Dulce y amarga amistad (02)

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Dulce y amarga amistad (02)

RESUMEN

-No me gustan los hombres, tú sí… ¡joder! pareces no entenderlo. -Estás loco Álvaro y tienes mucha calentura, te arrepentirías toda tu vida si lo hiciéramos y no quiero perderte como amigo.

Historia de dos amigos: Jesús Alejando y Álvaro

Se habían marchado todos cuando llegó Laura, la tía de Álvaro con una mujer, su primo nos dijo que no nos preocupáramos por que vendría su madre a recoger el desastre de la fiesta. Nos preparó unas tostadas para comer algo y nos mandó fuera de la casa. La otra mujer había recogido lo tirado en el jardín e iba a comenzar con el interior.

-Os esperamos para comer en casa. –Nos despedíamos de ella en la puerta y Álvaro, aún con la cara adormecida la abrazó.

-Comeremos fuera tía, gracias por tu ayuda, te hemos dejado todo hecho un desastre, vamos a subir a las pistas y ver si me despejo.

Subimos en el coche hasta las zonas de remonte de las pistas de esquí ahora desiertas, y en una cafetería abierta tomamos un café doble que me revolvió el estómago. Caminamos mucho tiempo, más de dos horas despacio y en silencio subiendo hasta las cimas, obligándonos a caminar hasta sentir el sudor corrernos por la frente y la espalda.

En una zona inclinada resbalé sobre la piedra suelta y Álvaro que venía detrás me sujetó por la cintura, fue inevitable el que nuestros cuerpos se unieran quedando mi trasero pegado a su entrepierna. Algo que había sucedido muchas veces jugando, nadando o simplemente durmiendo en la misma cama, pero esta vez había algo diferente, resultó muy sutil y breve pero me retuvo más tiempo del necesario apretándome contra su polla que no la tenía floja, le miré y tenía la cara encendida, me soltó como si mi cuerpo quemara y sin hablar se puso delante y dirigió la marcha.

No le di más importancia, era imposible que yo hubiera podido excitarle, pensé que remotamente pudo pensar que mis nalgas eran las de una chica al verlas moverse en sus narices subiendo la ladera.

A mi amigo le gustaban las chicas y de eso no tenía duda alguna, nunca había observado en él atracción hacia los hombres, me lo hubiera confesado como hice yo con él.

Aparte de ese incidente, sobre el que no hablamos, y eso también era raro, en otro momento nos hubiéramos reído por esa tontería o comentado algo, como que si ahora le gustaba mi culo, o si hacer ejercicio le calentaba los huevos, algún comentario de esos pero los dos callamos.

Comimos en el lugar donde tomamos el café, estaban recogiendo el comedor por lo avanzado de la hora pero nos hicieron algo de comida, ensalada y unos filetes a la plancha. Comimos como lobos, el ejercicio nos había dejado hambrientos.

Volvimos a su casa y recibió una llamada de Jesús su primo, invitándonos a la cena en su casa para salir a beber a la noche y no podíamos decirle que no, su madre estaba molesta por no haber ido a comer.

Nos duchamos y nos tendimos en la cama para descansar y dormir, teníamos que estar preparados para la noche que nos esperaba, cada uno en una cama, en su habitación que disponía de dos y donde siempre me quedaba cuando le visitaba.

Habíamos tomado un par de cervezas, en un bar con música y zona de baile, donde llegamos después de la cena dispuestos a seguir la fiesta. Habían llegado algunos de los que estuvieron la noche pasada en la fiesta de su casa y estuvimos charlando a gritos.

Alargaba los espacios de tiempo sin beber, no quería terminar borracho aunque no tuviera que conducir, podíamos volver a la casa andando. Apareció Alberto que después de besar a alguna chica se colocó a mi lado.

-¿Te apetece bailar? -Era lo mejor que podía haberme propuesto y me levanté decidido encaminándome al lugar donde la gente se estiraba y sudaba al ritmo de la música.

-Mónica está en el bar. –Miré hacía donde Alberto tenía prendidos los ojos. La ex de Álvaro estaba con un chaval que la cogía cariñosamente de la cadera pasando su brazo de forma que entendí posesiva.

Busqué a Álvaro y estaba mirando fijamente el lugar donde permanecían los recién llegados y dejé el baile para ponerme al lado de mi amigo por lo que pudiera suceder.

