Nuestra noche

Tiempo estimado de lectura del relato 9 Número de visitas del relato 9.732 Valoración media del relato 9,32 (19 Val.)
Nuestra noche

RESUMEN

Cuenta la historia de una noche en la que descubro la fogosidad de una antigua compañera de clase.

Lo más probable es que ese día estuviera planeado por el destino; puesto que ni yo ni ella íbamos con la intención de que pasara lo que pasó. Pero ocurrió, y de una manera que sólo podría imaginar en los más húmedos de mis sueños, en los que obviamente aparecía ella. Esa chica a la que veía por los pasillos del instituto, con la mirada más inocente y pura que he visto hasta el momento. Su figura... qué decir de un cuerpo tan perfecto, que parecía sacado del Olimpo, ya que esas curvas sólo podían ser dignas de una Diosa griega. Y su sonrisa... a día de hoy se me antoja lo más bonito que existe, y cuando era yo quien la provocaba me sentía en la gloria más absoluta. Como dije al principio, y puesto que ella era y es la niña más buena que conozco, imaginar que ocurriría lo que a continuación contaré tan sólo eran fantasías para mi alocada y (en ocasiones morbosa) imaginación. Empezó siendo un jueves de lo más normal, estaba en casa de un amigo. Ya era de noche, y éste me ofreció salir. Al principio me negaba, porque no estaba muy animado, pero faltó que me dijera que iba ella, para que mi negativa se transformara en un sí de lo más rotundo.

Nos vimos en la parada de autobús, y nada más verla me regaló una de esas sonrisas que me dejaba embobado y babeando mentalmente. Decir que iba preciosa sería mentir como un bellaco, ya que esa palabra se queda demasiada corta para describir tal indescriptible belleza celestial. Éramos cinco personas, dos amigos, la Diosa griega, una amiga suya y el que escribe. En el trayecto a nuestro destino, no hubo nada digno de mención. Simplemente decir que me pasé todo el viaje mirándola de vez en cuando, para corroborar que seguía ahí, a unos metros de mí. Y efectivamente, ahí seguía regalando su impecable sonrisa cada vez que la miraba. Finalmente llegamos, y en cinco minutos, entramos a la primera discoteca. Yo nunca he sido de beber, motivo por el cual era obvio que con poco que bebiera ya iba a ir algo mareado. Y así fue, los chupitos volaban, y todos bebíamos. E incluso mareado como estaba, siempre andaba pendiente de cada movimiento que hacía la Diosa. Y cada vez tenía más ganas de acercarme a ella. Y sí, hablábamos bastante, y le doy gracias al alcohol por sacar de mi cuerpo toda muestra de vergüenza, porque cada vez me acercaba más a ella, la acariciaba la cara, la agarraba la cintura delicadamente y me sorprendía a mí mismo, el hecho de estar tocando y sintiendo la anatomía de una Diosa como ella, y que no se quejara, quizá fue eso lo que más me gustó y más me animó para seguir con mis muestras de afecto. La cogí de la mano, y al contrario de lo que yo pensaba, no las soltó. Seguimos así un rato, después salimos a otra discoteca. Tenía tantas ganas de abrazarla, y antes de salir lo hice. Fue un abrazo que desprendía sinceridad y afecto. Y lo que pasó a continuación sí que no sabría describirlo tan fácilmente de lo rápido que fue todo. Pasó que, al salir de la discoteca, los tres amigos iban delante de nosotros y nosotros nos quedamos un poco más atrasados. Andábamos abrazados, y hablamos de algo que no recuerdo muy bien por culpa del alcohol, pero la estaba haciendo reír. Lo que no olvidaré fue que al ver su sonrisa, no aguanté más mis ansias, y acerqué lentamente mi cara hacia la suya, con el fin de darle un beso en los labios. Y se lo di, señores, no sé cómo me armé de valor pero le di un beso y lo que fue más increíble: ella también lo hizo! A partir de ese momento, ya nos soltamos más y las muestras de cariño sobraban por ambas partes. Cada vez que bailábamos, me pegaba a ella y la besaba. Y así estuvimos en las dos siguientes discotecas a las que fuimos, hasta que hubo un percance y ambos nos quedamos solos en un parque. Y pasa algo, señores, que el alcohol no sólo te quita la vergüenza, sino que te sube la calentura. Y de tan caliente que estaba, (y después de estar un buen rato sentados, hablando y besándonos en ese parque) la llevé a un portal que vi cerca. Eran ya sobre las 4 de la madrugada. Ella se puso contra la pared, mirando hacia mí, y yo la empecé a tocar alocadamente mientras nos besábamos. La tocaba la cintura, la parte de atrás la apretaba, sentía lo blandito que era, la pegaba hacia mí para que sintiera algo mío, la subí la camiseta un poco y noté que estaba ardiendo. Puede que ella estuviera tan caliente como yo, pero entre que estábamos en plena calle, y entre que la noté algo nerviosa (porque como dije, es demasiado buena e inocente) decidimos parar. Pero eso fue sólo un aperitivo a comparación con lo que estaba por llegar. Una vez solventado el problema que mis amigos habían ido a resolver, nos reunimos los cinco nuevamente en la parada de bus con destino a nuestras respectivas casas. Durante el nuestro regreso a casa, nos sentamos juntos y estuvimos la mitad del camino besándonos y la otra mitad abrazados. Mi pasión por ella era tal, que la besaba las manos, la acariciaba la cara, la besaba la mejilla... hacía todo eso porque no me creía que hubiéramos pasado eso, y menos me creía que ese día fuera a acabar ya. Pero no acabó, para nuestra suerte. Ocurrió que mi amigo, nos propuso dormir en su casa a todos, y para mi sorpresa la Diosa aceptó. Entonces tuvimos una mirada en la cual nos dijimos todo aún sin pronunciar ninguna palabra. Era una mirada de " tengo ganas de continuar lo que dejamos a medias"

El trayecto de vuelta se me hizo excesivamente corto, pero sabiendo lo que iba a pasar pienso que fue lo mejor. Entramos en casa de mi amigo, y nos indicó con un ademán cuál era la habitación que estaba libre para nosotros dos.

