Atracción fatal o amor prohibido (3): Algo más que sexo

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Atracción fatal o amor prohibido (3): Algo más que sexo

RESUMEN

Es tarde era nuestra segunda vez que compartíamos nuestras soledades y podíamos dejarnos llevar por esta pasión tan explosiva como impropia

Esos fueron los antecedentes previos, luego resolvimos quedarnos esos en la casa de mi madre, esa noche la cerveza y la atracción de sus portentosas tetas fueron los condicionantes que vencieron todas las prevenciones éticas, los “hermanitos” tuvimos un desahogo emocional, el eufemismo de ella para convencerme de que el sexo fue lo mejor que nos pudo haber pasado. Luego la dinámica de las emociones fue cumpliendo sus etapas, en esta última noche tuvimos un apoteótico y delicioso sexo anal, completando con ello la coronación de la última casilla del juego de pasión, la noche previa a la despedida con un final a toda orquesta. Sobre esta parte es el presente relato.

La atracción mutua fue algo que se dio por sí misma, sin proponerlo, mientras el padre de ella seguí internado por un accidente y mi madre (su esposa) lo asistía, Sonia y quien escribe, quedaron a pasar ese finde en la casa de mi madre.

Sonia no es una mujer muy bonita, algo gordita, solo un poco, alta, culo discreto y respingón, pero a los veintiséis años todas las mujeres son bonitas y si tiene ese par de tetotas súper voluptuosas no queda tiempo para mirarla de otro modo que no sea con el deseo a flor de piel.

De ahí en adelante es fácil imagina que la descripción física, sumado a la abstinencia sexual por el tratamiento médico de su esposo para superar un problema de infertilidad, yo que transito una crisis matrimonial, todo junto y revuelto hacen un cóctel súper explosivo, juntos y con unas cervezas todo podía suceder… Y sucedió.

De este modo llegamos al segundo día, sábado, que pasamos visitando Gustavo, el padre de ella y pareja de mi madre.

Mientras las relevo en hacerle compañía en el hospital, ella acompañó a mi madre a tomar un poco de aire.

Luego de pasar gran parte del día con ellos, nos regresamos al “hogar” prestado por mi madre. De camino compramos en la rotisería la cena de esa noche, que sería la última que dormiríamos juntos de esta casi “luna de miel” de los “hermanitos incestuosos”, ella jugó con ponerle ese lascivo título a esto que estábamos viviendo.

Es tarde era nuestra segunda vez que compartíamos nuestras soledades y podíamos dejarnos llevar por esta pasión tan explosiva como impropia, pero que la turbulencia de los acontecimientos había arrasado con todas las prevenciones morales, encendiendo la pasión para tener sexo de una manera tan irracional como deliciosa.

La mesa estaba dispuesta y el pack de cervezas bien frías esperándonos, estaba cambiada, se había comprado un babydoll, sensual que traslucía un conjunto de ropa interior rosado, el soutién apenas podía contener los opulentos senos, trasparentando el rotundo pezón que pugna por atravesar la suave tela, abajo una súper brevísima tanga cola less, que no puede contener el vello que debe ocultar. Ella se contonea con soltura sensual, balanceando sus opulencias, meneando el culito que seguía negándome. Toda ella destila sensualidad y erotismo, dejando tras de sí la promesa de que si persisto en deseárselo tal vez esa noche tenga el premio por persistente.

La excitación nos llevó a trenzarnos en un furibundo 69, el aroma de mujer llenaba mis sentidos y mi carne colmaba la capacidad de su boca. Estuvimos un buen rato en esta postura, dándole “pala” a su vagina y ella comiéndose mi verga. – Para, no puedo concentrarme no puedo centrarme en mi orgasmo y mamar.

- Bueno, déjame que yo te lleve al paraíso primero y luego vienes a buscarme.

De ese modo ella pudo tener un apoteótico y gritado orgasmo con mi lengua en la conchita y los dedos hurgando en el apetecido culito que se me seguía negando. A mi tiempo me dejé mamar con toda la dedicación y ansiedad de vaciarme en su boca. Tragó todo sin derramar una sola gota de la nutritiva leche.

Unas cervezas calmaron la sed y sedaron la vehemente negativa de Sonia a “entregar el marrón”.

Las caricias, mimos y argumento persuasivo fueron derribando mitos y temores, haciendo el camino para conseguir que acceda a dejar que pruebe el sexo anal

Eché mano a todos las promesas y argumentos usuales en estas situaciones. Que el sexo anal tiene mala prensa por alguna mujer que no lo ha disfrutado sobre todo por incapacidad del que tenía que hacérselo gustar, que sobre todo a ella le sería de gran beneficio, por la situación de estrés que está pasando por la abstinencia forzada de sexo. Que la penetración anal no es solo un acto físico y erótico, sino que hacerlo con la técnica y el cuidado de que soy capaz, puede redundar en ayudarte a superar esta situación de estrés que te tiene complicada.

- Entiéndeme, sé bien de qué hablo, hacerte sexo anal es algo que vas a disfrutar, cuando me corra dentro de ti, mi energía viva descargada en lo profundo activará tu energía femenina, estimulando ese primer chacra y se desaten los nudos internos. El semen es energía masculina viva, moviliza las zonas sensibles de tu cuerpo, liberando la energía psíquica.

- Te comprendo, entiendo tus razones y te creo todo lo que me dices, pero…mi cuerpo dice quiero, y mi ano dice tengo miedo. Entiendo que el amor y el placer es aguantar.

- Nada se hará si no lo quieres, te prometo que me detengo cuando me lo pidas (mentía, como todos en esas promesas)

- Permíteme ubicarme en mi zona de confort, relajarme, para que pueda soltarme y abrirme toda para ti. (acepto todo)

Me confió que hace un par de meses sin que la toquen, y nunca por el ano, que cuando la excitación alcanzaba niveles de difícil control echaba mano a sus juguetes sexuales, que tiene escondidos, como una preciada colección antigua de porcelana. De la mano nos fuimos al dormitorio con la promesa de entregarse a mi experiencia…

Me coloqué detrás de ella, besando la espalda y el cuello, abarcando en el hueco de mis manos sus pechos, mientras ella echa la cola hacia atrás para facilitar que vaya untando la pija en los jugos de la vulva. Colabora, echándose bien atrás, deslizo mi cuerpo más abajo para ajustar mi anatomía y avanzar en la jugosa humedad de su vagina.

Intentábamos que la excitación relajara y alejara al máximo sus temores al próximo escalón. Deslicé más abajo, una pierna por debajo y la derecha en medio. Ubiqué el miembro apoyado en el esfínter, podía sentir el temblor inquieto de la novedad, empujando lento, suave, casi imperceptible. Juego en la entrada de su cerrado culito, presionando y aflojando, a modo de un relajante masaje.

Voy leyendo los gestos, las reacciones, la confianza afloja la tensión del músculo anal, algo más laxo, si el dolor es al inicio se puede frustrar el intento. La preparación mental da sus frutos, prolongado juego de frotamiento y presión intermitente adormecen sus reflejos defensivos, anestesian las prevenciones y prejuicios sobre el sexo anal, por sus gestos percibo que se está entregando, confiable relajación dan claros síntomas que su culo está totalmente relajado y dilatándose para recibir mi poronga a todo lo ancho.

El glande está atravesando el anillo de fuego, hasta diría que se lo siente lubricado y relajado cuando la dilatación llegó al máximo para que el intruso atraviese en su máximo grosor.

Profundo suspiro y sentido gemido avisan que comienza a sentir la penetración del macho, sodomizada y penetrada en su virginidad anal.

No opone gran resistencia a la penetración, también era tarde para intentarlo. Con la cabezota de la verga dentro no podía evitar esta violación de su zona prohibida. Entraba despacio, centímetro a centímetro, su culito se está comiendo el pene, bien grueso, sobre todo bien ancho, entraba un poco y salía otro poco, el recto se adecua sin grandes gemidos, placentera intromisión, hasta siento lubricado el conducto.

- Siénteme, siente como entro en ti. – suspirando: - Te siento, enérgico pero suave, potente pero ternuroso. Hmmmm… duele pero puedo aguántame la “gordita”

Sin aspavientos ni reacciones se deja sodomizar, con dulzura también se puede domesticar a una potra salvaje. Siento que comienza a moverse, diría que complacida, el hoyo dilatado sigue ajustado sobre la pija, dejándome deslizarme por las oscuras entrañas de mi hembra.

Envión profundo, entré a tope, mis testículos pegados a sus glúteos. Los dieciocho centímetros de largo y los seis de grosor se detienen cuando mi pelvis hace tope con sus nalgas, empujo con firmeza, el esfínter se contrae, se defiende, igual entró lo poco que restaba por tragar. Abre suavemente las nalgas, sigue empujando, presionando hasta que mi pene se guarde totalmente en su estuche.

