. Hace tiempo que no pruebo tu sexo.

-Cielo, mi coñito no es un juguete -me acerqué insinuante a él -. ¿No te gusta cómo te trato? -le cogí la polla con la mano y empecé a meneársela -. Esto es poco para ti? -me arrodillé, ante la cam que todo lo reflejaba, y le hice una mamada. Cuando estaba a punto de correrse me retiré -. Voy a darme una ducha, cariño. Tengo la regla y estoy sucia.

Cuando me estaba duchando, la Señora me pidió que saliera del baño sin secar, buscara a mi marido, se la volviera a poner dura y le dejase que me follara el culo. Me acerqué mojada a él que estaba en el sofá, tumbado. Le desnudé del todo, apuntándome con su polla. Me senté insertándola toda en culo. En seguida se vació en mi. Me levanté y le dije.

-Ahora no te quejas cielo. ¿Ves cómo estoy por ti?

Y me fui a la cocina, dejándole desconcertado.

-Avísame cuando leas ésta, flor

Paro de leer y le envió un mensaje, diciendo que estoy en el coche, leyendo lo que han hablado.

-Hola flor. Quítate los pantalones, el bóxer y pasa al asiento trasero. Espero que estés en un sitio discreto.

-Si Señora, es un aparcamiento grande. Estoy retirado.

-Bien, en cuatro patas sobre el asiento. Cinco azotes en cada nalga. Ya.

Estoy indeciso. Aunque apartado, cerca no paran de pasar coches, en una dirección y otra. Algo así no lo esperaba, al menos en este momento. Pensaba en un sitio tranquilo para estar pendiente de la conversación, solo por unos minutos. Todo me pasa por la cabeza, aunque en realidad ya estoy saliendo del coche para situarme en el asiento trasero. Cierro la puerta y con el mando del coche cierro las demás. Me quito los pantalones, el bóxer, me sitúo a cuatro patas en el asiento, mirando a todas partes, ridículo y doy los primeros cinco azotes en la nalga izquierda, no sin cierta dificultad por la estrechez. En la nalga izquierda es más complicado, el respaldo frena la intensidad con la que debe caer. Así que me giro a cuatro patas, como el perro que me siento, que soy de mi Dueña y dejo que los cinco azotes enrojezca la piel.

-Ya Señora -envío rápido en mensaje consciente que he tardado más de lo que debía.

-¿Y la foto?

No se me ocurre dónde dejar el móvil para tomarla. Apoyo la cara en el asiento, pongo el retardo de la cámara en diez segundos para adivinar que enfoque bien. Mantengo el móvil retirado lo que permite la extensión del brazo y apretó el obturador. Espero los diez segundos, miro el resultado y, milagrosamente, ha quedado decente. Se la envío sin perder un segundo y antes de situarme a cuatro patas me llega Su mensaje.

-Mejor ahora, flor. Mete el tapón en el culo y no te muevas.

Tanteo con la mano el suelo del acompañante hasta que encuentro el maletín, aprovechando para mirar por las ventanillas. Todo parece estar tranquilo. Encuentro el tapón y lo meto hasta el tope, mostrándolo entre las nalgas a quien pueda pasar por allí. Hago una foto y se la envío, inquieto, sintiéndome más bajo cada instante.

-¿Ves Laura? Esta es la diferencia entre flor y tú. A ella no le importa que nadie vea lo gran putona que es, ¿verdad flor?

-Si Señora, la más puta, ansiosa por ser usada de la forma que Usted desee, donde le apetezca que lo haga.

-¿Eso lo dices de verdad, flor?

-Si Señora -creo que me estoy metiendo en un lio, pero es la intensa realidad, el fuego que corre dentro de mi con el único deseo de complacerla.

-Vamos a verlo, porque te tengo una sorpresa. ¿Seguro estás en un sitio tranquilo?

-Si Señora. No paran de pasar coches cerca, pero de momento ninguno por al lado.

-Perfecto. Abre las puertas...

-Señora...

-Ábrelas. Hay que pensar bien las cosas, flor. Dime la dirección y el punto exacto dónde estás -le envío la dirección y la zona del aparcamiento en la que está parado el coche -. Modelo y color del coche -se lo detallo en otro mensaje -. Bien. Espera ahí. Pon la cam. Y no te muevas.

Los nervios invaden mi cuerpo. Tomo aire profundamente intentando relajarme a la espera de no sé que sorpresa. Aunque algo hay que hace que se me ponga dura, que lo que le entrego, el dominio que tiene sobre mi sea tan intenso que la sienta cada instante en los latidos que llevan el fuego a cada milímetro de mi cuerpo.

-No veo que estés sentada como debes, Laura -pasa solo un instante -Mejor. Dile a flor cómo tienes que sentarte.

-Tengo que estar con las piernas abiertas, con un rotulador grueso entre los labios del coño, empapado por el flujo. Mojo la tapicería.

-¿Por qué hablas así? Parece que te pasa algo.

-Señora, me siento ridícula diciendo estas cosas a flor.

-¿Y eso? Sabes que flor es mía y que las dos estáis en comunicación permanente.

-Señora, normalmente no me importa. Solo es que hoy me siento especialmente rebajada, expuesta aquí sola, a riesgo de que mi compañera me vea.

-Tu haz las cosas bien y quizás solo se quede en eso. Aunque por otro lado, no me extraña. Tu compañera ya es la única decente que queda en esa oficina. ¡Qué pena, con lo formales que erais todas! Tal vez se merezca saber con quién está trabajando. ¿Qué opinas flor?

-Señora, se merece saber con las pervertidas que comparte oficina. Aunque realmente no sé cuál sería Su reacción.

