Rebeca

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Rebeca

RESUMEN

No siempre mostramos al mundo nuestro verdadero ser y Rebeca es buen ejemplo de ello. Las puertas del restaurante se abrieron para dar paso a Carla y Rebeca

— En serio, Raúl, no es normal. Llevamos saliendo juntos tres meses y todavía nada.

— Nada?

— Nada, estoy hasta los cojones de matarme a pajas.

— Joooder! Y yo que pensaba que lo mío con Carla era desesperante, pero comparándola con su hermana, va a resultar toda una ninfómana.

— No te quejes, que al menos, tú follas.

— Por si no te habías dado cuenta, tenía activado el "modo ironía". Una vez cada quince días... si hay suerte.

— Jajaja, donde hay que firmar?

— Chist... que vienen.

Las puertas del restaurante se abrieron para dar paso a Carla y Rebeca, las cuales, tras buscar entre los comensales a sus respectivos novios, emprendieron la marcha a la vez que sus caras reflejaban una mueca a modo de disculpa. Rebeca y Carla eran como dos gotas de agua, si no fuese por la diferencia de edad, 18 y 20 años respectivamente, la gente pensaría que eran gemelas. Ambas eran morenas con el pelo largo ondulado, sobre el metro setenta de estatura, Rebeca, un par de centímetros más baja su hermana, y un cuerpo con curvas de los que consiguen que irremediablemente te voltees al verlas pasar para recrear la vista en ellos.

—Sentimos el retraso, había muchísimo tráfico. —Dijo Carla mientras besaba a su novio Raúl.

—Tranquilas, —respondió Luis.— Hemos aprovechado para poneros verdes y se nos ha hecho amena la espera. —concluyó mientras retiraba la silla para que Rebeca tomase asiento.

El camarero se acercó dispuesto a tomar nota y tras apuntar la comanda se retiró al tiempo que Luís y Raúl, aprovecharon la impuntualidad de ellas para hacerse merecedores de elegir la película que irían a ver más tarde.

—Lo siento chicas pero como no llegabais hemos aprovechado para comprar ya las entradas de X-men Apocalipsis. —dijo Raúl.— La semana que viene elegís vosotras.

—No es justo. —replicó Rebeca.— La última vez escogisteis vosotros y no tenemos la culpa de que hubiese tanto tráfico.

— Déjalos, Rebeca, — la interrumpió Carla. — La semana que viene nos vengaremos y se tendrán que tragar una comedia romántica.

— No seréis capaces? — exclamó Luís al tiempo que tomaba la cara de Rebeca entre sus manos con la intención de besarla.

— Para! —le cortó al momento. — Córtate un poco que hay mucha gente.

Raúl, al darse cuenta del gesto de decepción de su amigo, cambió de tema radicalmente interesándose por cómo habían pasado la última semana ya que debido a los estudios apenas se habían visto.

En el momento que se acercaba el camarero con los primeros platos, la vibración del móvil atrajo la atención de Rebeca y tras un fugaz vistazo a la notificación recibida, se disculpó diciendo que tenía que ir al baño.

— Date prisa, hermanita, o se te quedará helado.

— Si, si, id empezando que no tardo nada.

El sonrojo que se adueñó de la cara de su hermana no pasó desapercibido para Carla y tomo nota mental de ello para someterla a un buen interrogatorio cuando volviesen a casa.

Ya en el baño, Rebeca se encerró en el último cubículo y abrió el mensaje recibido unos segundos antes.

"Hola Perra.

Espero que estés disfrutando de la comida con el cornudo, tu hermana (que, aunque aún no lo sepa, es tan puta como tú) y su novio.

Me imagino que te habrás encerrado en el baño para leer este mensaje, así que ya sabes lo que tienes que hacer:

Quítate las bragas ahora mismo y comienza a masturbarte... pero... no te corras. Cuando veas que se acerca el orgasmo, detente y métete las bragas en el coño. No podrás sacarlas hasta que llegues a casa o... te las quite yo mismo."