Llegué justamente a la vez que Mónica junto a él, había dejado a su pareja y se plantó delante de mi amigo. No me esperaba lo que sucedió a continuación. La chica abrazó su cintura, levantó la mano y acarició con ternura su mejilla, es de estatura más baja y se colocó de puntillas para darle un beso donde antes tuvo la mano. Entonces reparó en mí.

-¡Jesús! Me alegra que estés aquí. –Y como era su costumbre me abrazó y besó mis labios. Mónica era la novia de Álvaro pero también era mi amiga aunque no al mismo nivel de él.

-Vaya, no pensaba que me sustituirías tan pronto y menos que fuera con Dan. –Estábamos muy próximos los tres y no creo que otros escucharan lo que hablaban.

-Álvaro lo nuestro ya está aclarado, no te incumbe con quien pueda salir, creo que todo quedó claro entre nosotros. –Entonces se dirigió a mí.

-Cuídalo Jesús, impide que haga cualquier tontería y pídele que se calme. -No se despidió y volvió donde había dejado al tal Dan.

Álvaro se había apoyado en la barra y permanecí a su lado estudiando sus reacciones, bebió la cerveza de un trago y pidió otra.

-¿Estás bien? ¿Quieres que nos vayamos? -Me miró desafiante.

-¡Déjame joder! ¡Vete a tomar por el culo! -Me dio la espalda con la nueva cerveza en la mano, pensé que era mejor dejarle un momento mientras se tranquilizaba aunque fuera bebiendo, parecía estar enfadado conmigo en lugar de con su ex. No me molestó su exabrupto tan grosero sabiendo lo que pasaba por su cabeza.

Volví al baile, Alberto no me perdía de vista moviéndose en la pista de baile improvisada. Me abrazó cuando llegue a su lado, moviéndome de un lado a otro como si bailara.

-¿Cómo ha ido el encuentro?

-Bien, no te preocupes. –Sus amigos le querían y era inevitable que se interesaran por su estado. Seguimos bailando sin perder de vista a mi amigo que no paraba de beber y terminaría cayendo redondo. Alberto aprovechaba para meterme mano dentro de los pantalones agarrándome el culo, sin miramientos por los que estaban delante.

-Me quedé con ganas, tienes que entregarme otra vez las nalgas. -No cesaba de besarme y no tenía problemas en follarme delante de todos. Le dejaba hacer porque mi cabeza estaba en otro lugar.

Álvaro tenía que explicarme algunas cosas cuando estuviera tranquilo, aquella ruptura con Mónica no había sido como yo suponía.

-¿Podemos volver a lo de anoche? Ya sé que ahora te toca a ti y mi culito te hará un buen recibimiento, luego te lo follo yo. –Alberto me mordía la oreja haciéndome notar la dureza de su polla deseosa de fiesta.

Habían pasado las horas y observaba a Álvaro junto con su primo intentando impedir que siguiera ingiriendo bebida, y ahora no era cerveza.

-No puedo dejarle así, me lo llevaré a casa. -le dije a Alberto susurrándole al oído.

-Te va a resultar difícil como está, os acercare en mi coche.

Tuvimos que luchar para convencerle de que nos marcháramos. Alberto me ayudó a desnudarlo y meterle en su cama, tenía la mirada fija mirando el techo de la habitación.

-Bueno, me voy, ya lo tienes seguro. –Salí al pasillo y allí Alberto me abrazó.

-Ver la verga de Álvaro me ha puesto más cachondo, ¡vaya trozo que tiene el chaval! No me importaría probarla aunque me rompa el culo. –Me reía y le empujé para que se marchara.

-Nos vemos otro día para terminar lo que empezamos, ahora tienes que marcharte, no sé los días que estaré aquí, seguramente hasta que vengan sus padres y entonces me iré. –Le dejé en la escalera para que bajara él solo y lo hizo sin protestar.

-Cierra las puertas al salir y gracias por todo. –Me sujetó por las nalgas contra él y me besó en la boca un beso largo, increíble y delicioso.

-No olvides que me la debes, terminaré enamorado de ti y deseándote más si me rechazas. -Tuve que volver a empujarle para se fuera de una vez y bajo las escaleras satisfecho como si bailara al bajar los peldaños.

Volví a la habitación y comencé a desnudarme, ponerme el pantalón de dormir y me encaminaba al baño para lavarme la boca.

