Vida en condominio (02)

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Vida en condominio (02)

RESUMEN

Como una estúpida comencé a lamerle los testículos al joven, quien tomándome de los cabellos impidió mi escape. Mientras seguía dándole placer oral a aquel chico, sentí como las manos del gordo volvían a atacar mis tetas con ahínco.

Capítulo 2: Héctor me tiene en sus manos.

Al día siguiente, las cosas y la rutina fue la siempre, mientras mis hijas se duchaban yo preparaba el desayuno, más en mi mente solo existía el recuerdo de lo sucedido el día anterior. Mi cabeza me preguntaba si Héctor sería capaz de cumplir sus amenazas en contra de mi familia, o solo se trataba de una farsa para tener mi cuerpo cuando él quisiera. De cualquier forma no está dispuesta a averiguarlo, no podía poner en peligro a mis hijas o esposo.

Después de que las tres desayunamos, acompañe a mis hijas hasta la parada del autobús, fue en ese momento que justo cuando salíamos de la unidad; nos topamos con Héctor y dos de sus secuaces, todos sonrieron saludándonos, a lo que mis hijas correspondieron con un gesto y agitando la mano.

- ¡Que tengan un buen día señoritas! ¡Cuídense! – Dijo Héctor al pasar junto a nosotros.

El solo escuchar su voz, hizo que mi cuerpo se erizara, sintiendo ardor en las nalgas. Mientras avanzábamos pude mirar de re ojo como los secuaces del tipo, nos comían con los ojos. Eso me provoco cierto temor. Después de que mis hijas partieron a la escuela, fui a realizar algunas compras en el supermercado cercano, justo cuando cruzaba la puerta de la caseta de vigilancia, la voz de un tipo gordo y desalineado dijo.

- ¡Déjeme ayudarle señora! – haciéndome saltar del susto –

- ¡No, gracias, puedo sola! – respondí caminando aprisa –

- ¡No te lo pregunto! ¡Te dio una orden! – dijo la voz de Héctor desde el interior de la caseta –

Respire profundo sintiendo el terror de nuevo invadir mi cuerpo. Me detuve, y como un perro adiestrado baje las bolsas, para que el tipo las tomara. Sin voltear espere un poco hasta que el tipo de gran abdomen tomo las cuatro bolsas, sin perder oportunidad de analizar mi cuerpo al hacerlo.

- ¡Eso! ¡Chingado! ¡Cuando se te diga algo, lo haces! ¡Doña! ¡Espero que hayas traído lo suficiente, porque vamos a pasar a almorzar en un rato! – exclamó Héctor son miramientos –

Como una estúpida asentí con la cabeza, comenzando a caminar deprisa. En todo momento el tipo me miraba con ojos de lujuria, sentía como sus ojos se desnudaban imaginándose mi cuerpo desnudo.

- ¡Pórtese bien doña! ¡El patrón la estima mucho! ¡No se vuela solo una más! – dijo en voz baja el tipo justo al llegar a mi puerta –

Lo mire con cierto rencor, mas no me atreví a decirle palabra alguna. Después de entrar a mi apartamento, me quede recargada en la puerta intentando controlar el miedo que sentía en ese momento. Después de que mis piernas dejaron de temblar y logre respirar con normalidad, comencé a realizar las labores diarias del hogar. Serían las 11:30 a.m., cuando el timbre de la puerta se escuchó junto a las risas de Héctor y dos personas más. De inmediato no pude evitar el sentimiento de huida, pero no había forma de escapar, por lo que tratando de controlarme me cerque a la puerta y dije.

- ¿Quien?

- ¡Abre, doña! ¡No te hagas pendeja! – exclamo Héctor con tono firme –

Las manos me temblaban al tomar el pomo de la puerta para abrirla. Héctor fue el primero en entrar al apartamento, seguido del hombre de abdomen prominente y una joven delgado y sucio.

- ¡Bien! ¿Que tenemos para el almuerzo? – preguntó Héctor –

- ¡Aún no está listo! ¡No sabía que preparar! – Respondí alejándome de los tres –

- ¡Ven, que les dije! ¡Esta doña es muy complaciente! ¡Lo que tengas está bien, doña! – dijo mientras caminaban hasta el comedor –

Me quede unos segundos de pie justo fuera de la cocina. Mirándolo tomar sus lugares en las sillas del pequeño comedor del apartamento, justo cuando me disponía a entrar para preparar el almuerzo, la voz del hombre gordo se escuchó.

- ¿Patrón, que paso? ¿Así, no más? – dijo el tipo –

- ¡Ha! ¡Si tienes razón! – respondió Héctor –

No supe de que hablaban o a que se referían en ese momento. Por lo que di unos dos paso dentro de la cocina, hasta que…

- ¡Espera, doña! Antes de que empieces debes hacer algo más! Tienes un delantal o algo con lo que cocines? – pregunto Héctor –

- Aja! Si, lo tengo! – respondí –

- Bueno pues… póntelo y quítate lo demás! – exclamo poniendo las manos sobre la mesa –

- Que?? No! Y menos con ellos aquí! – respondí asustada y tratando de proteger lo poco que me quedaba de dignidad –

El semblante de los tres cambio en un segundo, siendo Héctor quien se levantó de la silla azotando sus grandes manos en contra de la mesa del comedor.

- Que no me escuchaste, pendeja! Te dije que te quitaras la ropa y te colocaras la madres esa! – exclamo furioso –

El simple acto de violencia expresado en contra de la mesa del comedor fue algo que casi logra que mojara los pantalones del miedo. Mientras los otros dos hombres me miraban con ojos de furia. De inmediato cerré los ojos esperando algo más, después de unos segundos volví a abrirlos, no había remedio, tenía que cumplir con lo que el me pedía.

- Tengo que ir a la recamara! – exclame asustada –

- Para qué? Te me encueras aquí! – exclamo Héctor molesto –

- Si! Pero el delantal está allí! Puedo ir por él? – dije como una niña asustada –

Asintiendo con la cabeza y mirándome en todo momento los tres vigilaron mi entrada y salida de la habitación. Tome el delantal, mismo que había sido un regalo de mi suegra un día de las madres, al mirarlo un segundo sentí más remordimiento, ya que en el delantal se hallaba estampado una frase que me puso al borde de las lágrimas. ¡La mejor madre del mundo¡ decía en letras amarillas.

Regrese de nuevo hasta donde los tres hombres me esperaban ansioso, deteniéndome justo frente a ellos. Sin más remedio y sintiéndome aterrada, comencé a desnudarme. Primero me saque la camiseta, después el pantalón del pants, dejando mi cuerpo solo cubierto por la ropa interior, los tres me miraban sin perder detalle alguno, incluso el jonecito, se lamia los bigotes mientras me admiraba. Tomando el broche de mi brasier, lo abrí lentamente, haciendo una pausa antes de quitármelo. Suspire y deje que este dejara salir mis senos. Cosa que provoco miradas y cumplidos hacia mis tetas.

- Mire nada más patrón, que chichotas! – exclamo el hombre gordo –

- No mame, jefe! Esta vieja está bien buena! Que pinches tetotas se carga la doña! – dijo el más joven –

- Sigue! Anda! – exclamo Héctor calmado y sin hacer el menor alarde por lo que decían sus secuaces –

Muy despacio tome los elásticos de mi calzón, comenzando a bajarlo de a poco, los tres hombres centraron su atención en mi sexo, abriendo grandes los ojos. Incluso el muchacho se inclinó un poco hacia el frente para apreciar mejor mi monte venus. Al tener el calzón hasta los muslos la voz de Héctor se escuchó diciendo.

- Rápido doña! Que le haces a la mamada! – exclamo desesperado y molesto –

Por lo que de un tirón me baje los calzones hasta sacarlos por debajo de mis pies. Fue entonces que Héctor se puso de pie, caminando hasta donde me encontraba, por instinto trate de cubrir mi desnudez, más cuando Héctor estuvo cerca me tomo de las manos, haciendo que girara, haciendo que los dos hombres me admiraran completamente desnuda.

