Dulce y amarga amistad (05)

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Dulce y amarga amistad (05)

RESUMEN

Di un grito, fingiendo estar asustado y sorprendido y apreté el culo para expulsar la verga de mi interior, miré a Demian como si no esperase que esto se fuera a producir a la vez que aparentaba tirar a Román de encima de mí.

Historia de dos amigos: Jesús Alejando y Álvaro

Hice el viaje de vuelta sin incidencias que contar, y al llegar a mi casa tomé una ducha para mitigar el calor, dudaba sobre llamar a J. C., en ese momento no me apetecía estar con él, tenía muy recientes los recuerdos de los momentos pasados con Alberto, y sobre todo con Álvaro y mi cabeza se recreaba en los buenos momentos vividos a su lado, además tenía mucho que pensar.

Empezaba a anochecer y Joaquina, la muchacha de servicio, me preguntó si deseaba tomar algo para cenar, mis padres estaban con mis tíos y no pensaban volver hasta muy tarde. Cené una simple tortilla con ensalada que me preparó y recogí de la bandeja de la entrada dos sobres que había para mi, subí a mi habitación y antes de abrir lo recibido llamé a J. C., ya era tarde para quedar con él si es que era eso lo quería.

-Ya estoy aquí, otra vez en el calor del asfalto. –Debió notar cierto tono de queja y fastidio en mi voz.

-Y también a mi lado, ¿o eso no es importante para ti? Pienso en ti y estos días se me han hecho eternos, primero tus vacaciones y luego atender a tus amigos. Quiero verte nene, tenerte desnudo y usarte como mereces, dar placer a tu culito y vaciarme, no sabes como me tienes. –Se le notaba el deseo y lo caliente que estaba, y cuando sentía a un hombre mayor que yo en es estado me ensoberbecía como si eso me hiciera superior.

-Podemos quedar para mañana o el domingo si prefieres. –Intentaba mostrarme indiferente y viera que lo hacía como un favor hacia él, en realidad era así en ese momento.

-¿Tú no lo estas deseando? -Su voz sonaba frustrada.

-Por supuesto que si, ¿cómo lo puedes dudar? Quiero estar ya entre tus brazos, como siempre.

Él no podía y yo lo sabía, ese fin de semana le tocaba estar con sus hijos y no faltaría a su obligación por nada, ni por mí dejaría de estar con sus niños, era un buen padre, esa era una sus virtudes que me hacían respetarlo. Se lo sugería únicamente por afán de provocarle, atormentándolo exacerbando su deseo.

-Tengo a los niños conmigo, si quieres podemos salir y comer con ellos fuera de casa, iremos al monte o a la playa. –Parecía haber encontrado la solución para tenernos a sus hijos y a mí a la vez.

-No, creo que no es el mejor momento y prefiero que disfrutes estos dos días con ellos. –Los conocía de otra ocasión en que cedí y estuve a su lado. Eran unos niños educados y amables, curiosos como todos los niños y sentía un tierno cariño por ellos, pero también lograban que me sintiera mal, culpable, y el peor bicho al ocupar en esos momentos el lugar de su madre aunque ellos no lo supieran ver así.

A la noche, sabiendo que estaban en la habitación de al lado, no conseguía centrarme y disfrutar de la follada que su papá me estaba dando, Juan Carlos conseguía hacerme gritar con su actuación cuando me cogía con la fiereza que acostumbraba, y no iba a ponerme a gritar con los niños allí al lado, decidí que no quería volver a estar así en un futuro, no deseaba que mi cariño hacia ellos aumentara y además no me terminaba de ver en ese papel. Lo de J. C. y yo sería sexo y nada más, tenía que blindar mi corazón, no me importaba que me doblara la edad, pero aún tenía algún sentimiento noble.

-¿Hablamos entonces algún día de la semana próxima?

-Cuando tú quieras y tengas tiempo libre me llamas…

-¿Jesús?... Nada, nada. –Quería decirme algo y dudaba.

-Dime. ¿Qué te sucede?

-No es nada, que me gustaría pasar estos días a tu lado, no sabes lo que te extraño. Te llamaré.

