La madrastra

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La madrastra

RESUMEN

Sam un joven de 20 años, es atraído por su madrastra de 30 años, los secretos, las atracciones y demás pueden ser malvistas.

Era un día normal para Sam, ese joven de 20 años ya recién cumplidos, quien pasaba su mañana tarde en casa. Sam vivía con su señor padre y su madrastra Sheila, quienes se casaron aproximadamente hace 1 año, ella era una mujer joven de alrededor de 30 años (12 años menor que su padre), atractiva, de pelo castaño claro, piel blanca, de complexión delgada, 1.68 de estatura, con pechos de buen perfil (86 cm) y un trasero firme, de gimnasio no muy grande pero definido y antojable. Sam algunas noches se masturbaba pensando en ella, en cómo sería tener un encuentro con ella y envidiaba a su padre por ello. Si bien Sam tenia encuentro con chicas de su edad, ahora le llamaba la atención tener un encuentro con una mujer mayor, una MILF como le decían y aunque lo deseaba para el solo parecía un solo sueño.

Un sábado cualquiera Sam bajaba las escaleras de su casa para dirigirse a la cocina, pensó que no había nadie así que suspiro un: -Que ganas de follar tengo-. Sin percatarse que en la sala se encontraba Sheila, se dio cuenta cuando esta cerró un libro que leía, dándole un pequeño susto a Sam.

-Ah Sheila –Decía un poco asustado y nervioso por lo que había dicho– No sabía que andabas acá –Se sonrojo al verla, ella estaba recargada en un sillón amplio con una bata transparente de color negro, brasier y calzón de mismo color, dejando entre ver sus atributos, a Sam casi le volaban los ojos al verla, ella se dio cuenta solo sonrió ligeramente en seña de gusto.

-No te preocupes, creí que no estabas, como vi que tu padre salió tempano, pensé que habías ido con él, ya sabes cosas de hombres.

-No la verdad, ya no salgo con mi papa como antes, ahora ya ni se dónde se mete, la verdad es que te veo más a ti que a él, pero eso no me molesta, me gusta estar contigo –Decía con tono pícaro.

Sheila solo sonreía, cuando se puso de pie, cerrando su libro, acariciando el rostro de Sam le dijo –Que lindo eres, la verdad que eres un caballero como tu padre, ¿Y dime tienes planes para esta noche?

-No la verdad no, pensaba quedarme en casa, la verdad quiero descansar un rato -Mientras veía a Sheila quien caminaba a dejar el libro en una repisa dándole la espalda, mientras que Sam admiraba su trasero, dándose ideas de cómo sería tenerla en posición de perrito.- ¿Y tú Shei, algún plan para hoy?

-No realmente, a lo mejor invitaba a unas amigas pero no se aun no es seguro, todo puede pasar no crees, bien iré a darme un baño, te veo en un rato –Mientras subía las escaleras despojándose de su bata quedándose en ropa interior a la vista de Sam, él la siguió de manera sigilosa por las escaleras para que no se diera cuenta y vio que la puerta de su cuarto estaba entre abierta lo cual aprovecho para poder entrar pero no consiguió verla, se percató de que Sheila recién había entrado al baño al escuchar como abría la regadera, entrando al cuarto tratando de no hacer ruido, vio que la puerta del baño estaba a la mitad abierta hecho un ojo y la vio ahí de espaldas, desnuda dejando su trasero sin nada, Sam sentía como se ponía duro su miembro, mientras veía como se daba la vuelta de lado viendo uno de sus pechos descubiertos estaba a punto de venirse sin tocarse cuando se dio cuenta regreso a la realidad y salió de la habitación tratando de no hacer ruido, yendo rápidamente al baño de su cuarto a masturbarse con el recuerdo que vio de su madrastra.