- Putisima madre! Que buena esta esta doña, ya veo porque lo quieres patrón! – dijo el gordo –

- Si! No mames, esta de lujo! Me recuerda a varias en sus buenos tiempos, no que ahora ya están todas echas unas marranas y aguadas! – dijo el chico mientras se tocaba el miembro por encima del pantalón –

- Se los dije! Esta doña es de clase! Y como tal, hay que cuidarla y tratarla bien, siempre que se lo merezca! Ella ya sabe, que si no coopera se chinga! Verdad mamita? – dijo Héctor poniendo sus manos frías en mi trasero –

Sintiéndome avergonzada y aterrada, solo pude asentir de forma afirmativa, bajando la cabeza y esperando la primera nalgada.

- Bueno, que esperas doña! Tenemos hambre! – dijo Héctor, mientras me daba con fuerza en la nalga derecha haciéndome saltar –

- Puedo ponerme esto? – pregunte sumisa –

- Claro! Pero flojito! – exclamo Héctor –

Me coloque el delantal, amarrándolo a mi cuerpo solo un poco, dejando que este mostrara gran parte de mi cuerpo desnudo. Camine hasta la cocina, sintiendo en todo momento las miradas de los tres hombres en mis nalgas.

Prepare huevo a la mexicana y frijoles refritos, algunas tortillas calientes, café y pan dulce. Coloque tres platos y tazas frente a Héctor y sus secuaces. Solo basto una gesto de aprobación por parte de Héctor, para que los dos acompañantes, dejaran de conformarse con solo mirar. Fue el muchacho quien se atrevió a tocar mi trasero desnudo. Como pude, pero sin mostrar algún gesto de desaprobación me quite del alcance de sus manos, por su parte el hombre de abdomen prominente llego a mas, al tenerme cerca al inclinarme para dejar la taza frente a él, acerco su cara a mis senos besándolos suavemente, instintivamente busque alejarlo con la mano, consiguiendo el castigo por mi acto.

- Plaff! – sonó la nalgada proferida por la mano de Héctor –

- Que te he dicho! Si yo digo que sí! Tú no puedes decir no, pendeja! – exclamo con firmeza –

Cerré los ojos intentando no mostrar algún gesto de dolor o placer, por la nalgada recibida. Con lo que supongo acepté lo que Héctor había dicho. Serví el almuerzo, y tome mi lugar frente a Héctor, quien a una voz y como el domador de los leones hizo que los tres comenzáramos a comer nuestros alimentos. Durante ese tiempo no fui agredida o manoseada por los secuaces o por Héctor. Cosa que agradecí, más no había pasado el peligro. Ya que al terminar de almorzar, los tres hombres decidieron pasar del comedor a la sala de estar.

- ¿Que, doña? ¿No nos vas a ofrecer un cigarro? – exclamo Héctor al sentarse en el sillón –

Para mi marido y para mí, solo existía una regla, no fumar dentro de la casa. Pero en ese momento no había opción. Por lo que fui hasta la habitación para tomar la cajetilla de cigarros, ofreciéndoles uno a cada uno. Después de encendérselos, Héctor me pidió que me sentara sobre él apoya brazos del sillón que ocupaba. Al hacerlo me tomo del brazo haciendo que me inclinara un poco hacia su lado.

- ¡Mira bonita! ¡Te vas a portar bien! ¡No quiero quejas o pendejaditas! ¡Entendido! – susurro en mi oído –

El terror volvió a apoderarse de mí, sabía que algo perverso llegaría a continuación. No me quedaba más remedio que cooperar, no quería averiguar de lo que eran capaces.

- ¡Si! ¡Está bien! ¡Lo que digas Héctor! – respondí en voz baja –

- ¡Bueno, cabrones! ¡Buen provecho! ¡Haha! – exclamo Héctor –

Aquellas palabras me llenaron de espanto sabía que estaba a punto de ser ultrajada por aquellos hombres y no sabía qué hacer.

- ¡Se me porta bien, doña! ¡Regreso más tarde para ver cómo le fue! – dijo Héctor tomándome de la nuca y besándome los labios –

Sin decir nada más, salió del apartamento cerrando la puerta detrás. Por un segundo, quise pedirle a Héctor que no me dejara. Más me arme de valor para conseguir no hacerlo, ya bastante tenía con lo que me pasaba, para sumarle el suplicar por piedad. Entendí que ellos serían en ese momento los que cobraran la cuota de ese día. Podía sentir sus ojos clavados en mis nalgas desnudas, por lo que gire para que el delantal ayudara a impedírselos. Pero solo conseguí ser testigo de su lujuria. Ya que ambos se frotaban su miembro por encima del pantalón.

- Bueno doñita, vamos empezando… quítese el delantal… no se porte mal, ya sabe que no le iría bien si eso pasa… - exclamo el tipo gordo –

Podía suplicar, pero no lo haría; eso solo haría que aquellos hombres se pusieran más negligentes y me maltrataran más; por lo que tome las cintas de mi delantal, dejándolo salir por encima de mi cabeza. Una vez que estuve desnuda frente a ellos, intente cubrirme con las manos, lo que provoco carcajadas de ambos hombres, quienes se burlaban de mi gesto.

- Doña, para que te tapas… crees que eso te va ayudar en este momento… haha… no… ahora ven y ponte de rodillas, aquí… - volvió a exclamar el tipo gordo –

- Ándele doña, so se ponga difícil, no queremos pegarle… el patrón nos encargó mucho el no maltratarla… ándele haga lo que él dice… - exclamo el flaco –

Mas a fuerzas que de buena gana camine hasta llegar al sitio indicado por el tipo del abdomen prominente. Justo cuando terminaba de arrodillarme frente a él, el tipo se acercó a mi rostro y susurro.

- ¡Eres un manjar, doña! ¡Ahora entiendo porque el puto de Héctor te tiene en buena estima! – dijo el gordo muy cerca de mi cara –

Mi mente sintió alivio al no ver o escuchar una orden de que les mamara la verga o les sacara la leche. Más no imaginaba lo que venía después.

- Ahora chaparrita, vas a darle una buena mamada al flaquito… quiero verte hacerlo… - exclamo el tipo gordo mientras miraba a su compañero masturbándose por encima del pantalón –

El chico delgado lucia extremadamente sucio, por lo que en ese momento fue momento de hacer la única suplica de la tarde.

- Por favor, hare lo que me pidan… pero podrías tomar una ducha… por favor… - dije suplicante –

Mi petición, por supuesto que detono las carcajadas de ambos hombres, mas fue escuchada por el hombre de abdomen prominente, mismo que entre carcajadas dijo.

- ¡Anda, flaco! ¡Ve a que te den un buen baño! Cabron! Haha! Haha! – exclamó el gordo riendo –

Sin dejar de reír el chico delgado se levantó del sofá, me miro y dijo entre carcajadas.

- ¡Ándele doña, vamos… voy a necesitar que me ayude… haha! Haha! ¡Órale! – exclamo el flaco mientras me ayudaba a levantarme –

Mientras caminaba al lado del joven, comencé a darme cuenta que era el más decente hasta ese momento, me tomaba de la mano como si fuera su novia o algo parecido. Al llegar a la entrada del cuarto de baño, abrió la puerta echando un vistazo dentro, al tiempo en que dijo.

- ¡Doñita! ¿No se me vaya a poner loquita, no quiero dañarla, está bien? – dijo el chico mientras me sobaba una nalga –

- ¡Está bien! – dije cabizbaja –

Ambos entramos al pequeño cuarto de baño del apartamento, de inmediato el corrió la cortina de la ducha abriendo las llaves del agua, después de unos segundos y mientras el agua corría, el joven se desnudó, dejándome ver un miembro delgado al igual que él, pero bastante largo, un par de testículos llenos de vello y colgantes. Aquel chico se mostraba dudoso en tocar mis tetas o hacer algo con mi cuerpo, creo que su condición mugrosa le hacía pagar el precio, por lo que de golpe entro al chorro del agua, tomando la barra de jabón, frotándolo en su cuerpo, yo lo miraba atenta, como un cachorro esperando la orden del amo.

