Las gemelas Cocteau

Tiempo estimado de lectura del relato 3 Número de visitas del relato 6.514 Valoración media del relato 9,56 (16 Val.)
Las gemelas Cocteau

RESUMEN

Esta es sólo la introducción de la historia que iré entregando en partes a esta honorable casa de citas virtual en donde podemos contar nuestras perversiones detrás de un velo de cobarde anonimato.

Las gemelas Cocteau, o como les decíamos de cariño, las Cocteau Twins, llegaron a vivir a la Condesa en el solsticio de verano del 2010. Su padre había sido contratado por una universidad pública de mi honorable ciudad para realizar extrañas investigaciones sobre la ola en una ciudad donde la playa más cercana se encuentra a 400 kilómetros de distancia, cosa que, en su momento no percibí extraño, quizás por mi juventud. Dichas "investigaciones" mantenían a los padres prácticamente viviendo una vida paralela apartada de sus hijas, quienes teniendo para ellas solas el tercer piso de la casona, vivían allí, o en las catacumbas, su voluptuosa existencia.

De inmediato supe que mi joven vida cambiaría radicalmente a partir de la llegada de Camille y Adele. Ambas eran hermosas en demasía, pero no de una belleza juvenil de la flor de la edad sino de una belleza eminentemente erótica pues los pensamientos que me rondaban la cabeza al admirarlas eran pensamientos animales. A partir de la llegada de Camille y Adele a la cuadra mis visitas al baño aumentaron exponencialmente. Pasaba horas torciéndole y retorciéndole el cuello al pobre ganso que ya exhausto y doblado pedía cuartel. Cuartel que yo no estaba dispuesto a otorgarle bajo ninguna circunstancia. De él exprimía todo el placer que podía.

El trato inicial con las gemelas Cocteau fue tardío, tardó en darse pues no hablaban nada de español y aunque a veces las invitaba a jugar a las escondidillas, la verdad es que era un poco complicado poder jugar con ellas por la falta de comunicación y los juegos se limitaban a tímidas felaciones a dueto o masturbaciones conjuntas donde las gemelas me revelaban su doblemente incestuosa relación de hermanas y gemelas.

Las gemelas eran algo más que idénticas. Era básicamente imposible diferenciarlas incluso para sus propios padres y ellas jugaban con la situación poniéndose la ropa de la otra para siempre mantener confundido al enemigo. Y así pasaron las semanas iniciales hasta que un día por fin pude poseer a Camille (aunque quizás fue a Adele, quien sabe) un día y sin aviso alguno Camille me arrastró a su cuarto, me desnudo y se me montó haciéndome ver las estrellas y sus tetas rebotando hipnóticamente encima de mi.

Ese día la escuché decir su primera frase en español: "No seas puto y cógeme como hombre cabron!" Después de venirme en su carita de ángel y de batir mi esperma por sobre su cara y cuello, oímos la puerta del cuarto abrirse y ver entrar a Adele totalmente desnuda y con rostro de vicio. Algo se dijeron en francés y cuando me puse de pie Adele al frente y Camille por detrás, empezaron a contonear sus cuerpos haciendo de mi un delicioso sándwich que me tenso la verga nuevamente mientras con mis dos manos y mi lengua exploraba las delicias que me regalaban las cuatro tetas, dos nalgas, dos coños y dos bocas que la vida me ofrecía en ese momento de gozo espiritual. Esa tarde mi joven, grande y poderosa tranca se hizo hombre penetrando sus seis orificios al tiempo que tres lenguas descubrían, exploraban y profanaban diversas cavidades de diferente natura, textura y sabor. Tarde de placeres prohibidos. Muy temprano en mi vida me lie con dos libidinosas gemelas con cuerpo de putas y caras de inocencia perdida. Y sin hablar francés!

Esta es sólo la introducción de la historia que iré entregando en partes a esta honorable casa de citas virtual en donde podemos contar nuestras perversiones detrás de un velo de cobarde anonimato.

La historia que viví esas vacaciones de verano del 2010 en la ciudad más bella del mundo tuvo un trágico final resultado de varios meses de perversiones in crescendo y que la vida supo facturar pasado el desenfreno.

Dedicada a Camille y Adele, donde quiera que se encuentren.

Comparte este relato

Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar