El gran secreto de mi hijo (6): Embarazada (parte 2)

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El gran secreto de mi hijo (6): Embarazada (parte 2)

RESUMEN

Al oír un ruido nos percatamos de que estábamos a punto de ser descubiertos por mi novio.

Mi hijo me había besado y tiernamente se disponía a penetrarme. Mi vagina lo esperaba saboreándose dejando salir sus fluidos vaginales, como cuando se te hace agua la boca por tu comida favorita. Entonces escuchamos el ruido de una puerta. Mi novio se había despertado y no me había encontrado en la habitación. Probablemente me estaría buscando, rápidamente me puse la bata y le dije a mi hijo que se tapara con la sabana y se hiciera el dormido. Yo abrí la puerta del cuarto de mi hijo y salí. Me encontré a mi novio en el pasillo, lucia algo dormido aun y se tallaba los ojos. Perdóname mi amor es que vine a checar como estaba mi hijo, parece que tiene fiebre alta y tendré que quedarme a cuidarlo -dije. Él se tallo los ojos y me dijo -déjalo ya se pondrá mejor. Lo siento pero no puedo -respondí. Él se rasco los huevos y fue directo al baño a orinar. Lucia algo molesto por lo que le dije pero lo acepto. Sabe que si no accedía, el sexo se acabaría para él. Cuando salió del baño le di un beso y le dije -buenas noches mi amor. Regrese con mi hijo y él se estaba masturbando con mi ropa interior. Yo cerré la puerta con llave y me quite de nuevo la bata.

-¿En qué nos quedamos mamita?

-En que me vas a hacer madre de nuevo mi amor.

-¿Enserio lo quieres?

-Hazme un bebe tuyo mi amor quiero criarlo como lo hice contigo, quiero ser toda tuya.

-Bueno entonces prepárate mamita, esta noche voy a llenar tu pancita con mi bebe.

-Vente ya mi macho.

Me acosté en la cama y abrí mis piernas de par en par. Vuelve al lugar que te vio nacer mi amor -dije mientras abría más mis piernas. Mi hijo resoplaba como un toro que esta por embestir un capote y su polla estaba descomunal. Tenía una erección que levantaba su pene hasta 90 grados. Se subió a la cama y comenzó a besarme de nuevo tiernamente. Con su lengua acariciaba dulcemente las paredes de mi garganta que sin poner ningún tipo de resistencia se entregaban al placer disfrutando plenamente aquel cálido y húmedo beso. Mi vagina estaba que chorreaba de nuevo. Yo besaba a mi hijo y sentía como mi cuerpo sentía el roce de su lengua en la mía. Mi piel se erizaba, mis pezones se endurecían y mi cuerpo entero temblaba. Mi hijo se detuvo y siguió besando mi cuello. Fue bajando lentamente hasta llegar a mi vientre y metió su lengua en mi ombligo. Yo estaba completamente en éxtasis pero sin llegar al orgasmo. Puso sus manos en mis caderas y su cabeza en mi vagina. Abrió la boca y metió su gran y húmeda lengua dentro de mi ser. Mi vagina le regalaba sabores exquisitos en los fluidos los que se mezclaban con su saliva y el saboreaba en su boca. Esta vez era muy tierno y cuidadoso cada lengüetazo era muy suave y yo cada vez sentía ese orgasmo cerca. Mis gemidos se incrementaron y se intensificaron. Mi cuerpo se meneaba al ritmo y compás de su lengua y en un estallido gemí fuerte y me tape la boca con una almohada por miedo a que mi novio me oyera. Mi hijo bebía como loco cada gota de aquel orgasmo y lo que sobro de su boca lo escupió en su mano y lo unto en su polla monstruosa. Se acomodó encima de mí y me abrazo tiernamente. Me beso y me dijo-te amo mama mientras me penetraba lentamente. Yo gemí de nuevo por la sensibilidad de mi vagina por aquel orgasmo y le dije-no espérate mi amor estoy muy sensible. El solo me tomo más fuerte y puso su cabeza al lado de la mía y nuestros pechos se unieron en uno y volvió a penetrarme despacio y con fuerza y autoridad. Yo sentía como su polla se abría paso a través de mi vagina y lo abrazaba diciéndole –te amo mi bebe, te amo. El no respondía nada solo me penetraba en silencio y con vigor. Mi vagina abrazaba a su polla con mucho cariño dándole la bienvenida como si reconociera su cuerpo una vez más. Mi nene no quería parar teníamos media hora en esa posición tan linda de misionero abrazados y yo sentía que me desvanecía. Mis gemidos se habían vuelto silentes y mi hijo me miraba a los ojos dándome aun con más fuerza y aumentando el ritmo. Yo solo decía -no puedo más, no puedo más. El me beso de nuevo con su lengua y me dijo-vente de nuevo, mójame con tu eyaculación-. Yo sentí esa corriente y me corrí de nuevo intensamente. Mi cuerpo sufría convulsiones y mis ojos estaban en blanco. Mi hijo se salió de mi vagina y como si hubiera una fuga de agua en ella al momento de salir, de destapar el hoyo el agua corrió abundantemente. Mi hijo mojo todo su abdomen y pene con mi eyaculación y la cama se humedeció por completo.

