Incesto - Filial - Sexo con maduros

Relato erótico

Pecado carnal. Lovy, la sobrina

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RESUMEN

Esta es una historia culposa, tan prohibida como lujuriosamente deseable. La relación sexual del señor maduro con su apetecible sobrina, hecho repetido por miles en la sociedad actual, la aceptación de la joven no redime el pecado de lujuria que solo puedo confesar en este ámbito.

Esta es una historia culposa, tan prohibida como lujuriosamente deseable. La relación sexual del señor maduro con su apetecible sobrina, hecho repetido por miles en la sociedad actual, la aceptación de la joven no redime el pecado de lujuria que solo puedo confesar en este ámbito.

El hecho que voy a relatar es un intento de exorcizar ese amor prohibido, contarlo no es más que una forma de expiación de culpas y poder recibir el mensaje de alguna mujer que haya transitado por el mismo delicioso placer que sintió la protagonista de la historia prohibida. Lovy, es el nombre de ficción de la deliciosa tentación de este hombre maduro que sintió naufragar sus convicciones y valores morales ante los encantos de esta muchacha, mezcla de ángel y demonio, que anuló mis reservas éticas y despertó los instintos más primarios del macho que arrió la bandera de la razón para enarbolar la insignia de la pasión para ir con todo sobre sus apetitosas carnes juveniles.

Siempre he sabido mantener la distancia y conservar el debido respeto, teniendo bien en claro dónde encaja cada cosa, recordando siempre ese viejo dicho “donde se come no se c…”

Pero… la razón sube por la escalera y deseo por el ascensor, siempre le gana a todo, es más rápido, más escurridizo, siempre encuentra una artimaña para meterse en las sábanas que no debe. Precisamente eso fue lo me sucedió, no pude contener el deseo y la calentura que la sobrina de mi pareja despertó en las últimas vacaciones.

Los hechos laten en mi cerebro y bullen en mi sangre. Lovy, con algo de ángel y mucho de demonio, consiguió hechizarme de tal modo que no la pude apartar de mi pensamiento, desde el mismo momento que llegó con una amiga para compartir dos semanas de vacaciones, turbó mis sentidos, violentó del modo más obsceno las pocas reservas morales que se mantenían en pie cuando desde la ventana de mi cuarto deleité mis ojos viéndola como toba sol, tendida boca abajo en la reposera tan solo con la escueta y cavadísima biquini sin la parte superior.

Había algo en ella que me provocaba todo el tiempo, no podría precisar qué ni de qué modo, o tal vez todo y de una forma total que turbaba mis sentidos, pero esa visión mañanera de exponerse, había conseguido derribar los últimos vestigios de prudencia, desde ese momento fui el rehén que habían tomado sus mal disimuladas exhibiciones de sus encantos cuando podía ofrecerme un espectáculo en privado.

Había transcurrido la primera semana, resistía con estoica resignación todos los envites y las insinuaciones, pero tanto va el cántaro a la fuente que al final…

Esa mañana la tía y su amiga habían concurrido a realizar las compras semanales, siempre soy el acompañante, pero esa mañana por alguna razón, la amiga de Lovy fue su acompañante, creo que por que dijo necesitaba comprarse alguna ropa o algo así, de modo tal que antes de partir avisaron que seguramente el almuerzo sería algo más tarde de lo habitual por las demoras lógicas.

El calorcito del verano se hacía sentir con fuerza esa mañana, la sobrinita me invita a tomar un poco de sol en la reposera, al borde de la piscina. No me hice repetir la invitación, subí a ponerme el short y acompañarla en rendir los honores al reluciente febo.

Cuando llegué estaba como la había visto el día anterior, sin el soutién, tendida boca abajo, con esa bombachita cola less que permitía imaginar más de lo debido entre los cachetes. Ya no era lo mismo verla esas carnitas desde la ventana que tenerlas al alcance de la mano, el espectáculo era seductor a morir, diría que me dejó bastante incómodo por el efecto erótico que había producido en mi frágil resistencia masculina.

- Hmmm… qué pasa tío Luis? Nunca has visto a una mujer tomando sol?...

- Sí, claro. Pero así, como tu… de este modo…

- Qué, te asusta verme así, o será que te asustan tus propios deseos?

- Touché!!! Fue lo único que pude decir.

La risa cristalina, complaciente y comprensiva decía de su complicidad con mis más secretos y prohibidos deseos.

Se manejaba con la seguridad de conocer mis pensamientos, movía las piezas de la seducción de una maestra en el tablero de las emociones, derribando cada una de mis defensas y conquistando una a una las casillas hasta llegar a coronar su deseo de hacerle jaque mate al señor maduro, conquistar la figura “inexpugnable” de la pareja de su tía. Podía sentirla ganadora del breve encuentro de seducción. Cuando comenzó a hablar sentí la superioridad de quien está segura de su triunfo.