Y entonces, nada más entrar, cerré la puerta. "Ahora viene lo bueno"- pensé

Me acerqué a ella y la besé como hice cuando estábamos en el portal, mientras la tocaba de igual manera, sólo que esta vez me quité la camiseta.

También hice lo mismo con ella, le quité la camiseta con delicadeza y nos pegamos a la pared. Mientras la besaba, le metía la lengua, y ella al ver eso también lo hacía, y conforme más caliente estaba, más la pegaba a mí. Subí su pierna a la altura de mi cintura, y le tocaba el culo, y bajando por la pierna... Entonces la subí encima de mí siempre sin dejar de besarla con lengua. Mi propósito era que sienta lo mío para que se ponga caliente. Después de eso la tumbé en la cama, yo encima de ella y comencé a darle besos en el cuello, le di muchos, e iba bajando. Mientras bajaba, le pasaba la lengua por su cuerpo, y sentía que le provocaba escalofríos cada vez que lo hacía... Ya estaba a la altura de su ombligo, entonces le empecé a bajar la falda que llevaba puesta, y después de quitársela, hice lo mismo con su ropa interior. Me acerqué a su vagina, para hacerle sexo oral. Empecé lamiendo los labios inferiores, metía mi lengua y la sacaba rápidamente, y notaba que sentía mucho placer, como si pocas veces lo hubiera experimentado y eso me gustó. Mientras se lo comía, la miraba fijamente a los ojos, y veía que ella me miraba con la boca abierta, ahogando sus gemidos de placer. Después, metí mis dedos dentro de su vagina y ella hizo una pequeña mueca de dolor.

-¿Te duele?-dije algo sorprendido- Lo siento mucho

-Pero sigue, no pares por favor - dijo ella hablando pausadamente y con voz de estar muy excitada- lo que pasa es que soy virgen.

En realidad era algo con lo que contaba, así que le hice caso y seguí metiendo mi dedo, esta vez con más suavidad y delicadeza. Cada vez notaba que respiraba más fuerte, entonces me levanté, me chupé los dedos que habían estado dentro de ella, me bajé el pantalón y me puse encima de ella con el fin de penetrarla. Lo hice muy despacio, se la metía poco a poco y ella se mordía los labios. Una vez entré por completo, empecé a moverme lentamente, hacia dentro y hacia fuera. Recuerdo que sentir su humedad fue lo que más me gustó, y al ver que no sentía dolor, comencé a hacerlo más rápido; la sacaba y la metía con más fuerza, y me mordía los labios de tanto placer que sentía. Al ver ella eso también se excitaba y me acercaba a ella para besarla apasionadamente, con lengua, y mientras la agarraba de las tetas y se las apretaba flojito. Después la empecé a lamer los pezones mientras la miraba a los ojos, y otra vez observaba que ella ahogaba sus gemidos.

-Quiero que gimas, quiero oírte amor- la decía yo con la voz cortada.

-Vale amor, pero tu sigue por favor, no pares, hazme tuya y de nadie más

-Si nena, yo voy a seguir hasta que acabemos... quiero que seas mía ya, me encanta sentirme dentro tuya

-Si amor, quiero sentirte dentro todo...-me dijo entre gemidos.

-Oh... reina me encanta hacértelo así, voy a seguir un poquito más rápido ¿vale mami?

-Dale amor, házmelo como quieras

Yo ya estaba muy cachondo, y ella igual

Cambiamos de posición, ella se puso esta vez encima mía, y ahí yo sentía más, sentía el doble y la agarraba del culo mientras notaba cómo salía y entraba de ella, cómo abría la boca para gemir...

Yo la empecé a gemir en el oído, y a ella le encantaba

Recuerdo muy bien el sonido que hacíamos, porque lo estábamos haciendo muy rápido.

-Dame amor más fuerte, me estás volviendo loca- casi gritaba de placer-.

-Si mami voy a seguir, ya estoy por acabar amor...

-¿Ya vas a terminar cielo?

-Si amor ya me voy a correr-decía yo mordiéndome los labios-.

-Amor aguanta un poco más que yo también voy a acabar. Oh... qué bueno

-Si reina, qué rico esto que hacemos, te tenía muchas ganas ya... me encanta escucharte gemir

-Y a mí escucharte a ti me vuelve loca amor, quiero que esto no acabe nunca!

-Shhh amor me corro...

-Uff no me digas eso que me excita mucho amor

-Oh, oh... Ouhh Dios mío qué rico amor... Me encanta hacértelo así

-Amor ya voy a acabar, córrete dentro mía cielo...

-Oh, ooooooh amor qué ricoooo, ya me corrí reina. Ha estado genial esto.- dije jadeando y secándome el sudor de la frente

-Lo sé amor- me dijo abatida al igual que yo.-

Y así, apoyando su cabeza sobre mi pecho nos quedamos dormidos ambos.

Fue la mejor noche de mi vida y lo repetiría mil veces más.

Comparte este relato

Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar