Algunos consejos para los principiantes

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RESUMEN

Me tomo la libertad de dejar algunos consejos para autores que recién están empezando el camino de la porno escritura.

Quisiera compartir con ustedes algunos consejos que le podrían resultar útiles a quienes recién están empezando a transitar el camino de la porno escritura, relatos eróticos, o como quieran llamarlo.

Desde ya aclaro que no soy licenciado en letras ni en literatura, y agrego que los consejos que voy a dar no son una ley absoluta y que de hecho, yo mismo en ocasiones no los cumplo. Sin embargo, con la esperanza de que a alguien le puede servir, al menos algunos de los puntos que enunciaré a continuación, me dispongo a compartirlos:

1- Narrador: Si bien hay muchas variantes de narradores, podemos decir que los fundamentales son dos: primera persona, y tercera persona. En lugar de explicar de qué se trata cada uno de ellos, paso a dar unos ejemplos. Primera persona: “apenas la vi, la pendeja me encantó, tenía las tetas preciosas y una cara de nena mala que me volaba la cabeza”. Tercera persona: “apenas la vio, Juan se sintió fuertemente atraído por ella. Lo primero que le vio fueron las tetas, las cuales le encantaron, y su rostro aniñado, pero con aire descarado, lo fascinaron”.

Acá vemos cómo una misma frase, puede expresarse de distintas maneras, dependiendo del narrador que usemos. Ninguno de los dos tipos de narradores es mejor que el otro, sino que tienen sus propias ventajas y desventajas, por lo que el autor debe elegir cuál usará en función a la historia que está construyendo. La primera persona, por ejemplo, presenta un límite claro que es que todo lo que cuenta el narrador será solo lo que ese personaje ve, escucha, siente, conoce, etc. En el ejemplo anterior Juan no podría decir “ella me miró y pensó que esa misma noche quería estar en mi cama”, ya que Juan no puede saber qué es lo que piensa la mujer en cuestión, en cambio sí podría decir “ella me miró, y en su gesto pude ver que se sentía tan atraída como yo”. En este segundo caso, Juan se limita a suponer lo que la mujer siente, en base a los elementos con los que cuenta en la realidad. Como venía diciendo, la primera persona presenta sus límites y también sus ventajas. Normalmente es interesante usar este tipo de narrador, cuando se quiere explotar el lenguaje del personaje, es decir, cuando se quiere trabajar sobre el vocabulario particular del personaje, dado su nivel social, su profesión, su edad, etc. Si bien este vocabulario puede expresarse en los diálogos, a veces es mejor sostenerlo en todo el cuento y en ese caso es mejor usar la primera persona.

La tercera persona tiene la ventaja de conocer lo que sucede en el interior de la persona. Mientras que en la primera persona nos debemos conformar con lo que el personaje expresa en voz alta, con la tercera persona tenemos acceso al mundo interior de esta, y como todos sabemos, no siempre hay concordancia entre lo que decimos y lo que sentimos. Doy un ejemplo: “… así que estás de novia, que bueno, me alegra saber que estás bien —dijo Juan sintiendo cómo el corazón se le hacía pedazos”. Aquí vemos la contradicción entre sus palabras y sus sentimientos, cosa que no podríamos ver con claridad si fuese en primera persona. Cierto es que aun en primera persona, Juan podría expresar su estado “… así que estás de novia, que bueno, me alegra saber que estás bien — le dije, sintiendo cómo el corazón se me hacía pedazos”. Pero tranquilamente podría haber dicho “… así que estás de novia, que bueno, me alegra saber que estás bien. — le dije sinceramente”. La cuestión es que con la primera persona no sabemos qué es cierto y qué no, estamos restringidos por las palabras del narrador, y si el autor sabe jugar bien sus cartas, puede usar esto en su beneficio. Volviendo a la tercera persona, esta me permite ver al personaje desde su interior, y conocerlo incluso mejor de lo que él se conoce, por otra parte, en la tercera persona es conveniente mantener un lenguaje objetivo, y no usar expresiones coloquiales, salvo que esas frases hayan sido utilizadas por el personaje, y el narrador sólo las reproduce. Por ejemplo: “que día de mierda, dijo Juan”

Es importante intentar aprender a usar estos narradores básicos, esto ayuda a evitar incoherencias en la narración. También hay otro tipo de narradores más complejos, y existen textos en donde se pasa de un narrador a otro, pero para jugar con esas cosas es mejor empezar a manejar con fluidez los más básicos, recordemos que aunque el lector no conozca todas las reglas literarias, sí puede percibirlas, de la misma manera que una persona que no sabe nada de música puede notar una voz desafinada.

2- El punto de vista: también llamado focalización, el punto de vista está ligado al narrador que utilicemos. Cuando se trata de un narrador en primera persona, el punto de vista siempre será el del personaje que cuanta la historia. Pero cuando usamos la tercera persona, puede haber incontables puntos de vista. En el ejemplo de Juan vemos que el texto es en tercera persona, y el punto de vista es desde su interior: “apenas la vio, Juan se sintió fuertemente atraído por ella. Lo primero que le vio fueron las tetas, las cuales le encantaron, y su rostro aniñado, pero con aire descarado, lo fascinaron”. Pero esa misma escena podría haberse descrito desde el punto de vista de la chica “Camila sintió que una fuerte mirada se clavaba en ella, y cuando volteó a mirar, notó que un hombre le escrutaba descaradamente las tetas”, e incluso podría contarse desde el punto de vista de un tercer personaje: “Ricardo esperaba el colectivo y vio cómo del otro lado de la calle, un hombre quedaba estupefacto ante la belleza de aquella chica”.

La elección del punto de vista queda a elección totalmente libre del autor, sin embargo, recomiendo sostener un único punto de vista, ya que cambiar de uno a otro, si no se hace con cierta astucia, puede generar confusión en el lector. Es decir, en la misma línea que mi consejo respecto a los narradores, sigo aconsejando que primero aprendan a manejar lo más fácil, y luego vayan a lo difícil, primero se debe aprender a contar una historia desde un punto de vista, y luego, una vez que ya se maneja la herramienta, sí se puede jugar a usar distintos puntos de vistas.

3- La verosimilitud: he aquí uno de los objetivos principales que el autor debe cumplir para lograr que su historia funcione. La verosimilitud, según creo, debe entenderse como la “sensación de verdad”. Y aquí voy a tocar un punto, que espero se entienda que no pretendo ofender a nadie. Muchas veces leo cuentos que comienzan diciendo “esto me pasó de verdad”, “esto está basado en un hecho real”, etc., etc. Según creo, estas afirmaciones carecen de importancia, porque en principio, por más que lo afirmen mil veces, no tenemos manera de saber si la historia está basada en hechos reales o no. En vez de perder el tiempo con estas afirmaciones, el autor debe esforzarse para que el lector sienta la historia como algo real, que la sienta en su carne, que se sienta ahí, de la mano de los personajes, o como un personaje mismo. Claro que esto es muy fácil de decirlo, pero no de hacerlo. Lo único que puedo recomendar al respecto es que cuando relaten una historia, por ejemplo, sobre alguna relación incestuosa, no vayan tan rápido al grano, sino que desarrollen detalladamente la relación entre los personajes, y qué sucesos ocurrieron en la vida de ellos, para que finalmente se concrete la relación incestuosa. No puede ser que una madre se acueste con un hijo o un hermano con su hermana así como así. Lo mismo ocurre en muchos relatos sobre chantaje, donde la mujer extorsionada accede ante la primera amenaza. Aquí es conveniente meterse en la cabeza de la mujer, quien seguramente intentará resistirse y el chantajista deberá ser en extremo persuasivo para que ella finalmente ceda. Doy estos dos ejemplos porque son en donde más he observado casos de inverosimilitud, pero eso puede ocurrir en cualquier relato. Puede parecer tedioso tomarse el trabajo para que la historia sea creíble, pero esto beneficiará al autor, ya que cuando se llegue a la escena sexual, el lector estará mucho más compenetrado y sentirá en su cuerpo ese morbo que muchos autores queremos transmitir.

4- La historia: ahora voy a decir algo con lo que muchos estarán en contra. La historia no es importante. O siendo menos extremista, la historia no es lo más importante. Reconozco que yo suelo caer en esta trampa muy seguido. Pienso en las historias más morbosas, más escandalosas, más retorcidas, más llamativas, etc. Y pensando en esto nos olvidamos que lo más importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Ahora bien ¿cómo se cuenta una historia? La verdad, más allá de estos pocos consejos que doy, no tengo ni idea. Pero hay que tener en cuenta que una historia bien contada será siempre bien recibida por los lectores. Un relato sobre una pareja casada hace diez años, que hace el amor una vez por semana, podría parecer aburrida, pero si le encontramos la vuelta seguramente lograremos una historia en extremo interesante y erótica. Lo único que puedo aconsejar al respecto, es que a la hora de elegir la historia no se preocupen por lo que crean que va a ser interesante para los lectores, sino que elijan aquellas historias con las que más se sienten identificados, cuenten los relatos que les gustaría a ustedes mismos leer, mientras más disfrute el autor del relato que escribe, más probabilidades habrá de que lo haga bien.

5- la narración: hay miles de maneras de narrar una historia. No hay una fórmula mágica que nos permita estructurar las palabras de la mejor manera posible. Pero, aun así, hay ciertos puntos que hay que tener en cuenta. La narrativa tiene cuatro herramientas básicas: el diálogo, la descripción, el mundo interno, y la acción. Una buena manera de lograr una narración eficaz es utilizar estas cuatro herramientas de manera armónica. Es decir, que aparezcan las cuatro en una medada justa, y que una complemente a la otra. También hay que considerar que el diálogo y la acción hacen que la lectura sea acelerada, mientras que el mundo interno y la descripción, harán que la lectura se lentifique. Partiendo de esta base podemos usar estas herramientas a nuestro favor. Si por ejemplo queremos sostener cierta tensión en una escena, quizá sea conveniente lentificar la narración, y para esto nos enfocaremos más en las descripciones y el mundo interno. Por ejemplo cuando un hombre está a punto de tener relaciones con la mujer que más desea, podemos decir: “Juan vio a Camila desnuda en la cama, y recordó aquella vez en que la conoció. Su corazón empezó a palpitar más frenéticamente. Camila lo esperaba con las piernas abiertas, una tenue luz bañaba su cuerpo esbelto, el pelo suelto parecía tener un tono rojizo que nunca había notado, bajó la vista y descubrió que estaba totalmente depilada. Ella le sonrío y Juan creyó desvanecerse ante tanta hermosura”. Acá podemos observar cómo un seceso que ocurre a lo largo de dos o tres segundos puede extenderse en la narración gracias a que nos concentramos en la descripción y el mundo interno. Si hubiésemos usado el diálogo y la acción, probablemente el resultado sería este: “estás hermosa – dijo Juan, se quitó la ropa y fue al encuentro de su amante”. Acá vemos que la acción y el diálogo permiten acelerar la narración. No es que una manera sea mejor que la otra, aunque en este caso, si queremos sostener cierta tensión, como dijimos al principio, lo más eficaz sería el primer ejemplo. Tampoco debe entenderse que deban usarse sólo estas dos alternativas. Se pueden incluso usar los cuatro recursos, lo importante es conocer que unos pueden servir para lentificar, y otros para acelerar la narración.

Con respecto al diálogo vale aclarar, que siempre hay que abrir y cerrar los guiones, dejando en claro, cuándo habla el personaje, y cuándo lo hace el narrador. El ejemplo anterior es válido para este punto: “-estás hermosa –dijo Juan, se quitó la ropa y fue al encuentro de su amante”.

6- los personajes: Otra cosa que puede ser complicada es de qué manera presentamos a los personajes. Leí incontables relatos que comenzaban de la siguiente manera “hola, soy fulanita de tal, mido uno setenta, tengo un culo divino, y unas tetas que a todos los hombres les vuelve locos y mis medidas son noventa sesenta cien”. Esta manera, para mi gusto personal, es una manera muy simplona de presentar a un personaje. Quizá, por dar un ejemplo, sería mejor presentar las características físicas, de manera un tanto más fragmentada, para que el lector sienta que está leyendo un relato, y no una ficha técnica. Por ejemplo “me llamo fulanita de tal, ayer salí a comprar y los albañiles de la construcción me gritaron guarangadas, estoy acostumbrada a que los tipos se pongan locos con mi culo, pero a veces me cansan”. En este ejemplo intento mostrar que se puede reflejar la belleza de la mujer, sin caer en la ficha técnica, y de paso se muestran determinados rasgos de su personalidad, y de la situación que está viviendo en ese momento, todo en una sola oración.

Otra cosa respecto a los personajes, y acá nuevamente admito que yo también suelo caer en este error, es que ellos no tienen porqué ser modelos esculturales, hombres con el pene de treinta centímetros cuya erección le dura horas, lolitas súper sexis dispuestas a todo, etc. Los personajes pueden ser como cualquier persona común, y será tarea del escritor encontrar su belleza, su sensualidad. Hay que tratar de meterse en la piel del personaje, conocerlo, y comprenderlo, saber qué lo motiva, qué desea, cuál es su personalidad, etc.

En fin, espero que al menos algo de todo esto que escribí le sirva a alguien. Son bienvenidas las críticas, y ni hablar de quien quiera sumar sus propios consejos, que serán agradecidos.

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