- Cierro los ojos y casi puedo sentirte como me desnudas, como te frotas esa verga que te hace delirar de calentura en las noches, sentir tus manos huérfanas de mis carnes, imaginándote mi boca ansiosa por sentirla ocupada teniéndola en mi boca y jugarle con mi lengua hasta hacerte delirar de placer. Puedo sentirte tomada en tus manos, montada sobre ti, con tu verga enterrada en mi sexo hasta perder el sentido, mostrarte mi vientre ondulando en sensual vaivén, apretando con mi vagina tu pija obligando a entregarte en una urgente y despiadada cogida a tu sobrinita, haciéndome bramar sacudiendo tu gorda poronga en mis carnes… -Shhhh… la hice callar.

No podía soportar por más tiempo monologar, sentía que había estado espiando mis pensamientos, sentía que cada palabra, cada gesto, cada intención me habían sido robadas. Mi resistencia había sido colmada…

- Vamos!

La tomé de una mano, sin preguntar, tampoco preguntó ella, solo estiró la mano para recuperar el soutién que quedó al levantarse de la reposera.

La llevé a mi cuarto, ningún ademán de resistencia, por el contrario sentía como su manito intenta apretar la mía. El momento era de máxima excitación, la prisa por llegar a la cama me impedía volver a mirar sus exquisitas tetas, pequeñas pero turgentes y deseables.

Llegados al cuarto, la dejé adelantarse, que tomara posesión del centro de la escena. Se mostró, arrogante y exultante, ofreciendo el primer plano de sus tetitas, los pezones erectos como flechas que buscan el abrigo de mis labios. Se las toma en sus manos, ofrenda el delicioso manjar para halagar al señor maduro que necesita saciar su deseo en esa mamada descontrolada.

Se dejó tumbar sobre el lecho, estrujar sus pechos en la rapiña de mis manos, apretar, exprimir para saborear el jugoso premio de su excitación. No me podía contener esas tetitas eran todo el manjar para el ogro depredador. Los gemidos de placer de Lovy me llenaron los oídos de celestial música.

No podía dejar de lamer y mamar, pero las piernas de la muchacha se frotaban para recordarme que otro apetecible manjar esperaba mis masajes bucales, me deslicé por su cuerpo, rodando por el vientre hasta llegar al triángulo del deseo. Con los dientes rasgué la tenue tela que apenas cubría su sexo, ella elevó la pelvis para ayudar al despojo, le hice lugar para deshacernos del estorbo y me introduje entre sus piernas sin demasiadas delicadezas, me urgía el deseo de comerme ese jugoso bocado, ahogar mi sed en el salado mar de su agitada vagina.

Mis grandes manos elevaron sus nalgas para engullirme de un bocado su estrecha panochita. El primer bocado produjo ese gemido que aún retumba en mis oídos, agitando la boca entre sus piernas, busqué lamer todo el jugoso contenido, hurgando hasta donde me lo permitía esa cueva ansiosa y receptiva.

Busqué el deseo contenido por varias noches de calentura, apretado entre sus piernas, contenido entre sus manos para llevarme bien adentro de su sexo.

Estoy preso de su deseo, oprimido por sus piernas, explorando sus sensaciones más extremas, buscando descubrir el tesoro de su orgasmo, conseguir el trofeo del guerrero, lograr la exaltación de la carne joven en la boca del amor maduro, rescatar ese momento de pasión descontrolada que anida en lo más profundo de esta apasionada jovencita, hacerle realidad ese momento soñado conmigo, con su macho, con su hombre, con el descubridor de esa veta de putita calentona.

El gemido surgido de lo profundo de su ser llenó el ámbito silencioso, colmó mis expectativas de macho, desbordó sus sensaciones en un logrado clímax que devino en un delicioso éxtasis que excedía sus más afiebradas expectativas.

Hubo un momento de calma, de quietud para atemperar el tumultuoso despertar a tan memorable exaltación y culminación de su calentura, jamás imaginada.

- Me gustas, con tu ingenuidad ficticia, con tu desprejuiciada incitación, despertaste mi deseo más lascivo, secuestraste mi loco deseo, y ahora me sumergí en el mar de tu calentura para beberla de un trago.

- Y, que trago!, casi te ahogas chupándomela!…

En verdad habíamos encarnado en amantes que se estuvieron buscando toda la vida, ahora nos consumíamos en la misma hoguera.

Había concretado de forma imprevista el deseo de varias noches, la dejé subirse al potro salvaje y permitirme violarla locamente en el sabor frugal del sexo prohibido.

Volví a comerle la conchita, girando hasta quedar con mi sexo en la cercanía de su boca, por un momento nos dejamos enredar en un acalorado 69 hasta el delirio, robarle el tesoro de sus labios para buscar introducirlo en los labios verticales. Las manos volvieron a elevar sus nalgas, atraerla hasta que su sexo se acomodó para engullirse el mío.

El cuerpo de Lovy formaba un arco, sostenida en mis manos, con la verga enterrada en ella comenzó a evolucionar, a moverse en forma acompasada, ayudada por la tensión de sus músculos entrenados en el gimnasio ahora servía para gestionarse el mejor aprovechamiento, menear su pelvis llena de mi carne.