Giramos hasta quedar boca abajo, la almohada bajo el vientre eleva las nalgas para darme comodidad y tener una postura más manejable. La vulva totalmente empapada, dejando que sus jugos se adhieran a mis testículos cuando la entro hasta el fondo.

Se la saqué casi hasta la puertita, despacio, unté el esfínter con algo jugo vaginal, volviendo a metérsela tan despacio como cuando la retiré. El vaivén del metisaca, desde la puertita hasta presionar con fuerza el pubis contra sus glúteos, una y otra vez, lentamente, paciente y cuidadoso. La copiosa acabada en su boca de un momento antes me permitía prolongar esta dulce violación durante media hora.

Seguramente la previa había relajado sus expectativas adversas, permitiéndome disfrutar de la estrechez de su culo como si fuera otra vagina. Podía hundirme en su ano lentamente hasta presionar mi pubis contra sus nalgas, una y otra vez hundía a tope, hasta quedarnos pegados con el sudor propio de la calentura.

Estaba enloquecido de poder volcarme sobre su espalda y apretarle fuertemente las tetotas. Hago una pausa en el delicioso placer de la penetración, se la saqué totalmente para mirar el efecto del grosor de la pija en su culito. El hoy en primer plano, obscenamente abierto y dilatado, no se muestra irritado como con tenían otras mujeres, producto de la lenta y dulce penetración. Encremé dos dedos en el mar de la vagina y los llevé dentro del ano, metí y giré los dedos, me gustaba acariciar el interior del agujero, comprobar que permanecía dilatado sin posibilidad de rechazar la penetración de mi gordota verga. Terminó la inspección con una sonora nalgada, para sacarla de sus pensamientos y ponerla en alerta, que lo mejor aún está por venir.

Seguidamente la atrapé, abrazo fuerte, atrapándola contra la cama, el macho dominante ganando su espalda, las nalgas a mi disposición y el “marrón” totalmente abierto y lubricado, incapacidad para cerrarlo por mucho que se cierre entorno a la verga, se ofrece dilatado y dispuesto a tragársela todita.

Se mueve como intentando expulsarla, con fuerza pero lo único que consigue es me apriete contra ella con más fuerza, entrando y saliendo y disfrutando el recorrido del miembro hasta rendirse incondicionalmente para evitarse algún desgarro.

El coito anal se hace más intenso, deslizándome como en tobogán aceitado, lanzando mi pubis sobre sus nalgas, apretándolas y separándolas para disfrutar viendo como ese culito deja de ser virgen y se come todo lo que le mando dentro.

Creo que fue otra media hora, larga media hora de bombearla que mi capacidad de contener el orgasmo está llegando al límite, ella inmersa en el placer de la sodomización. Un empellón profundo, la estremece totalmente, otro de igual magnitud son los preliminares momentos que se anticipan a la venida. Un chorro de turbulento semen descarga el deseo contenido, fluye caliente, ardiendo, buscando bautizar su culito, un segundo y un tercero completan la descarga de leche donde nunca antes se había acabado.

- Hmmm, ufffff qué falta me hacía ser dueño de este culito virgen.

- Hmmmm, también lo sentía. Ahora soy toda tuya, te pertenezco.

Nos derrumbamos, de lado, sin sacársela, sigo dentro de ella. La retengo, abrazada fuertemente, apretando mi pubis contra sus glúteos, empujando la verga dentro del culo. El sueño nos venció abrazados, ella adecua su postura para propiciar que no se salga.

En la modorra del post orgasmo, noto que el pene vuelve a ponerse a tono, a crecer dentro del ano, sentir como el anillo muscular comienza a ceder a la turgencia del pene, instintivamente comienzo a moverme. Aferrado a sus caderas, abro la nalga y se la hundo una y otra vez, el esfínter complaciente se aguanta todo. Mi carne retoma su estado óptimo, gruesa, erecta, dispuesta a perderse en el interior, objetivo fácil de cumplir, solo empujar y se desliza sin necesidad de presionar mucho.

Un par de movidas y todo vuelve a comenzar, sacarla hasta la puertita y entrarla hasta el fondo con la rapidez que impone la calentura. Esta vez el trámite duró mucho menos, más o menos veinte minutos de “serruchar” con la verga a pleno bastaron para volver a eyacular una buena ración de semen.

Era tiempo de darnos un respiro, después de dos polvos era lógico que al retirarme de su culo, la lechita inyectada comience a rebasar y abandonar el dolorido ano. El aroma del semen nos llena los sentidos.

