Los pelillos de tu chichi

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RESUMEN

Este escrito que voy a escribir espontáneamente, según mis apetencias, pretende ser un escrito que refleje lo bonitos que son los coños. Son como flores y también como un buen alimento.

Con los pelillos de tu coño, nena, escribo estas palabras. Algo fascinante es tu coño, que al mirarlo yo nos pondrá colorados a los dos. Colorados de pasión. Tu coño de mujer temprana tiene ya pelillos en él. Y he cogido unos cuantos para formar con ellos letras y palabras. En ellas está él, todo bello, fecundo, blando, apetitoso.

Sé que no debería decir esto porque mi educación me frena decirlo, pero lo digo porque me aburro. Y no puedo dejarme llevar. Solamente me atrevo a utilizar lo bello del sexo para conjugar con otras ideas mi historia. Como quien en un banquete come un poco de todo. Para mí lo de tocar es otra cosa. Soy perfeccionista. Amo la belleza y temo destruirla. Y no soportaría ver destruida la belleza si no fuera por algo noble: un hijo, por obra y arte del amor a la belleza. La belleza es perfección. Y la perfección es la idea que se posa sobre la materia para darle belleza.

Desde aquí, desde mi alma y desde mi situación a vosotros, lectores varios, me dirijo con estas palabras. Estoy en lo oscuro y veo la luz a mi alrededor. Me coloco en la luz de mi alrededor y veo el lugar oscuro que dejé. Y así, poco a poco, voy descubriendo el misterio de lo que soy: algo tan complejo, aunque no complicado.

¡Qué sencillo es el amor! He cerrado un cuaderno con un escrito espontáneo y un dibujo espontáneo. Lo he hecho con arte y por eso es arte. Y después he venido aquí a contaros algo que os puede dejar boquiabiertos. Aunque solo a aquellos a quienes algo así les puede dejar boquiabiertos.

Mi labor no es escribir, aunque escribo. Y cuando lo hago siento que sólo me apoyo en una mitad de mí mismo. La otra va por su cuenta... no sé a dónde. Y en el silencio se respira... silencio. Unos se van. Otros se quedan. Y otros no pueden estudiar quedándose. Por eso se van. ¿Y quiénes quedan?

Sé que hay niñas a mi alrededor que están aprendiendo. Que están estudiándose. Que están entendiendo las letras, concentradas. Y a la par descubren otras cosas bellas que hay en la vida. Aunque ¿qué es bello, bellas? Aquello que es bello, puede dejar de serlo. Por eso a la belleza, como al placer, conviene tenerle respeto.

En estas letras todas estáis contenidas. Libres, dentro de ellas. Por eso nada es lo que parece. Todo es lo que es. Las sombras se deslizan por los soportes dando pistas de quién son ellas y no quienes se interponen entre ellas y la luz. Somos luz y somos sombra. Que no nos asombre.

He escrito muchas cosas que nos han llevado por el camino del descubrimiento. Y ahora que lo sabemos sólo falta detenernos y observar cómo la belleza siempre permanece intacta. Y cómo nada puede ser tan bello como la belleza: esa fuente de todo lo demás bello.

Todo lo que parece que se repele se atrae en el mismo grado. Y eso sólo significa una cosa: equilibrio, diferencia, respeto, autenticidad, amor, sencillez, complejidad. Términos todos ellos aparentemente contradictorios, quizá. Sin embargo... complementarios todos.

No quiero decir más sin marcharme. Y aun quedándome... ¿quién soy?: ¿un gesto?, ¿una idea?

Jóvenes y adultos echan el cierre a la debilidad... cuando esta aparece en el estudio. Parece que huyen cuando se van. Quieren cerrar un acuerdo dejando en la estancia esos fantasmas que les persiguen. Dejándolos ahí, en los libros, en los jarrones, en los espejos, en los cuadros. Mientras ellos se van a pasear. O se quedan ensimismados contemplando flotar su aura, cuando su cuerpo ha quedado catapultado dentro de esos materiales.

Y veo que en ese espacio común, parecido a la calle, algunos se divierten y algunos también vierten sus sombras. Van y vienen. Suben y bajan en ascensor o por escaleras. Sonidos de materiales duros, como ese lado que tiene la vida. Ese lado duro que suena desde lo blando. Se cierran las puertas y se abren: símbolo del paso a otro lugar.

Ya no quiero obsesionarme con todo lo que he dicho. Incluso si lo que he dicho son barbaridades o locuras. ¿Qué es una barbaridad?: lo incoherente. La coherencia... es autenticidad. ¡Demos coherencia a la incoherencia!, ¡liberémosla de la locura! Y así tendremos el arte sano que el artesano ha traído y… como algo que pretende estar terminado... y como algo que parece estar terminado aunque siempre está cambiando, caminando. Arte es igual a belleza, perfección, algo que parece terminado.

Sé que estudiáis estas letras que siento mías desde antes de ponerlas son vuestras una vez puestas. Sé que estudiáis estás letras que están hechas con cabellos de mujer hermosa. Con vello de su pubis y con vello de sus axilas, tanto de la derecha como de la izquierda. Y en estas letras están ellas contenidas: axilas, pubis y, las que eran y son sus propietarias: las nenas. Después está el mundo entero.

Leéis en alta voz estas palabras que se muestran, que muestran lo que son y lo que queráis que sean. Pues ya no son mías, sino vuestras.

Nadie alabará el arte, aunque quisiera. No digo mucho, aunque mucho escribo. Porque quiero que tengo contenido sean letras traducidas de una voz segura. Si hablase solamente vería en ello lo que es un anhelo. Y el anhelo me lo llevo al lecho. Sé que se asustan algunos, porque la belleza es asustadiza. Pero no hay otra cosa que desee más que darme desde mi verdad. Y eso no se consigue cayendo en tentaciones engañosas.

Lo único que no engaña es el ser. Hay palabras que no sé por qué las he escrito. Ideas que no sé por qué las he escrito. Me paso de la raya al hacerlo. Quizá te busco y no te encuentro. Quizá no quiero encontrarte. Me quedaré con la duda, pues quiero que seas tú quien decida que he dicho y qué te cuentas. No me lo cuentes: lo veo en tu rostro.

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