Dulce y amarga amistad (08)

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Dulce y amarga amistad (08)

RESUMEN

-¡Zorra! Ya has probado verga, tienes el semen en el culo. –Me empujó para abajo haciendo que su duro pene apuntara en mi hoyito y siguió bajándome con fuerza sujetando mis caderas, yo apretaba las piernas a su cintura para que no entrara muy brusco mientras me abrazaba al cuello.

Historia de dos amigos: Jesús Alejando y Álvaro

-Estuve en dos ocasiones más con Eder y Jon después de que Marcos me exigiera ser únicamente para él, una vez en casa de cada uno de ellos pero con los dos follándome a la vez, aprovechando el que no habría más me follaron como bestias y lo gocé. No resultaba fácil decirles que no volverían a usar mi culo, pero recurrí a la mentira argumentándoles que Marcos me vigilaba, mentía sin saber que era verdad, además conocieron a otro chico de un curso inferior del que aprovecharse como hicieron conmigo, y así pude terminar con ellos sin demasiados problemas.

-Desde aquel momento pasé a ser su mujercita cuando mamá estaba de viaje, y cuando no viajaba buscaba la forma de cogerme llevándome al apartamento de un amigo suyo. Marcos estaba en su mejor momento de potencia sexual y caliente semental, se repartía para dejar satisfecha a mamá sin descuidarme a mí. Terminó por molestarse con su amigo, alguna vez me folló en su presencia mientras el chico se masturbaba y en una ocasión le pidió que le dejara usarme, como pago por el uso de su apartamento.

-Marcos es terriblemente celoso y posesivo, desde aquel momento tuvo que buscar otras maneras de estar solos, cuando mamá estaba fuera no había problemas, pero cuando estaba en la ciudad arriesgaba demasiado cogiéndome en la casa y con miedo de que volviera. Desarrolló un programa de horarios donde controlaba cada momento para no correr peligro y nos sorprendiera.

-Ese control tan estricto le sirvió para conocer mi cambio de costumbres y sospechar que algo me sucedía, además yo no tenía tantas ganas de que me diera verga después de tener la tuya.

-Había estado contigo en tu casa, habíamos hecho el amor, tú me había dejado tu simiente en mi cuerpo, me encanta saber que tu semen estaba dentro de mí, como si fuera una prolongación de tu persona, y como otras veces no me vacié, apretaba mi culito para seguirte sintiendo.

-Sospecho que me había seguido al salir de mi casa para ir a la tuya, y esperó hasta que volví a salir después de estar contigo. Él sabe que a veces hacemos trabajos juntos y esa es la disculpa que le pongo cuando está en casa y salgo a tu encuentro.

-Ese día tú estabas preocupado y me llevo tiempo calentarte para que desearas follarme. Me sentía muy mal ante tu frialdad y ese fue un día que decidí no tirar tu leche y sentirla dentro de mí. Me excedí y llegué muy tarde a casa, me sorprendió no encontrarle preparando la cena, pero inmediatamente se abrió la puerta y apareció como si viniera de correr.

-Parece que hoy tenías mucho trabajo que hacer con tu amigo, vuelves muy tarde. -Resultó lo primero que dijo al verme.

-Tenemos que presentar un trabajo que nos llevará mucho tiempo. –Estaba vestido con ese pantalón y camiseta que le hace tan sexy y que sabe que a mamá y a mí nos calienta verle puesto, realmente parecía que llegaba de hacer ejercicio y la camiseta se le pegaba al peludo pecho por el sudor.

-Sinceramente se le veía riquísimo y deseable pero hacía un momento que había estado contigo, aún te sentía dentro de mí, continuaba apretando mi anito para que no te me fueras, y no me apetecía que me follara en aquel momento.

-Estoy un poco cansado, voy a mi habitación hasta la hora de la cena. –Di la vuelta y me dirigí a la escalera, puede ver que se agarraba el pene, tenía que estar excitado y le sentía subir detrás de mí. Temía que algo de tu semen se me saliera y me manchara el pantalón, subiendo detrás de mí le sería fácil verlo si así sucedía y aceleré el paso.