-Soy un cabrón, pensarás que soy un hijo de puta, ¿verdad? -Le miré, su voz no sonaba a que estuviera tan bebido, seguía mirando al techo. No le respondí y volví al baño a vaciar la vejiga, al regresar estaba en la misma posición.

-¿No me vas a hablar? ¿Ves a tu amigo cómo está?, como un puto borracho de mierda, cornudo e inútil, incapaz de mantener a una chica a su lado. Solo sirvo para insultar a mi mejor amigo. –Se volvió hacia el otro lado y sus hombros desnudos temblaban sacudidos por los sollozos.

No pensaba dormir con él, no sabía el motivo pero sentía miedo sin saber a qué, pero no podía dejarlo así, sin consolarle y abrazar sus hombros trémulos. Me tumbé detrás de él, abrazando su cintura como la pasada vez, la noche estaba fría y tiré de la ropa para cubrirnos, enredé mis piernas con las suyas para entrar en calor y besaba su hombro estrechándole la cintura.

-Estoy contigo, no pasa nada, tranquilo. –Acariciaba su pecho desnudo, pasando mi mano con suavidad por la dureza de sus pectorales, sintiendo el vello que le ya le aparecía en el centro del pecho.

-¡No pasa, claro no pasa nada!, tú eres feliz, no te faltan los amantes, tienes a quien quieres, como Alberto al que acabas de conocer y ya te lo has tirado. –Me puse tenso y él lo notó. Se dio la vuelta y me abrazó contra él.

-¡Perdóname! No sé lo que digo. –Comenzó a besarme la cara con besos muy rápidos, olía a cerveza y alcohol pero no era desagradable, al contrario, al final posó los labios sobre los míos, me quedé quieto sintiendo lo calientes que los tenía y lo dulces que me sabían.

Álvaro se estaba excitando como si yo fuera una chica que le atrajera, apretaba la verga contra la mía y notaba como se le iba endureciendo.

Aquello estaba saliéndose de madre, y cada segundo que pasaba se convertía en un torrente de deseo que le notaba desbordarse y tenía que ponerle fin, era mi responsabilidad ya que era yo el que me encontraba más cuerdo.

-Para, para ya, detente. –Tenía mucha fuerza y casi no me dejaba respirar besándome sin detenerse, metió una mano por la cintura de mi pantalón y me agarró con fuerza una nalga.

-Déjame Álvaro, me haces daño. –Me apretaba tan fuerte el culo, llegando con los dedos a la entrada de mi ano, que comenzaba a dolerme.

-¿Puedes hacerlo con otros y con tu amigo no? También tengo derecho a meterla alguna vez.

Me mordió el labio inferior pero empezó a tranquilizarse.

-¿Sabes por qué ha roto Mónica conmigo? ¿Quieres saberlo? -Me sujetó la mano y la llevó hasta su polla, la tenía extremadamente dura tirando de la tela de su pantalón.

-Ves como tu me la pones y con ella no lo consigo, no quiere follar conmigo, lo intentamos y no puedo metérsela. –Había soltado mi mano y yo seguía con ella sobre su verga sin retirarla, como si se me hubiera quedado pegada, y sin pensarlo se la acaricié por encima de la tela.

-Ese no es motivo para que me la quieras meter a mí, tú no eres gay y no te gustan los hombres.

-No me gustan los hombres, tú sí… ¡jorder!, pareces no entenderlo.

-Estás loco Álvaro y tienes mucha calentura, te arrepentirías toda tu vida si lo hiciéramos y no quiero perderte como amigo.

-Quiero hacerlo Jesús, déjame por favor. –Me imploraba y le temblaban las manos, los labios, no me pude resistir y se los besé. Quería a mi amigo, le amaba como a un hermano, más aún y no me daba cuenta de lo ello, y aunque alguna vez había tenido fantasías con él, con ese tronco inmenso que tenía entre las piernas, nunca había pensado que pudiéramos llegar a tener sexo.

Por otro lado, ahora que me lo pedía, sentía miedo por lo que pudiera hacerme, como le pasaba a Mónica según él. Es cierto que mi culo no era virgen, que he gozado de muchas vergas aunque sea tan joven, algunas poderosas, largas y gordas pero lo de Álvaro era algo diferente.

