La pertenencia (8): El cinturón

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La pertenencia (8): El cinturón

RESUMEN

Matías se da cuenta que ser dueño de Andrea es tanto mejor que tener una amante masoquista

Una vez fijado mi domicilio con ella los almuerzos perdieron apuro, se volvieron simplemente almuerzos. Dejé de tocar temas íntimos en lugares públicos, aunque seguía dándole órdenes en vez de acordar.

Para la segunda noche de esta visita tenía una sorpresa para ella.

"Yo sé que si te digo que no hagas mucho ruido no lo vas a hacer. No quiero ir tan seguido al Turista. Pero al mismo tiempo me gusta como pierdes el control de tus actos, así que por seguridad te voy a presentar una técnica que te va a gustar."

Tomé uno de sus calcetines sucios, no podía estar muy sucio porque lavaba seguido su ropa, y ahora la mía, en el lavadero común del edificio. Lo enrollé como se hace con uno limpio y se lo metí en la boca. Lo aseguré con uno mío por atrás de su cabeza.

"Prefiero no amarrarte. Me gusta más verte tomar tu castigo sólo con tu voluntad, tu voluntad que es mía. Si te estoy haciendo algo es porque es mi voluntad que lo recibas."

La toque. El sólo hecho de ser amordazada ya le había puesto húmeda.

La dejé de pie. Me saqué el cinturón. Lo hice sonar entre mis manos. Su mirada era de súplica, pero no suplicando que no lo use. Por supuesto que no usé la hebilla, no me gusta la sangre. En su piel quedaban las marcas rojizas del golpe. Sus gritos mudos me entusiasmaban aún más. La parte alta de los muslos son de una sensibilidad exquisita. Me concentré en las partes más acolchadas. En primer lugar los glúteos, después el reverso de los muslos y algo también le llegaba en la espalda.

Aftercare.

"¿Quién es la princesita más mamona de papi?"

"¡Yo papi, yo! ¿Soy yo papi, soy yo tu princesita más mamona papi?"

"Si mi princesita, eres tú."

Me abrazó fuerte, yo seguía acariciando su espalda con la marcas que decían tengo dueño. Marcas carmesí que se desvanecían de a poco. Para mañana en la mañana la ducha le ardería un poco, como recordatorio de su pertenencia.

"¿Matías?"

"Dime"

"Gracias. No tenía idea que se podían hacer estas cosas tan lindas, y por ser tuya lo estoy aprendiendo."

"Te estoy volviendo de mayor valor como pertenencia mía. Vales más que mi auto. Si sigues así vas a llegar a valer más que mi casa."

"Eso es lo que más quiero en esta vida. Ser digna de ser tuya."

¿Cómo pude tener tanta suerte? Tener una amante que aceptase ser humillada hubiese sido tan distinto.

"¿Puedo darte las gracias cada vez que sienta que debo hacerlo? Tengo miedo de que pueda ser fregada."

"Hazlo nomas. Puedes tomar la iniciativa para hacer cosas así. Sé que lo vas a hacer sólo cuando te parezca apropiado y confío en tu juicio para ser una buena pertenencia."

"Gracias. Quisiera poder estar orgullosa de ser una pertenencia de valor para ti, si es que no estoy pasándome por tener orgullo."

"Ese es un buen orgullo, puedes tenerlo."

"Gracias."

"Sé que va a bastar un gesto para que sepas si debes dejar de hacer algo."

"Sí. ¿He sabido obedecer sin que tengas que decir nada?"

"Si, es algo que haces muy bien."

"Gracias."

"¿Puedo mamártela de nuevo? Cuando la tienes blanda y se te pone dura dentro de mi boca me siento tan bien, es como que mi vida tiene sentido."

"Dale, muéstrame quien quiere ser la mejor mamoncita del mundo para su papi."

"¡Yo papito, yo! Yo quiero aprender a ser la mejor mamona del mundo para mi papi."

Nuestro almuerzo de la despedida de semana por medio.

"Tienes que seguir subiendo. Quiero que por todo lo sumisa que eres con tu dueño, seas altiva en tu trabajo."

"Realmente disfruté hacer que me subieran el sueldo."

"Muy bien. Hacer, no pedir. Tu próximo paso va a ser asumir un cargo de mayor responsabilidad. No creo que sea conveniente exigirlo tan luego, pero a eso vas a apuntar. Tu arma va a ser volverte imprescindible y tu manejo de las operaciones con perspectiva."

En vez de decirle tienes que hacer esto o lo otro, era mejor decir vas a hacerlo. No le imponía una obligación, describía una realidad, una realidad en el futuro de la que ella era parte del momento en que la enunciaba.

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