Era lo que menos deseaba y se estaba produciendo, yo solo quería sexo de él, que me follara salvajemente haciéndome gozar y olvidar todo lo demás, me gustaba en la cama, su forma de dominarme, de follarme y llevarme al clímax de una forma magistral y luego cada uno a su vida, su familia y problemas no me interesaban, lamentaba haber cedido aquel día y conocer a sus maravillosos niños, pero tenía que ser amable y consentirle hasta que tuviera mi encargo realizado

-Tengo que hacer muchas gestiones en la semana pero si me llamas dejaré lo que sea. -no cortaba la comunicación y le escuchaba respirar agitado.

-Tengo preparado lo que querías. -Mi corazón me dio un vuelco y pensé que perdería el sentido, procuré tranquilizarme y no darle demasiada importancia.

-¡Ah, sí!, No quería meterte prisa, y seguro que podremos vernos está semana, te llamaré o hazlo tu cuando tengas un momento para quedar. No te olvides de que necesito tres ejemplares, uno que sean los originales para guardarlos.

-Será como quieres. -Le sentía triste y angustiado, pero ese era el acuerdo, mi cuerpo por sus servicios, aunque he de reconocer que lo pasaba muy bien cuando me follaba.

Abrí los sobres que tenía para mí y con las manos temblando. Uno era de la Uni con la relación de documentos que tenía que presentar y que en su mayoría ya tenía, y el otro era de mi tío. Pensé que había sido una indiscreción imperdonable para él, cualquiera podría haberlo abierto y ver lo que contenía, le hubiera resultado difícil dar una explicación coherente.

Eran documentos bancarios con lugares ya señalados donde debía estampar mi firma y una nota para que hablara con su secretaria, ella me daría instrucciones de lo que debía hacer.

Esa noche pensé en Álvaro mucho, y menos en Demian aunque moría de ganas por saber sobre él, esperaba que mis padres le hubieran visto y me hablaran.

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En la comida al día siguiente, tuve noticias de Demian y no eran las que esperaba, lo que supe me golpeó hasta hacerme caer sobre la lona del cuadrilátero otra vez, pero no derrotado.

-Anoche nos contó tu tío lo que tiene pensado hacer. –Mamá me miraba esperando mi reacción y que preguntara, había suspendido su comida y cogía el vaso de agua para llevárselo a la boca sin perder su penetrante mirada.

-Está dispuesto a poner a tu nombre un millón de euros. -Ahora la miré incrédulo y expectante esperando que siguiera.

-No creemos que necesites ese dinero y hemos tratado de que no lo haga, no sabemos si sabrás manejarlo. –No podía creer que hubiera puesto sus cartas sobre la mesa, algo extraño sucedía.

-Es mucho dinero pero el tío es generoso… -Hablaba con timidez, incitándola a que siguiera contando.

-Aún hay más… Pondrá su apartamento del centro de la ciudad a tu nombre, donde vivía antes de casarse con mi hermana. –Algo tramaba mi tío para sacar a la luz lo que yo le había pedido como si fuera una decisión tomada por su voluntad.

-¿Y por qué ha decidido hacerlo? Como tú dices parece muy extraño, ¿y la tía que opina? -Entonces habló papá.

-Tú tía no quiere opinar, él puede hacer con lo suyo lo que quiera. –Os hará una donación igual a los dos, piensa que ya es hora de que os acostumbréis a ser dueños de parte de lo que será vuestro algún día. –Lo que dijo mi padre me sorprendió mucho más, había hablado de que la donación sería igual para los dos…, y la cólera ascendía de lo más profundo de mi alma quemándome la garganta.

-¿Has dicho que nos va a hacer una donación igual a los dos?

-Sí, a Demian y a ti, no quiere hacer distinciones que os puedan enfrentar en el futuro. Y comprendo que lo haga con Demian para que comience su vida, pero a ti que aún te quedan años de estudio…, no lo terminamos de entender pero lo que él haga está bien. –Se detuvo un momento mirando a mamá.

-Tampoco nos vamos a oponer a sus deseos, ¿verdad? -Mi padre conminaba a mamá a que le aprobara lo que decía, al parecer cada uno pensaba distinto del otro.

-Si tú estás de acuerdo y Marta mi hermana también no tengo nada que decir. Siempre esperé que lo de mi hermana fuera para Jesús, su sobrino, y en eso confiaba. La maniobra de Íñigo está clara para mí, quiere que todo se divida al final en partes iguales.