A la vez me sentía excitado y deseoso de poderlo hacer con mi amigo, por tres razones, le quería, él me lo pedía y como buen marica su verga me atraía aunque me rompiera y me destrozara el culo, deseaba saber lo que se sentía con tamaño miembro dentro de mi trasero, a si es que...

-De acuerdo, lo haremos si tú quieres, pero luego no me niegues tu amistad y lo haremos despacio, no quiero que me rompas el culo más de lo necesario. –Esto último se lo dije riendo y le volvió loco, se tiró encima de mí y me besaba enfebrecido.

-Despacio, se suave. –Le decía riendo.

-Ahora déjame que te la acaricie y nos conozcamos. –Nos quitamos los pantalones, la única ropa que llevábamos quedándonos desnudos, mi amigo me miraba con ojos de lujuria y yo solo tenía ojos para su pija. Una vez me había dicho que le media veinticinco centímetros, a mi me parecía más grande.

-Mientras te la acaricio tienes que prepararme el culito, irme metiendo los dedos despacio, voy a buscar una crema al baño. –Volví, se había tumbado de espaldas, se sujetaba la verga con las dos manos y ni con las mías añadidas la cubriríamos, sentí un escalofrío de ansiedad pensando que aquello me perforaría y estaría en mi interior, por lo menos alguna parte de ella, no creía que pudiera metérmela toda.

Le entregué una cajita de crema y me puse de rodillas a su costado para dejarle fácil acceso a mi ano.

-Poco a poco vas metiendo un dedo y luego dos y… -Me miraba sonriente.

-Jesús, no soy tan tonto, lo he visto hacer. –Me puse rojo avergonzado.

Se sentó para abrazarme y besarme en la boca.

-Voy a ser un alumno aplicado, no te haré daño, ¿tienes miedo, tú lo quieres hacer?

Miré hacía mi costado, su enorme verga no se tenía de pie y se inclinaba babeando sobre el abdomen, llevé mi mano y agarré el glande enorme y brillante, mordí excitado mi labio.

-Tengo miedo pero quiero, he tenido fantasías con tu polla, deseo que me penetres con ella y que me goces. ¡Síííí, sí la quiero! –Grité abrazado a él.

Me incliné elevando las nalgas, dejando mi hoyito dispuesto para que lo trabajara con sus dedos y, a la vez, poder llegar con mi boca a su polla que deseaba tener.

-No, así no. –Me colocó tumbado sobre él, con mi verga y los huevos sobre su cara, supe que quería lamerme el culito y trabajarlo según hubiera visto hacer, no quería solamente perforarme, sacarse la leche y ya está, sentí que no era solamente un objeto sexual para Álvaro, un simple agujero donde descargar su calentura.

Exploraba despacio mi culo, primero con las yemas de los dedos acariciando la entrada, jugando apretando el fruncido y moreno anito, y al fin se decidió a aplicarme la lengua, me estremecí pensando que era la boquita de mi amigo la que me daba placer, se detuvo un momento y reanudó la labor, supe que le gustaba porque aceleraba el paso de la lengua y su verga reaccionaba engordando.

Era mi momento soñado tantas veces, me detuve observando el movimiento de su verga, su vaivén, elevándose impulsada por el bombeo de su corazón y volviendo a ser vencida por la fuerza de la gravedad y su grandeza. Colgaba de su boquita un hilo de presemen con una gota transparente que tiraba para caer al lado de las que ya se habían desplomado más arriba del ombligo.

Cogí con el dedo sus fluidos y los llevé a mi lengua, sabía dulzón y me emborrachó más que las cervezas bebidas, estaba caliente cuando la sujeté sin apretarla, ¡waaww!, era un amor de verga y olía deliciosamente, empecé a pasármela por la cara para sentirla latir, humedeciéndome con lo que expulsaba sin cesar de la abierta boquita del glande.

La olía para impregnarme de su viril olor a hombre, a semental, a joven macho aún sin desvirgar, mucho más profundo de lo que era su olor corporal que conocía, me embriagaba el deseo y sentía sus lamidas en mi ano y los besos que daba a mis testículos y verga.

La besé el capullo ahora rojo fuerte y deslicé el prepucio para lamerle el frenillo logrando que gimiera y dejando de lamer mi culito. Me gustaba, me volvía loco y apoyé la cara sobre ella como si fuera una almohada para seguirla besando, ¡oh Dios mío! ¡Qué verga más rica y sabrosa!