-Ya flor. Pero con Laura tampoco esperabas que acabase así, casi tan puta como tú -un escalofrío me recorre el cuerpo. Las tres para Usted, en las mismas dependencias, sin tapujos, sin tabúes -intuye en el silencio de ambos el temor y la incertidumbre -. Pero no, no quiero que tengáis lo que estáis imaginando. No vamos a pervertir a la única que está fuera y que aporta miedo a que vea lo guarras y zorronas que sois. Eso os mantendrá temblando cada vez que haya riesgo por la exhibición constante a la que podáis estar. Además, me divierte ver la cara de flor cada vez que le envío al suyo. Si considero que lo mereces, flor, hasta le enviaré algo que le de pistas de dónde están saliendo las imágenes.

Atento como estoy a sus palabras, rebajado una vez más, con el miedo a flor de piel por lo que dice y por dónde y cómo me encuentro, oigo la puerta trasera abrirse, la que da justo en mi cabeza.

-No levantes la mirada. No puedes mirarme -una voz masculina invade el habitáculo mientras se sienta debajo de mi cara,

-Pensaba que no llegabas -dice mi Ama desde el micro del móvil -. Ya sabes lo que tienes que hacer. No te resistas a nada, flor. Lo estamos viendo todo. Estate tranquilo que no habrá nada que no esté hablado con tu compañía -unos segundos después añade. Coge la cam y enfoca bien, a flor le va a ser complicado hacerlo en esa posición.

La "visita” coge el móvil, lo deja un momento en el asiento, veo en la pantallita mi rostro que refleja sorpresa, sumisión, obediencia. Se baja los pantalones y el bóxer hasta las rodillas rozando mis labios con su buena polla, morcillona aún, al levantar las caderas para bajarse la ropa. Me sorprendo al ver aparecer cogiendo su polla y, intuyo, los huevos una cadena que lo tiene cogido. Eso es muestra de que un sumiso de Usted. Ya acomodado me coge la cabeza por arriba y la empuja hacia su polla que, sin resistirme, va entrando entera en la boca, gracias a que aún no la tiene totalmente dura. "Toda mamón marica", dice mientras empuja hasta llegar los labios a su pubis rasurado. Muevo como puedo la lengua buscando el suave tanto del capullo, retorciéndola para darle el placer que se espera de mi.

-Pareces que no lo haces mal -dice mi Ama-. Hasta diría que te está gustando, mi puta, ¿no?

Intento responder y sale un inaudible "um” que no puede entenderse.

-Como no puedes hacer dos cosas a la vez, ya sabes, si es "si” un azote en la nalga, si es "no", ¿qué tienes que hacer? -doy dos azotes seguidos en la nalga -. mmmmm muy bien flor. ¿Te gusta tener una polla de verdad llenándote la boca? -doy un azote -. Lo sabía, putilla. ¿Te gusta esa polla? -otro azote -. Esa es mejor que la tuya, ¿no crees? -otro azote, mientras noto que la polla ya está dura y no cabe en mi boca. La presión sobre mi cabeza cuando una pequeña arcada da muestras de la imposibilidad de mantenerla toda dentro sin correr algunos riesgos. Empiezo a mamarla subiendo y bajando la cabeza, con suavidad. Los suspiros de la visita se van acentuando, sobre todo cuanto le cojo la polla, bajo la piel que cubre el capullo y lo lamo con entrega buscando dar el máximo placer. Vuelvo a meterla casi entera en la boca, acompañando la introducción con los labios, suavemente, Hago el gesto de sacarla y atrapo la carnosidad del capullo suavemente con los labios a la vez que paso la lengua por la punta, presionando con ella. Un gemido ronco, profundo llena el coche, suelto el capullo y la meto hasta la garganta a la vez que la pajeo. Cuando vuelvo a tener solo la punta dentro, succiono acariciando y pajeando a la vez, buscando que se corra pronto, como si fuera un reto para demostrar que soy capaz de dar más placer del esperado, de demostrar lo puta que puedo llegar a ser para mi Ama. Y sin previo aviso, empujando la cabeza de nuevo con su mano, se derrama, dejando escapar un chorro de leche que me cuesta tragar, empujando también con su cadera hacia dentro. Tengo que soltar la polla de la mano para apoyarla en el siento y soportar mejor las embestidas que me está dando, hasta que termina de correrse y se va relajando, soltando la cabeza y dejando de presionar con el pubis, mientras se relajan también sus jadeos y la respiración.

-No la saques aún flor, hasta que se ponga blanda y aprovecha para dejarla bien limpia -. Estás hecha una grandísima puta, has conseguido que se corra casi sin que se de cuenta. ¿Lo has disfrutado, verdad? -suena un azote -. Segura que lo repetirías, ¿verdad? -otro azote -. No paras de sorprenderme flor. Ahí tan guarra, tan impresentable y, mira tu pollita, ridícula pero dura. No me extraña que te guste las pollas de verdad -doy un azote -. ¿Te está gustando lo que te digo? -otro azote -. Claro, solo podía ser por eso. Anda, saca la polla y sigue con lo que tienes que hacer -dice a la "visita”-.

Me retira la cabeza, sube el bóxer y se abrocha el pantalón. Saca una cuerda de no sé donde, se pone de rodillas entre los dos asientos, ata un extremo en el tirador de la puerta, la tensa hasta los nuevecillos y ata el otro extremo en ellos, tensándolos hasta hacerme acercar más las rodillas a la barriga. Me deja sin poderme mover hacia atrás, deja el móvil entre mis piernas y sale por la otra puerta trasera, dándome un fuerte azote.

-Bueno flor. Pareces un perrito asustado en esa posición. Aunque todos sabemos que lo que eres en realidad eres una perra muy puta, ¿verdad? -respondo "si Señora”-. Así no flor -doy un azote -. Ahora.

-Lo que te estás perdiendo Laura -llega un mensaje de mi ansiada Señora Mundo dirigido a las dos -. Quizás te envíe un vídeo, jejejeje.

Y justo se abre la puerta que da al culo junto con una tanda corta de azotes. Las nalgas echan fuego.

-Parece que alguien más quiere conocerte, flor -una pausa antes de vover a oir Su dulce y todopoderosa voz -. Ya sabes lo que espero de ti -se dirige a la nueva "visita”-.

Abre las nalgas, sin muchos miramiento urga entre ellas y saca el tapón, para sustituirlo por su polla que la siento entrar despacio hasta que entra el capullo que noto gordo, digno de abrir el culo de la más puta que hay en mi.

-¿Duele flor? -doy un azote en la nalgs -. Vaya, parece que aún tienes que abrirte más. Eso es parte del adiestramiento que tienes que seguir para mi. ¿Lo haces con gusto, flor? -otro azote -. Bien. Sigue follando. Y no dejes de enfocar bien. Mejor, deja el móvil debajo del culo, habrá mejor vista -noto como lo deja donde a indicado Usted, se pone de rodillas en el asiento, cierra la puerta y deja caer su peso en mi espalda, empujando hasta que su considerable polla va entrando, abriendo el culo, dejándolo preparado como se merece Su grandísima puta. Y empieza a follamarme como un perro se folla a una perra con una única Dueña, Usted. Cuando ya está la polla acomodada, entrando y saliendo, haciéndome tomar aire con la boca abierta, babeando, endureciendo la pollita, empiezo a mover el culo en circulitos, acompañando los embites del perro follador. Intento apretarme, encajarme en su puvis, empujando hacia atrás, pero la cuerda de la polla me recuerda que no puedo retroceder, así que después de un ligero quejido provocado por el dolor, vuelvo a moverme en círculos, despertando gemidos de placer de la "visita". De nuevo, salida como estoy, quiero demostrarle a Usted la buena adquisición que hizo al permitirme aspirar a complacerla en la condición, forma y lugar que desee.

-Mmmm, cada vez más putona, más guarra. Tendrías que oir lo que dicen en la galería, flor. Digna de los comentarios más denigrantes.

Sigue la follada, la abertura del culo por la enorme polla ensartada en él. Los gemidos dan muestra de la pronta corrida del invasor. Muevo el culo más rapidamente, ampliando el círculo con su eje embistiendo con fuerza, dejando dolorido el culo de Su puta, hasta que de una embestida fuerte, profunda, la leche sale caliente, llenando la cavidad, el tunel oscuro que la acoge. Se mantiene dentro, hasta el fondo, agarradas las caderas, en un constante apretar, como si quisiera meter los huevos, su cara en mi nuca jadeando, casi gritando del placer al vaciarse en el culo de semejante zorrona.

-No la saques aun flor, que salga sola. Intenta mantener la leche denteo. Aunque diría que si te lo ha dejado tan abierto como imagino, te va a ser difícil -jadeo por Sus palabras, como la perra que me siento y que sé que soy para Usted. Pasados unos minutos, notando despacio como la polla se va desinflando, termino notando la sensación rara, extraña cuando queda toda fuera, como un pequeño descorche silencioso, solo acompañada por Su "mmmm, maravilloso", dejando tristemente vacío el culo que tan entregado y cálido la acogía.

-Sigue con lo que debes hacer ahora -de nuevo se dirige a la "visita".

Entre los asientos, se mete en el coche, coge el collar y la cadenita que tengo en el maletín, coloca el collar en el cuello y abrocha la cadena en la pequeña argolla que pende del collar rosa. Pienso que también va a sujetarlo del mismo tirador que me inmoviliza por los huevecillos. Pero me equivoco. Lo pasa por debajo de mi cuerpo, entre la piernas, tensando y la ata al tirador de la puerta que esta en mi culo, estirando hasta que me hace encorvar un poco más el cuerpo. Un fuerte azote sacude cada una de mis nalgas y sale por la puerta del acompañante, dejándola cerrada antes de alejarse.

-¿Cansado flor? -el ruido de un azote inavade el ninterior del coche -. Entonces, ¿quieres descansar? -otro azote en la nalga se deja oir, aunque esta vez ha sido más flojo, la posición en la que me encuentro provoca que el acierto en la nalgada sea menos acertado -. Si así es como descansan los perros, bien amarrados para que no se escapen. Dime, eres más un perro o una puta perra? -no sé como responder a Su pregunta sin hablar, por lo que el azote, los azotes se hacen esperar -. De otra manera, ¿te sientes perro? -rápido un azote en la nalga -. ¿No te sientes puta perra? -dos azotes -. Vaya, me dejas dudosa, jejeje. A ver si me lo aclaras. ¿Te sientes puta perra? -un azote -. Bien. Pero tenemos un probla, flor. No puedes sentirte las dos cosas a la vez, al menos hoy. ¿Más perro? -sin pensarlo me doy dos azotes -. jajaja, lo que suponía. Entonces, ¿más puta perra? -un azote -. Ya está aclarado -se abren las dos puertas delanteras. Entran dos visitas a la vez. Lo primero que pienso es que van a arrancar el coche y me. van a pasear no sé por dónde -. Seguimos teniendo un problema, flor. Si eres una puta perra, resulta que no puedes descansar. Que yo sepa, hay días que las putas no descansan. Y más si sois perras. ¿No crees? -un azote delante de las "visitas”-. Entonces, ¿te portarás bien? -otro azote -. Bien, pues vamos a ello.

Sin decir nada más, una de las "visitas” pasa atrás y con esfuerzo se desliza por debajo de la cuerda de los huevecillos, provocándome gestos de dolor mientras se acomoda en el asiento, estirándolos cada vez más. Respiro aliviado cuando deja de moverse. Aprovecha que tengo la boca abierta para bajarme la cabeza y llevarla a su polla. Que sin saber cómo ha podido hacerlo, apareceze ya dura, con los pantalones y el boxer bajados hasta los tobillos. Veo también una pulsera puesta en la polla y que rodea los huevos que son de considerable tamaño. Me coge la mano derecha y la mete debajo de ellos diciendome que los acaricie a la vez que se la como. "Saborea una puena polla, puta", termina apuntando, dirigiendo la cam en cada uno de los movimientos, incluidos los del folleteo de su polla entrando y saliendo de ella cada vez que sube o baja las caderas. Me esmero como en la primera mamada, pero el estiramiento y la tensión de la cuerda en los huevecillos lo complica por el intenso dolor que los envuelve con cada embestida.

-Ahora es mas intenso, ¿verdad flor? -como puedo doy un azote en la nalga -. Pues espera, esto acaba de empezar.

El movimiento de la otra visita se nota ya en el trasero, con movimientos muy justos. Parece que calculados. Pasa una pierna por encima de mi culo, colocándola entre mis carnes y el respaldo, apoyándola por la rodilla en el asiento. Deja la otra pierna en igual posición en el otro la de mi cadera, casi en el filo del asiento. Parece que se incorpora un poco, lo que le deja el poco espacio que hay. Oigo una bragueta, lo que parece un cinturón deslizarse por la hebilla y ya noto la calidez de su ingle apoyarse en los glùteos. Tira de la cuerda haciéndome bajar la cabeza y meterme más la polla en la boca provocándome una arcada que desaparece al poderme incorporar solo un poquito. La polla, libre, se cuela debajo del culo y acaricia mis huevecillos apretados que retienen ni se cuánta cantidad pueda ser de leche. Cuando se da cuenta de donde la tiene se rie al notar la suavidad de mis bolitas resaltadas por la atadura y por el placer que parece que estoy sintiendo y que transmito a la polla que no paro de mamar. Me invade la vergúenza al oir la tibia risa por lo patético de la situación en la que me encuentro, aunque a la vez pienso que no debe ser tanto por lo duras que están las pollas que juegan con mi devoción y obediencia a Usted. Las cuerdas mueven constantemente los huevecillos y me hacen tener pequeños encorvamientos que mueven los dos extramos de mi cuerpo, provocando que los movimientos de la falsa follada parezcan espasmos y que la polla entre o salga un poco más de mi boca usada como si fuera un coñito inexistente. Me concentro de nuevo en la mamada y en acariciar por debajo los huevos suaves, depilados, combinándolas con ligeras compresiones que excitan más a esa "visita", mantiendo su dureza presionasa ahora por los labios y rozada la punta, el capullo por la lengua que no para de moverse buscando la tersura de su alargamiento, succionando la punta para que escape ya la leche que sé voy a tener que tragar, humillado entre dos tios que abusan de mi por deseo de mi Ama. La otra polla por fin se decide a entrar en la cavidad anal, más fácil que la primera por la leche que ha empapado la entrada y que acompaña la follada en el interior, envolviéndola de la leche de la anterior follada. Dejo salir un gemido de placer cuando la noto dentro, hasta el fondo y la mantiene ahí unos segundos. La cuerda del collar pasa también entre las nalgas de la "visita”haciéndome retroceder la cabeza cn cada uno de sus movimientos, parada ahora con la polla hasta la garganta. Por una décima de segundo recuerdo dónde esta aparcado el coche y rápido, fugaz, pasa el miedo de que alguien pueda verme. Es igual. El émbolo empieza a moverse despacio del culo, su cuerpo apoyado entero sobre mi espalda, moviendo solo el puvis en movimientos cada vez más acelerados, imprimiendo también mas intensidad a la mamada que ya, imposible de retenerse más se vacía en mi boca, llegando directa abla garganta que la engulle sumisamente, como la puta perra que le está dando cobijo, tensando las piernas que empujan lo que permiten las cuerdas mi cuerpo hacia atras, despertando de nuevo el dolor en los huevecillos ybque en un intento por evitarlo empuja más adentro la polla del culo que se corre inundándome el interior. Intento absorver las dos corridas, hacerlas Suyas, jadeando por el inmenso privilegio de estar siendo usado para complacerla y explorar la puta sumisa que le entrego. Sale la polla de mi boca, limpia y aprovecho para pasar la lengua por toda la cavidad y relamer lo que pueda quedar en ella y repasar los labios para atrapar la última gota. Mientras se retira, contorsionándose de nuevo, estirando los huevecillos, noto el vacío de la otra polla que ya ha salido del culo, con dos corridas ya en su interior.

-Tendrías que ver tu carita, flor. Lascivia, deseo, sumisión es lo que hay en ella. Tenemos aquí una PUTA con mayúsculas. Una guarra putona que no tiene fin. La más depravada de las putas perras. ¿Cansada aún? -dos azotes en las nalgas dan respuesta a Su pregunta. Realmente lo estoy, pero temo que se termine tal sometimiento, tal muestra de poder y dominio que tiene sobre mi-. Si serás mentirosilla. Aunque hubieras dicho la verdad, tienes que saber que esto sigue. Vamos, ya sabéis lo que viene ahora. Vas a sentir tanta humillación, tanta vejación que no sé si vas a poder mirar a nadie a la cara -en el estado que me encuentro, fuera de mi, es lo único que deseo, que no pare, que haga lo que desee conmigo.

Una de las visitas desabrocha la camisa, la quita y la deja enbel asiento delantero, coge las pinzas de prensilla del maletín y las coloca en cada pezón dejando que caiga la cadenita y se claven las puas en los pezones, bien apretadas para que sienta cómo se clavan y que no se desprendan. La otra "visita” dobla una pierna, dejandola apoyada tan solo por la rodilla, ata una nueva cuerda al tobillo, la pasa por la espalda y la dujeta al mismo tirador que el de los huvecillos, hace lo mismo con la otra, dejando las dos dobladas, tirante y sin posibilisad de moverlas. O eso pensaba. Coge otra cuerda, la pasa por el interior de la rodilla, le hace un nudo, la pasa por la cadera derecha, sujetándola tirante a la varilla del reposacabezas del asiento del conductor, que está a la altura de mi cabeza, lo mismo con la otra rodilla, pasándola por la cadera y sujeta al soporte del cinturón de seguridad trasero, tensándola y abriendo ambas piernas por el estiramiento que le está aplicando. Ahora si que tengo las piernas inmoviliazas y bien abiertas.