- ¡Eso putita! ¿Te gusta ver… mmm? – es escucho la voz del gordo detrás de mí –

Un gran salto, provoco el escucharlo a mis espaldas, mismo que fue interrumpido por sus enormes manos tomando mis tetas.

- ¿Mira, mira nada más lo que te vas a comer… te gusta? Mmm? ¿Te gusta esa verga? ¿O te gusta la mía? ¿Mm? ¡Eres una doña sucia, que ricas chichotas y ese culo! Uhh! ¡Que sabrosa! – decía el gordo mientras me frotaba las tetas y su pene desnudo rozaba mis nalgas –

Por un segundo y al escuchar sus palabras intente cerrar los ojos, cosa que fue no bien recibida.

- ¡Abre los ojos puta! ¡Ábrelos! – exclamo el obeso jalándome los pezones.

Sin hacer el menor ruido o mueca de dolor por aquel jalón en los pezones, abrí los ojos. Viendo al chico ya limpio. Notando que no era nada feo. Para ese momento mi mente divagaba entre la realidad y la fantasía. Sin la más mínima orden o siendo obligada por alguno de los hombres, me coloque de rodillas entrando al chorro de agua, tome el pene de aquel joven, comenzando a chuparlo con vehemencia. Los gemidos del chico, se escuchaban placenteros, mientras que la voz del gordo se escuchó morbosa.

- Uhh! ¡Doña! Uhh! ¡Así doñita! ¡Que boquita! ¡Eso perrita! ¡Eso! ¡Así, sumisa! ¡Trágatelo! ¡Cómele el pito a este chamaco! ¡Chúpale los huevos! Ahh! – decían ambos.

Como una estúpida comencé a lamerle los testículos al joven, quien tomándome de los cabellos impidió mi escape. Mientras seguía dándole placer oral a aquel chico, sentí como las manos del gordo volvían a atacar mis tetas con ahínco. Ya llevada por mis pensamientos más bajos, busque tomar e mi mano la verga del hombre quien me apretaba las tetas con fuerza. Notando que aquel miembro permanecía aguado y flácido. Comencé a frotarlo de manera lenta, para después apretarlo con fuerza estrujándolo como él lo hacía con mis tetas.

- Uhh! ¡Doñita… eso es algo imposible! ¡Al gordo ya no se le para! Uhhh! – exclamo el joven -

- ¡Cállate pendejo! ¡Tú que te metes! Ahhh! Ahh! ¡Perrita eres una puta golosa! –exclamo el tipo gordo –

Seguí mamando y jalando los miembros de aquellos dos hombres ya más por deseo que por obligación. Y aunque el pene del hombre obeso no se lograba poner a tono, pude darme cuenta de que si lo hiciera sería algo descomunal, incluso más grande y gordo que el de Héctor. Sus testículos eran velludos, grandes y pesados, por lo que dejando el pene del joven decidí darle un poco de cariño a aquel moco de guajolote.

- ¡No mames! Uhhh! ¡Que ricura de boca! Uhh! ¡Así perrita! ¡Así! – gemia el gordo mientras me alaba de los cabellos –

El chico por su parte se masturbaba sobre mis tetas, sujetando una haciendo que mi pezón rozara su glande. Los gemidos de ambos hombres eran de placer total, yo por mi parte solo pujaba de vez en cuando al sentir algún apretón con fuerza excesiva. Los tres escurríamos agua, misma que seguía cayendo de la regadera, por lo que por momentos sentía que me ahogaba, al atragantarme de miembro o agua. Fue hasta que el hombre gordo pidió salir de la ducha que el agua dejo de caer sobre nosotros, aun escurriendo nuestros cuerpos salieron de aquel pequeño espacio en el que habíamos hecho maravillas para entrar. El tipo obeso tomo asiento sobre la tapa plástica del escusado, zarandeando su pene con la mano, al tiempo en que hacia una seña a su compañero para que me inclinara sobre él, la mano de su compañero me empujo por la espalda; haciendo que mi abdomen se doblara quedando en una extraña posición de perrito, pero de pie. La mano del hombre gordo tomo mis cabellos con fuerza, dándome su pene en la boca, mientras que el joven, separaba mis nalgas buscando mi cueva.

- ¡Dale verga a esta puta! ¡Dale cabron! ¡Cógetela chingon! Uhh! ¡Mámale! ¡Mámale! ¡Cabrona! Uhh! ¡Doña! Uhh! ¡Que rica panocha tienes! Uhhh! Ahhh! Mmmhhhhh! Mmmh! – gemíamos y decíamos los tres –

- ¡Hazme una rusa con esas tetotas cabrona! Uhh! – exclamaba el gordo mientras me alaba los pezones –

Mientras el chico me daba despacio en mi cuevita, el hombre gordo coloco su pene en medio de mis tetas, frotándolo con ellas. Fue hasta ese momento que logre decir algo, aunque no muy inteligente.

- ¡Cógeme! ¡Cógeme flaquito! ¡Dame rico en esa colita! Ahhh! Ahh! Ahh! Mmm! ¡Ahí pinche gordo, porque so se te pone dura… que desperdicio de verga!!! Uhh! ¡Así papi! Ahhh! – dije hecha una pendeja –

Aquellos gemidos y palabras, hicieron que ambos se sintieran mas cómodos, por lo que los maltratos disminuyeron. Pero las embestidas del joven en mi puchita y los restregones de tetas del gordo se hicieron más fuertes. Los tres gemíamos con fuerza, haciendo que aquel pequeño cuarto de baño se convirtiera en una sala de conciertos. De repente el tipo panzón, saco su pene de entre mis tetas, levantándose junto a nosotros. Sus manos frías separaron mis nalgas, mirando como la verga se su compañero se hundía dentro de mí.

- ¡Cabrona, tragona! Uhhh! ¡Mira nada mas como te la comes! Uhh! ¡Quiero metértela perra! – exclamo el gordo mientras se masturbaba despacio –

- ¡No mames gordo, vieras que rica pucha tiene la doña! Ahh! Ahh! ¿Quieres darle? – pregunto el joven –

Mire como el gordo asentía de forma afirmativa, mas no imagine como pretendía cogerme con ese pito aguado. El joven dejo su lugar a su compañero, mismo que agitaba su pene guango con fuerza, mientras que el chico se ubicó a mi lado poniendo su pito duro y largo frente a mi cara, sin más que decir comencé a mamárselo, mientras que sentía como aquel miembro desganado se atoraba en mi vagina. Después de muchos intentos al fin la verga gruesa de aquel hombre gordo, logo entrar en mí. Haciendo que mis paredes vaginales se ensancharan de golpe.

- Aaahh! ¡Dios, no me imagino como seria si se te pusiera dura pinche panzón! Aaahhhuu! – dije mientras aquel tipo me comenzaba a coger despacio –

- Ahhh no mames! ¡No mames! ¡Que rica estas cabronas! Uhh! ¡Te dije pinche gordo! Uhhh! ¡Te dije que la tiene bien rica! Ahh! Mmmh! – decían ambos hombres mientras me disfrutaban –

Con cuidado y como podía el panzón se las arreglaba para darme placer, sin dejar que aquel martillo de goma saliera de mi cueva. La mano de su compañero separaba mi nalga izquierda tratando de ver como el miembro de su amigo se introducía en mi vagina. Bastaron unos minutos más para que el panzón descargara su leche dentro de mi cuerpo.

- Aaahhhhh!! Ahhhh!! ¡Putita uuuhhh!!! ¡Ya valió madres!!!! Ahuuu! Uuhhh! – Exclamo el panzón mientras se venía dentro de mí.

- ¡No te preocupes doña! ¡Este wey no la llega ni a la esquina! Haha! – Exclamo el joven tratando de calmarme debido a lo ocurrido.

Dejé que el gordo terminara de eyacular dentro de mí, más me di cuenta de que ni siquiera había sido así, ya que sentí como el semen de aquel tipo escurría fuera de mi vagina, hábilmente el panzón, uso su pene para subir su semen hasta depositarlo en mi ano, fue entonces que la alarma regreso a mí.

- ¡Por allí no! ¡Por lo que más quieran… no me gusta por allí! – dije alarmada y sollozando –

- ¡Cálmese doña! ¡Ese agujerito es solo del patrón! ¡Nosotros solo cobramos la cuota por la puchita y la boquita! Solo con algunas, el patrón nos deja hacerles el culito! ¡Pero esas son las que a él no le interesan! ¡Y usted… usted es de las especiales, doñita! – Dijo el chico calmándome un poco.

- Tu puta madre chaparrita! Estas de lujo! Vas wey! ¡Termínatela! – exclamo el tipo obeso –

Esa fue la voz de ataque para el chico delgado, su miembro seguía totalmente erecto y listo para terminar el trabajo. Muy rápido el joven se colocó sentado sobre el escusado del baño, tomando su pene con la mano, el panzón me empujó hacia el chico, quien con la mano que tenía libre me guio hasta tenerme encima de él. El panzón tomo mi cadera haciéndome bajar hasta clavarme en el falo del chico, perversamente el gordo no me soltó, asiéndome subir y bajar sobre el pene del chico por muchos minutos.

- ¡Puta, si! ¡Así! ¡Chaparrita esas nalguitas se ven deliciosas, cuando se aplastan en las piernas de este wey! Uhhh! ¡Mamita eres un manjar! ¡Síguele, síguele!! – exclamaba eufórico el gordo –

Mientras que el chico no apartaba su mirada de la mía, haciéndome experimentar una sensación de placer absoluto. Sus manos tomaron mis tetas con suavidad, en verdad estaba disfrutando tanto como yo aquel momento. Para ese instante había perdido la noción del tiempo, algo que más tarde pagaría muy caro. Mientras el gordo seguía sentándome sobre el pito de su compañero, el chico frotaba y lamia mis tetas, mientras su pene se hundía en mi sexo cada vez más empapado por mis fluidos corporales, de pronto comencé a sentir una presión muy grande en el vientre, mi cuerpo se tensó de golpe y un orgasmo placentero llego a mi cuerpo, haciéndome parecer una muñeca de trapo.

- ¡No mames, wey… esta puta ya se chorreo! Uhhh se vino bien chingon! Uhhh! – exclamo el gordo –

- ¡Pero falto yo! ¡Quítamela y ponla en el suelo! – pidió el joven –

Mi cuerpo aun sin fuerzas por el orgasmo obtenido, fue como un trapo para el hombre gordo y grande, quien me tomo por la cintura, levantándome por el aire y depositándome en el suelo frio del cuarto de baño. El chico tomo mi cadera levantándola un poco, mientras que el panzón levanto mi cara, dándome su miembro en la boca.

- ¡Ándale mamacita, límpiame bien! – exclamó el gordo mientras me metía su guango pene en la boca –

- ¡Doñita, se va a tener que chingar unas pastillas de esas… del día siguiente… porque no se la voy a sacar, y yo si la dejo panzona… uhhhh!!! – dijo el chico mientras me penetraba –

Dentro de mi cabeza comencé a pensar que pasaría si resultaba embarazada de alguno de ellos, como se lo explicaría a mi esposo, a mis hijas e incluso a mi familia. Esa idea no duro mucho ya que el chico comenzó a darme fuerte, haciendo que el pito guango de su compañero me atragantara de golpe. Aquel muchacho flacucho me estaba dando a placer, mis nalgas tronaban cada que él me penetraba, mis tetas bailaban como locas debido a la fuerza de las embestidas, mientras que el panzón gozaba con cada atragantada que su guano pene me provocaba.

- Ahhh! Ahh! ¡Doña! Uhh! ¡Que sabrosa puchita! Ahh! Ahh! Uhh! ¡Le voy ahh! ¡A pedir al p… ahh! ¡Patrón que me deje! Uhhh! ¡Cobrar más seguido! Uhhh! Doñaaaa! ¡Que rico coge!!! Hhhmmm! –gemía y decía el jovencito.

Fue entonces que algo muy extraño lo cual en ese momento no entendí saldría de la boca del panzón.