-Debía notar algo distinto en mi forma de comportarme, o no sabía lo que era. Otras veces se iba directamente a duchar después de correr, o se quedaba preparando la cena y era después cuando me llevaba a la cama que compartía con mamá para poseerme y follarme.

-En esta ocasión me siguió hasta mi habitación y me sujetó del brazo aplastándome contra su pecho sudado.

-Estoy caliente bebé, he pensado mucho en ti este tiempo. –Su polla formaba ya una tienda de campaña en su baboso pantalón gris. Bruscamente comenzó a quitarme la ropa mientras me besaba con furia.

-Hueles diferente bebé pero tan rico como siempre. –Me elevaba del suelo para sacarme los pantalones y bóxer tirando de las dos piezas.

-Detente un momento Marcos, deja que me lave al menos. –Ya me tenía desnudo y tiró de su camiseta sacándola de la cabeza y se bajó con rapidez el pantalón tirándolo con los pies.

-No es necesario, yo también estoy sudado, así resultará más rico. –Me sujetó para evitar que fuera al baño, me subió sobre él y me abrió las piernas para que abrazara su cintura, tuve que sujetarme con los brazos a su cuello para no caer.

-Me besaba la boca metiéndome la lengua y con las manos acariciaba mi ano, continuaba sudando y nuestros pechos se pegaban, sus pelos parecía que fueran míos. Yo apretaba con fuerza el culito para que no se me abriera, pero resultaba difícil con las piernas forzadas y abiertas abrazando su cintura y él hurgando con los dedos en la entrada del ano.

-Consiguió que se me relajara con sus besos y comenzara a gotear tu leche que llevaba dentro, notó que algo escurría de mi culo y se miró los dedos, frunció el entrecejo y luego se los llevó a la nariz para olerlos y a la boca.

-¡Zorra! Ya has probado verga, tienes el semen en el culo. –Me empujó para abajo haciendo que su duro pene apuntara en mi hoyito y siguió bajándome con fuerza sujetando mis caderas, yo apretaba las piernas a su cintura para que no entrara muy brusco mientras me abrazaba al cuello.

-La cogida resultó muy violenta, Marcos es muy fuerte y me follaba de pie subiendo y bajando mi cuerpo, hundiendo su verga hasta el fondo de mi culo, incrustando sus dedos en la piel de mi cintura. No paró, no se detuvo hasta explotar convulso llenándome de chorros de esperma caliente que se mezclaban con el tuyo.

-Me soltó y fui deslizándome de él, me apartó para sujetarme de los brazos y a pulso me elevó hasta tener las caras muy próximas. El semen salía aún caliente de mi culo resbalando por mis muslos y piernas hasta el suelo.

-¡Eres un puto! Te has dejado follar por tu amiguito. –Su cara se iba desfigurando, del placer pasaba a la ira y la rabia que sentía.

-Dejé que estuvieras con tus anteriores amantes hasta que rompiste definitivamente con ellos, ¿o crees que no lo sabía? Te he dado todas las facilidades para que tomaras tu lugar y ser mi mujer, mi hembra y ahora te buscas a otro. –Me soltó de repente y estuve a punto de caer al suelo, entonces me abofeteó con mucha fuerza, la verga se le había encogido, toda su energía se concentraba en su amor propio ofendido.

-Nunca había visto a Marcos en ese estado, me sujetaba del brazo zarandeando mi cuerpo y levantó otra vez la mano para volver a pegarme. Conseguí soltarme de él y me protegí la cabeza con los brazos.

-Tuve miedo por su explosiva reacción y escapé corriendo asustado, comenzaba a bajar las escaleras gritando y espantado, algo del semen mezclado que resbalaba por mis piernas cayó en los escalones e hizo que patinara, y así caí dando vueltas. Ves yo fui el único culpable.

-Se me formó un nudo en la garganta, yo también había tenido mi parte de culpa, no podía amar a Alfonso como él lo hacía y había guardado mi semen para continuar sintiéndome dentro de él, lo de mi amigo estaba resultando una enajenación, locura por un amor no correspondido en la misma medida.

-Pero tenía que haberte llevado a un centro clínico, puedes tener algo interior dañado, roto, esos dolores que tienes no son normales y menos después de haber pasado varios días.