Se deslizó hasta el borde de la cama, noté que se encamina al baño caminando con cierta dificultad, las consecuencias del sexo anal dejaron maltrecho ese culito que perdió su virginidad. Se demoró bastante, dijo que estuvo en un baño de asiento en el bidet recomponiéndose de la bruta cojida que soportó.

Trajo una toalla para limpiar el estropicio del desborde de semen que embadurnó las sábanas.

- Ahora ve a lavarte esa poronga, por si me dan ganas de chupártela. Recuérdate de enviar estas sábanas al lavadero, no quiero que tu madre encuentre los rastros del pecado cometido.

La noche aún era joven, nos bebimos unas copas y antes de dormir nos echamos un polvo, ella se llevó todos los premios, dos orgasmos, una nutritiva acabada en la boca y nos dormimos.

En la mañana antes de llevarla a la estación de tren, hicimos un “mañanero” bien completito. Iniciamos con un 69 con todas sus variantes y dos orgasmos como premio y una tragada de semen como desayuno. Una pausa y era tiempo de aprovechar los últimos momentos de nuestra “mielera estancia”, una montada a su hombre para terminar haciendo el “perrito” y llevándose otros dos como premio. Hasta ese momento no había abierto el marcador, por eso luego de sus dos gritos triunfales en postura de perrito, era tiempo de venirme, lo demoré cuanto pude, ahora usando el gel como la vez anterior me dispuse a terminar la faena dentro del culito.

Esta vez el esfínter se muestra más dócil, se dilata con más facilidad, el gel no solo calma los dolores sino que suaviza la entrada de la gruesa carne que horada su puerta trasera. Sin resistencia, con mis manos conteniendo sus tetotas, las suyas frotándose el clítoris y alternando con las caricias a los testículos.

Me mando con todo dentro de su culo, por momentos como un poseído, me lanzo con vehemencia a la aventura de explorar la profundidad del ano. El pubis golpea contra sus nalgas, los testículos se balancean contra los labios de la vulva. Salgo rápido y entro veloz, pero el castigado culito no acusa el maltrato de mi calentura como en la primera vez, por el contrario ella colabora, moviéndose, agitándose, abriendo y cerrando el anillo para jugar con el grosor.

Los gemidos producidos por la penetración y sus tocadas al clítoris nos van poniendo en la misma sintonía.

- Vamos, vamos, quiero sentirte. Dame mi leche, dame mi leche.

- La quieres? Pues toma, toma!!!

En un par de empellones me vacié dentro de su ano, dos o tres movidas dejaron mis testículos vacíos por completo. Los gemimos postreros fueron compartidos.

- Tenía miedito de que me hicieras daño, pero me has convencido y me gustó, hasta un orgasmo me has conseguido en esta segunda vez. Me lo has hecho gustar, sobre todo por culpa de esta carne tan gruesota. (beso la pija)

Nos higienizamos, desayunamos pasamos por el hospital para que se despida del padre y la llevé hasta la estación de tren. Un beso de amantes concluyó con su estadía…

No bien partió el tren llevándola a su casa, recibo un whatsapp de Sonia que dice: “revisa en tu bolsillo y encontrarás un souvenir con el aroma de tu mujer”

Metí mano en el bolsillo y encontré la tanga que había usado la noche anterior….

Mi hermanita se está enterando ahora, que la tolerancia no fue solo por manejar sus temores, sino que cuando me quedé en el hospital acompañando a su padre, pedí a la enfermera me consiga un poco de xilocaína para minimizar el dolor cuando le hiciera el culito. Una sonrisa cómplice y adecuada propina consiguieron ese gel mágico para ayudarme a desvirgar el culito de Sonia. Ese gel cumplió la doble función de esfumar el dolor de abrirle el culo y al mismo tiempo adormece algo la cabeza del pene por cuanto pude prolongar tantísimo la duración de ese polvo. También ahora se explica el porqué del dolor anal la acompañó para recordarle su desvirgue anal, pero igual conservó ese momento como uno de los mejores y más entrañables recuerdos de su “hermanito de leche”.

Este es el final de la parte 3, el día de mañana publicaremos la 4 y última, al menos hasta ahora.

Nos agradaría conoce el parecer o la opinión, sobre todo de las mujeres que hayan leído y entendido nuestro amor prohibido, estamos en erdakor@yahoo.com.ar esperándote, anímate y cuéntame.

Nazareno Cruz

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