Historia del chip (035): El paquete - Daphne 011

Tiempo estimado de lectura del relato 16 Número de visitas del relato 9.675 Valoración media del relato 9,64 (14 Val.)
Historia del chip (035): El paquete - Daphne 011

RESUMEN

Mientras Jennifer está convaleciente en el hospital, la madre de Gwen se hace cargo de la situación.

El paquete llegó en menos de dos horas. En cuanto guardó las cosas de Jennifer, Daphne se puso el vestido, que resultó ser uno de los menos apropiados para el Caribe: el negro ajustado que le daba calor. Un engorro que comprimía los pechos y el talle. Se puso antes los H4 y el dolor la dejó sin respiración. El último ciclo que tenía establecido era 60—15 y las nuevas plantas de bebé más los estímulos nanotecnológicos, de los que no tenía un conocimiento exacto, no ayudaron para nada. Con lágrimas en los ojos, contó 60, levantó los pies y dejó que el aire refrescase levemente las plantas ardiendo. Esa era siempre la sensación. Tardó más de cinco minutos en poder aparentar serenidad, quitarse las lágrimas y llamar a Gwen. Iba a usar el código en el teléfono cuando se decidió por la tableta para tener imagen. Al instante apareció la cara de Gwen que era igual de bella que la hija. H4 no se dio cuenta de que presentaba una imagen de cuerpo entero, la tableta, -en modo automático-, tenía en esa función.

Gwen notó como subía H4 los talones en ocasiones, pero se guardó muy mucho de preguntar. Le explicó como conectar con su escuela y le dijo que hablaría con ella cuando terminase las clases a la tarde. Sincronizaría su propio reloj con la del colegio. También le indicó que había cambiado las condiciones en el hospital. Tenía autorización ilimitada para pedir cualquier tipo de menú o comida y para solicitar alojamiento en cualquier hotel de la zona. La tableta tenía crédito suficiente para viajar hasta el colegio o realizar videoconferencias a cualquier otra terminal del planeta. H4 le dio las gracias. En cuanto la escuchó, Gwen comprendió que Daphne no usaría nada del crédito.

*—*—*

H4 se acomodó lo mejor que pudo para atender la clase. Sin autorización expresa de la profesora no podía sentarse y no tenía derecho a pedirlo. Mantuvo la tableta en las manos y continuó el ciclo 60—15 mientras su atención se centraba plenamente en la clase. De cuando en cuando echaba un vistazo hacia A1. La enfermera entraba muy de cuando en cuando, ya que todo estaba todo monitorizado, quedándose maravillada al ver la escena.

Gwen había recibido una llamada con el resumen de lo que había pasado. Hizo acortar todos los tramos anteriores al accidente salvo un par de escenas sexuales. No le escandalizaron demasiado. Las modelos vivían del y para el sexo. Pero le extrañó que Jennifer hubiera escogido un chico así, aunque parecía claro que los tres disfrutaron de lo lindo. Vio las escenas del accidente y confirmó por medio de un traumatólogo independiente lo que había pasado. Le pareció estúpido que el barco se hallase a más de una hora nadando. Renoir y Jennifer tenían cuerpos mejorados. Pero Daphne no. Dejarla tan lejos... No le gustó nada.

Habló con tres médicos distintos sobre el comportamiento de Daphne después del accidente. Los tres tenían cláusula de confidencialidad y eran eminencias en su campo. Dos fueron claros: había salvado su vida. El tercero no fue tan tajante, quizás se hubiera salvado, sin embargo, hubiera perdido la pierna y puede que hubiera sufrido daños cerebrales.

Daphne había estado limpiado las heridas de la pierna dañada de Jennifer en una secuencia instintiva muy curiosa. Iba al mar, cogía agua y se la lanzaba a Jennifer. Era incómodo y peligroso en esa situación, de piedras cortantes y oleaje pero mover a Jennifer de posición hubiera sido peor. Se llenaba la boca de agua y empapaba las zonas con heridas con el agua salada. Luego volvía al mar y repetía el proceso. La siguiente vez el agua de su boca la usaba para enfriar la cabeza de Jennifer. Uno de los médicos explicó que era la mejor solución: una herida así daba fiebre rápidamente, le cuerpo luchaba contra la infección. Pero proteger el cerebro era tan esencial como disminuir la infección. Luego Daphne limpiaba las heridas con la lengua. Debía de sentir la boca salada y aprovechaba para extraer sangre contaminada y pus. La saliva humana es un buen desinfectante y la sal en la boca no perjudicaba, después empezaba de nuevo. Las imágenes de satélite resultaban escalofriantes.

Gwen preguntó a uno de los médicos cuando tiempo hubiera podido aguantar Daphne haciendo esa labor. Era bastante difícil de determinar aunque, en el hospital, cuando examinaron a Daphne, -que ya había bebido agua y descansado-, sus riñones todavía presentaban señales de saturación. Suponiendo que el helicóptero hubiera tardado un par de horas más, Daphne hubiera tenido secuelas permanentes por no haber bebido agua dulce a tiempo o acaso hubiera necesitado el trasplante de los dos riñones. Otro de los médicos no estaba de acuerdo. Lamiendo las heridas y retirando parte del tejido dañado se infectaba a sí misma. Aunque hubiera tardado varios días, una infección de esas características hubiera amenazado bastantes órganos. Y al no tener un cuerpo modificado genéticamente, lo más probable es que los médicos hubieran sugerido la eutanasia para evitar dolores. Ya hacía tiempo que la medicina se había vuelto humanitaria. La vida de calidad primaba.

A Gwen se le saltaban las lágrimas. Visionó el video dos veces. ¿Cómo actuó Daphne con esa sangre fría? ¿O era instinto? Buscó un experto en supervivencia mientras echaba un vistazo a la hora, todavía tenía mucho tiempo. El experto le dijo que era obvio que la chica había realizado cursos de supervivencia de alto nivel. Lo más probable es que la hubieran dejado sola en el desierto una semana, otra en una isla y otra en alta montaña. Era lo más habitual. Pero le indicó al ver las imágenes que la solución había sido brillante por un lado y suicida por otro. Si se recomendaba limpiar las heridas, incluso chuparlas o lamerlas, siempre que se tuviese acceso a agua potable y alguna familia genérica de antinflamatorio y bactericida. El experto le indicó que el remedio aplicado, sin llegar a exponer la propia vida, sería analizado y patentado. Era mejor publicitarlo de inmediato al Instituto de Emergencias Médicas para que lo estudiasen y creasen un protocolo. El experto le explicó que atribuirle el mérito a Daphne era lo más apropiado antes de que la información se colase por otro medio, algo que pasaría con toda seguridad.

Gwen le indicó que no le parecía tan importante y tuvo que rectificar. El experto le dijo que, desde hacía veinte años, los creadores de sistema de ayuda inmediatos recibían indemnizaciones de víctimas salvadas. Y si morían, los beneficiarios hasta la segunda generación. Era de justicia atribuirle el procedimiento a Daphne. Gwen se lo pensó un poco y le dijo que siguiese con los trámites. Podía cobrarle a ella todos los costes asociados incluida esa consulta. El experto se negó a cobrar. Le indicó que en su sector cobrar por eso hubiera sido indigno. Era un honor haber sido el primero en apreciar el procedimiento. Salvaría muchas vidas en el futuro.

Gwen le preguntó a cuánto podrían ascender los réditos de un método así. El experto se lo explicó. Las compañías de seguro solían pagar un uno por ciento de un seguro de vida por la vida salvada, no sólo porque resultaba mucho más barato sino porque les ayudaba a mantener una imagen limpia. Los familiares de víctimas sin seguro también tendían a colaborar. La gente era mucho más altruista de lo que se pensaba.