- Uhh! ¿Vaya, también quieren? – dijo el tipo del abdomen prominente.

Debido al enorme placer que en ese momento recibía no puse mucha atención al comentario, solo me dediqué a tener mi segundo orgasmo, explotando, temblando y aullando como una perra en celo.

- Uuuuuhhhh!!!! Siiiiii! Uuuuuhhhhh! – gemí cuando aquella descarga de placer llego a mi cuerpo.

Para ese momento el gordo se nota distraído, aunque seguía empujándome su verga en la boca, mientras que el jovencito seguía dándome con todo, sin importarle que mi cuerpo fuera un nervio expuesto, pocos minutos después el chico derramo su semilla en lo más hondo de mi útero, gruñendo como un perro y apretándome la cadera con fuerza haciendo imposible mi escape.

- Ggggrrrrrrr!! Ahhhh!! Doñaaaa!! Uuuhhh! Doñaaa! Gggggrrrrr! –gimió el joven al descargar.

Después de que el chico y mi cuerpo terminaron de estremecerse, el saco su pene aun duro de mis entrañas, cayendo sentado sobre el suelo del baño. El panzón por su parte se puso de pie dejándome tirada en el suelo, salió del cuarto de baño por unos minutos, mismo que aproveche para recobrar el aliento. Para cuando el gordo volvió a entrar yo me encontraba sentada sobre es escusado orinando, el tipo aprovecho para ver la escena y chuparme los senos por última vez.

- ¡Toma wey, es hora de irnos, el patrón no tarda en llegar, además esta puta tiene que descansar y hablar con su familia! – dijo mientras le lanzaba su ropa al chico –

Mismo que yacía en el mismo lugar aun jadeando y sudoroso.

- Ándale wey! ¡Todavía tenemos que marcarla! – exclamo de nuevo el panzón –

Al mismo tiempo en que me tomaba como una muñeca de trapo llevándome hasta el interior de la ducha de nuevo, pensé que solo me dejarían allí para que me aseara, más me equivoque; una vez que me situaron dentro de la ducha, ambos se ubicaron delante mío, tomaron su pene y comenzaron a orinarme.

- Noo! Noo! ¡Eso no!! ¡Por favor! – gritaba suplicante.

Los chorros de orina caían en todo mi cuerpo, empapándome la cara, las tetas y el vientre. Incluso debo confesar que trague un poco. Cuando terminaron ambos se vistieron y salieron del apartamento. Fue entonces que, con todo ese silencio en la casa, comencé a revivir la escena, dios… me di cuenta que me había gustado…

Después de ducharme me vestí con lo primero que encontré, saliendo a ver si había desorden en algún lugar de la sala, cuando vi el reloj de pared, marcaba 19:20, mis hijas estaban por llegar a casa, eso sin contar con que Héctor había amenazado con regresar para ver cómo me había ido. Mis hijas regresaron unos 10 minutos después, aun dolorida y mallugada las recibí con la mejor cara que pude.

Cenamos algo rápido y después de recoger y hacer los platos, mi hija Romina la mayor se quedó conmigo en la sala.

- ¿Mama, estas bien? – pregunto temerosa.

- ¿Si, amor… porque no habría de estalo? – respondí tranquila.

- ¿De verdad? – reviro con extrañeza.

- ¿Si amor, porque me lo preguntas? – respondí intrigada.

- Mama, ya deja de ocultarlo… te vimos con esos tipos… llegamos temprano y en verdad parecía que lo disfrutabas… -exclamo mi hija dejándome en shock.

No sabía que decirle, solo la miraba sin saber qué hacer, las lágrimas de vergüenza comenzaron a brotar de mis ojos, mas tuve que limpiarlas debido al golpeteo en la puerta.

- ¡Es el señor Héctor! – exclamo Romina.

- ¡Rápido, vete a tu recamara y no salgas… no importa lo que pase… anda! – exclame molesta.

Romina se apresuró a entrar a su habitación, una vez que la puerta estuvo cerrada, abrí la puerta del apartamento viendo la figura aterradora de Héctor recargado en la pared…

Continuara…

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