Casi no los podía escuchar, los oídos me retumbaban y apretaba las manos en el borde de la mesa hasta ver blancos mis nudillos. O sea, que esa había sido la solución que encontró para disfrazar y hacer visible y aceptable lo que yo le había pedido, y que estaba ganándome bien ganado entregándome a lo que él quería hacerme.

Los dos seríamos igualmente compensados después de mi trabajo de puto zalamero mamón. Mi odio hacia ellos aumentaba, no podía comer y realicé un esfuerzo sobrehumano para que no vieran mi decepción, me estaban matando la vida.

-Tú puedes estar contento, si lo deseas puedes vivir independiente en tu propia casa. –No era esa mi idea ni lo que tenía planeado y sabía que lo dicho por mi padre era una broma.

Pasé la tarde buscando amigos para pasar con ellos la noche, deseaba divertirme y olvidarme de las noticias adversas que mis padres me habían dado.

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-¡Jesús, Jesús! -Elevé la vista para encontrarme con Román, al principio me supuso un esfuerzo identificarlo en la oscuridad de la disco y con el ruido su voz parecía diferente.

Permaneció bailando a mi lado durante un tiempo pero renunció a seguirme hablando ya que con el ruido resultaba imposible entenderle. Román era un amigo de Demian, de su misma edad más o menos y siempre había sido amable conmigo, muy amigable para el agrado de Demian en aquellos días que decía amarme.

Continuaba a mi lado como una sombra grande, sinceramente era un gigante, jugaba a fútbol americano en la universidad y aún lo hace, con carita de niño y un cuerpo enorme, todo él un contraste

Cuando me retiré de la pista de baile para descansar me siguió hasta la mesa donde estaba con mis amigos, allí se podía hablar aunque suponía un esfuerzo entenderse y se inclinaba para hablarme en el oído.

-Demian ha vuelto definitivamente, estuvimos hablando y quiere que le relacione con algunas personas de mi trabajo, me alegro de que lo vuestro terminara y bien, sin enfados como me ha contado, ahora volvemos a nuestra antigua amistad y me deja el camino libre.

-¿El camino libre? ¿Para qué? -No necesitaba que me lo confirmara pero quería que lo dijera, de una vez y con todas las palabras.

-No he renunciado a ti, te sigo amando, deseando, y ahora puedo pensar que es posible que pueda haber algo entre tú y yo. –Le miré en silencio, Román no era un chico guapo de cara, solamente que la tenía con facciones de niño dulce, pero tenía otras cosas interesantes, Una familia muy rica e influyente, un cuerpo atractivo y proporcionado demasiado grande, y aunque a mí no me gustaba tanto, tenía varias chicas que no perderían la oportunidad de estar con él, o también chicos.

Sería una buena oportunidad para saber cosas de Demian, ya no le amaba o eso quería pensar, ahora le odiaba, no porque él me dejara por una chica, eso ya lo entendía, era porque en mi deseo de venganza me entregué a su padre para que me quitara la poca dignidad que me quedaba y él era el culpable. Miré a Román con coquetería y le mostré mi mejor sonrisa.

-Nunca me has sido indiferente Román. -Obviaba el que cuando me folló fue para castigar a Demian. -¿Por qué no podríamos ser amigos?, ahora no faltarás a la fidelidad con tu amigo. –Me cogió una mano y sentí como temblaba la suya grande y nervuda.

-Jesús, ¿no jugarás conmigo? Me estás dando esperanzas y…, no sé qué decirte.

-No digas nada, ten confianza en ti y llévame a bailar, esta noche quiero divertirme como nunca. –Román me sujetó de los hombros manteniendo la distancia que le permitían sus brazos estirados mientras bailábamos, cuando cruzábamos las miradas le sonreía y estiraba el brazo para llegar con la punta de los dedos a su cara, y pasarlos por ella en una caricia provocativa para terminar en sus labios pasando las uñas por ellos.

Pieza tras pieza no perdía ocasión de tocarme de alguna forma y no me dejaba en ningún momento, cuando me alejaba porque otro bailarín conocido me llevaba sujetando mi cintura o mi mano, veía por el rabillo del ojo como nos seguía para recuperarme al momento que quedaba suelto.