-Falta un toque en las nalgas de mi puta -dice Usted que no cesa de observar cuanto hacen -algo se desliza sobre una nalga y luego la otra -. foto, se la enseñáis a esa putona, me la enviáis y la borráis -. En menos de un minuto tengo mi móvil ante mis ojos y la pollita se pone más dura al ver lo que han escrito en ella: "AMATISTA” en cada una de ellas. La borran delante mio y vuelven a poner la cam. Pasa un instante en el que parece que no pasa nada cuando oigo Su dulce y penetrante voz -. Tu compañera también la tiene ya. Eso añade algo más a tu situación depravada y humillante, ¿no crees flor? -uuffffssss un azote en la nalga, buscando un hueco entre la cuerda donde aplicarlo -. Estoy pensando en eviarle alguna con pista, jejeje. Vamos, terminar y dejar ya a flor -aún falta algo más -.

Me cogen las manos, las juntan y atan con una cuerda, pasan los brazos debajo del cuerpo, tiran de la cuerda y la dejan atada en el tirador que sujeta el collar con la frente apoyada en el asiento. Pasan unos minutos desde que han salido del coche con mi móvil, se abre la puerta del conductor y me enseñan una foto tomada desde la parte delantera en la que se ve escrito en el cristal "AQUI HAY BUENA VISTA” otra de la parte trasera con la inscripción también en el cristal que dice "BUENA VISTA TRASERA” y otras cuatro fotos en las que se ve la condición en la que estoy, una delantera, otra trasera cortadas ambas la visión del cuerpo por los asientos, una lateral desde la cabeza y otra también lateral desde el culo. Se las envían y vuelven a borrarlas. Y asi me dejan, totalmente atado, doblado el cuerpo, encogido, encogido también el amor propio, mi ser por la humillante exhibición a la que estoy expuesto para Usted, abierto de piernas, enseñando el culo usado y del que noto que resbala la leche que me han derramado dentro, a la vista, ahora sí, de cualquiera que pase cerca. Si antes solo se vehía un coche apartado, ahora llama a la provocación, a acercarse a lo que parece uno de tantos anuncios.

-Mmmm flor, quedas muy bien. Sé que querías ser usada y humillada, rebajada. Y yo tambien quería que lo estuvieras, pero a mi manera. Prefiero verte así, denigrada, un anuncio de la falsa fachada que luces a diario de persona decente. Ahora, cualquiera que se acerque te va a ver tal cual eres, sin posibilidad de marcha atrás. Pero además, cualquiera que entienda solo un poco, sabrá también por qué y de quién eres. Hoy has dado el paso definitivo para ser lo que has intentado ocultar. Eres mio, eres mia y ya es algo público. Si tienes la mala suerte de que alguien que conoces te ve, más humillación aún. Piensa que cualquiera puede verte. Y si no quieres sentir el inmenso ridículo de saber quién mira, más te vale no moverte, ni levantar la cabeza. Quizás te vean y no te reconozcan, pero si tú miras, serán los demás los que te identifiquen cuando te vean por ahí, te miren descaradamente y tendrás que rebajarte bajando tu insignificante mirada. Y como prueba, he enviado una foto a tu compañera. Si te reconoce, tienes que saber que no entrará en éste círculo y tendrás que vivirlo en la bajeza que te corresponda, aunque quizás no te enteres.

Intento absorverlo todo, mentalizarme del cambio tan brusco que plantea y ha provocado sin dejar de admirar, adorar y a quien me entrego ahora más que nunca. Me da miedo, realmente pánico. Pero aquí estoy, inmóvil y expuesto a todo cuanto ha planteado Usted. Y no quiero mover ni un músculo que no sea por deseo de Usted. Aún sintiendo todo cuanto estoy sintiendo, me siento entregado incondicionalmente a Usted, con el unico deseo de complacerla y caer, sentirme tan bajo como sea necesario para complacerla y ser digno de Usted, perdido en la inmensidad de Su dominio.

-¿Algo que decir, flor? -no puedo darme azotes, por lo que, a riesgo de no hacer lo correcto, me decido a hablar.

-Si Señora. Deseo que lo que se espera de mi sea una aceptación. Y, SI, acepto sin condición cuanto decida hacer de mi, a quien decida exhibir y dejar constancia de lonque soy, de quien es Usted y de lo que pueda convertime o hacer uso. Es incondicional y absoluta entrega a mi Ama

-No esperaba menos de ti, flor. Mi puta perra hoy. Mañana, ya veremos qué serás. Pero no hemos terminado. Te espera una larga jornada -a la vez que lo dice entra una bueva visita por la puerta del conductor, comprueba las cuerdas de los tobillos, bien tensas, las de la rodillas apoyándo desde delante su cuerpo sobre mi espalda, también tensas, urga en el culo, primero en la entrada impregnándose la mano con la leche que me han derramado dentro, la reparte por las nalgas como ai fuera crema hidratante, me levanta la cabeza cogiéndome por los pelos y me enseña una cuchara de cocina, de madera con el mango corto y ancha y, sin mediar palabra coge el móvil, supongo que para grabar lo que vaya a hacer y cae el primer azote sobre las nalgas ya enrojecidas. Es soportable al principio. Va subiendo la temperatura en el culo a medida que caen los golpes una y otra vez, más secos e intensos despertando un fuego, unas llamas vivas que hacen que empiece a mover las nalgas, con impedimento por las cuerdas, las muevo lo justo que me lo permiten las cuerdas, aunque no puedo escapar de los cucharazos que se suceden en la piel. Las imagino coloradas, quien sabe si granate.