-Marcos estaba asustado, había actuado en un momento cegado por los celos, me recogió del suelo y me llevó a la cama curándome las heridas, no sabía lo que tenía que hacer, para calmarle le dije yo mismo que no era nada.

-Ahora estoy mejor no te preocupes, solamente siento que no puedo respirar alguna vez por el dolor en el pecho. No quiero comprometer a Marcos, si se sabe lo nuestro seré la causa de romper su relación con mi madre que también saldrá perjudicada.

Mi dulce niño sufría, en el cuerpo y en el alma, acaricié con ternura su cabello y apreté su cabeza contra mi abdomen, si yo pudiera asumir algo de su dolor… Era mi responsabilidad y tenía que llevarlo a la enfermería, allí sabrían lo que procedía hacer.

Continuaba sentado en la taza del váter con la cabecita inclinada y apoyada en mi vientre, nos habíamos perdido una clase pero no importaba, volvían a escucharse los murmullos de nuestros compañeros mientras entraban a los aseos y andaban por los pasillos.

-Marcos está arrepentido y él mismo me trajo al colegio, también él se culpa por lo que me ha pasado…

-Le ayudé a levantarse teniendo cuidado al tocarle, parecía que al enfriarse se sentía peor y su cojera era evidente así como su respirar dificultoso y sibilante.

-Te voy a llevar al botiquín, lo siento Alfonso pero es necesario. –No se opuso y salimos del baño, los chicos que estaban en los aseos en ese momento nos miraron extrañados. Entre ellos, para nuestra suerte, estaba Álvaro que se aproximo deprisa, metiendo su polla en el pantalón, le habíamos interrumpido la meada que estaba echando.

-¿Qué sucede Jesús? ¿Qué os pasa? -Me miraba más a mí que al pobre Alfonso.

-Ayúdame y no preguntes, vamos a llevarle al botiquín. –en el momento de traspasar la puerta cedí la iniciativa, los dos sanitarios que estaban de guardia se hicieron cargo de Alfonso. Mandé a Álvaro a clase, bastante era que uno de nosotros estuviera a la espera por lo que pudieran necesitar.

Estaba en la sala de espera y un rato después Marcos pasaba delante de mí sin verme, realmente no me extrañaba que Alfonso lo pasara bien a su lado, era un ejemplar de hombre difícil de encontrar, sexy y atractivo a rabiar, ahora su gesto era de preocupación y dolor, tenía los ojos rojos seguramente por lo que hubiera podido llorar.

Lo tuvieron que llevar al hospital, tenía dos costillas astilladas y un fuerte golpe en la pierna, esos daños eran lo más grave, el resto resultaban pequeñas magulladuras menos importantes.

Permaneció dos semanas hospitalizado, sobre todo para observar su evolución. Su madre volvió del viaje cuando la avisaron y precisó los pasos a seguir. Aquel sábado que fui a visitarle estaban sus padres a su lado aunque estaban divorciados, y permanecí poco tiempo con ellos. Intentaron darme las gracias por mi actuación, de verdad me sentía mal y avergonzado, ellos no sabían la relación que su hijo mantenía conmigo, para ellos era un amigo sin más pero que había atendido a su hijo.

Alfonso me pidió que le visitara cuando pudiera y el domingo volví, en esa ocasión era Marcos el que estaba a su lado, se estaba despidiendo cuando llegué y pasaba su fuerte y viril mano por el pelo de mi amigo en un gesto que me impresionó por el inmenso cariño que desprendía.

No se dio cuenta de mi presencia o no quiso hacerlo notar, yo había sido el detonante de que todo sucediera, y me iba a retirar para volver a dejarlos solos cuando se despidió pasando simplemente los dedos por los labios de Alfonso que se los besó.

Cuando quedamos solos Alfonso me contó que su madre había cortado su relación con Marcos, y que su padre había pedido su guardia y custodia al juez en base a la negligente actitud de su madre. Cuando saliera del hospital se iría a vivir con su papá que tenía la casa y el trabajo en otra ciudad alejada.

Entendía su inmensa tristeza, perdía en una sola jugada a su novio que amaba, o sea yo, y a su amante que lo follaba y a quien quería a pesar de todo, y más aún, al hombre que le había hecho gozar más que yo mismo.

El lunes saldría del hospital y partiría con su padre, tenía que despedirme de él y fui a visitarle por última vez el sábado anterior a su marcha, no podía dar crédito a lo que vieron mis ojos. Demian y Álvaro estaban con él, me alegré porque así la despedida ente nosotros no sería tan triste. En un momento de la conversación hablaban de la primera vez que conocimos a Demian y entre risas recordaban cuando Alfonso quiso romper el regalo de Demian. Habían pasado más de seis años de aquel día y parecía que todos guardábamos en la memoria aquel recuerdo.

Llegó el momento de la despedida y Alfonso me abrazó sollozando, con promesas de vernos cuando pudiéramos y permanecer en contacto, Demian, tan mayor, solo le dio la mano y Álvaro se quedaba hasta que sus padres fueran a recogerle como habían quedado.

Demian ya tenía coche, en esos seis años se había reconvertido, del chico guapo y larguirucho que enamoró a un niño cuando se vieron por vez primera, ahora resultaba un hermoso muchacho grande y fuerte, con cara y actos de niño a veces.

-Te llevo a tu casa. –Iba a despedirme de él para llegar a la cercana boca del metro. Se había quedado parado, le miré entornando los ojos, aquel niño al que un día enamoró aún le seguía amando. Sabía que era imposible y lo mejor era alejarse, me iba a disculpar cuando me sujetó de la mano.

-No te resistas, ven conmigo, no vas a ir en el metro teniendo el coche aquí cerca, lucía su bella sonrisa de dientes blancos sobre su morena piel, donde comenzaba a competir el color con su negra barba. Y cometí el mayor error de mi vida, volver a permitir que mi corazón latiera a un ritmo acelerado cuando acepté la invitación.

Montamos en su coche que de verdad estaba cerca, aunque fuera en la segunda planta del parking del hospital.

-Lamento lo de tu novio y que os tengáis que separar de esta manera. –No le respondí, pensaba que acaso fuera mejor así, aunque quería a mi amigo con el que tantos buenos ratos había pasado. Demian miraba a veces mi gesto adusto girando la cabeza.

-Debes quererle mucho, amarle con todas tus fuerzas. –Me sentí desconfiado, nunca había visto en Demian muestras semejantes de solidaridad.

-Pues claro que le quiero aunque no haya sido mi ideal de novio. –Bajó la velocidad del coche para mirarme con detenimiento.

-¿A qué te refieres?, siempre pensé que erais dichosos y estabais enamorados. –No sabía cómo podría sentarle mi confesión y ni siquiera si le interesaba pero hablé.

-Alfonso es pasivo y yo me considero igual, he tenido que actuar de activo todo el tiempo con él y de verdad no es exactamente lo mío. –Estábamos hablando de cosas que creía imposibles compartir con Demian aunque ya pocas cosas me importaban. Apartó el coche de la circulación y lo detuvo.

-Jesús, me gustaría que…, si tú quieres, poder intimar más, ahora estas pasando un mal momento, quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites…, como un amigo.

Entonces estalló el dolor de la separación, lo que había ocultado durante esos días haciéndome el fuerte, llevándolo en mi pecho para que nadie lo notara, le miré con ojos diferentes y comencé a llorar. Me abrazó contra su pecho y pude sentir su amistad, el apoyo incondicional que me brindaba. No era suficiente para igualar lo que yo sentía por él pero al fin tenía un consuelo.

Habían sido días de dar vueltas en mi cabeza a lo que representaban estos acontecimientos y sentía verdaderamente la separación de Alfonso, hasta este momento no dejaba que mis sentimientos afloraran, de culpa y hasta cierto punto de tristeza por la soledad que me esperaba, porque estaba claro para mí que con Alfonso no volvería a estar de novio.

Me consoló con sus abrazos y con sus besos en mi cabeza como si fuera su hermano pequeño.

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La partida de Alfonso representó un mayor acercamiento a Demian, se hizo asiduo de mi casa, si algún fin de semana no venía con los tíos lo hacía él solo siendo ya uno más de la familia, participaba de mis salidas con los amigos y yo de las suyas aunque eran menos, con él me sentía a gusto, deseaba estar con él pero su grupo era de chicos mayores aunque a veces me llevaba a sus fiestas sin que mis padres se opusieran. Confiaban en él, sobre todo papá, mi madre se mantenía más distante.

Antes de las vacaciones de verano teníamos poco tiempo libre, habían venido a comer, mis tíos y su ya inseparable Demian, se había traído sus libros y apuntes, estaba en un curso difícil de la carrera y le resultaba difícil, me había pedido ocupar mi habitación para estudiar los ratos que pudiera, solamente bajó a comer, el resto del tiempo lo pasaba encerrado.

A la tarde jugaba con el tío en la piscina, como hacía tiempo que no hacíamos, volvía a crecer la confianza y seguía sintiendo que le interesaba, más que como mero sobrino. Me gustaba que me prestara atenciones y también intentaba mantenerle alejado de Demian, no lo podía evitar, los celos me corroían, entre Demian y yo no existía nada y lo consideraba mío, muy mío y de nadie más.

Subí a la habitación para buscarle y que descansara de su estudio, fue decisión de mi tía.

-Jesús sube a ver lo que hace Demian, lleva toda la tarde estudiando y es mejor que deje descansar la cabeza un tiempo. –Lo que estaba deseando se me daba regalado.

Subí a mi habitación, la casa estaba en silencio y pretendí asustarle entrando de improviso, tenía la puerta de mi habitación abierta, el escritorio se veía desde el pasillo y él no estaba sentado, solamente permanecían los libros abiertos sobre la mesa, me acerqué sin meter ruido, Demian estaba de pie ante el sinfonier mirando una fotografía mía, en su mano tenía un slip blanco de mi propiedad que había sacado de uno de los cajones y lo apretaba contra su cara.

Me sorprendía lo que estaba viendo y para no violentarle retrocedí haciendo como que llegaba en ese momento pisando fuerte en el pasillo, cuando asome la cabeza cerraba apresurado el cajón pero continuaba ante el sinfonier. Disimulando cogió mi retrato en sus manos otra vez.

-Has salido favorecido en esta foto… -Calló un segundo. –La verdad es que siempre estás favorecido. –Yo estaba en bañador y me ruborizó lo que dijo. No me dejó hablar y continuó.

-¿A qué has venido?

-Marta quieres que bajes y descanses un rato, opina que no es bueno que estés encerrado tanto tiempo. –Se encogió de hombros con un gesto gracioso.

-Tengo que estudiar, ellos lo saben pero ni aunque quisiera podría bañarme, no he traído bañador. –Le miré calculando su tamaño.

-Puedes usar uno mío, o mejor de mi padre, espera un momento. –En el armario de papá encontré lo que creía que le serviría. Se lo entregué y se quedó con él en la mano, entendí que deseaba que saliera para poderse cambiar.

-Te espero abajo, no te iba a comer. –Comencé a hacer el camino de vuelta.

-¡No es eso Jesús, me aturdes! -Sonreía regocijado, me había gustado su reacción.

Se presentó unos minutos después, todos le mirábamos. Resultaba un hermoso hombre de verdad, prácticamente desarrollado y la virilidad le salía por los poros de la piel impregnando el ambiente. Al verse observado se tiró con rapidez al agua realizando algunos largos sin parar, sacando la cabeza del agua para poder respirar únicamente. Cuando se cansó y se detuvo fuimos el tío y yo los nos metimos al agua para jugar y así disfrutábamos de la tarde, del agua, la compañía, la familia. Algunas rachas de viento impulsaban las hojas que caían en el agua.

-Vamos a por la red Demian, tenemos que quitar las hojas para que no vayan al fondo. –Al final de la piscina y en el lateral izquierdo, algo escondida entre los arbustos, estaba la caseta de las herramientas de jardinería. Me encaminé seguido por el bello chico.

Comencé a buscar, la red con su largo palo estaba sujeta en un gancho del techo y yo no llegaba para poderla alcanzar. Demian me sujetó por las caderas y me elevó para que la cogiera apoyando mi trasero en su pecho.

Sentí un intenso escalofrío al notar sus fuertes manos sujetándome, a él no sé lo que le pudo pasar pero apretó mis nalgas contra su fuerte pecho mientras descolgaba el aparato de recoger las hojas, lentamente me depositó en el suelo.

-Estás hecho un mulo Demian, vaya fuerza que tienes. –Intentaba hablar en broma cuando mi boca temblaba al hablar, Me llevaba treinta centímetros en altura, resultaba imposible que yo llegara a sus labios para besarle, dejé caer la red y abracé su cintura.

-Bésame Demian. –Hubo un segundo de indecisión pero reaccionó como un rayo y me apretó elevándome de nuevo, notaba la hinchazón de su entrepierna mientras besaba mis labios estrujándolos contra los suyo. Después del beso que para mi resultó breve, volvió a soltarme, me agaché para recoger la red y salí corriendo.

Tardo unos minutos en regresar, imaginé que esperaría a que su polla volviera a la normalidad, el bañador de papá le quedaba muy justo…, y la tarde pasó sin más incidentes.

Así de rocambolesco resultó el primer beso que mi primer gran amor me entregó y porque yo se lo pedí.

Habían pasado unos días sin tener noticias de él, el tío me llamó para que pasara por su oficina cuando tuviera tiempo libre, quería enseñarme el regalo que había escogido para mí.

Cuando llegué estaba en el despacho de su secretaria, Paula cogía en sus manos el marco con el retrato de Demian que siempre tenía sobre la mesa, el marco era el mismo, la foto distinta, la cambiaba muy a menudo. Los dos miraban la fotografía como si estuvieran enamorados del chico. Volvían mis sentimientos de celos insuperables pero disimulé.

-Hola Jesús, estaba enseñándole una foto de Demian a tu tío, ¿no está guapo? –Vestía su toga de graduado y el clásico gorro, por lo menos la foto era de hacía un año. No estaba guapo, estaba divino.

-Sí…, es…, es muy guapo, mi voz salía tartamudeando y Paula me miraba curiosa, sonriendo como si supiera lo que pasaba por mi cabeza.

-El otro día se dejó algunos apuntes en tu casa y me dijo que esta tarde pasaría a recogerlos. Jesús…, le tratáis muy bien y yo os lo agradezco. –Llegó el tío con un sobre en la mano.

-Paula me ha convencido de que es mejor que te entregue dinero para tus gastos del verano, y no sabía realmente que comprarte. –Le abracé dándole las gracias, siempre no se reciben regalos por hacer mi obligación, un regalo por las notas que había tenido en el curso.

A la vuelta me apresuré y cogí un taxi para volver pronto a casa, si Demian pensaba pasar por allí quería estar presente. Y llegó pero lo hizo un poco tarde, busqué entre los papeles que tenía en el escritorio y no encontré los que él se pudo olvidar, parecía un truco muy recurrido, era lo mismo que hizo Alfonso.

Me saludó algo fríamente después del beso de hacía unos días y comenzó a revolver los papeles que yo había mirado antes.

-No sé que he podido hacer con ellos. –Le dejé que buscara inútilmente.

-¿No los encuentras? –Giró la vista para mirarme, estaba acalorado, yo creía que sudaba.

-No es cierto…, no me he olvidado los dichosos papeles, quería verte, así de simple.

-¿A mí? ¿Verme a mí? -Me aproximé unos pasos hasta quedar al alcance de sus manos y entonces me sujetó de los hombros sacudiéndome.

-Sí, a ti…, y no te burles. –Prendimos nuestras miradas y nos hablábamos con los ojos aunque yo solo sabía lo que yo quería decirle, que le amaba, desde el día que cumplí ocho años y lo vi por vez primera. Y que esto que estaba pasando no terminaba de creérmelo.

-Jesús, yo te quiero, te amo no puedo seguir escondiéndolo. –Elevé las manos para acariciarle la cara, su rostro adorado que había visto desarrollarse e ir cambiando aunque no mucho.

-Has tardado en decidirte, yo también te amo Demian. –Me abrazó hasta embriagarme envuelto en el calor de su cuerpo y sentir su ardorosa boca buscando la mía con ansia y así estuvimos un rato recuperando los más de seis años perdidos. Nos tendimos en la cama y comencé a peinarle las cejas de pelos recios.

-Siempre te he amado Demian, estoy seguro que desde la primera vez que te vi, cuando Paula te trajo a mi cumpleaños. Fue increíble lo que sentí al verte.