Comenzó una pieza lenta, de música suave, de amantes, y muchos abandonaban la pista. Román comenzó a caminar de igual modo llevándome cogido de la mano.

-¡Espera! Vamos a bailar esto y así descansamos. –No necesité más palabras para convencerlo, parecía que lo estaba deseando y no se atrevía a pedírmelo. Sujetó mi cintura y yo pasé mis brazos por su cuello, apenas llegaba a alcanzarle, cerré los ojos y dejé de mirarle para sentirle apoyando la mejilla en el pecho, sintiendo galopar su corazón.

Su cara en conjunto no sería muy atractiva, o a mi no me lo parecía, pero su cuerpo resultaba ideal para un chico de su edad, fuerte e imponente en altura, formado por practicar fútbol americano y algún otro, Siempre me había sorprendido que un chico así estuviera enamorado de mi y ahora parecía que seguía estándolo, entonces pudo ser por querer emular a su gran amigo y disputarme, Demian salió vencedor como era lógico.

Mantenía los brazos rígidos sin permitir que me acercara a él y pegara la parte baja de nuestros cuerpos, no entendía el motivo, apreté la cabeza contra su pecho, se dio cuenta de que deseaba pegarme a él y lentamente fue cediendo relajando su fuerte musculatura, dejando que me acercara hasta terminar con nuestros cuerpos unidos como si fueran uno.

Nos movíamos lentamente, casi estábamos parados, metí una pierna entre las suyas y sentía la ligera dureza de su entrepierna en mi abdomen, me moví a izquierda y derecha para que se acoplara mejor a mi vientre, él se dio cuenta de lo que pretendía y exhalo un ligero suspiro.

Me giré hacia arriba para mirarle a los ojos y sujetándolo con fuerza le baje la cabeza, nuestros alientos se unieron mezclándose, teníamos nuestras bocas a milímetros de distancia pero no se atrevía a dar el último paso y me puse de puntillas para unir nuestras bocas.

El primer instante de sorpresa dio paso a un acalorado abrazo para evitar que separara mi boca de la suya. Gimió en mi boca a la vez que sentía endurecérsele la polla.

-¿Es cierto lo que está pasando? ¿Jesús es un sueño o te burlas de mí? -Mi respuesta fue apretar mis labios a los suyos y abrir la boca para que me penetrara con la lengua. Sabía besar muy bien llenándome de él, pasando su húmeda lengua sobre la mía, reclamándomela para chuparla con los labios, aún podía recordar las pocas veces que lo hizo y fueron besos robados en ausencia de Demian, uno fue estando él a nuestro lado, al final cuando ya quería romper lo nuestro y lo tenía planeado.

-¡Resulta increíble! No esperaba tanto, te quiero Jesús, mi amorcito revivido. –No podía permitir que se hiciera ilusiones, no era decente, empecé a sentirme mal, un puto maricón aprovechado, sin llegar a tanto podría servirme para saber sobre Demian.

-Yo no te amo Román, comprenderás que no he sentido ahora un flechazo de repente, no quiero que te engañes o te dejes influir por mis actos. Pero quiero estar contigo, ahora.

Deslicé la mano para colocarla sobre el bulto que hurgaba en mi vientre y se lo apreté un poco, al instante reaccionó engordando más y endureciéndose.

-Llévame a otro lugar, donde podamos estar a solas. –Cierta desilusión se reflejaba en su cara noble y de buen chico. Reaccionó rápido.

-Como tú quieras, vámonos de aquí. –Le seguí y me dejó en mi mesa para que recogiera mi bolsa. Me despedí de mis amigos, los que estaban sentados y sin pareja, ya algo aburridos.

Bajamos al aparcamiento subterráneo del local, el encargado le conocía y le entregó las llaves de su coche y una tarjeta para que la presentara a la salida. Le encontraba nervioso y como si estuviera impaciente.

-¿Vamos a un hotel? -Conducía muy rápido su coche deportivo, me preguntó dudando.

-¿Por qué no a tu apartamento?, resultará más íntimo. –No obtuve respuesta pero su sonrisa me indicó que había acertado y ese era su deseo. Estaba muy cercano al apartamento de mi tío que en breve sería mío, Román tenía el que le reglaran sus padres hacia dos años y a cuya inauguración me llevó Demian.

