Visitas a mi vecino (El esposo de Sofía 2: Atrapado)

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Visitas a mi vecino (El esposo de Sofía 2: Atrapado)

RESUMEN

Juan Carlos bajó a la calle y no solo cogió la cámara, que efectivamente estaba en uno de los bolsillos de la Harley, si no que se entretuvo buscando en ellos todo lo que pudiera servirle

- ¡Oye, Ramón!, voy a bajar a por mi cámara, esto tienen que verlo los chicos.

- ¡Ok!

Juan Carlos bajó a la calle y no solo cogió la cámara, que efectivamente estaba en uno de los bolsillos de la Harley, si no que se entretuvo buscando en ellos todo lo que pudiera servirle para sacarle el máximo rendimiento a la situación.

Mientras, Ramón se encargaba de preparar y lavar bien a Rafa, que sentía el agua que entraba en sus entrañas y las manos del doctor que no dejaban de magrearle…

- Que culo tienes, ¡cabrón! No me canso de tocártelo…

Después, tenía que mantenerla en su interior un ratito y expulsarla las veces necesarias para que saliera bien limpia, cuando a Ramón le pareció el momento, dejó de lavarle. Volvió a enroscar la alcachofa en el tubo; y la dejó en su aplique. Luego, volvió a echarle más gel sobre los hombros y le frotó la espalda hasta conseguir la suficiente espuma como para volver a llenar esa raja por la que tanto le gustaba pasear sus dedos.

También cubrió con ella ese pollón, al que parecía querer tomarle la medida no dejándolo descansar ni un solo momento... y los huevos.

Muy pocas veces había podido disfrutar de algo así...

- ¡Ya estoy aquí!, dijo Juan Carlos, cuando volvió; entrando en el cuarto de baño repentinamente...

- ¡Joder!, no te había oído entrar…

El doctor, apenas si miró a su suegro; porque tenía el rabo demasiado duro, y quería metérsela a Rafa, sin más preámbulos. Se pegó a él, y empezó a restregársela durante unos minutos; hasta que, por fin, empujó sobre el ojete, y de un solo golpe se la metió hasta el fondo.

- ¡Ayyy!, se quejó Rafa...

Que, sin embargo, empezaba a sacar el culo...

- ¡Ahhh!...

- Te gusta, ¿verdad, cabrón?, dijo Juan Carlos

- ¡Si!… me gusta mucho.

Ya tenía colocada la cámara en el trípode, justo en frente... y tenía perfectamente enfocada esa zona.

Pulsó sobre el botón de “REC”; y se arrodilló delante de Rafa para empezar a comerle la polla.

- ¡Ummmmm!, que rica está…

Ramón había empezado a aumentar la intensidad de sus embestidas y Rafa miraba hacia arriba sacando el culo, cada vez más...

- ¡Ahhy!… ¡Ahhh!… ¡Ahhy!

Se levantó para comprobar si la grabación iba bien; y tras comprobar que efectivamente todo se estaba grabando como él quería, aprovechó para separarla del trípode y metérsela entre las piernas. Quería grabar primeros planos de la follada de Ramón, para que sus amiguetes pudieran apreciarla, debidamente, esa misma tarde.

Luego siguió grabando desde distintos ángulos; para que se viera bien el cuerpazo de Rafa.

- ¡Chúpale el cuello y estrújale las tetas, Ramón!… y pégale fuerte a ese culo, ¡coño!…

Se le veía encantado atizándole con toda su alma... pero ya estaba a punto de correrse y no quería hacerlo adentro…

En ese mismo instante Juan Carlos le pasó la cámara para que grabara...

- ¡Toma y grábame!...

… ¡no!, no te la menees, ¡coño!… ¡aguanta!, ¡joder!...

Ramón cogió la cámara y…

- Quiero un primerísimo plano de esta suculenta boca, dijo...