-A mi me sucedió lo mismo y el otro día cuando me pediste que te besara se me abrió la vía que me llevaba a ti y escapaste otra vez, como si hubiera representado un juego para ti.

-¿Por qué tardaste tanto?

–Comenzaste a tontear con Alfonso.

-No le amaba, era mi amigo.

-Te dejabas follar por él, os quise matar a los dos cuando os sorprendí con la cama revuelta y adiviné lo que pasaba.

-No, era yo quien le follaba, ya te dije que yo era el activo, experimentar, juegos, tú eras mi amor inalcanzable.

-¿Hubo más?

-Solo Alfonso. –Nos hablábamos sin dejarnos de mirar a los ojos, era el momento de la confesión, de la sinceridad, y no podíamos ocultarnos nada.

-Soy bisexual y activo, o eso creo.

-¿Has estado con chicos y chicas? -Le sonreía para animarle a hablar.

-Con ambos y dos veces he estado de pasivo.

-¿Te ha gustado?

-Sí, pero prefiero ser activo.

-Creo que yo soy pasivo, pero con Alfonso tenía que ser lo otro, él no podía penetrarme y no he llegado a hacerlo, soy virgen, o sea que no estoy seguro.

-¿Podemos probar?

-No lo sé Demian, pero quiero hacerlo, que seas tú el primero y el único desde ahora.

-No tienes que sentir miedo, tengo experiencia y no te causaría daño por nada del mundo.

-Lo sé amor. –Acerqué la cara para posar con dulzura mis labios sobre los suyos fragantes y dulces.

-Estaría contemplándote horas y horas Demian, así muy cerca de ti para mirarte y no perder tu imagen. Nunca podré dejar de amarte. –Me mordió el labio inferior con fuerza y dejé escapar un sollozo.

-¿Serás mi amor, mi hombre? ¿Me querrás solamente a mí?

-Te adoraré siempre niño travieso, seremos el uno para el otro y para siempre.

-Hazme el amor Demian. –El muchacho recién convertido en hombre se desató y nos lamíamos la cara pasando las lenguas lentamente hasta encontrase entre ellas para enredarse en caricias, pasando una a la boca del otro para volver a lamernos y mordernos la orejas, aspirar la fragancia de nuestros cuellos, chupando hasta dejarnos marcas que nos durarían días, chupones testigos de lo que sentíamos queriendo comernos enteros.

Demian sabía lo que tenía que hacer con mis tetillas para ponérmelas erectas entre escalofríos placenteros, nos comíamos los pechos en súbitos besos cortos y prolongados, manteniendo las bocas pegadas a la piel del contrario hasta que necesitábamos respirar.

Me desnudó sin dejar de besar cada rincón de piel que iba apareciendo al sacarme la ropa, y le recompensé haciéndole lo mismo hasta terminar desnudos deteniéndonos para estudiarnos, nos lo habíamos visto todo antes, menos los órganos sexuales.

Su sexo era precioso, no era grande, unos dos o tres centímetros más largo que el mío y un poco más gordo, rígido y duro, blanco el fuste mostrando la mitad del glande, el resto escondido en su prepucio casi transparente donde se delineaba la corona de un ligero mayor diámetro, Todo él era peludo, no mucho y puesto donde la naturaleza debe colocar los pelos, el pubis muy poblado de pelo rizado y la bolsa escrotal voluminosa y adornada de algún vello también en caracolas.

Demian me miraba curioso a veces mis pene y otras mi cara y yo hacía los mismo.

-¿Te gusta o te decepciono? –Mi sonrisa resultaba muy traviesa.

-Me encanta Demian, no esperaba ni más ni menos, es tan hermoso como su dueño.

Era la primea vez que mamaba un verdadero y auténtico pene de hombre ya formado, solo había tenido en mis manos y boca el de Alfonso, totalmente diferente, y si, su forma y tamaño me gustaban, el olor que despedía resultaba el perfume perfecto para excitarme hasta el punto de tirar jugos por mi verga sin parar. Resultaba más gustoso y apetecible y su sabor enloquecedor. Esa era la verga soñada por mi aunque no podía tragarla entera, con el tiempo lo conseguiría. Sentía arcadas algunas veces y Demian atento la retiraba de mi boca.