-Aun no estoy totalmente excitado mama.

-¿Qué quieres que te haga mi amor?

-Quiero que me lo chupes pero, quiero que te lo tragues todo entero.

-Pero que dices loquito, no puedo todo entero, está muy grande.

-Quiero que lo intentes, aquí tengo un lubricante muy bueno, eso puede ayudar.

-¿Dónde está?

-Abre el cajón de la derecha del buro, ahí está.

-Ok, déjame lo saco.

Saque del cajón una pequeña botella de lubricante sexual sabor a plátano y unte un poco en mi mano. Estaba muy frio. Lo unte en ambas manos y comencé a masturbar a mi hijo para llenar su polla con él. Tuve que usar más cantidad de lubricante hasta que lubrique de la punta hasta sus testículos. Él lo gozaba mucho y me dijo-manos a la obra mamita, o mejor dicho boca a la obra. Yo me metí de golpe su polla y se deslizo más fácil por mi garganta pero aun así no llegue hasta el fondo. El gimió y dijo-puta madre eso se sintió chingón. Yo intente ir más lejos pero mi cuerpo se arqueo como acto reflejo de las dimensiones de su verga en mi garganta. Estuve a punto de vomitar pero pude mantener el control y en cambio salió saliva de mi garganta en gran cantidad, combinado con moco como el que se escupe cuando tienes gripe. Tome esa gran cantidad y la use para empapar su polla y tomar el reto de nuevo. Esta vez lo intente con todo. Poco a poco fui rompiendo viejas fronteras en mi garganta y pude sentir mis labios en su vientre un poco antes de volver a arquearme al borde del vomito.

-Si llegaste mama te vi, te tragaste toda mi verga.

-Si casi me ahogo mi amor.

-Pues sí pero lo lograste.

-Ya hazme tuya mi amor, quiero sentir tu leche.

-Muy bien ponte en 4.

Yo lo obedecí y me coloque en cuatro sobre la cama y él se puso detrás de mí como un perrito. Él me penetro de golpe y me tomo fuerte de las caderas. Empecé a sentir su bombeo intenso en mis glúteos que hacían una música como de aplausos cuando se unían con fuerza a su pelvis. El me pidió que si podría tomarme del cabello y yo le dije -jálamelo con fuerza mi amor. El me tomo la parte final de mi cabellera y la jalo con fuerza mientras me penetraba con más intensidad. Yo gemía y mi lengua soltaba saliva mientras él me penetraba. Yo babeaba como una perra sedienta y el me follaba como una hambriento por hembra. Estaba muy excitado y después de estarme dando duro durante más de 40 minutos me tomo con fuerza las caderas y lo sentí. Sentí aquellas últimas embestidas las que te regalan el amor y crean vida en el vientre de una mujer. Las embestidas que hacen un bebe. Su leche llego hasta mi útero llenándolo por completo. Mientras yo eyaculaba de nuevo mezclando nuestros fluidos.

-Dios mío, que placer mamita.

-Yo también me vine mi amor y muy rico.

-Que rico se sintió déjame acostarme encima de ti con mi verga dentro.

-Ok recuéstate mi cielo.

-Gracias mamita.

-Por nada mi macho.

Él se acostó en mi espalda abrazándome y sin sacar su polla de mi vagina. Yo respiraba con agitación tratando de recuperar el aliento y aun sentía la polla de mi hijo bañada en su semen y mi eyaculación dentro de mí. Era una experiencia excitante y placentera. Nos quedamos así alrededor de 10 minutos y mi hijo comenzó a besarme de nuevo en el cuello, la espalda, en mi cabeza y me dijo -¿estas lista para otra ronda más mi amor? Yo le dije -déjame respirar mi cielo, me tienes rendida. Sentí como su pene crecía dentro de mi vagina y él me dijo- tenemos que asegurarnos que ese bebe nazca mamita. Su polla se endureció aún más y yo gemí en silencio. La profundidad de su pene en mi vagina era del cien por ciento. De pronto tocaron a la puerta. Mi amor escuche ruidos, ¿estás bien, porque la puerta está cerrada? -pregunto Carlos.

Continuara...

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