Mi madurita vecina

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Mi madurita vecina

RESUMEN

A partir de ese momento había una nueva cosecha en el árbol del sexo. 

Era una tarde lluviosa de viernes y me encontraba en casa viendo una peli de esas que te ponen caliente y me encontraba muy excitado. Entonces los quejidos de mi vecina me prendieron aún más, seguramente se estaba complaciendo a sí misma, pues era muy sabido que las peleas con su marido eran frecuentes, lleva un tiempo que me excita mucho, pues la veo siempre en el cuarto de baño cuando se ducha a través de los cristales, y aunque son de estos blancos, la silueta se ve; siempre se ducha de noche y con la luz encendida transparenta bastante. Yo con la luz apagada la observo…

Es una mujer que debe estar por los 45 y que es realmente atractiva. Morena clara, alta (1.70) y con unos pechos muy bien colocados, además de su redondo trasero, que pide a gritos una buena palpada. Como estoy en el piso sobre el de ella, la veo a menudo, la veo en el balcón tendiendo la ropa y por casa va ligerita de ropa.

Oí un ruido de puerta y pude comprobar a través de la ventana de la cocina, que había llegado a casa, peleando como siempre con su marido, este en más de una ocasión la había golpeado, y esta vez no era para menos, si bien a él no le importaba que los demás inquilinos se enteraran, a ella se le caía la cara de vergüenza al encontrase con alguno, salí de mi apartamento y baje hasta su piso justo cuando su marido había levantado la mano para meterle una galleta, exagere mis pisadas y el al percatarse de mi presencia bajo la mano y giro en mi dirección:

—¡¡¡Fernán!!! buenas tardes

—Que tal, ¿interrumpo?

—¡¡¡No, no, que va!!! se te ofrece algo

—Sí, venía a pedirle algo a Marta

—Ok, yo voy de salida

Una vez que se fue su marido me acerque a Marta, llevaba una falda gris con una abertura lateral que dejaba entrever su precioso muslo. También llevaba una blusa blanca que me ponía cardiaco, estaba yo calientísimo de nueva cuenta.

Recuperando su postura y acercándose, me dijo:

—"Hola Fernán, ¿qué se te ofrece?".

Yo con voz entrecortada le dije "Hola Marta, venía a ver si tenías un poco de leche, es que me he quedado sin".

Me dijo que pasara y que lo miraríamos; mientras íbamos a la cocina ella me agradecía por haberle ayudado con su marido, yo no podía dejar de mirar su precioso culo y sus piernas delgadas y bien formadas a la vez. Se quitó los zapatos y, al levantar la pierna, le vi los muslos, y si ya estaba caliente ahora estaba a mil.

Entramos a la cocina, ella delante moviendo su culo, una pasada, al llegar a la cocina me di cuenta de que la blusa le transparentaba, debido a que se había mojado con la lluvia y dejaba a la vista un sujetador también blanco y ligeramente unos pezones bien formados. Estaba yo excitadísimo, se acercó a la nevera y, cuando se agachaba a coger la leche, perdí los cabales y le acaricié el culo por detrás hasta llegar a tocar la tanga que llevaba.

Era minúscula, la agarré un poco tirando de ella y le vi el hoyo del culo!!! Ella pego un brinco y se levantó.

En ese momento no sabía qué iba a suceder. Pensaba que se volvería y me pegaría un guantazo, y simplemente oí un pequeño gemido suyo diciendo "aaaah", se giró y me miró con unos ojos que nunca olvidaré, parecía que me iba a devorar, pero sonrió y me dijo ¿te gusta mi culo?.

Seguido veo que se desabrocha la blusa, botón por botón, y empecé a ver un sujetador blanco en el que asomaban unos pezones oscuros, que se le salían casi del sujetador dado el gran tamaño que tenía.

Me dijo "estoy toda mojada, ¿te importa que me saque la ropa?"

Le contesté que no, se quitó la faldita gris que llevaba y se dejó ver su maravilloso tanga blanco en el cual se veía transparentar un chochito totalmente poblado de bellos rizados. Entonces me dijo "me ayudas?".

Comencé a quitarle el sujetador, tenía unos pezones riquísimos, la aureola era normal pero el pezón era increíble. Mi verga estaba a punto de eyacular simplemente al ver eso, sin pensarlo dos veces se los empecé a acariciar con la lengua y se los chupé.

Ella se estremeció y sus pezones se pusieron duros con piel de gallina, su cuerpo comenzó a temblar y gemía a una gran altura. Eso me ponía más cachondo aún, le fui bajando el tanga poco a poco y entonces pude ver su vagina perfectamente poblada y preparada para ser comida, así que me agaché y empecé a succionar su maravilloso jugo, y ella no hacía más que gemir y decir mi nombre.

Le chupaba sus labios con locura y mi lengua no paraba del clítoris al ano, de repente me quitó toda la ropa con una violencia exagerada, me quería hacer de todo allí mismo, me agarró la verga y empezó a chuparla con una suavidad y un cuidado que parecía estar yo soñando.

Después de estar un buen rato chupándomela, se puso de espaldas y me pidió que se la metiera por detrás, así que empecé a metérsela y sus gritos eran ya exagerados. A los 5 minutos ya no aguanté más y me corrí, tuve el detalle que al correrme le agarre con firmeza sus nalgas.

Mientras ella gemía, yo continuaba con mis dedos para terminar el trabajo, hasta que tuvo un buen orgasmo. Después de haberlo tenido dos veces, se volvió y me dio las gracias por haberme corrido dentro de esa manera.

Fue entonces cuando se agachó y comenzó a chupármela de nuevo y sin parar, me corrí enseguida, no dejó esta vez que me retirara, corriéndome en su boca. Ella con la lengua saboreaba mi semen y se lo comía, cuando termino me dijo que le gustaría que me bajara de vez en cuando a continuar este juego.

Se levantó y me tomo de la mano llevándome al sofá, me senté en él y ella sin más preámbulos se montó en mí y tomando mi verga semi-flácida, la empezó a masturbar con las manos y una vez recuperado su firmeza, la tomo y se la metió en su chorreante vagina, empezó a subir y bajar, la tome de las caderas y la presionaba cuando ella bajaba para que las embestidas fueran más a fondo, sus gemidos se escuchaban a kilómetros, fue tan rico y salvaje el sexo que no pasaron ni 15min y me volví a correr, ella se detuvo y mirándome sonriente me beso, se levantó y se fue a duchar, me vestí y regrese a mi habitación.

A partir de ese momento había una nueva cosecha en el árbol del sexo.

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