Fue entrar en su casa y cogerme muy fuerte de la cintura para comenzar con un beso que parecía no tendría fin, conseguí que dejara mi boca libre un momento.

-Tenemos toda la noche, dame algo para beber.

-Perdona, no resulto un buen anfitrión. –Cogidos de la cintura fuimos hasta la cocina y me senté sobre el mostrador esperando que preparara la bebida.

-Aún no he visto a Demian, ¿está bien? -Por el gesto que puso supe que no le agradaba hablar de mí…, ¿antiguo novio, amante, amigo? Y a pesar de todo esperé su respuesta.

-Está bien, yo diría que como hace unos meses cuando vino y quizá…, revivido, imaginando iniciar una nueva etapa en su vida. –Salté del mostrador y llegué hasta él para sujetarle la cintura por detrás y pegar la cara en su ancha y musculosa espalda.

-Perdona, es mejor no hablar de él. –Le quité el vaso que tenía preparado en la mano y bebí de él.

-¡Delicioso! -Sin esperarle me encaminé a la habitación que sabía era su dormitorio. Estaba igual a aquella noche de la inauguración como si dos años no hubieran pasado por ella.

Me quité los zapatos y me dejé caer en la cama inmensa después de dejar mi vaso sobre la mesita de noche.

Román me miraba de pié, con el borde del vaso en sus labios sin beber. Retorcí el cuerpo elevando las caderas para deslizar el pantalón de mi cintura sin desabrocharlo, y lo bajé hasta que el tanga transparente que me había puesto debajo fue apareciendo.

Entrecerré los ojos en un gesto lánguido mientras le sonreía con picardía incitándole.

-¿No quieres hacerlo tú? -mi tono era incitador y sensual y Román no dudó en dejar su vaso junto al mío y avanzar hasta colocarse arrodillado a mi lado.

-Tú no has cambiado, eres aquel diabólico niño de entonces, estuviste a punto de romper nuestra amistad.

-No hables, desnúdame, bésame, volvamos a aquel momento, y ahora sin interrupciones lo vamos a finalizar. –Me levanté para abrazarme a su cuello y busqué su boca caliente para sentirla abrasadora, ahora mejor que en aquella ocasión que solo me motivaba mi deseo de vengarme y ahora en parte también.

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Habían pasado dos meses desde que el desengaño convirtiera mi inmenso amor en infinito odio. Desde aquel día no le había permitido que me volviera a follar y le sentía desesperado.

-¿O ella, o yo? No voy a ser segundo plato, ya lo sabes, puedes elegir entre su coño o mi culo. -Esas eran mis palabras de crío enamorado de su primo mayor, el primer amor real de mi vida, Alfonso no contaba, me negaba a lo que mi mismo cuerpo me pedía, mi culito extrañaba su dura verga, dos meses sin sentirla, dos meses sin que sus brazos me rodearan haciéndome el amor hasta volverme loco, sin hacerme gritar anegado en el gozo de su amor. Le odiaba y no sabía como vengarme.

Íbamos a discutir otra vez y cambió de conversación.

-A mi amigo le han regalado un apartamento sus padres.

-¿A cuál de ellos, tú tienes un montón de amigos?

-A Román, ¿cuál va a ser? Tú eterno enamorado…, dará una fiesta el viernes como inauguración, para los amigos más selectos y espero que me acompañes.

-Yo no soy tan amigo suyo, ¿además que hago yo ahora en ese grupo de gente mayor? –Demian explotó en una carcajada.

-Primero pasarlo bien y luego tranquilizarte y razonar, sabes que te amo, que eres mi único amor, es mi padre el que me obliga a esta boda, pero no hay nada más que intereses. Tu y yo podemos seguir igual que hasta ahora, cuando tenga el dinero suficiente compraré una casa para nosotros y será nuestro nidito de amor.

-Y después de follarte a tu puto te marcharás para estar el resto de la noche y el día con tu mujercita y tus niños, ¿verdad? El hombre macho y duro empresario como quiere tu papá. Puedes negarte y decirle que no quieres, no va a pasar nada.