Rebeca, no dudó ni un segundo en cumplir las órdenes de Su Señor. Tras dejar el móvil en el bolso, se levantó la falda y se quitó las bragas. Para evitar que se le escapase algún gemido que pudiese anunciar lo que ocurría en el cubículo, se metió las bragas en la boca y comenzó a masturbarse frenéticamente. Dos de sus dedos se adueñaron de su coño y comenzó a follarse con ansía, imaginando que era Su Señor quien lo hacía, quien la usaba para su placer. No tardó mucho en tener que parar y en ese momento, las bragas, abandonaron su boca para tomar posesión de su coño.

Tras vestirse de nuevo, abandonó el baño tomando rumbo a la mesa, sintiendo como las bragas la llenaban, sintiéndolas a cada paso.

El resto de la comida transcurrió con toda normalidad, aunque Carla no dejaba de observar a su hermana viendo como su cara cambiaba cada vez que se acomodaba en la silla.

Cuando abandonaron el restaurante, Carla tomo del brazo a su hermana y disminuyendo el paso, dejo que los chicos se adelantasen, obteniendo así lo oportunidad de hablar con ella a solas.

— Y bien, hermanita? Algo te traes entre manos. Ya estás hablando.

—Pero que dices? —Contestó ésta sonrojándose.— No pasa absolutamente nada.

— Si, claro. Y resulta que ahora soy tonta y me tengo que creer que no pasa nada.

— Tonterías.

— Bueno, ya veremos, pero sabes que acabarás contándomelo todo. Hablamos esta noche.

La conversación cesó ahí mismo ya que los chicos se habían detenido para esperarlas. Cuando llegaron a su altura, Luís comenzó a hablar.

— Tenemos un par de horas hasta que empiece la película. Que os parece si nos jugamos quien paga las palomitas jugando a los bolos?

— Por mi perfecto. —contestó Raúl.— Ya estáis preparando la pasta porque os vamos a machacar.

— Eso está por ver. —sentenció Rebeca mientras simulaba golpearlo con un guante imaginario.

La partida fue "muy inspiradora" para Rebeca, cada vez que lanzaba la bola, su coño no dejaba de recordarle que las bragas lo llenaban y erró casi todos los tiros. No podía evitar sonreír ante la mirada de desesperación de su novio. Perderían, pero estaba tan cachonda cumpliendo la orden de Su Señor que el resto carecía de importancia.

Alzando las palomitas a modo de trofeo, Raúl y Carla encabezaron la marcha hacia la sala del cine, seguidos por Rebeca y Luís, el cual, no dejaba de reprocharle el modo en el que había jugado lanzando muchas de las bolas por el raíl.

Al entrar en la sala, alguien entre la marabunta de gente se agolpaba que en el pasillo capto la atención de Rebeca y una sonrisa se dibujó en su cara. Tras ocupar sus asientos, tomó el móvil en la mano con la excusa se silenciarlo y comprobó que había recibido un nuevo mensaje.

Aprovechó que Luís estaba hablando con Raúl y Carla sobre la anterior entrega de los X-men para leer el mensaje.

"Hola de nuevo, Perra.

Cuando la película lleve una hora de emisión, irás al baño de minusválidos y me esperarás como ya sabes que has de hacerlo."

Inmediatamente, su coño comenzó a palpitar haciendo que notase, aún más si cabe, las bragas en su interior.

Como era de esperar, al apagarse las luces, no tardó en sentir las manos de su novio acariciando sus piernas al tiempo que se giraba hacia ella tratando de besarla. Sus labios se unieron y comenzaron a jugar con sus lenguas, pero separó la mano de Luis, colocándola sobre el apoyabrazos. "No, —pensó Rebeca. — Mi cuerpo ya tiene dueño y no eres tú"

Frustrado, Luís tomo el paquete de palomitas y comenzó a devorarlas a un ritmo tal que las terminaría antes de que empezase la película.

Si le preguntasen a Rebeca de que iba la película, no tendría ni idea de que contestar más que "de mutantes" porque miraba sin ver la pantalla más pendiente del tiempo transcurrido que de lo que se proyectaba en ella.

Cuando apenas faltaban cinco minutos para cumplirse la hora de proyección, Rebeca se inclinó sobre Luís y le comentó que no se encontraba muy bien y que tenía que ir al baño. Sin esperar contestación por parte de este, se levantó y tratando de no molestar demasiado al resto de espectadores de su fila, tomó rumbo al aseo.

Abandonó la sala y se adentró por el solitario pasillo hasta localizar el baño. Una vez dentro de él, comenzó a desnudarse dejando la ropa pulcramente doblada sobre el lavabo. Tras arrodillarse mirando hacia la puerta abrió la boca dispuesta a esperar la entrada de Su Señor y que la tomase.

Transcurrió un minuto, sesenta segundos que le parecieron sesenta horas cuando finalmente se abrió la puerta y Su Señor apareció ante ella.

Sin decir nada y tras cerrar la puerta con el pestillo, Su Señor liberó su polla y, directamente, se la clavó en la boca. Tomó su cabeza con sus manos y comenzó a follarla haciendo que su polla se clavase en su garganta.

Rebeca colocó sus manos en el culo de su Señor para acompasar las embestidas cuando este la abofeteó.

— No me toques, Perra. Las manos a la espalda.

Rebeca retiro rápidamente las manos y las entrelazó a su espalda. Le había hecho cambiar la cita que tenían esa tarde al ir a comer con su hermana, y como castigo, no podría tocarlo.

Su señor dejó de moverse y mantuvo la polla dentro de su boca hasta que notó que le faltaba el aire. Cuando finalmente no pudo más, su Señor la sacó y le ordenó que se apoyase contra la pared ofreciéndole su culo. Rebeca, llenó los pulmones de aire y haciendo caso omiso a las lágrimas que nublaban su vista, apoyó los brazos en la pared y alzó las caderas para ser tomada.

Una de las manos de Su Señor recogió de su barbilla y sus pechos las babas que habían ido cayendo durante la felación y las usó para lubricar su ano. Una vez hecho, su Señor introdujo de golpe dos dedos dentro de su culo y le ordenó que separase sus nalgas con las manos. Al hacerlo, Rebeca terminó apoyando la mejilla contra la pared mientras su culo comenzó a ser tomado por la polla de su Señor.

Éste, se detuvo cuando apenas había introducido un par de centímetros de su polla en el culo de Rebeca y, tomándola de las caderas, de un sólo movimiento, se la clavó hasta el fondo.

— Y bien, Perra? —comenzó a decir mientras imprimía una gran fuerza y velocidad a las embestidas. — Cuéntame.

— Todo sobre lo previsto, Señor. —consiguió articular Rebeca con dificultad. — Esta noche al acostarnos, me masturbarte y diré su nombre al correrme. —continuó diciendo. — Mi hermana me oirá y conociéndola querrá saber de usted.

Su señor, aumento el ritmo y la fuerza con la que tomaba su culo hasta que finalmente se corrió dentro de él.

— Muy bien, Perra. —dijo manteniendo la polla bien clavada en su culo. — Si lo haces bien —siguió diciendo mientras pellizcaba uno de sus pezones. — dentro de poco podrás mandar a la mierda al cornudo, y tu hermana se unirá a nosotros.

— Así será, Señor. —asintió Rebeca mientras la polla de su Señor abandonaba su culo.

— Vístete y vuelve con ellos. — ordenó este mientras descorría el pestillo de la puerta dispuesto a irse.

Apenas abrió un par de centímetros las puerta, cuando Su Señor, se giró y se acercó a ella. Tomándola del pelo, le hizo alzar la boca y tras besarla, introdujo un par de dedos dentro de su coño.

— Hoy no te harán falta. —dijo mientras sacaba de un tirón las bragas de su coño. — Me las quedaré de recuerdo. —sentenció mientras las guardaba dentro su bolsillo y abandonaba el baño.

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