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Chocolate

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  • Noto como crece tu excitación. Agarras una de mis manos y me la aprietas descargando en esa presión toda la intensidad de tu pasión. Te vas retorciendo entre las sabanas

    Al final hemos podido coincidir. Nuestros trabajos y la distancia siempre han sido un problema. Ahora después de una ligera cena sin darnos cuenta estamos devorándonos la boca el uno al otro. Nuestras manos exploran nuestros cuerpos. Palpan. Acarician. Amasan.

    Te cojo de la mano y te llevo a la cama. Allí la ropa va cayendo al suelo hasta descubrir nuestros cuerpos. Beso y beso tu cuerpo. Creo que no me dejo ningún rincón por descubrir. Beso tu ombligo. Acaricio tus pechos. Lamo tus pezones. Y de nuevo tu boca.

    Espera un momento. Te susurro al oído. Y me ves salir casi corriendo de la habitación. Oyes ruidos en la cocina. Y aparezco con dos tarrinas de helado y unas cucharillas. Me miras extrañada. Helados de chocolate negro y de chocolate blanco.

    -¿Ahora helado? – me preguntas incrédula.

    -Ya verás. Túmbate.- Lo haces aunque no muy convencida. Abro el helado de chocolate negro. Y de pronto notas un frio tremendo en uno de tus pezones debido al helado que he derramado sobre él. Pero ese frio es substituido de inmediato por el calor de mis labios. Notas el contraste de sensaciones enseguida. Succiono el helado y el pezón a la vez. Tiro de él. Chupo el pezón y lamo tu aureola.

    Frio de nuevo en tu otro pecho. Te estremeces. El frio es intenso. Pero te lo neutralizo con mi boca. Mi aliento te da el contraste del calor sobre el frio pezón. Suspiras. Frio sobre tu abdomen. Calor al momento sorbiendo el helado. Frio en tu monte de venus. Escalofrío. Besos calientes. Frio entre tus piernas. Te sobresaltas. Te chupo el helado y meto mi lengua fría en tu coño depilado. Vuelvo a hacerlo. Dejo caer helado sobre tu brillante y mojado coño. Das un respingo y acto seguido mi boca atrapa el helado he introduzco un poco con la lengua en tu gruta. Chillas. Te devoro. Te chupo. Hasta deshacer el helado y succionarlo por completo. Me deleito lamiendo tu coño hasta dejarlo limpio de nuevo mientras te retuerces de excitación. Ahora ya el helado me da igual. Voy bebiendo tus jugos. Noto tus manos apretarme contra ti. Como arqueas la pelvis a la vez para sentirme mejor. Acaricio tu clítoris con la lengua. Una y otra vez. Intensifico las caricias húmedas sobre él. Noto como crece tu excitación. Agarras una de mis manos y me la aprietas descargando en esa presión toda la intensidad de tu pasión. Te vas retorciendo entre las sabanas. Se que tu momento culminante esta próximo. Y voy jugando contigo. Voy parando de vez en cuando mi lengua y de repente vuelvo a devorarte como un loco. Y luego aflojo suavemente la intensidad de la presión. Hasta que decido hacerte correr lamiendo y apretando mi lengua contra ti muy muy deprisa y provocar tus espasmos y convulsiones mezcladas con gemidos y jadeos intensos, llegando a tensar totalmente tu cuerpo y dejándote caer de golpe sobre el colchón. Tu excitación ha provocado que tu coño este empapado. Mis labios están llenos de tus jugos. Y voy subiendo por tu cuerpo hasta besarte de nuevo para que los saborees.

    -Ahí tienes el helado que te gusta.- te digo guiñándote un ojo…

    Das un suspiro y sonríes.

    -Mmm… Túmbate. -me dices

    Lo hago quedando a la espera de ver lo que te propones. Te veo que te giras para coger tu helado favorito. Veo marcarse tu sonrisa en tus labios según te vas acercando a mi.

    -Cierra los ojos. –Te obedezco. Oigo como destapas el bote y enseguida siento un tremendo frio en mi pezón derecho. Al poco noto una presión cálida abarcar mi pezón succionando el helado. Tu lengua acariciándolo. Endureciéndolo más. Noto trozos de helado por mi pecho. Frio intenso. Calor y la suavidad de tus labios. Dulces besos. Calientes… Tu lengua me limpia de helado. Me chupas por toda mi piel. Haces que se erice. Me excitas. Hasta que siento ese frio en mi polla. Lo noto en mi glande. Me viene un escalofrío. Y enseguida la tremenda sensación de calidez de tu boca tragándose mi polla y helado a la vez. El contraste seguido del frio y tu calor al chupármela es sensacional. El goce es tremendo. El placer es delirante.

    -Mmmmmm… ¡Dios! ¡Qué gusto nena!

    Siento de nuevo frio. Ahora en mi pezón izquierdo. A la vez tu otra mano juega con mis huevos. Y tu boca de nuevo apaga ese frio con un sensual y cálido beso en mi pezón.

    Repites el frio en mi glande y vuelves a chupármelo varias veces haciendo que disfrute como nunca. Gozo. Gimo. Chillo tu nombre cada vez que siento como haces entrar en tu boca mi polla.

    -¡Siii! Mmm…

    Siento la calidez de tu saliva y tu lengua. Cierro los ojos cuando noto como tus labios presionan sobre mi glande para recoger el frio helado. Frio y calor. Una y otra vez. Me llevas al delirio de la lujuria. Me vuelves loco. Me agarro a las sabanas cuando la sensibilidad de mi polla no puede aguantar más. Pero las caricias de tu lengua no paran. Sigues. Lames y lames. Chupas lentamente toda la longitud de mi pene recogiendo todas las gotas de tu helado preferido. Hasta las que han caído en mis huevos. Los chupas y lames también con paciencia. Y de nuevo el delicioso martirio del frio que sé que vendrá recompensado por la succión de tus calientes labios. Haces que tense mi cuerpo del gusto que recibo. Que enrede mis dedos entre tu melena y presione ligeramente tu cabeza contra mi pelvis acompañando tus movimientos.

    -¡Dios! ¡Nena! Que gusto. Mmm…

    -Sigue preciosa. Sigue.

    Tu dedicación para darme placer no tiene fin. Es la mejor mamada que me has hecho nunca. Sigues y sigues jugando con tu lengua recorriendo la piel de mi polla. Provocando que cada vez esté más y más excitado. Que mis gemidos suban de volumen. Que me retuerza del gusto entre las sábanas. Y cuando notas que me tenso. Que mis huevos están prietos. Que empiezo a elevar mi pelvis. Que chillo tu nombre. Que te pido que sigas. Que no pares. Aceleras los movimientos de tu boca. Sabes que mi momento está cercano. Me conoces. Y sabes que enseguida me derramare en tu boca. Que te llenare de mi leche. De ese líquido que tanto te gusta. Así que tus manos se suman al momento final apretando el tronco de mi polla y mis huevos. Presionas. Chupas. Succionas. Aprietas. Aceleras. Y consigues que explote. Que tense todo mi cuerpo elevando mi pelvis chillando y soltando toda mi leche en varias sacudidas seguidas.

    -Aaaaah nena que bien. Siiii. Mmm… ¡Dios!

    ¡Qué gusto!

    Y me miras de reojo recogiendo las últimas gotas de mi orgasmo. Sonríes cuando te incorporas. Y te vas acercando a mí.

    -¿Te ha gustado?

    -Joder nena. Ha sido genial. Bésame -te pido.

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