-¡Imposible! Eso ni lo puedes pensar, me mataría, mi padre nunca va a admitir que su hijo sea maricón.

-¿Por qué no? No es algo que nosotros hayamos decidido, somos así, bueno tu lo eres a medias, claro eres mejor que yo.

-Mi padre… -Le interrumpí ciego de colera.

-Tu padre el macho, tu padre el vivil hombre, siempre tu padre, pues tu padre es… -Me detuve justo a tiempo, no iba a decirle, a pesar de mi estado indignado y lleno de cólera, que su querido y admirado papá aprovechaba cualquier ocasión que tenía para meterme mano y hacerme proposiciones indecentes, y arrimarme la verga al culo o el muslo, no, eso no se lo iba a decir porque sería peor el resultado.

-¿Qué es mi padre? ¿Qué tienes contra él? Él te quiere como a un hijo, mas que a mi me parece a veces. -Su cara tan hermosa ahora la desfiguraba la rabia y el desdén hacia mi.

-Dejemos de discutir, nunca vamos a estar de acuerdo, pero si te casas a mi me has perdido. -Sentía que los ojos se me llenaban de lágrimas y la nariz se volvía acuosa al contenerlas. Se acercó para abrazarme y le empujé.

-Vale, está bien, toma un pañuelo y límpiate, no quiero que vean que has llorado. -Me soné los mocos y luego me limpié los ojos, me hubiera gustado ser fuerte y alto como él para darle un puñetazo, que supiera lo que era el dolor aunque fuera físico, pero era un puto crío, un niño siempre sometido al mayor, amándole con toda el alma y ahora estaba, me sentía perdido.

-Dime que irás a la fiesta y sabes que Román echaría a los demás porque tú fueras.

-Mis padres no me darán permiso. –Me hacía de rogar ya que sabía que no se opondrían.

Me llevó a la fiesta de inauguración. Como él dijo, Román dejó a los demás para estar atento con nosotros mostrándonos el inmenso apartamento que sus generosos y pudientes padres le habían regalado.

Pasaba el tiempo bastante aburrido, el muchacho más joven que allí se encontraba era yo, los chicos y chicas, todos ellos, eran más o menos de la edad de Demian y Román, entonces yo apenas comenzaba a beber mientras que ellos no paraban un momento cambiando de bebidas sin pensar en las consecuencias.

Demian se empeñaba en pedirme que sonriera y me mezclara con los demás, que dejara ya mi enfado y que habría una solución, y se volvía cada vez más cariñoso y atrevido influido por el alcohol, sin importarle que sus amigos llegaran a saber de seguro sobre nuestra relación.

-Jesús tienes que entender lo que pasa y dejar de ser ya un niño caprichoso, podemos pasarlo bien, ya verás. –Me aparté de él cuando intentó atraparme entre sus brazos y cayó sobre sofá al lado de una chica bastante bella y bebida también.

-¡Demian! Me caes del cielo amorcito. –La chica se abrazó a él sin permitirle moverse. Me alejé hacía el pasillo que conducía a las habitaciones. De un grupo de chicos, en una esquina del salón, salió Román, estaba bastante influido por la bebida pero menos que el reto de las personas que allí había.

-¡Vaya! Estás solo. –Miré hacía el sillón donde Demian seguía tirado y con la muchacha encima de él aplastándole, quería deshacerse de ella sin conseguirlo y ella reía como loca queriendo besarlo.

-Está claro que vosotros preferís beber a otras cosas. –Le sujeté para evitar que cayera.

-Te juro que yo quiero hacer otras cosas si tuviera con quien. –Volví a buscar la imagen de Demian, la chica besaba con ansias su boca. A pesar de besarse con la chica sus ojos no se apartaban de los míos como si estuviéramos a veinte centímetros de distancia, no perdía un detalle de lo que yo hacía y en cuestión de segundos pensé que podía romperle su seguridad de una vez por todas, o al menos causarle un grave daño.

Me abalancé sobre el pecho de Román y levanté la cabeza para prenderme de su boca.

-Demuéstrame que es cierto lo que dices. –Román, atontado por la bebida, no sabía lo que hacía y creo que en aquel bacanal no había alguno cuerdo. Me sujetó de la mano y tiró de mí para que le siguiera.

Llegamos a su habitación, la que nos mostró cuando llegamos, presumiendo de que ese lugar sería su nido de amor, ofreciéndonoslo si alguna vez lo queríamos, no le dejé hablar y él creía que me llevaba a la cama cuando resultaba al revés, yo lo arrastraba sin sujetarlo, solamente pasando la mano por el bulto de su entrepierna y él me seguía hasta caer sobre el colchón.

Me desnudé y comencé a quitarle la ropa, él no era capaz más que de seguirme besando y acariciándome el cuerpo. Según le iba quitando la ropa apreciaba lo escultural de su cuerpo y lo soberbiamente bello que era.

-Jesús, si no quieres seguir con Demian me tienes a mí. Te amo, te deseo. –Aún reconociendo que Román no estaba nada, pero nada, nada mal, ahora no se manejaba muy bien por lo que había bebido y a mí solo me guiaba lo que esperaba que sucediera y por eso tenía prisa. Dejé de besarlo y agarré su gorda polla, grande y morcillona aún.

-Fóllame Román, méteme la verga de una vez. –Se la tuve que apretar con fuerza y aflojar varias veces para que su polla se hinchara y pusiera lo suficientemente dura para poderme penetrar. La dirigí a mi culo y yo mismo me la fui metiendo con dolor y decidido. En realidad, aunque técnicamente era Román quien me la metía, era yo quien me follaba con su pene.

Me causaba dolor pero no me importaba, tenía su verga entera en mi culo y el chico desfallecía de amor sin parar de besarme un poco ofuscado y torpe por la bebida.

-Muévete, dame placer, quiero que me cojas duro, todo lo que puedas. –Su espíritu de macho apareció y Román empezó a comportarse como un hombre comenzando a cogerme con ganas.

Le acariciaba la espalda y los costados para excitarle más, y movía las caderas en círculos para estimular su apetito sexual y que su verga continuara igual de dura barrenándome el culo.

No dejaba de mirar a la puerta que había dejado entreabierta mientras le decía palabras de ánimo para que no se detuviera.

-Así, así Román, te siento como me follas, lo haces muy bien, muy rico, sigue, dame, dame por el culito, quiero que me llenes con tu semen. –A la vez lo acariciaba dándole las gracias por ser el elemento material de mi venganza.

Se clavó con fuerza en mi culo explotando en una venida crecida de semen que me inundaba el recto y creo que el vientre. Estaba tendido sobre mí con su verga aún disparando sus últimas gotas de leche y yo sujetando con las manos sus nalgas, apretándolo para que no se me saliera y se abrió la puerta.

Di un grito, fingiendo estar asustado y sorprendido y apreté el culo para expulsar la verga de mi interior, miré a Demian como si no esperase que esto se fuera a producir a la vez que aparentaba tirar a Román de encima de mí.

Demian seguía aun mareado pero pudo ver la gran verga todavía dura de su amigo, como salía de mi ano envuelta en leche y como escurría gran cantidad de mi culo.

-¡Joder, joder!, ¿qué estáis haciendo? -Su expresión era de desesperada decepción y entonces Román se percató de su presencia. Se puso de pie rápidamente y corrió hasta arrodillarse ante Demian abrazándole las piernas. Era una pose totalmente ridícula y estrambótica producida por los efectos del alcohol. Un chico enorme y desnudo, arrodillado ante otro y sujetando sus piernas hasta hacerle caer y quedar los dos tendidos, revueltos en el suelo. Demian luchando porque su amigo le soltara.

Salté a mi vez de la cama, me limpié el semen que salía de mi culo y resbalaba por mis piernas comenzando a colocarme la ropa.

-Pero, ¿por qué?, ¿por qué? -Demian estaba llorando y su amigo le abrazaba pidiéndole perdón.

-Creo Demian que lo nuestro terminó, pero no por lo de ahora, tu ya lo habías roto. –Quiso impedir que marchara pero pasé a su lado sin dejarle que me tocara.

Aquello, no resultó como yo hubiera querido, rompiendo la amistad de los dos amigos a la vez que mi relación con Demian. Se hablaron entre ellos, le perdonó que se hubiera follado a su novio. Así era ese estúpido hombre con otros mientras a mi me había destrozado.

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Sigue…

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