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Mamada rápida en el club

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Mi primera experiencia en un lugar público

Casi la una de la mañana. Estaba sola, mis amigas habían desaparecido y no había nadie que conociera con la cual entablar algún tipo de conversación. Se suponía que estábamos a punto de irnos. Alguien no aparecía, otro alguien fue a buscarla y de pronto sólo quedaba yo frente a la barra, nadando en un mar de desconocidos.

Vestía una minifalda de mezclilla con botas negras hasta las pantorrillas y un top rosa, escotado. Había notado la manera tan particular en la que varios hombres me miraban, pero sólo uno de ellos se acercó para invitarme a bailar. Lo único que me pasó por la mente fue ¿por qué no?

Después de todo, no había nada más por hacer, sólo darles tiempo a mis amigas para que aparecieran, sin embargo, terminaron varias canciones y la barra seguía tan llena de extraños como la había dejado. Bailamos una pieza más antes de que aquél hombre me invitara un trago. Me dijo su nombre, José. Me preguntó mi edad y me dijo la suya, 33. En ese entonces, yo tenía 19. Un poco de plática casual después, decidimos regresar a la pista de baile.

Sonaba una pieza muy animada de house. Comenzamos a movernos al ritmo de la música, intensificando nuestros movimientos al mismo tiempo que el beat hacia lo mismo. José me tomaba de la cintura, me daba vueltas y repegaba su cuerpo contra el mío. Mientras bailábamos, podía sentir que su miembro se endurecía cada vez más, lo cual me excitó bastante. Puse sus manos en mis caderas y comencé a moverme en círculos, presionando mi culito contra él de vez en cuando. En ese momento, José acercó su boca hacia mi cuello y pude notar como su respiración se agitaba cada vez que hacíamos contacto.

En poco tiempo empecé a mover las nalgas como si me estuviera cogiendo por detrás. Mi caliente compañero de baile no tardó en separarme mis piernas con los pies. Procedí a inclinarme un poco para darle acceso a lo que él quería. Un par de minutos después, José me bombeaba descaradamente, enterrándome toda su rica verga erecta entre las nalgas.

Voltee mi cuerpo hacia él y puse mis brazos alrededor de su cuello. Abrí de nuevo las piernas y comencé a contonearme para él, pegándome intencionalmente contra sus pelvis para sentir más su rica erección. Empecé a gemir en su oído, tratando de excitarlo cada vez más. "Que rico se siente," susurré despacio. "Quiero más."

Poco a poco terminamos en el rincón más oscuro del club. Mi espalda tocó la pared. Fue en ese momento que mi acompañante comenzó a besarme el cuello, recorriendo mis tetas con sus manos. Cerré los ojos y lo deje continuar. Aproveché el alto volumen de la música para gemir más fuerte y con toda libertad mientras sus dedos, ahora bajo mi blusa, jugaban y pellizcaban mis pezones.

"Que ricas chichotas, mami..." dijo él mientras llevaba mi mano a su entrepierna. "Mira que dura me la pusiste."

Acaricié su verga por encima del pantalón, suave al principio, sobándola de arriba a abajo mientras él me tocaba el culo, diciéndome que me la quería meter, que me quería empinar en 4 y montarme como a una perra caliente. Mi vagina empezó a humedecerse tan pronto cuando escuche esas ricas palabras sucias. Metí mi mano a su pantalón para encontrar su miembro. Seguí masturbándolo para probarle lo mucho que me había excitado que me hablara de esa forma.

"Vamos al baño" le dije al oído.

José me tomó de la mano y comenzó a abrirse camino por entre la gente hasta que llegamos al sanitario de mujeres, que era el más cercano. Una vez dentro, nos metimos a uno de los cubículos y cerramos la puerta con el seguro. "Ven, mami... Dame las tetas..."

De un sólo tirón, me bajó el top y el brassiere, exponiendo mis grandes melones al aire libre. Inmediatamente se abalanzó sobre mi, comiéndome las tetas como todo un animal salvaje. Grité un poco cuando lo sentí morder mis pezones, pero eso sólo logró excitarlo más; de una bofetada me hizo guardar silencio.

"Ábrete de piernas, golfa..."

"Hmmm... tócame..."

Lamiéndose los labios, José llevó dos dedos hasta mi vagina. Comenzó jugándome el clítoris, pero en poco tiempo empezó a penetrarme con varios dedos, haciendo que me retorciera de placer. "Te gusta, ¿verdad? Eres una putita rica hambrienta de verga." Otro dedo... "Mira que mojada tienes la panocha, te entran 4 dedos, pinche zorra cachonda..."

"Ahhh... delicioso... Dame más fuerte..."

"Si, perra, gime como una puta... Dilo... Dime que te encanta..."

"Me encanta ser tu puta!"

"Ahorita mismo me vas a mamar la verga."

Me puse de rodillas tan rápido como me fue posible en el reducido espacio en el que nos encontrábamos y comencé a quitarme el cabello de la cara. Mientras, José había bajado su cierre y su pene erecto estaba ahora a unos pocos centímetros de mi boca. Lo miré por unos segundos, sin saber cómo o por dónde empezar; nunca antes había mamado verga y por un momento tuve miedo hacerlo mal.

No tuve que preocuparme por mucho, pues José no tardó en tomarme de la cara y guiar su miembro dentro de mi boca, luego fuera, luego dentro de nuevo, cada vez más rápido. Al principio tuve la sensación más extraña... arcadas... una embestida, arcadas, una embestida más. Eventualmente logre controlar mis reflejos y conseguí tragármela hasta sentir sus bolas pegando en mi barbilla.

"Perra... eres una puta... Maldita perra ofrecida... Te gusta darle el culo a cualquiera, eh? Uffff, que rico la mamas, puta chichona."

Estaba al cien. Como pude, me abrí de piernas, hice mis panties a un lado y empecé a dedearme sin piedad. José me cogía la boca más y más profundamente, mis dedos rozaban mi clítoris, empapados, entraban y salían de mi pucha...

"Si, zorra... Sigue... Estoy a punto de correrme. Te voy a dar leche."

Lleve mis manos a la base de su verga para poder masturbarlo mientras se la mamaba. Eventualmente, José tomó control de mi cabeza nuevamente, jalándome del cabello, ahogándome sin misericordia.

"Mastúrbate, pendeja. Quiero ver cómo te vienes."

Tan pronto como mis dedos estuvieron dentro de mi apretado agujero, José me tomó fuertemente de las tetas y se vino encima, derramando su semen caliente sobre ellas. Sus gemidos me llevaron el límite... Todo mi puño estaba ahora dentro de mi concha. Me sentía a punto...

Una bofetada a la cara con su verga mojada en leche y unos pellizcos en los pezones hicieron que me corriera al instante, derramando mis jugos en el piso de mosaico.

Poco a poco, regresé a la realidad. Rápidamente, acomodé mi ropa y mi cabello antes de salir casi corriendo del baño. "Rica verga, cabrón... Luego nos vemos."

Afuera del club, mis amigas estaban esperándome únicamente a mi. "¿Dónde estabas?"

"Por ahí" respondí con una sonrisa.

"Creo que tienes algo aquí" me respondió una de ellas señalando la comisura de mis labios.

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