Nacimiento del harem (Cap. 5)

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Nacimiento del harem (Cap. 5)

RESUMEN

Las perras no tardaron en regresar a la mansión de su nueva Dueña, llamaron a la puerta, y al abrirles la puerta su Ama ellas mismas entendieron que debían ponerse a cuatro patas, besar los pies de su Ama.

Las perras no tardaron en regresar a la mansión de su nueva Dueña, llamaron a la puerta, y al abrirles la puerta su Ama ellas mismas entendieron que debían ponerse a cuatro patas, besar los pies de su Ama y hasta entonces podrían ingresar a la mansión, las esclavas de las nuevas perras, no se les hacía tan extraño tener que arrodillarse, ya que su condición era de ser servil con todos, sin embargo sus hijas que siempre habían visto cómo sus madres habían dado órdenes, les sorprendía ver ahora como sus propias mamás habían sido sometidas sin siquiera meter las manos para defender su postura, ahora eran unas auténticas perras domesticadas.

La nuevas perras después de lamer y besar los pies a su nueva dueña, agacharon la cabeza y con voz muy poco audible dijeron “Alteza aquí ponemos a sus pies lo que nos ha ordenado traer”. Su Ama respondió “muy bien mis perritas, veo que están aprendiendo rápido quien lleva aquí la voz cantante”, las nuevas zoritas besaron nuevamente los pies de Su Majestad y agradecieron el cumplido.

Sus hijas se quedaron perplejas al ver y escuchar lo que habían dicho sus madres, y además dicho con humildad y respeto para su vecina, y tratando de ayudar a sus madres interrumpieron y dijeron “pero mamá que haces besándole los pies a nuestra vecina, ponte de pie y vámonos de este manicomio”. El Ama al escuchar lo dicho por esas impertinentes adolescentes, con voz serena solo dijo a sus arrastradas vecinas y ex amigas “perritas corrijan la insolencia de sus hijas”, las perritas respondieron “enseguida Ama”.

Las perritas de inmediato se pusieron de pie para dirigirse a donde estaban sus respectivas hijas, y una vez frente a frente, cada mama le propinó una bofetada tal a sus hijas , que la mano se les quedó impresa en el cachete, las hijas sorprendidas dijeron ¿mamá que te pasa, porque nos has cacheteado? Las perras les respondieron a sus hijas que a su Ama se le adora y respeta, y que si no querían que su otro cachete quedara también impreso, deberían arrodillarse a los pies de su Ama y disculparse.

Las hijas quedaron mudas y sin saber qué hacer, sin embargo al ver como la mano de sus mamás se preparaba para darles otra menuda bofetada, se dieron cuenta que lo habían dicho muy enserio; y que no dudarían sus madres en cachetearlas, así que no les quedó más remedio que inclinarse ante su nueva dueña para suplicarle perdón y al ver como el Ama les otorgaba el perdón, las nuevas perritas comprendieron que debían agradecer ese gesto amable por parte de su ahora nueva Ama, así que le agradecieron besándole los pies por cinco minutos.

Las mamás al ver que sus hijas comprendieron ahora quien es la que ordenaba, retomaron su postura de rodillas para decir ¿se le ofrece algo más Majestad? El Ama al ver con qué facilidad sus ex vecinas y ex amigas se habían convertido en prácticamente unas zombis a sus pies, su poder creció lo que le hizo sentir muy satisfecha de lo que había sido testigo de cómo sus perritas no dudaron en actuar en contra de su propia sangre. El Ama dijo la verdad si perritas, ellas respondieron “sus deseos son nuestras ordenes Ama”, sus hijas no terminaban de creer todo lo que estaba ocurriendo y la manera de actuar de sus madres.

Su Majestad dijo “mientras me llevo a sus antiguas perritas para examinar su nivel de sumisión, ustedes encárguense de sus estúpidas hijas y me las encueran para su iniciación. Las esclavas dijeron “enseguida Ama”. La dueña del naciente harem se llevó a las antiguas perritas de sus ex vecinas y amigas mientras las otras perras encueraban a sus propias hijas y las preparaban para aceptar su nuevo estilo de vida, en el entendido de que ahora ellas eran un cero y que su único derecho y privilegio era servir adecuadamente y adorar a su nueva Ama.

A las jóvenes les brotaron lágrimas de frustración de ver como sus mamás ahora eran unas viles marionetas, y que además aceptaban con agrado su vida a los pies de su antes vecina y amiga, pero por miedo de recibir otra bofetada solo asintieron la cabeza y se resignaron.

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