Por último, Gwen le preguntó cuántas víctimas potenciales se salvarían digamos en los siguientes diez años. El experto realizó un cálculo rápido en su tableta. Era difícil de precisar, había demasiados supuestos y seguro que lamer heridas y ponerse agua marina en la boca no resultaría muy popular, pero pensaba que se incluiría en un par de años en el procedimiento estándar de todas las profesiones marinas. Entre 500 y 1000 personas al año.

Gwen cerró la comunicación, habló con sus abogados y les dijo que querían que creasen un fondo a nombre de Daphne Hamilton. Y que buscasen la manera de quitarle todos los impuestos derivados de los futuros ingresos derivados del salvamento debidos al procedimiento que había inventado. Dio las referencias del experto y pidió que contactasen con él para terminar de rematar las cosas.

Le quedaban unos minutos. Algo le decía que Daphne no iba a aceptar nada de todo eso. Investigó a la familia Hamilton, comprobó que eran de clase media y que, a duras penas podían pagar la escuela de su hija.

Le quedaban demasiadas cosas por hacer. Se fue a dar un baño y se masturbó. Con su marido fuera, no habría orgasmo. Estaba en la bañera cuando escuchó el aviso de la tableta de un vid entrante. Identificación: Daphne. No iba a ser apropiado conectar así, desnuda, en la bañera y relajándose. Se lo pensó mejor. Le daría una idea de despreocupación. Aceptó la llamada, pero resultó ser Jennifer. Parecía tener buen aspecto y su genética modificada hacía maravillas.

—Mamá, gracias por ayudar a Daphne. He sido una estúpida— reconoció.

—Puede que sí, Jen, pero esos son los genes que has recibido. Y no hay manera de mejorar el cerebro— bromeó, sabiendo lo cerca que había estado su hija de morir.

—Sí, ¿ya te has enterado de todo? Supongo que has visto las imágenes— inquirió Jennifer con un recato que su madre no recordaba que tuviese desde los doce años.

—Bueno, ya te he visto desnuda antes y, que quieres que te diga, tu profesión está pensada para eso— resumió la madre tratando de divertirse. Lo de la bañera había sido buena idea.

—Ya sé de dónde viene mi crueldad. Mamá, ¿sabes algo de Renoir? — preguntó Jennifer con semblante preocupado.

—No te preocupes por ese idiota— lamentó el exabrupto en cuanto lo soltó. —No ha aparecido todavía. Os abandonó.

—No sería propio de él. Te lo aseguro. Reconozco que todo parece horrible pero ya tendremos tiempo de hablar de ello. Hazme el favor— suplicó Jennifer.

—Está bien, me pondré con ello. Pásame con tu ángel de la guarda. No te la mereces— reiteró la madre de Jennifer.

—Es verdad. Volaré a casa con ella antes de ir a la escuela— prometió mientras se despedía. Daphne apareció en pantalla. Estaba de pie. ¿No se habría sentado en todo el día? Mientras hablaban subía los talones periódicamente.

—Daphne. ¿Necesitas algo? — preguntó Gwen. H4 negó con la cabeza. Gwen detectó que estaba cansada, pero aliviada por la mejoría de Jennifer. Preguntó con suavidad.

—¿Has hablado con tu familia? — le preguntó imaginando que sí lo había hecho.

—Hubiera debido hacerlo, pero no se nos permite comunicación exterior durante el horario lectivo. Ahora ya han acabado las clases de hoy pero ya debe ser tarde para ellos. Y no quiero preocuparlos en demasía—explicó apesadumbrada.

—¿Te importa si lo hago yo? ¿Puedo enseñarles las imágenes de satélite? — inquirió, aunque conocía la respuesta.

—No creo que sea necesario mostrarme desnuda y haciendo el amor con un hombre y una mujer— dijo Daphne.