-Mmmm flor, esto promete. ¿No pensarías que solo ibas a tener placer?, jejeje -se suceden los azotes, cada vez más espaciados pero mas fuertes. Me quejo sin cesar, si parar de gemir del intenso dolor, aún cuando no azota a la espera de que lleguen nuevos golpes -. Pronto se termina, flor -siguen no se cuántos más y, por fin para. Las cuerdas de las piernas están aun mas tensas, y, lo noto en éste instante, también los huevecillos mas estirados, el cuerpo más encogido, las manos sujetando la cuerda que las une al tirador de la puerta. La "visita pasa la mano entre mis ingles, quita la manos que le impiden tocarme la pollita, la descapulla, recoge el líquido preseminal que gotea y vuelve a tocar la entrada del culo, metiendo dos dedos impregnados de mis líquidos y los saca rápido, dejando la enteada del culo abierto con las dos manos. No sé cómo lo ha hecho, pero noto cómo los restos de leche va siendo, creo que empieza a gotear, cuando veo que acerca la cuchara a mi boca cogiéndome otra vez por el pelo, me hace abrir la boca, sacar la lengua y lamer de ella los restos de leche de verdaderos machos. Cuando piensa que la he dejado bien limpia deja la cuchara ateavesada en mi boca, vuelve a magrear las nalgas, busca la entrada y mete no se cuántos dedos en el culo, abriéndolos dentro y girándolos a la vez. No sé bien si gemir de dolor o del placer que me provoca semejante humillación. Pasa a la parte trasera, saca los dedos y quitando la cuchara de la boca me la deja abierta estirando de la mandíbula inferior hacia abajo mientras con la otra mano estira del pelo haciendo que levante un poco el cuerpo, limitado una vez más por las cuerdas que estiran y privan aún más de cualquier posible libertad que pudiera tener. Como por arte de magia, veo que tiene su polla fuera, gruesa, muy gruesa, empieza a pajearseante mi atenta mirada, sin dejar de analizar mi boca abriéndola por momentos y urgando por su interior metiendo dos, tres, cuatro dedos, moviendo la lengua por todos ellos. Cuando va a correrse, deja la cuchara apoyada en el asiento, horinzontal y la punta en la entrada de la boca, solo la punta. No sé que pretende, no se me ocurre lo que me espera ahora, hasta que suelta toda subleche, como un torrente sobre mi mejilla. Un poco entra en la boca resbalando, otro tanto intento retenerla con la lengua y llevarla al interior, pero la mayoría resbala a borbotones y va cayendo en la cuchara y de ahí va entrando en la boca, en parte, porque la otra parte queda recogida en la concavidad de madera y lo que no damos a basto ni mi boca ni la cuchara, se derrama sobre el asiento. Uffffsssss que humillación sin fin, que forma de estar usada de cualquier forma, vejado hasta puntos que parecen no tener fin y que siguen hasta no sé dónde. Termina de correrse, vuelca el resto de contenido de la leche en la boca, mete su polla dentro, aunque me la va a descoyuntar, la limpio con la lengua y cuando la saca me hace limpiar el asiento de su corrida, primero succionando, después lamiendo. Se retira de mi, mete la cuhara en el culo y, con la misma rapidez que lo ha hecho todo, sale del coche. Espero poder respirar un poco, tomar algo de aliento.

-Al menos no podrás decir que pasas frío y hambre, jejeje. Lo ideal sería que fuera tu entorno quien viese lo putona que estás hecha, mojada por dentro con todo tipo de leche. Menos mal que todo esto se esta quedando bien grabado y a buen recaudo.

Entran otras dos "visitas” en el coche. Se sientan en los puestos delanteros, preguntan por las llaves y al decirles dónde están lo ponen en marcha, bajan las ventanillas traseras, apoyo la frente en el asiento para que nadie vea mi rostro, seguro de que van a ponerlo en movimiento. Y así es. Noto cómo empieza a rodar, primero despacio, acercándose a la zona de más afluencia, toma velocidad y adivino que ya está circulando por las calles, exhibiendo a la putona que va en el asiemto trasero, llamando la atención con las frases escritas en los cristales, legibles desde cualquier punto. Me siento más humillado cada segundo que pasa, intentando hacerme invisible, sabiéndome observado incluso desde las aceras, las nalgas salidas, tapadas en parte por las piernas dobladas, aunque enseñando el culo con la cuchara que aún sale de él, encorvado por las ataduras yblas cuerdas bien a la vista, incluso la inscripción en cada una de las nalgas. No sé a donde me llevan, así a plena luz del día, pero me parece que está pasando una eternidad. Pienso que es una suerte que con el movimiento no oiga los comentarios de la gente, aunque sí oigo el claxon de algunos coches, incluso algún golpecito en el coche que adivino como una llamada de atención o de carcajads anónima.

-¿Cómo vas flor?, espero que estés disfrutando de tu paseo. Piensa que lo está viendo mucha gente. Y tu porque no ves la reacción de todas esas personas alucinadas que ven tu exhibición. Lo estoy disfrutando como no te puedes imaginar -se crea unos segundos de silencio -. Uno de los sumisos que tienes delante, además de enfocarte a ti, lo va haciendo a los otros coches y a la gente que camina. Diría que hay de todo. Desde alguna indignacion a alguien que, segura, se apuntaría -otro silencio de unos segundos -. Tienes que saber que todos esos sumisos están prestados, me los han dejado para darte un buen repaso. ¿Y a que no sabes quien los ha cedido? -no me atrevo a responder -. Pues todas las Señoras que están mirando cómo te uso y hasta donde estás dispuesto a entregarte a mi. Y están muy, pero que muy sorprendidas. Si te subastase ahora mismo, la puja subiría muchísimo... pero no, te quiero para mi puta perra. ¿Tu tambien quieres que sea así, verdad?

-Sí Señora -respondo inmediatamente.

-Aunque si lo pienso bien, me han llegado a ofrecer trueques interesantes, incluso varios de ellos por ti. Y no sé qué tienes de especial, la verdad. Quizás me lo piense. Aún estoy a tiempo. Solo tengo que decirle al chofer que te lleve a otro sitio en lugar del previsto y ya tengo un harén de sumisos -pienso en que lo dice para hulillarme, pero en realidad me está inquietando.

-Por favor Señora, se lo suplico. No me veo capaz de entregarme a nadie más que no sea a Usted...

-Para -me interrumpe -. ¿Solo lo crees? Ve a la otra dirección que te había dado, ya -dice a la "visita que conduce -.

-Señora, se lo suplico, no me cambie, permita que le sirva solo a Usted...