En un momento decidí medirla a base de ir colocando las manos una detrás de la otra, desde los pelos del pubis al glande, tuve que colocar cuatro veces las manos y aún aparecía verga sin cubrir, volví a estremecerme nervioso respirando entrecortado de la emoción.

Álvaro dejó de lamerme respirando entrecortado y elevaba las caderas excitado, tanto que temí que se corriera y luego tuviera dificultad para penetrarme si perdía la rigidez, me apenaba dejar de chuparla, solamente había conseguido meter un tercio de ella en mi boca y su sabor era riquísimo y delicioso, el capullo resultaba un placer darle vueltas en mi boca pasando la lengua por él, lo estaba gozando, disfrutaba haciéndole gozar con mi boca, pero tenía que pensar en él.

Sabía que tenía mi culo preparado y sentía como metía dos dedos de cada mano en mi ano estirándolo, mi amigo no había estado en esta situación antes, y su instinto le decía como tenía que prepararme para no romperme, resultaría un buen amante atento con su pareja. Le acaricié por último los testículos volviéndolos a besar.

-Álvaro tienes que metérmela ya, creo que estoy preparado. –Me hizo resbalar inmediatamente de él, como si estuviera esperando mis instrucciones. Me tendí boca arriba abriendo las piernas, le pedí la crema y empecé a inspeccionarme el ano, lo tenía estirado y entraba la palma de mi mano.

Mi amigo me miraba lo que hacía, masturbando despacio su verga arrodillado a mi lado y abrí los brazos para que se colocara sobre mí.

-¿Así quieres que te la meta? -Debía tener pensada otra posición que le gustara más.

-De esta manera pudo retenerte mejor si me duele, venga estoy esperándote. –Se tumbó sobre mí uniendo nuestros pechos y le abracé el cuello para besarle y hacer que se calmara.

Sentía su pene golpeando mis muslos, vibrante e inquieto y la humedad que seguía saliendo de él. Se lo sujeté pasándole las manos con la crema que tenía en el culo y lo emboqué en la entrada de mi ano. Supo lo que tenía que hacer y elevó el cuerpo para apoyarse sobre la cama y hacer fuerza, empujaba con timidez y así no conseguiría vencer la resistencia inicial del esfínter al ser tan gordo su glande.

Me miraba excitado pero con miedo y le sonreí para que viera que estaba bien. Se la sujetaba con las dos manos para que él solamente apretara.

-Dale, dale un poco más fuerte para que entre el principio. –Se inclinó y me dio un beso.

-Lo siento, te voy a destrozar. –Por poco se me salta el corazón al escucharle hablar preocupado por mi.

-Estoy bien y preparado, tú empuja con fuerza, yo te detengo para que no entres mucho.

Se elevó y se mordía los labios empujando como un toro, comencé a sentir que me rompía queriendo entrar, estiraba mi piel al tirar de ella empujándola con el pene, cerré los ojos para que no me viera sufrir y de repente el glande me venció, pudo con mi culo y lo tenía dentro de mí, abrí la boca dolorido y angustiado pero no grité para no asustarle.

-Sigue, sigue… -Continuó empujando hasta que tuve como la mitad de la verga dentro del culo, lo sabía porque aún tenía las dos manos ocupadas agarrándole la polla y como no le dejaba seguir se detuvo. Intenté evitar llorar pero alguna lágrima se me escapó.

-Te he hecho daño, ¿me salgo? -Le dije que no con la cabeza, no podía ni hablar, no tardé mucho en recuperarme y aunque me sentía lleno deseaba que siguiera.

-Esto es normal, ahora ve despacio metiéndola. –Tenía las piernas elevadas bailando y me cansaba, dejé sola su polla y tiré de mis piernas para abrirme más. Álvaro empujaba fuerte pero lento entrando y cogiéndome con fuerza, comenzó a sudar, yo más por los nervios, puse las manos otra vez en la entrada de mi culo, ya le faltaba poco, esparcí la crema por el resto de la verga y tiré de los costado de mi culo, el resto de la verga entró de golpe haciéndome gritar y respirar angustiado.

Ya lo tenía todo él en mi interior, y pasé los pies detrás de sus piernas para impedir que se moviera mientras mi dolorido culito se adaptaba al enorme invasor. Con todo su pene en mi recto, que me llegaba hasta el estómago, se dejó caer saliendo un poco.