El vigor de sus músculos eran las herramientas de su calentura para moverse sin cesar. En el silencio concentrado de quien está llegando con facilidad a ese final feliz. El primer orgasmo dejó escapar un tímido gemido, luego el silencioso y acompasado ritmo de la continuidad, solo interrumpido por otro gemido y luego otro algo más largo eran síntomas de la agonía de la mujer entregando su alma en el éxtasis póstumo del goce supremo.

Ojos cerrados, labios apretados, músculos tensos, fiel testigo, de transitar ese momento donde el cuerpo deja de tener peso para dejarse flotar en un mar calmo, silencio, la exaltación de los sentidos llevados a la coronación de hembra satisfecha.

Culminado el momento de viaje astral de sus sentidos, volvió a la realidad del macho, es tiempo de rendirle honores a esa verga que la tenía como protagonista de su deseo. La tomó entre sus manos, la recorría con su lengua apreciando el grosor para poder metérsela en la boca, jugar con la lengua dibujando en la cabeza.

Me arrodillé entre sus piernas, las elevó para permitirme el franco acceso a su vulva, abriendo un poco más con sus manos para que me adentre en su vagina. De un golpe, se la mandé toda dentro, el gemido fue la bienvenida, sentir al hombre maduro hollar su cueva era un momento para recordar, solo fueron unos momentos.

Me salí de ella, la hice girar, boca abajo, una almohada bajo el vientre para mejorar la postura y acoplarme a sus nalgas con más y mejor comodidad. Nuevamente, de un golpe se la mandé toda dentro, la manos en sus caderas me sirven para afirmar con fuerza y con el vigor del deseo contenido.

Un par de nalgadas sirvió para incentivar su erotismo, tomada de los hombros la comprimen con fuerza contra su macho que taladra sus entrañas, otra nalgada la pone en clima, domino y controlo sus reacciones, la penetración se torna afiebrada, algo de violencia pone la sazón del delirio de la joven que se entrega en su indefensión como una putita sometida y dominada por el amo.

El contacto sexual adquiere la tónica de la brusquedad propia de la calentura y el descontrol. Se vuelve tumultuosa en el desmadre de la penetración con fuerza y urgencia.

Las ganas de apropiarme de su deseo, las ganas de sentirme dentro de ella, busca ser premiado con ese orgasmo robado del centro de la tierra, breve pero intenso, servían de prólogo al tiempo de su amante, sentía latir en mis sienes la inminencia de lo inevitable, solo un destello de lucidez en la oscuridad del deseo para preguntarle: - Me puedo venir dentro? Estás protegida? - No, no lo estoy, pero… puedes hacerlo, puedes venirte dentro mío, en dos días vendrá mi regla, no te detengas, acábame dentro!

Fue el salto emocional, tumultuosa excitación de los sentidos dispuestos a hurgar en la entrañas de la pendeja, perderme en la emoción de venirme dentro, de pronto me sentía como una fiera que consigue la libertad, un gemido venido del más allá acompañó el primer chorro de semen. Ella respondió de igual modo cuando sintió la primigenia descarga de mi energía masculina, las descargas siguientes fueron consecuencia de profundas penetraciones para dejar el contenido lácteo bien en el fondo de su sexo.

Quedé tendido sobre su espalda, inmóvil, disfrutando de la deliciosa sensación de haberme derramado en sus entrañas, sentirme en el placer de la dulce muerte del delirante deseo colmado y compartido.

Desmonté despacio, dejándome estar viendo sus hermosas nalgas, separadas permitiendo ver la herida de su sexo que comienza a manar la leche del señor maduro.

Retornados al mundo real, es el momento de poner blanco sobre negro esta ficción, descorrer el velo del sueño realizado en carne viva. Ahora entender y comprender esta nueva realidad que nos deleita y nos asusta.

Era momento de volver a la realidad, el tiempo de recreo estaba próximo a terminar, volver a la ficción de simular que nada había sucedido, seguir deseándonos hasta encontrar el momento para volver a concretar ese pecado carnal, revivir esa relación prohibida.

Si piensas que esta historia se quedó aquí, estas bien equivocada, esto fue tan solo el aperitivo de una deliciosa relación, donde el hombre maduro fue paloma por querer ser gavilán…

Todo había sido planeado por Lovy hasta el último detalle, la inocente joven resultó una consumada y hábil mujer que necesitaba sentirse la putita del tío. En los siguientes días hasta terminar esas vacaciones la lujuria fue el lugar común, el deseo la necesidad, el sexo el placer inexcusable, el grosor de mi verga la asustó un poco, pero igual accedió a ser penetrada.

La amiga había sido el partícipe necesario para conseguir esos momentos de intimidad y más aún, porque en un momento de confidencias íntimas me dijo de los juegos lésbicos entre ellas y hasta me dejó la inquietud de decidir si quería tenerlas a las dos juntas en mi cama, pero eso es parte de la continuación de esta historia de sexo prohibido.

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Ahora estoy esperando saber tu historia de sexo prohibido y compartirnos experiencias. El Lobo Feroz te espera en su madriguera para responder tus preguntas en: loboferoz1943@gmail.com, no tengas pudor, escríbeme porfa…

Lobo Feroz

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