El juego de Cynthia

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El juego de Cynthia El juego de Cynthia

RESUMEN

Accedí a jugar su juego. Soy su esclavo junto con otro hombre. Solo hay una regla; no me puedo mover hasta que ella me ordene.

Estoy completamente desnudo, con la espalda pegada en la pared y con la verga erecta, bien empinada hacia el techo.

Enfrente de mí se encuentra Cynthia que igual que yo está completamente desnuda. Mis ojos se pierden en la suavidad de su piel y sobretodo en sus grandes pechos, son inmensos que ni me caben en una sola mano.

Ella está arrodillada en la cama con su mano izquierda acariciando y apretando sus hermosos senos, sus pezones erectos mientras que su mano derecha está masajeando su linda vagina.

Todo esto sería perfecto si solo fuéramos nosotros dos pero a lado mío hay otro hombre mucho más delgado que yo con una verga más grande que la mía.

Las reglas del juego son fáciles; no podemos hablar ni movernos hasta que ella nos ordene, ni siquiera nos podemos masturbar, solo mirarla juguetear con ella misma.

Cynthia lentamente se acuesta en la cama con las piernas bien abiertas para nosotros aunque no podemos tocarla por el momento. Ya quiero follarla como la perra que es pero acepte sus términos y tengo que seguir sus reglas.

Ella metió muy despacio dos dedos en su vagina mientras abría la boca para soltar un débil suspiro de placer. Se fue masturbando de una manera muy lenta mientras apretaba su pezón izquierdo o derecho pero después de un rato empezó a masturbarse con más fuerza. Su vagina chorreaba de placer ante nosotros y no podíamos hacer nada aparte de mirar.

Ella también nos miraba mientras se masturbaba, nos miraba fijamente a nuestros ojos y a nuestros palos.

De repente soltó un gran gemido y sacó sus dedos de su vagina y los llevó a la boca para chuparlos con mucha intensidad. Después uso el mismo dedo para señalar a mi moreno compañero.

—Ven. Solo tú. Hazme gritar como toda una Puta.

El sujeto puso cara de aliviado y yo de desesperado, ahora tendré que ver como se la tira enfrente de mí y ni siquiera me puedo masturbar. Mi verga está a punto de explotar.

Rápidamente mi compañero se lanzó hacia la cama, se puso encima de ella y se la metió de golpe, toda su Verga entró fácilmente en su mojada vagina.

—¡Oh sí! ¡Esto es de lo que hablaba! ¡Dámelo todo papi!

El moreno la folla brutalmente, tanto que sus huevos hacían un fuerte ruido al impactar con ella y sus senos se movían de una manera descontrolada, solamente se detenían cuando se los metía a la boca para chuparlos y morderlos. Yo veía fijamente como esa gran Verga salía y entraba en la mojada vagina de Cynthia que no para de gritar de placer mientras acaricia y nalguea el trasero de su follador sin desprender la mirada sobre mí, la muy puta me miraba con deseo mientras es follada como la gran Puta que es. Ya no aguanto más, creo que me voy a venir sin siquiera tocarme.

Pasaron unos minutos muy intenso lleno de gemidos y nalgadas hasta que cambiaron de posición. Ahora era Cynthia la que estaba arriba de él, dándome una perfecta vista de su culo blanquito. Ella volteo a verme y me sonrió.

—¿Qué esperas? Métemelo por el chiquito. —Dicho eso se acostó encima del moreno, poniendo sus tetas en su cara para que las chupara mientras la penetraba.

Yo, feliz de la vida di un brinco hacia la cama y rápidamente puse mis manos en su culo. Separe sus nalgas y escupí en su ano para luego meter lentamente mi pene en él.

—¡Mierda! ¡Me van a matar de placer! No se detengan ¡Carajo!

Su culo es tan caliente y apretado que va hacer que me corra enseguida así que aproveche lo más que pude.

Tanto el moreno y yo empezamos a follarla fuertemente por ambos agujeros, mientras el mordía sus pezones rosados yo le daba fuerte nalgueadas hasta dejar su culo todo rojo y ella solo gritaba de placer.

—¡Si! ¡Si! ¡Si! ¡Sigan hasta llenarme de semen! ¡Quiero su leche en todo mi cuerpo!

Y eso hicimos. La follamos hasta venirnos en ella, Cynthia igual se vino al mismo tiempo que nosotros.

Yo no saque mi Verga de su apretado culo hasta haberme asegurado de haber vaciado hasta la última gota de semen en su interior, mi compañero hizo lo mismo.

Al final fue ella la que se quedó agotada en la cama, con las piernas bien abiertas donde podemos apreciar nuestro semen salir de su concha y de su culo. Literalmente la llenamos con nuestra leche.

—Ya se pueden ir. —Dijo entre suspiros.

Nosotros obedecimos, recogimos nuestra y nos fuimos con muchas ganas de repetir lo que hicimos. No nos importa ser los juguetes sexuales de Cynthia, nos fuimos con ganas de volver a jugar con ella.

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