-Me aprietas Jesús, me la tienes muy sujeta y te he hecho daño. -Le abracé con inmenso cariño y amor.

-No pienses ahora, siénteme y muévete despacito mi amor. –Me miró sorprendido por mis palabras.

-Ahora eres mi hombre, mi macho, mira como me tienes cariño. Yo te la siento muy hondo, me gusta sentirte, notar tu rico pene en mi cuerpo. -¡Ohhh! Comencé a besarle la cara, los labios y a tirar de él para que me aplastara con su peso.

-Jesús, Jesús, es muy rico estar así, tu culo es divino y caliente, lo siento delicioso, tú eres un ángel. –Me reí lleno de gozo.

-Soy tu primer culo, estoy contento de tenerte. –Y continuábamos besándonos, a veces jugando con nuestras lenguas mientras mi ano se hacía a su verga y al revés, y a él se le bajaba algo la calentura y no se terminaba por correr.

-Eres más que eso, el primer ser que me deja sentirme pleno, mi amigo, te quiero Jesús…

-Pues comienza a moverte, quiero sentirte, que me disfrutes. –Antes que él lo hiciera, comencé yo a mover las caderas para sentir que su pene podía moverse y sentirlo sin dolor.

-Así, así vas bien mi vida, ¡ufff! Es delicioso, que verga más rica. Me gusta tu polla Álvaro. Me llena y llega hasta el fondo. Cariño, tienes una verga increíble. -Me iba follando lentamente metiendo y sacando hasta la mitad de la polla, sentía que al salir como si se llevara mis tripas que volvían a entrar cuando su verga volvía a mi cuerpo, pero esto duró poco. Mi amigo no podía soportar más su placer, y como mi anito le apretaba mamando su pene.

-Me voy a correr Jesús, no voy a aguantar mucho más.

-Hazlo cariño, vacíate en mi cuerpo, lléname de leche mi amor. –Quería eyacular a la vez que él y empecé a masturbarme la polla y acariciarme el glande envolviéndolo en el líquido que me hacía derramar sin cesar.

Deseaba cerrar los ojos para sentir mejor las sensaciones de su verga en mi culo y mi mano en mi pene, no lo hice porque resultaba maravilloso mirar su cara encendida, sus labios temblorosos, sus ojos acuosos y brillantes, y no pude evitar estrangular unos segundos su verga, retrasando su venida, cuando temblé incontrolable derramando la leche sobre mi cuerpo.

-¡Ahhhh! Álvaro, mi vida, mi vida. –Saltaba sobre la cama apretando mis piernas sobre las suyas. Entonces comencé a sentir como me llenaba el vientre de semen, como se hinchaba más su verga, como se clavaba en mi cuerpo, con que fuerza, tiritándole los brazos apoyados en la cama hasta que se desplomó angustiado como si un rayo le hubiera golpeado.

Sentía latir alocadamente su verga y moverse en mi recto, su respiración atropellada en mi cuello, la saliva que se le escapaba de la boca, y le acuné sobre mi pecho como si fuera un niño pequeño.

-¡Ohh! Álvaro, vida mía, te quiero. -Me sentía enajenado de cariño y amor y no paraba de besarle y lamerle la saliva que le manchaba. Me había hecho gozar como ningún otro conseguía hacerlo. Su verga era grandiosa y él maravilloso.

Cuando sacó la verga quiso ver cómo me había dejado el hoyo y tuve que elevar las piernas para que me viera el culo, boqueaba aún sin cerrarse del todo, pasó los dedos por la entrada en una caricia delicada y suave.

-Está muy abierto y rojo. –Y continuaba acariciándolo curioso, logrando que me riera y que sintiera una cierta vergüenza al verme expuesto de esa forma ante sus ojos, resultaba tan tierno, tan cariñoso.

-Eso se pasa enseguida, lo importante es que lo has hecho muy bien, como un profesional, Lo siento por Mónica, no sabe lo que se ha perdido. –Conseguí arrancarle una muy tímida sonrisa.

Nos duchamos antes de volver a la cama, no me dejó que durmiera en la mía, esta vez fue él quien me abrazó y besaba mi cuello y espalda como yo le hacía.

-¡Gracias Jesús! -No le contesté, estaba muy a gusto sintiendo su calor hasta quedarme dormido.

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Sigue…

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