Al pasar la tarde desde su cuarto Sam, escucho como su madrastra atendía una visita, escucho la voz de una persona joven lo cual le llamo la atención, fingió ir a la cocina por un vaso de agua y al bajar las escaleras se percató de la presencia de una chica igual de joven que Sheila, tendría unos 28 años trigueña, delgada, de buen cuerpo, llamo su atención y solo saludaba tímidamente para regresar a su cuarto, sin embargo, se escondió cerca de una abertura debajo de las escaleras entre algunas cosas para evitar ser visto por las chicas que se encontraban sentadas en la sala muy cercas una de la otra. A Sam le parecía interesante ver a dos jóvenes y guapas mujeres, mayores que el estando ahí solamente podría tener mil y una imaginaciones en mente con ellas, aunque por un momento le pareció ridículo, sin embargo se llevó una sorpresa cuando vio que se tomaron de la mano seguido de un ligero beso. Sam no podía creer lo que veía no sabía si estar excitado o confundido al ver aquella escena, así que opto por irse de manera sigilosa arriba tratando de que no lo vieran

Al cabo de un rato Sam entro al cuarto de Sheila, aun extrañado por aquella escena que vio.

-¿Qué pasa? -Preguntaba Sheila que vestía con un short de mezclilla y una blusa gris recostada en cama checando su celular.

-Am Sheila... –Parecía nervioso, no sabía que decir, no quería equivocarse en sus palabras– Quiero preguntarte algo, ¿Realmente quieres a mi papá?

-¿Por qué la pregunta?, claro que sí, me extraña que cuestiones eso de mi.

-Pasa que... –Un poco sin ideas, Sam agarro valor- Te vi en la tarde con esa chica, vi que la besaste, ¿Qué pasó? No entiendo la verdad, ¿Solo estas con mi padre por dinero?

Sheila se sorprendió al oír esas palabras, no sabía cómo responder, balbuceaba, pero entro en molestia cuando escucho que solo estaba con su marido por dinero, así que decidió enfrentarlo y decirle la verdad.

-¡Jamás digas que estoy con tu padre por eso!, ¿Entendido?, si lo quiero y mucho por ello me case con el -Tomo aire un poco- Lo que viste hoy no es lo que puedas llegar a creer, te explicare pero siéntate por favor.

Ambos tomaron asiento en la cama, Sam un poco confundido por la situación trataba de ser paciente y escuchar lo que tenía que decir.

-Escucha, ella se llama Roxana, bien a ella la conozco alrededor de un mes, había salido con ella, la conocí por Tinder, quería conocer gente, así que solo lo usaba por curiosear, apareció ella, creí que solo sería una amistad cualquiera, sin embargo no fue así, ella es lesbiana pero siempre fue respetuosa, pero... Todo fue rápido, ella coqueteo conmigo y yo sentía cosas que no experimentaba hace tiempo con alguien, me deje llevar, solo nos habíamos visto, y un par de besos pero hasta ahí lo prometo, te pido por favor que mantengas el secreto conmigo -Decía Sheila tomando su mano con su rostro pidiendo un poco de piedad.

-No lo sé -Sam un poco confundido con esa situación parecía no estar molesto- No creo que sea buena idea engañar a mi papa de esa manera, es decir es todo confuso, no digo que no me gustara verlo, pero es más mi pendiente con él.

Sheila se acercaba más a él tomando su rostro -Sam, eres un gran chico, quieres mucho a tu papá, te pareces en muchas cosas a él, pero de verdad piénsalo, a él esta situación le dolería mucho y no quisiera perderlo, ni a ti, ¿Hay alguna forma en que te convenza para que no digas nada? -Sheila veía a los ojos a Sam, la intensidad empezaba a subir en el cuarto.

Sam un poco más nervioso no sabía qué hacer, quería besarla, hacerla suya, pero no quería equivocarse con respecto a su decisión. –Sam, ¿Todo bien? –Sheila, se acercaba a Sam tocando un poco su pierna subiéndola y bajando la mano.