—Escucha, dentro de unos días se van a enterar igual porque la prensa se hará con las imágenes. Tenlo por seguro. Y quizás tengamos que defendernos de un ataque del colegio o de quién sabe quién. Quiero que tus padres se enteren de todo por mí y que me dejes preparar un frente común. Otra cosa, no has dicho ni una palabra de lo que hiciste por mi hija. Realmente te honra por mucho que sea una humildad falsa. Me iba a enterar igualmente.

Gwen se sentía fatal tratándola así. Había salvado a su hija. Pero quería ver su reacción.

—Sólo fue instintivo. Y me dio mucho asco. Tuvimos suerte. Eso es lo que pasó. Y el helicóptero no tardó demasiado—apuntilló Daphne.

—Ya, si crees que me vas a engañar tan fácilmente... ¿Qué hacemos con tus padres?

—Hablaré yo primero con ellos.

Daphne aseguró que lo haría. Gwen no lo tenía tan claro.

—Bien. Ahora vamos a algo más inmediato. Jennifer… ¿estás escuchando?

Aunque Gwen la veía, ya que la tableta tenía modo de identificación plural y emitía video de todos los partícipes, quería su confirmación.

—Sí, mamá.

—Quiero hablar contigo a solas. Me gustaría que Daphne pudiera descansar unos minutos. También ha estado enferma, aunque no te la ha dicho. Y ya que tú tienes media pierna y mucho menos cerebro que ella, me gustaría que le dijeras que siga mis indicaciones como si fueran las tuyas mientras sigas en el hospital.

Gwen vio la mirada que Jennifer le dio a H4. Daphne asintió.

—Bien, H4. Creo que hay que llamarte así en estas circunstancias. Ahora vas a ir a cenar algo. Lo que quieras. He confirmado con la enfermera que no has probado bocado y además mi tableta me indica de cualquier gasto que hagáis en el hospital. Y no ha aparecido ninguno de comida. Bueno, ningún consumo en absoluto. Lo dejaré pasar si estabas en clase, pero esto es serio. Tus riñones han podido quedar dañados y llevas medicamentos. Así que quiero que comas y descanses. Antes de que abras la boca, por cierto, y no tienes permiso para hablar. Quiero que cuando cenes busques al hombre más atractivo que encuentres en el comedor. Esperemos que haya alguno que merezca la pena. Reconozco que la cosa está cada vez más difícil. Vas a dormir en su casa todas las noches hasta que volváis en la escuela… si te deja. Lamento que lleves el chip y limite parcialmente tu placer, aunque visto lo visto, creo que te las arreglarás perfectamente. Antes de que digas nada, mañana o pasado saldrán las imágenes y prácticamente el 90% de las mujeres y un montón de hombres del planeta querrán estar contigo en la cama. El que elijas hoy te va a tratar a cuerpo de rey. Y no vuelvas diciendo que no has encontrado a nadie. Ahora puedes hablar.

—No pienso dejar a A1 sola— le espetó Daphne.

—Primero, va a estar sedada porque su organismo se regenera mejor dormida. Segundo, tu tableta va a poder monitorizar todo como hago yo desde aquí. Si se despierta, estarás allí en cinco o diez minutos para volver a ponerle la manta hasta arriba. Algo que hasta la enfermera más idiota puede hacer. Tercero, cumplirás mis órdenes sin discutirlas hasta que lleguéis a la escuela.

Gwen sabía que no iba a ser tan fácil.

—No quiero pasarme las noches follando mientras Jennifer está convaleciente— objetó Daphne.

—Eso no está sujeto a debate. Puedes coger al chico, darle un buen meneo y dormir, pero será después de una gratificante sesión. Espero que te trate bien. Es asunto tuyo. Ahora quiero hablar a solas con mi hija mientras cenas. ¿Por qué no has utilizado tu tableta, Jennifer?

—H4 me ha sugerido no utilizarla para que en el colegio no puedan saber que estaba consciente—admitió Jennifer.

—Ya, quizás habéis transferido tu poca corteza cerebral a la suya. Tu cáscara parece vacía. Daphne si sigues aquí dentro de dos minutos mandaré yo misma las imágenes a la prensa. ¡Ahora! — amenazó Gwen.

Daphne salió dando un portazo. La enfermera vino asustada. Se tranquilizó cuando vio a Jennifer hablando a través de la tableta. Jennifer le dedicó la mejor de las sonrisas, lo que hubiera aplacado a un león hambriento.

—Mamá, ¿no estás exagerando un poco? — inquirió Jennifer.

—Juzga tu misma.

Le envió a través de la tableta el resumen de los informes y unas pocas imágenes de Daphne lamiéndola, refrigerando su cabeza y bebiendo agua salada.

—Te ha salvado la vida y estaba dispuesta a sacrificar la suya.

Jennifer lloró en una reacción similar a la que tuvo su madre por la mañana. Vio el informe que indicaba que Daphne podía haber muerto de un colapso en los riñones. La madre le explicó sucintamente el tema del procedimiento de rescate y el fondo.

—No creo que vaya a aceptar — le explicó Jennifer

—Búscale un punto débil. Algún familiar que lo necesite. Ya se te ocurrirá algo. Otra cosa: voy a adoptarla— le dijo Gwen.

—Ya tiene padres, mamá— dijo con voz irritada Jennifer.

—No, no lo pillas. Voy a facilitarle la cuestión económica. Aunque dudo que en la escuela acepten un cambio de política con ella.

—Yo tampoco. Lo más probable es que la endurezcan. Pero si se hace famosa será más difícil que la echen. ¿De verdad crees que va a ser para tanto lo de las imágenes?

—Jen, mañana o pasado será una celebridad. Y tú vas detrás. Te guste o no. No me creo nada de lo que ha pasado. Tienes bastante más inteligencia que eso y la cantidad de dinero que te has gastado en nanotecnología no puede ser para pasar el rato. Algún día espero que me cuentes un poco más. No es el momento, ya lo sé. Voy a confiar en ti. Pero quiero que esa chica disfrute. Imagino que seguiréis con las tonterías esas de la dominación y el sado. Es asunto vuestro. Pero quiero que sepas que adoro a esa mujer. Te ha salvado la vida. He hablado con un experto de supervivencia. Uno de los mejores a nivel mundial. ¿Sabes? No quiere cobrarme. Creo que por besarle los pies a Daphne daría su sueldo de un año. Está tan impresionado que yo misma me he quedado deslumbrada. Iremos paso a paso con su adopción. Quiero conocer a sus padres en persona. Voy a volar en cuanto Daphne hable con ellos.

Gwen por fin paró de hablar. Jennifer nunca había escuchado a su madre hablar tanto tiempo seguido.

—Aquí está. Sonriente y feliz. Ya tiene un hombre para pasar la noche. Yo me quedo con media pierna y hecho un asco en una mugrienta cama de hospital. Y ella a divertirse— apostilló Jennifer guiñándole un ojo a su madre. H4 estaba girándose mientras cerraba la puerta y no podía verlo.

—Son órdenes del médico-sargento que tienes en casa. Ya puestos, mejor disfrutar. La vida puede ser corta— dijo Daphne que parecía cambiada. Jennifer le ofreció la tabla para que hablase con casa. Daphne esta vez se sentó. Estaba claro que no quería que la vieran levantando los talones cada minuto.

—Quítate los H4, Daphne y guárdalos en el armario. Antes deja que le pida una cosa a mi madre— solicitó Jennifer. Para que no escuchase lo que le iba a decir, le mandó un mensaje escrito.

Mamá, necesito un calzado y un vestido que están en el baúl de la entrada de la casa de la bahía. ¿Puedes conseguir que alguien los traiga? Hay unas figuritas de mucho valor en el mismo baúl. Que me las traigan también. Gracias por todo, Te quiere

Tu primera hija.

La idiota

Otro favor: haz que sigan buscando a Renoir.

Envió el mensaje y lo borró de la bandeja de enviados. Le entregó la tableta a Daphne.

—Antes de que hables con tus padres, quiero que sepas que puedes confiar en mi madre. Más que en mí. No te fallará. Te lo prometo.

La voz de Jennifer estaba tan seria que Daphne no tuvo más remedio que tranquilizarla.

—Me hará falta con mis padres. Van a coger un cabreo increíble. Ya sabes lo mucho que cuesta la escuela.

—Pues si pierdes a unos padres, ganas a una madre— le dijo Jennifer, en plan compasivo.

Daphne estuvo veinte minutos hablando con ellos. El paquete con el atuendo de Daphne llegó justo cuando cerró la comunicación. Se quedó intrigada. El mensajero era la enfermera de la mañana. Jennifer no la había visto entonces.

—Creí que no volvías hasta mañana— le dijo Daphne. La enfermera le entregó el paquete a Jennifer mientras se encogía de hombros.

—Me alegra que estés mejor. En unos minutos te pondrán el sedante de nuevo.

—Gracias por haberme traído el paquete. Espero que no haya sido demasiada molestia—reiteró con su mejor sonrisa.

—Tu madre es una mujer muy convincente— le explicó la enfermera con una sonrisa igual.

Daphne no entendía nada ¿se refería a la madre de Jennifer? La enfermera salió. Jennifer le indicó que se desnudara. A Daphne le pareció bien. Su maldito vestido sólo servía para agobiarla. Una vez desnuda, Jennifer sacó los zapatos ovalados del paquete. Daphne se los puso y se excitó al sentir su frescor. A1 sacó el vestido. Daphne se lo puso. Miró a Jennifer para saber si debía ponerse el cinturón de castidad. Jennifer no dijo nada.

Daphne se apresuró a besarla y dejó que Jennifer le acariciase los pezones a través del vestido. Para notar que se estaba excitando no necesitaba conductividad en los zapatos, pero no pudo evitar percibir como las sensaciones que embargaban sus pies le subían por las piernas y casi podía sentir la nuca erizada. Jennifer le acarició los lóbulos. El paraíso se hizo realidad de nuevo para Daphne.

—¿Tienes tiempo o te está esperando? — preguntó Jennifer sin dejar de acariciar los pezones erguidos y desafiantes a través del tejido.

—Me esperará— dijo Daphne con una sonrisa.

—Bueno, no me puedo decir que me extrañe. Tengo ciertos consejos que no tienes que cumplir, son discrecionales, pero me resultaría placentero que tratases de aplicar.

Daphne esperó a que A1 continuarse.

—No me voy a meter con tu elección de macho. O cuál de ellos bebe tus vientos, pero si espero que si tienes una cita relajes al hombre la primera media hora. Estés donde estés, mejor si es un lugar público. Sin que te arriesgues demasiado a ser descubierta, quiero que sientas la posibilidad de que os pueden pillar. Un taxi, un baño, que te voy a decir. Me gustaría que las primeras veinte veces con él sólo tengas rápidos de un minuto. Todos los que quieras, pero pídele a él que decida cuántos te da y cuándo te los da. Debe pensar que es lo que más te excita. Estar a su disposición. Más adelante si realmente la relación aguanta irás al otro extremo, lentos de una hora como mínimo y también debe elegir él cuántos y cuándo. Además, hasta que llegues a los momentos románticos harás que explore concienzudamente tus senos, tus nalgas y tu vagina. No serás timorata y no dejarás que él lo sea. Iremos afinando las reglas con el tiempo. Me gustaría que te comprases pendientes para los lóbulos, pero sólo yo puedo agujerearte así que sean de pinzas. Que sean fuertes y que cuelguen mucho. Pero entrenarás a los hombres para que te acaricien los lóbulos cuando estén plenamente satisfechos de tu actuación. Tienes una idea general. Lárgate antes de que se me ocurra algo más, pécora.

—Seguiré las reglas, A1. Yo también te quiero.

Daphne se despidió de ella con un último beso.

Comparte este relato

Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar