El personal trainer (III): Desenlace

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El personal trainer (III): Desenlace

RESUMEN

¿Qué es lo que seguirá después de ese sugestivo masaje por parte de mi personal trainer?

Anteriormente: tras una lesión en mi rutina de ejercicios, Alberto se ofrece a hacerme masajes en su departamento. Termina el capítulo anterior estando yo boca abajo desnudo lleno de aceites y masajeado por mi personal trainner solo vestido con un bóxer blanco.

Su lengua termina recorriendo sutilmente la raya de mi culito virgen, desde abajo hacia arriba. Se recompone, y erguido con sus piernas una a cada lado de mi dice:

"ufff pendejo"

Mi cola yacía húmeda, mezcla de aceites, de mi propio sudor y ahora con algo de la saliva de Alberto. A esa mezcla erótica de líquidos le faltaba sin duda otras esencias.

Alberto en esa posición erguido, a horcajadas. Usa hábilmente cada una de sus manos para separar mis nalgas y descubrir lo que había en esa rayita del culo.

Cada mano de Alberto cubrió la totalidad de mis pequeñas y paraditas nalgas, sin mucho esfuerzo pudo separarlas y ver con claridad mi pequeño agujerito latente lleno de humedad.

Ya era un putita, y seguí levantando mi cola. Estaba entregado a lo que ocurra.

Él se levanta, y me dice mientras se aleja:

"listo nene, ya termino el masaje. Vamos a comer algo"

El muy basura me había seducido, me había calentado, me dejo hirviendo y me dejo así.

Esto no iba a quedar así, por lo que me levanté y buscando la toalla para cubrirme, veo que se cae una toalla de manos.

Use esa pequeña y angosta toalla de manos para ceñirla a mi cadera. Solo cubría mis bolas y mi pene. Por detrás la redondez de mi culito. Y así me dirigí al comedor.

Allí él se sirvió un whisky y cuando estaba por servirme a mi le dije

"no, quiero tomar del tuyo"

Camine cadenciosamente hasta donde él estaba, su bóxer blanco apenas podía contener el bulto que luchaba por salir. Si prestabas atención hasta se traslucía ese miembro que aún no había podido ver.

Me acerque hasta él, frente a frente estábamos parados. El me sacaba casi una cabeza de altura. El cuerpo me doblaba. Mi delgadez era fragilidad pura ante sus brazos y pecho.

Ya muy cerca de Alberto, tome su mano que tenía el vaso de whisky y lo guíe a mi boca. Ahora me tocaba jugar a mí.

Tome del whisky mirándolo a los ojos. Era muy fuerte así que lo bebí muy despacio.

Cerré los ojos y mi otra mano se deslizo por su brazo hasta tocar sus pectorales duros como roca. Con la excusa de lo fuerte de la bebida, apretaba, movía mi mano, mis uñas se clavaban suavemente en su piel.

Tomando lentamente el whisky y mi otra mano deslizándose por sus abdominales tenia a Alberto boquiabierto.

Seguí bebiendo y mis dedos rozaron el elástico de ese hipócrita bóxer que era la única prenda que lo mantenía vestido.

Tire un poco del elástico, hasta que cedió. Y comenzó a deslizarse hasta sus tobillos. Tenía a mi personal trainner desnudo frente a mí y aun no podía verlo. Seguía bebiendo mirándolo cada tanto a los ojos.

Mis dedos siguieron su recorrida descendente por su pelvis, y y se sentía el calor de su miembro. Y ocurrió lo inevitable. Mis dedos rozaron ese tronco. Con delicadeza lo recorrí desde abajo hacia arriba. Como intentando medirlo. Era enorme. Hacia juego con su gran cuerpo.

Terminé de beber, el dejo el vaso en la mesa, y yo acerque mi boca a sus pectorales, mi lengua salió llena de veneno de lujuria y bese sus tetillas. Quería morder esos músculos duros.

Descendí con mi boca por cada cuadrado de sus abdominales sin soltar esa pija enorme con la mano.

Me arrodille y tuve al fin frente a mi a esa pija enorme delante mio. Unos huevos gigantes colgaban. Y mi lengua se apresuró a recorrer ambos.

Intente saborear toda esa pija con mi boca. Llegue hasta la cabeza y lo introduje como pude. Mis labios podían sentir el miembro herviente de Alberto.

Luego de unos largos minutos de disfrutar y sentir jadear a mi profe, me reincorporo y me doy la vuelta contoneándome hacia su cuarto.

"ufff la que te espera pendejo" bufo Alberto.

Sentía sus pasos detrás mío y antes de llegar a la cama siento como me toma de la cintura, se deshace de esa toalla de manos que cubría mi cola y la tira al suelo.

Me abraza y me toma la cara y me mete la lengua en la boca, buscando jugar con la mía.

Siento esa poronga de 23 cm apoyada en toda mi espalda, prendiéndome fuego, mis nalgas que rozan el final de su rabo, esos huevos que están tocando mis cachetes.

Me gira para estar frente a frente y me sigue metiendo lengua, mientras una mano comienza a abrir mis nalgas y jugar con mi ano.

Mete un dedo que se desliza fácilmente, mete dos y yo abro la boca buscando aire. Aire que no había porque Alberto me ahogaba con su lengua.

Me tira a la cama, me pone boca abajo y su cara se hunde entre mis nalgas.

Su lengua ya no era tímida. Se metía por toda mi cola, por cada espacio e mis nalgas, el mordisqueaba, le daba cachetadas y jugaba con mi agujerito.

Casi me hace estallar de placer. Cuando esa lengua se metió hasta el fondo de mi agujero.

"sabía que te iba a coger pendejo" dijo mientras se puso otra vez a horcajadas.

Vi por el espejo como ese monstruo de 23 centímetros se acercaba a mi pequeña colita. Centímetro a centímetro fue empujando, me dolía. Pero siguió con su faena hasta lograr meter la cabeza.

Siguió con toda paciencia, y entro cada vez más. Ni yo podía creer que eso fuera posible. Y con algo de dolor pero con mucho más placer, disfrutaba de esa invasión de carne dentro de mi.

Siguió hasta que lo consiguió, metió todo y bombeo. Bombeo y se cabalgo. Su vientre chocaba con mis nalgas paraditas y a él lo excitaba más ver como esa cola que el preparo estaba lista para ser cogida.

No sé cuánto tiempo estuvo dándome, pero fue placentero y eterno. Sentí finalmente su leche caliente explotando dentro de mí.

Terminó cayendo rendido sobre mi cuerpo.

Así estuvo un tiempo, luego se levantó. Se limpio con una tolla.

Yo estaba enamorado.

Lo veo venir con mi ropa aun húmeda.

"dale nene, vestite y anda"

Yo no entendía nada. Me vestí y salimos, me acompaño por el ascensor hasta la salida de su casa.

Le pregunte si había algo malo

Y me dijo

"nada pendejo, yo sabía que te iba a coger, pero te tenía que poner a punto como a mí me gustan los culitos. Igual no sos el primero. Sos el decimocuarto".

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