Me permitió disfrutar de su polla largos minutos que resultaban cortos para mi necesidad de recuperar lo que tanto había ansiado, y cambió de actividad.

-Voy a preparar tu culito, quiero que goces desde el principio. –Me pidió una crema de la que ya disponía y utilizaba con Alfonso comencé a ver las estrellas cuando su boca atrapó todo mi ano, las estrellas de una noche maravillosa de verano que te extasía hasta perderte en su belleza.

Abría mis nalgas con fuerza para meter la barbilla acariciando con ella, raspando hasta sentir el culo latir por su fuerza, y luego la ensalivada lengua aliviadora de roces y torturas, me sentía deseando comer algo por el culo y lo primero fue su lengua, caliente y en punta que empujaba hasta vencer mi resistencia.

Me hacía gemir, suspirar y pedirle más, otras veces que se detuviera, cuando me retorcía las manos y agarrotaba los pies para soportar el placer fecundo que me daba. Demian era mi hombre que sabía tratar mi culo y hacerme llegar al éxtasis del gozo.

Estuvo bastante tiempo hasta que le escuche decir que estaba preparado para recibirlo, después de gozar de sus folladas de lengua, de dedos.

-Ahora viene lo mejor pequeño, chúpamela un poco para que termine de ponerse tiesa. –Solamente tuve que masturbarla dos veces y rodear su jugoso glande, apretando el frenillo entre los labios para que se pusiera dura y cimbreante. Me colocó de espaldas sobre el colchón, de igual manera que yo colocaba a Alfonso para penetrarle y que me decía que era la mejor postura.

Demian dirigía el acto, yo solo obedecía sus indicaciones o ligeros toques que interpretaba.

Había disfrutado de sus dedos pero su verga resultaba un obús de otro calibre. Apretaba pero no terminaba de entrar y se apoyó sobre mí para besarme la boca.

-Relájate precioso, no pasa nada, y ábrete más las piernas. –Recogí las piernas para sujetar los tobillos, me abría de par en par todo lo que podía, jugué abriendo y cerrando el culito para distenderle y sonreí a Demian que tenía más miedo que yo mismo. Mordí mi labio para aguantar la presión de la cabeza queriendo entrar y mi culito se abrió al placer al que ya nunca renunciaría.

Todo fue fácil después de que el glande se afincara dentro del recto, justito en su temblorosa y expectante puerta, y no había vuelta atrás, ninguno de los dos lo quería y yo aguantaba su empuje mientras se esforzaba en vencer las últimas resistencia de mi ya desvirgado culo. Había dejado de ser virgen y se lo había entregado a mi hombre que amaba, a partir de ahora mi supremo macho.

Descansó unos minutos jadeante sobre mí.

-Ya está, ¿qué te parece?

-¡Joder Demian! Estoy lleno, voy a explotar, mi culo reventará.

-¡Calla!, si mi verga es pequeña. –Su risa hacía que su polla se moviera y me produjera cosquillas junto con los pelos de sus testículos.

-Pues es igual, me parece que voy a defecar. –Por poco se sale su pene de la risa que le provocó.

-Enseguida se te pasará, muévete un poco a tu gusto para que el culito se haga a su tamaño.

-Demian, te siento, noto tu pene muy dentro, me gusta Demian. –Me besaba largamente mientras me concentraba en sentirle moviendo las caderas y abriendo y cerrando el culo.

-Me aprietas la verga muy rico, aprendes rápido a manejar el anito.

-Se ha enamorado de tu polla. Demian la quiero para mí, siempre en mi culo.

Comenzó a sacarla y meterla resbalando por mi ano, arrancándome sensaciones nunca sentidas y pensando cómo se podía estar tan bien debajo de tu hombre amado y que te diera ese inmenso placer con un pedazo de caliente carne, y con sus besos y sus jadeos fuertes de macho.

Esto era lo mío aunque lo había pasado bien siendo activo, yo estaba hecho para sentir su verga metida hasta mis entrañas, arañando mis tripas, perforándome sin cesar, y la cima del placer llegó cuando se clavó como un puñal hasta el fondo de mi ser y me llenó de su simiente.

Entendía en ese instante lo que Alfonso sentía al ser follado por Marcos, el tener a un auténtico macho semental dándole verga.

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Sigue…

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