-Calla, flor. Esas cosas tienes que tenerlas claras. Y no me ha parecido que las tuvieras. Después del día que te estoy dando. Me has decepcionado. Calla y siente la humillación y vergüenza que deberías sentir por estar como estás y porque todo el mundo te esté viendo en ese paseo que tendría que haber sido triunfal. Y reza porque tu compañera no te haya reconocido ya.

Me hace más daño pensar que la he perdido, que soy un torpe, un inútil por haber sido incapaz de decir las cosas bien. Todo lo demás no me importa, solo pertenecerle y ser Suyo, pertenecerle.

-Puedo darte a quién yo quiera, regalarte, a cambio de nada. Te guste o no. Así que calla, no quiero oirte.

El coche sigue rodando. Tengo un gran pesar que invade cada resquicio de mi ser. Ahora me siento realmente ansioso, perdido. Nada me ha importado. Pero esto me puede.

Paran el coche. Se abren las puertas y vuelven a cerrarse.

-Estás ahí solo, sin nadie que te haga compañía y, sin embargo, no puedes irte. Pobrecito.

-Señora....

-Calla flor, ni una palabra. Estas así por tu culpa. Estás así como una mercancía a punto de ser recogida. Un bulto listo para ser recogido. Así que calla.

Se crea un silencio interminable. Hasta que se abren las puertas delanteras y dos nuevas visitas empiezan a cortar las cuerdas. "No te muevas” dice una de ellas. Cuando ya estoy libre de las ataduras, se abren las dos puertas traseras. Permanezco sin moverme. "Siéntate". Lo hago sin hacer esperar, aunque entumecido, con las cuerdas marcadas en manos, pies, rodilla y huevecillos. "Levanta las piernas dobladas y sujetalas con las manos en el pecho", lo hago pensando si será algo que Usted desea. No la oigo hablar por el móvil. Prefiero no arriesgarme y cumplir con cada petición que me hacen. Ha estado todo el rato hablando, diciendo cuándo era el momento de hacer algo. Aunque me cambie o regale, la seguridad de que lo pararía si no viniera de Usted me tranquiliza. Cuando me doy cuenta los brazos están atados sujetando las piernas dobladas. Quizás sea Su ultimo deseo conmigo. Y me desespero al pensarlo. Las piernas quedan muy abiertas. Una de las "visitas” se baja los pantalones y el boxer, se apoya en las pantorrilla y levantando los pies hasta el techo, abriendo aún más si cabe las piernas, me folla el culo sin miramientos, sacando de mi garganta un quejido profundo que es acallado por la otra polla que se mete en mi boca hasta la garganta, provocándome arcadas que parece no quere evitarlas. "Mira quién te está mirando, putona", con los ojos encendidos, las primeras lágrimas saliendo, intentando contener el bómito y veo a Laura observándolo todo desde tan solo unos metros, mejor dicho, casi desde la entrada al coche. Me mira fijamente a los ojos, tan sorpendida, diría que asustada que no se atreve a hablar y, ni mucho menos, a intervenir. Ahora sí que me siento humillado hasta lo más profundo. Una cosa era hacer cuanto fuera por complacer a mi Ama ante ella, pero otra muy distinta, sentirme violado, ultrajado, diría mejor, ultrajada y violada con tanta vehemencia, sin ningún tipo de miramientos, ni de consideración ante Laura, que por primera vez veo auténtico miedo en su mirada. Me giran la cara para follarme mejor la boca mientas la follada del culo suena cada vez mas intensa cuando chocan las embestidas del follador, sus ingles contra mis glúteos. Me mueven como quieren, me manejan a su antojo. Y por fin se corre en mi cueva, en el culo inundándolo todo de nuevo, dejando salir su voz ronca en el orgasmo que recorre todo su cuerpo. Enseguida se corre la polla de la boca, follada a conciencia, tragando lo que puedo. El resto sale por las comisuras, resbalando por la barbilla y de ahí al pecho con las pinzas aún puestas. Salen sin mas del coche, se adecentan y se van pasando por al lado de Laura, que se pone tensa.

-Desáta a esa puta perra -es la voz de mi Ama -y vete a casa, Laura. Que se apañe sola para ponerse decente, aunque sabe que desde hoy no voy a volver a serlo nunca más. Cuando lo consigas, flor, limpia el coche, solo por fuera. Ese picadero que tienes está muy sucio para limpiarlo ahora. Y te vas a casa.

Entro en casa con el desasosiego que me anula desde que le he hecho enfadar. No se si escribirle algún mensaje. Tampoco si debo tener la cam puesta, ni si esperar en cualquier momente que me regale o haga un trueque conmigo. Esa palabra, trueque, resuena en mi mente una y otra vez desde que la he recordado. Trueque. Se repite en mi como una diminuta bomba. La interpreto como un cambio. Aunque un cambio sin valor, por algo que tal vez sea insignificante, como una mercancia que pueda o no tener alguna utilidad. Y ahora es así como me veo, sin ninguna utilidad, por lo que temo ser arrinconado por ese trueque incluso a alguien que no me de ninguna importancia. Trueque. Como sumiso, se que la importancia en cuanto a mi se refiere es muy relativa. No es a mi a quien le corresponde otorgarla o quitarla, no debo tener ese privilegio. Y sin embargo, perder incluso esa imposibilidad de decidirla me inquieta. Me da pánico no tener nada que dar ni que ofrecer. Trueque. A alguien que temo me deje en el rincón del olvido, que me haga perder ésta condición de sumiso. En realidad, si no es con Usted, vale más la pena que sea así. Sé que aceptaré lo que Usted decida. Trueque. Sea a quien sea, ojalá que sea eso lo que pase. Aunque también sé que cada vez que oiga o lea Su nombre, AMATISTA, me invadirá la añoranza, ni siquiera me compensará pensar que una vez fui aspirante a pertenecerle, a complacerla y ser digno de esforzarme por complacerla. Trueque. Quizás a partir de ese momento ni si quiera tendré la oportunidad, el privilegio de oir Su nombre, ni de leerlo, encontrando consuelo en la palabra idéntica aunque sin ningún valor ya para mi: "AMATISTA". Trueque.

En realidad, ninguna de las formas de no pertenecerle no me consuela. Ninguna. Aunque trueque es la que más me entristece. Una vez más no es a mi quien corresponde decidir la condición ni el cómo. Si es eso lo que desea Usted, mi Ama, lo aceptaré. Como cambio, como regalo. Regalo. Al menos así, presiento que pueda ser a alguien a quien Usted aprecie o quiera. Porque los regalos se hacen a las personas que queremos, apreciamos o significan algo. Trueque. Intento quitármelo de la cabeza.

Avanzada la noche, en la cama, desnudo, con la pulsera puesta en los huevecillos, la cam conectada (creo que como debo tenerla), intento conciliar el sueño. No lo consigo. Respiro hondo añorando anticipadamente cuanto creo que voy a perder. Miro el móvil una vez más por si hay algún mensaje de Usted. Cuando lo estoy dejando de nuevo en el lugar ideal para que se vea la cama, entra uno que me altera los latidos, que casi me desvanece. No me atrevo a abrirlo, temo lo que pueda poner. Pero tengo que hacerlo y asumir de una vez lo que decida, aunque no me vea con fuerzas para hacerlo.

-Apaga la cam, flor -me es evidente la decisión que ha tomado. Desconectarla es un más.

-Bien -ya está apagada -. No digas nada -espero unos segundos el próximo mensaje -. Tienes un correo que te he enviado hace rato. Leelo con interés. Y no digas nada. Después de leerlo, te durmes. O inténtalo. Pero no digas nada.

Abro el correo en el mismo móvil. No tengo ánimos para hacerlo en el ordenador.

“Flor, esto que vas a leer es el punto y final. Quiero que lo entiendas todo bien y que valores lo que ha pasado hoy.

He pasado días preparando cada momento que has vivido. He tenido a los otros sumisos preparados para actuar en cualquier momento. Solo necesitaba que salieses de la oficina como tantan veces y que no estuvieses preparado para lo que se te venía encima. Y así ha sido. Te he pillado desprevenido y dispuesto a lo que deseara. Un paso tras otro lo has dado muy complaciente, entregado, aún con el miedo que has sentido en todo momento, aunque a ratos fuera más inquietud que otra cosa. Desde la primera mamada, el primer azote, la primera enculada o la primera atadura has sido y te has comportado como esperaba. Has ido dando cada vez más. Eso es lo que tenías que hacer. Lo has disfrutado como una auténtica puta, como el más redomado de los maricas. Y me has heho disfrutar a mi, que es lo que más importa. No ha importado que pudiera verte quien fuera. Y no hablo de la galería. Media ciudad ya te conoce, se ha quedado incluso con tu coche. A ver qué te pasa con todo eso. Te has sentido humillado, vejado, rebajado. Y me has divertido, hecho sentir poderosa. Me lo has dado todo. Y todo he tomado. Lo has perdido todo. Y todo lo he cogido. Estabas siendo humillado hasta puntos impensables. Solo tu imaginación te permitía vivirlo. Y lo has vivido, sufrido.

Sin embargo, no era suficiente. Has querido darlo todo. Has querido perder, lo que eres y lo que serás. Y yo he querido que me lo dieras todo. He querido que nada tuvieras. Y lo he tenido.

Seguramente te estarás preguntando que por qué entonces me desago de ti. Pues bien, quizás, aunque has oido cuando te decía que te iba a humillar hasta tal punto que te ibas a sentir perdido por el éxtasis en el que estabas inmerso, has sido incapaz de entenderlo. Y eso es lo que tienes que hacer ahora, entender, comprender lo que te estaba diciendo.

Con el paso de estas horas en las que no has debido dejar de pensar, es cuando te mereces que te lo haga ver.

Estabas siendo tratado, usado como te merecías. Pero faltaba algo. Y me lo has puesto en bandeja. No puedes creer. Tienes que saberlo y estar convencido.

Tenías que vivirlo como realmente había que hacerlo. No podías seguir siendo humillado en un entorno que lo vivieras como seguro. Y me lo has puesto muy fácil. No puedes creer.

Eso ha dado pie al último paso. A la humillación tal y como debías sentirla, perdido, sin tener la seguridad de que me pertenecías. Y ha sido ahí donde ha empezado el final. En tu inocencia, me he desecho de ti, te he apartado. Cuando digo "de ti", me refiero al "ti” decente. Y ahí te tenía. Perdida tu decencia al ser ultrajado por dos tios, dos sumisos que te estaban violando, ridiculizando, haciéndote perder cualquier atisbo de amor propio, de orgullo. Y todo porque me habías perdido y ya nada de lo que estabas haciendo tenía sentido. Pero te daba igual. Porque sin mi nada tiene importancia, incluso la decencia que aún te quedaba. Ese mínimo resquicio que te impedía sentirlo como estabas obligado a sentirlo.

Y eso he hecho, ultrajarte con esos dos sumisos que no han tenido ningún miramiento para violarte y humillarte hasta perderte en el olvido de ti mismo. Lo has perdido todo, absolutamente todo. Incluso a mi.

Te ha visto Laura, indefenso, rendido, agotado. En una circunstancia que aún te ha hundido más en la desesperación, en la miseria de lo que te has convertido. En nada. Te ha visto rebasando la línea del ultraje. Tu expresión le ha sorprendido tanto que ha sabido ver lo que eres, en lo que te has convertido y en lo que eres.

Por eso me has perdido, flor. Pero, "flor", me has perdido como parte decente, como tu parte decente. Como esa parte que ya no tienes y que jamás me ha pertenecido.

Este es el punto y final. Final de esa flor que me privaba de tenerte y disfrutarte en su plenitud.

Bienvenida flor, mi nueva flor

Ahora ya eres mia. Absolutamente mia"

Termino de leer, me acuesto en la cama, feliz. Maldiciéndome por todo cuanto he pensado y por la torpeza de haber sido incapaz de entenderla.

(9,14)