Acércate todo lo que puedas y graba, que me lo voy a merendar…

Juan Carlos se apoderó de la boca de Rafa, y empezó a degustar esos labios como el que se recrea con una golosina

- ¡Mira que labios más ricos!, le decía a Ramón…

… ¡graba!, ¡graba!…

Y sin soltar esa cara continuaba comiéndole la boca.

Ramón volvió a calentarse al ver a Juan Carlos mordisquear esos labios con tanto deseo.

- Y ahora ve bajando la cámara, según bajo con mis manos… y aléjate un poco con el zoom…

... hasta que se le vea de cuerpo entero.

Y después vuelve a acercarte, poco a poco, quiero un primer plano de ese ojete.

Después de adueñarse de su boca, fue bajando con sus manos hasta poder acariciar esos cachetes (duros y redondos) que abría con ganas, para mostrarle a la cámara ese precioso ojete…

- ¡Quédate ahí!… recréate un rato en el…

… y luego, coloca el trípode en la posición más baja, con la cámara en su sitio... y dirígela a la entrepierna, que voy a aclararlo. Quiero que esa perspectiva sea desde atrás ¡eh!

Abrió el grifo y situó a Rafa, de modo que el agua cayera sobre su cuello y bajara a través de la espalda, hacia el culo.

Las imágenes no podían ser más efectivas. Resultaba muy excitante ver como el agua iba aclarando, poco a poco, la raja del culo, que Juan Carlos seguía manteniendo abierta; y como, luego, empezaba a jugar con las manos metidas entre las nalgas... y acariciándole los huevos.

Ramón se quedó mirando un rato la pantalla led de la cámara; y el espectáculo estaba garantizado…

… pero volvía a tener ganas de metérsela; así que volvió a abrir la ducha, y después de liberar de espuma esa polla, dejó claras sus intenciones.

Su suegro le entendió perfectamente; y empezó a comerse esa esplendida polla, sin más…

… y después de aclarar bien todo lo demás, Ramón volvió a la carga con más furia, si cabe.

Se lo follaban a conciencia, y mientras uno se la enchufaba, el otro se la comía…

Y así, hasta que se corrieron y decidieron secarlo... y llevárselo al despacho.

Prepara las perneras, que lo quiero en la camilla; con el culo al aire y las piernas abiertas…

… o, ¡mejor!...

- A ver, Rafa... ¡asómate a la ventana!, y dime si la Harley sigue donde la dejé…

Rafa se acercó a la ventana y se asomó, como le había pedido Juan Carlos. Y se apoyó en el marco de la ventana inclinándose hacia delante, levemente; pero dejando una imagen tremendamente sexy de toda la parte trasera de su cuerpo, especialmente de ese lujo de culazo, que les tenía al palo.

Todavía quedaba una hora para seguir jugando con él. Dejaron volar la imaginación para disfrutar de él a su antojo… buscando el máximo placer. Y se lo follaron, y se lo follaron, y se lo follaron, hasta que se vaciaron por completo; también varias veces… pero el tiempo se acababa, y había que rematar algunas cosas que habían quedado pendientes.

Ramón le pidió a su suegro que le metiera 500€ en uno de los bolsillos del vaquero, antes de vestirse. Y después de ducharse otra vez, se preparó para acercar a Rafa hasta su casa.

- ¿Te gustan las pruebas que te estamos haciendo, Rafa?

- ¡Si!, me gustan mucho, doctor...

- Bueno, pues a partir de ahora, cuando oigas que D. Juan, o, yo, decimos “Nabucodonosor”, volverás a sentirte como ahora te sientes; y harás todo lo que él, o yo, te ordenemos. Estés donde estés… ¿de acuerdo?

- ¡De acuerdo!

- Y ahora, cuando cuente hasta tres, despertarás y todo te parecerá absolutamente normal. ¿De acuerdo?

- ¡De acuerdo!

- Uno... dos... tres…

Y Rafa se despertó…

- ¡Bueno!, pues ya hemos terminado por hoy. Ya sabes que tienes que venir por lo menos una vez en semana.

- ¡De acuerdo, doctor!

- ¡Ya puedes vestirte!...

… ¡ah!, creo que mi suegro me dijo que te acercaría a casa. Por lo visto quería saludar a tu madre y conocer a tu hijo. Te espera abajo.

- ¡Genial!

Rafa se vistió y se despidió del doctor con un apretón de manos.

- ¡Gracias, doctor!… aquí me tendrá todas las semanas. ¡Adiós!

- ¡Adiós!… Rafael.

Efectivamente, cuando salió de la consulta vio a su padrino que le esperaba apoyado en la Harley Davidson.

- ¿A qué hora comes?

- Normalmente a las 14:30… ¿por?

- Pues, porque son las 14:05, y me apetecería ver a tu madre…

... y también a tu chico, que ya debe estar hecho un hombre ¿no?…

… además, así te dejo en casa; que sé que pilla un poco retirado, ¿te parece? Tengo tiempo de sobra, y no me importa acercarte, ¡de verdad!

- ¡Gracias, padrino!, me viene fenomenal.

En casa de Diego…

Estaba verdaderamente afectado por la presencia de Eugenio en la casa de su tío. Después de cinco años sin verlo, tuvo un subidón tremendo.

- ¿Qué te pasa?, le dijo Ariel

- Vamos a llevar al abuelo a su habitación y luego te cuento ¿vale?

Solo eran las 23:05, pero el abuelo hoy no tenía ganas de cenar; quería irse a la cama.

Diego, enseguida preparó unas patatas fritas y unos filetes de cinta de lomo que encontró en el frigo y...

- Hace hambre, ¿verdad?

- ¡Si!... bastante.

Mientras cenaban le puso al corriente de su relación con Eugenio.

- Nos sentábamos en el mismo banco; en primero…

... pero de un día para otro, dejé de verle.

Sus padres se compraron un chalet en Pozuelo. Y yo me quedé completamente solo… y vacío.

Y ahora, de repente, me lo encuentro en casa de su tío Carlos. Está precioso, ¿verdad?

- ¿El rubio que nos ha abierto la puerta?

- ¡Si!… el que nos ha invitado a tomar café.

- ¡Pues, si!... ¡la verdad, es que es muy guapo, el chaval!…

- ¡Pues eso!, que ese tío me pone muy nervioso

- ¡Lo entiendo!... pero, me ha parecido muy agradable ¿no?

- Es una bellísima persona... y creo que todavía estoy enamorado de él…

... ¡joder!…

... ¡creí que ya lo había superado!…

Se acostaron pronto. Y al día siguiente, Ariel dijo de acercarse a su casa; a ver a su madre. Diego le acompañó, porque también le apetecía ver a su tía Ana.

Comieron con ella... y Ana, por fin, se quedó tranquila después de hablar con su hijo...

- ¡Oye!, tenemos que pasarnos por la casa de D. Carlos a tomar café ¡eh!

- Si, si, ¡claro!

Y subiendo por la calle que iba de la plaza hasta la estación de Renfe vieron a Rafa que se bajaba de una Harley Davidson impresionante, que su dueño estaba aparcando, justo en frente de la estación.

- ¡Hombre, Dieguito!... ¿qué pasa?... ¿dónde vais?

- Pues estamos de vuelta a casa; que hemos estado comiendo con mi tía Ana... la madre de Ariel.

- ¡Ah, qué bien!… ¡mira!, os presento a mi padrino...

- ¡Hola , chicos!… ¡encantado!

- ¡Igualmente!

- ¡Un placer!

- No puedo entretenerme mucho, Diegui. Ya sabes que mi madre es muy exigente; y me están esperando para comer…

- ¡Tranqui, Rafa! Lo entendemos... ¿verdad, Ariel?

- ¡Claro, coño!

- No sé lo que haré esta tarde. Quizás te llame

- Bueno, esta tarde tenemos lio, Rafa. Mejor mañana ¿vale?

- ¡Vale!

Bajaron por la calle en la que vivían, todos juntos, y al llegar al portal se despidieron....

- ¡Hasta mañana, chicos!

- ¡Ciao, Rafa!… ¡Adiós, señor!

- ¡Adiós!

Rafa y Juan Carlos decidieron subir por la escalera, y Diego y Ariel se quedaron esperando el ascensor…

- ¡Joder, tío!, no veas lo bueno que está tu vecino… me la pone al palo ¡eh!

- Ya te lo dije

- Nos bajamos en el octavo ¿no? Seguro que el abuelo ya se ha echado la siesta.

- ¡Si!, creo que va a ser lo mejor.

Cuando ya estaban frente a la puerta de la casa de D. Carlos, se percataron del tremendo silencio que había en ese descansillo.

- ¿Estás seguro de que nos invitó a tomar café tu amigo?

- Bueno, es un poco pronto ¿no? A lo mejor están comiendo todavía... pero, me extraña, dijo Diego. D. Carlos es muy maniático... y también muy puntual. Comen a las 14:00, fijo.

Llamó al timbre; y se oyeron unos pasos que se acercaban a la puerta.

- ¡Ah!, sois vosotros. ¡Pasad!, ¡pasad!, muchachos…

D. Carlos abrió la puerta descamisado, en calzoncillos y con las zapatillas de estar en casa.

- ¿Y, Geni?…

… nos invitó a tomar café.

- ¡Si!, si… ya sé. Sentaos en el sofá... que ahora le aviso.

Diego y Ariel terminaron de entrar en el salón y se sentaron en el sofá; y escucharon los pasos de D. Carlos que se alejaban por el pasillo hacía la cocina, pero también oyeron jadeos que llegaban desde una de las habitaciones.

Y Diego, lleno de curiosidad, se asomó a la puerta del salón... y al ver el pasillo libre, avanzó y se asomó a la puerta que dejaba salir esos jadeos.

D. Tomás estaba follándose a Geni en la cama. Lo tenía boca abajo y se la clavaba hasta el fondo; y a buen ritmo.

Sorprendido por esta visión, se quedó paralizado; y aunque le hubiera gustado salir corriendo, se giró lentamente, cabizbajo… pero, cuando decidido quiso volver con su primo, al levantar la cabeza, se encontró con D. Carlos que le miraba fijamente con una bandejita, con los cafés, en la mano.

No dijo nada; ni D. Carlos tampoco.

Entraron en el salón, y después de sentarse junto a su primo, se quedó mirando como D. Carlos colocaba los cafés sobre la mesita.

- Azúcar, o sacarina, preguntó

- Yo sin azúcar, dijo Ariel

Y Diego no tenía ganas de hablar; así que no contestó.

- Voy a decirle a Eugenio que ya estáis aquí, dijo D. Carlos

Y salió, otra vez, del salón

- Y, a ti ¿qué te pasa?, dijo Ariel

- ¡No!, nada, nada… no me hagas caso, ¡coño!

En ese momento escucharon pasos que se acercaban al salón con cierta premura

- ¡Como me alegro de que hayáis venido!, dijo Eugenio. Tenía muchas ganas de verte y estar contigo un rato, le dijo a Diego, que no supo que contestar. Realmente estaba afectado por lo que había visto. Pero, estaba luchando por no perder la compostura; y se decía a sí mismo, que porqué no iba a poder follar con quien quisiera.

D. Tomás, también se lo había follado a él.

Y cuando entró D. Tomás, se dirigió a saludarlos con tanta cordialidad, que por fin consiguió asimilarlo…

… y entonces se dio cuenta de que Geni estaba en calzoncillos, frente a él, con una sonrisa irresistible; y mirándole como el que mira algo maravilloso…

... y D. Tomás en pijama, hablando con Ariel, animadamente.

D. Carlos, sin embargo, había vuelto a la cocina. Sin duda alguna, el ambiente era adecuado para estar follando toda la tarde.

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