Si -Algo nervioso comentaba- No sé realmente que puedas hacer para ganarte mi silencio no soy algo fácil de convencer -Animado por el momento quería ir todo por el todo con su madrastra.

-Puedo convencerte de eso -Mientras Sheila lo tumbaba en su cama, sacándose su blusa y mostrando sus pechos, no traía sujetador así que solo eran los pechos al aire, firmes, duros, a Sam los ojos le brillaban del gusto de ver lo que sucedía, ella le sacaba su pantalón dejándolo en bóxer, decidió ponerlo encima de ella sacando su playera y dejando ver su cuerpo, Sam físicamente no estaba mal ya que se notaba que estaba marcado por el ejercicio.

-Creo que estamos en una buena platica de negociaciones -Bromeaba al estar encima de ella- Pero me gustaría llegar a mas condiciones -Sam bajaba las manos sacándole el short que ella llevaba puesto dejándola solo con el diminuto calzón que cargaba.

Sheila acostaba a Sam en la cama mientras le sacaba su bóxer tomando su pene que estaba a nada de explotar por verla en esa situación, al ver a tan excitado miembro ella rosaba con sus labios sin meterlo por completo en su boca, paso su lengua a lo largo del pene de Sam, y chupaba la cabeza como si fuera una paleta cualquiera. Su oral no duro mucho ya que no quería que Sam se viniera antes de tiempo, saco del cajón un condón y se lo dio. –Por favor póntelo no quiero sorpresas.

El introdujo el condón, y sin esperar mucho saco el calzón de Sheila para penetrarla, estando encima de ella Sam no podía contenerse las ganas de por fin estar con la dueña de sus sueños eróticos, dicha penetración fue fuerte y a una velocidad media, pero suficiente para ver como los pechos de Sheila se movían de arriba abajo cada vez que empujaba. Sheila solo gemía con poca voz y la boca un poco abierta pidiendo que no dejara de realizar lo que él estaba haciendo.

Después decidieron que ella estaría encima –Yo quiero poner las ordenes ¿está bien pequeñito? -Sam solo asentía no podía ni hablar de la emoción que esto le llevaba, ella al estar encima controlo toda la situación, se movía de arriba abajo dando algunos gemidos, aprobando lo que ahí pasaba decidió dejar de montar y mover el culito de forma rápida como un tipo baile. A él claro que le dolía semejante movimiento pero no le tomaba importancia ya que lo disfrutaba, pero quería ser el quien ahora tomara la decisión, opto por sacar su pene de la vagina de ella la puso de espaldas y agarrando y jalando su pelo le dijo de manera extasiada- Ahora vamos a jugar a mi manera.

-¿Quieres que te castigue por todo lo mal que te has portado? –Sheila asentía que quería ser castigada- Te hice una maldita pregunta, contesta.

-¡Si!, castígame me porte mal.

Sam tomo de las caderas de Sheila y empezó a darle de perrito a ella, el sonido de sus bolas golpeando su trasero lo excitaba más y más mientras ella solo gemía como una pequeña loca, tomando de la sabana, era un gusto que no había sentido en mucho tiempo.

Sam no pudo soportar y anuncio que estaba por venirse, a lo que saco el pene de su vagina, saco el condón para que así Sam pudiera venirse en sus pechos.

-Pff cálida, suave, chico tienes un gran talento -Con sus dedos Sheila tocaba el semen que recorría por su cuerpo quedándose acostada en la cama- Espero este secreto lo sigamos manteniendo o tendré que seguirte convenciendo.

Ambos quedaron tumbados en la cama ella con su cabeza en el pecho de él, descansando, ambos sabían que el momento había valido la pena.

No, no fue la última vez que Sam tenía algo que ver con su madrastra, hubo ocasiones más adelante donde incluso llegaron a verse en otros lugares para disfrutar de su pasión donde una joven madura experimentaba con el joven aprendiz, pero eso amigos lo verán en otras historias.

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